¡Gastón Dalmau ni siquiera sabía cómo se llamaba!
«Que me sirva de lección», pensó mientras admiraba su peligroso atractivo.
Entonces vio que tenía que encontrar la manera de protegerse de él.
Vale, estaba más bueno que el pan. Como muchos otros hombres. De acuerdo, no
muchos tenían esa particular combinación de pelo rubio oscuro y ojos verdes
brillantes. Y muy pocos tenían un cuerpazo como aquél, atlético y escultural, nada
desproporcionado. Aun así, no era tan estúpida como para encapricharse con un
hombre que no era más que un bonito cuerpo, una linda cara y un interruptor
para el encanto.
Bueno, lo cierto era que sí: a juzgar por su pasado encaprichamiento
por él, había sido tan estúpida. Pero al menos había sido consciente de que
estaba siendo estúpida.
Lo que sin duda no haría era presentarse como una groupie
aduladora. ¡Iba a verla en toda su insolencia! Conjuró a la Goldie Hawn de Un mar de
líos en busca de inspiración.
-Vas a tener que marcharte, Gas. Ay, perdona, quería decir Gastón.
Porque es Gastón, ¿verdad?
Puede que esta vez hubiera ido demasiado lejos, porque la comisura de
sus labios se torció hacia arriba.
-Nos han presentado al menos tres veces. Pensaba que lo recordarías.
-Es que hay tantos futbolistas, y todos se parecen tanto.
Gastón arqueó una de sus cejas.
Rochi ya había marcado el terreno, y era tarde, así que podía
permitirse ser generosa, aunque sólo con condescendencia.
-Puedes quedarte esta noche, pero yo he venido aquí a trabajar, así
que tendrás que irte mañana por la mañana.
Un vistazo por la ventana de atrás le permitió ver el Ferrari
aparcado junto al garaje: ahora entendía por qué no lo había visto cuando había
aparcado delante.
Él se sentó deliberadamente en un taburete, como si quisiera indicar
que no iba a ir a ninguna parte.
-¿A qué tipo de trabajo te dedicas? -dijo en un tono desdeñoso que a
Ro le hizo pensar que él no creía que pudiese ser nada demasiado arduo.
-Je suis auteur.
-¿Escritora?
-Ich bin Schriftstellerin -añadió en alemán.
-¿Has abandonado tu idioma madre por algún motivo?
-He pensado que tal vez te sentirías más cómodo con alguna lengua
extranjera-dijo ondeando vagamente su mano-. Por algo que he leído...
Gastón podía ser superficial, pero no era estúpido, y Rochi pensó que
tal vez se había pasado de la raya. Por desgracia, estaba en racha.
-Estoy casi segura de que Cafre se habrá recuperado del problemilla
que tuvo con la rabia, pero tal vez será mejor que te pongas alguna inyección,
por si acaso.
-Todavía estás enojada por eso del ladrón, ¿verdad?
-Lo siento, no te oigo bien. Tal vez la caída me ha dejado algo
conmocionada.
-Ya te he pedido perdón.
-Es verdad -dijo apartando un montón de lápices que los niños habían
dejado en el pasaplatos.
-Me parece que subiré a acostarme -dijo Gastón. Se levantó y se
dirigió hacia la puerta, pero antes de cruzarla se detuvo a echarle un último
vistazo a esos pelos horribles y añadió-: Dime la verdad. ¿Ha sido por algún
tipo de apuesta?
-Buenas noches, Gaspar.
Cuando Rochi entró en su dormitorio, se dio cuenta de que respiraba
aceleradamente. Sólo un fino tabique la separaba de la habitación de invitados
donde debía estar durmiendo Gastón. Un cosquilleo le recorrió la piel y sintió
el impulso casi incontrolable de cortarse el pelo, aunque tampoco quedaba
demasiado que cortar. Tal vez debería volver a teñírselo de su color natural al
día siguiente, pero no podía darle a Gastón ese gusto.
Había llegado a la cabaña para esconderse, no para dormir junto a la
boca del lobo, así que cogió sus cosas y, con Cafre pegado continuamente a sus
talones, bajó corriendo, atravesó el salón, se metió en la habitación grande
que compartían las tres niñas y cerró la puerta por dentro.
Se apoyó en el marco de la puerta e intentó calmarse contemplando el
techo inclinado de la habitación y las confortables buhardillas diseñadas para
soñar despierto. Dos de las paredes contenían un mural del Bosque del Ruiseñor
que ella había pintado con toda la familia por en medio. Allí estaría bien, y
por la mañana él ya se habría ido.
Dormir, sin embargo, era imposible. ¿Por qué no había avisado a Mery
de que iba a subir a la casa, como hacía siempre? Porque no quería oír más
discursitos sobre su pelo ni tampoco advertencias de posibles «incidentes».
Rocio dio vueltas y más vueltas, miró el reloj, y finalmente encendió
la luz para hacer algunos esbozos de las ilustraciones para su próximo libro.
No le salía nada. Habitualmente, el ruido del viento invernal golpeando la
maciza casa de troncos la calmaba, pero aquella noche el viento la impulsaba a
desnudarse y bailar, dejar atrás a la niña buena y estudiosa, y liberar su
lado salvaje.
Apartó las mantas y saltó de la cama. La habitación estaba helada,
pero ella se sentía acalorada y enfervorizada. Deseó estar en su casa. Cafre
levantó un párpado soñoliento, y luego volvió a cerrarlo mientras ella se
dirigía al banco acolchado de la ventana más cercana.
Plumas de escarcha decoraban los cristales, y la
nieve se arremolinaba entre los árboles en delgados copos danzarines. Rocío intentó
concentrarse en la belleza de la noche, pero no dejaba de ver a Gastón Dalmau.
Sentía cosquillas en todo el cuerpo y un hormigueo en los pechos. ¡Era tan degradante!
Ella era una mujer inteligente, incluso brillante, pero pese a querer negarlo,
estaba obsesionada como una animadora hambrienta de sexo.
Tal vez se trataba de una forma perversa de crecimiento personal. Al
menos se obsesionaba por el sexo y no por la Gran Historia de Amor que
jamás tendría.
Decidió que era más seguro obsesionarse por la Gran Historia de Amor.
¡Nico le había salvado la vida a Mery! Era la cosa más romántica que Rochi
podía imaginar, aunque suponía que también le había creado expectativas muy
poco realistas.
Abandonó lo de la
Gran Historia de Amor y volvió a obsesionarse con el sexo.
¿Hablaría Gas en inglés mientras lo hacía, o habría memorizado algunas frases
extranjeras útiles? Con un gruñido, hundió la cabeza en la almohada.
Tras sólo unas pocas horas de sueño se despertó: el amanecer era frío
y gris. Cuando miró hacia fuera, vio que el Ferrari de Gastón había
desaparecido. « ¡Bien!» Sacó a Cafre y luego se duchó. Mientras se secaba, se
obligó a sí misma a tararear una cancioncilla de Winnie the Pooh, pero cuando
empezó a ponerse sus gastados pantalones grises y el jersey de Dolce & Gabbana
que se había comprado antes de donar su dinero, la ficción de fingir que era
feliz ya se había desvanecido.
Pero ¿qué rayos le pasaba? Su vida era maravillosa. Gozaba de buena
salud. Tenía amigos, una familia estupenda y un perro que la entretenía. Aunque
estaba casi siempre sin dinero, no le importaba porque su loft valía hasta el
último centavo que pagaba por él. Le encantaba su trabajo. Su vida era
perfecta. E incluso más que perfecta ahora que Gastón se había marchado.
Enojada por su estado anímico, deslizó sus pies
en las zapatillas rosas que le habían regalado las gemelas por su cumpleaños
y bajó hacia la cocina, con las cabezas de conejo bamboleando sobre los dedos
de sus pies. Un desayuno rápido y luego se pondría a trabajar.
La noche anterior había llegado demasiado tarde como para ir a comprar
provisiones, así que sacó una bolsa de pan de molde de Nico del armario. Justo
cuando introducía una rebanada en la tostadora, Cafre empezó a ladrar. La
puerta trasera se abrió y entró Gastón, cargado de bolsas de plástico repletas
de comida. Rochi sintió que el bobo de su corazón se aceleraba un poco.
Cafre gruñó, pero Gas no le hizo ningún caso.
-Buen día, Daphne.
La instintiva explosión de placer de Rochi dejó paso al fastidio. ¡Slytherin!
Gastón dejó las bolsas en la mesa central y dijo:
-Nos estábamos quedando sin provisiones.
-¿Y qué importancia tiene eso? Vos te ibas, ¿no te acordás? Vous
partez. Andate vía -repuso Rochi. Las palabras en francés e italiano las
pronunció con exageración y se gratificó al ver que le había molestado.
-Irse no es una buena idea -dijo mientras retorcía con fuerza el tapón
de la leche-. No quiero tener más problemas con Nicolás, así que tendrás que
ser vos quien se vaya.
Eso era exactamente lo que debería hacer, pero no le gustó la actitud
de Gas, así que dejó que hablara la arpía que llevaba dentro:
-Eso ni lo sueñes. Puede que al ser deportista no puedas entenderlo,
pero necesito paz y tranquilidad, porque yo tengo que pensar mientras trabajo.
Sin duda Gastón captó el insulto, aunque prefirió hacerle oídos
sordos.
-Yo me quedo aquí -insistió.
-Pues yo también -respondió ella con la misma tozudez.
Rocío se dio cuenta de que él habría querido
echarla, pero que no podía hacerlo porque ella era la hermana de su jefa. Gastón
se tomó su tiempo para llenarse el vaso; luego apoyó las caderas en el
fregadero y dispuso:
-La casa es grande. La compartiremos.
Rochi estaba a punto decir que lo olvidase, que se marcharía de todos
modos, pero algo la detuvo. Tal vez compartir la casa no era una idea tan
descabellada: quizá la forma más rápida de superar su fijación sería ver al slytherin
que se escondía debajo del hombre. No había sido Gas como ser humano lo que la
había atraído, porque no tenía ni idea de cómo era realmente. Se trataba más
bien de una imagen ilusoria de Gastón: cuerpo maravilloso, ojos hermosos, valeroso
líder de hombres.
Lo observó mientras apuraba el vaso de leche. Un eructo. Eso sería lo
último. Nada le desagradaba más que un hombre que eructase... O que se rascase
la entrepierna... O que fuese grosero en la mesa. ¿Y qué decir de esos
perdedores que intentan impresionar a las mujeres sacando un fajo de billetes
atrapado en uno de esos chillones sujetabilletes?
Tal vez llevase una cadena de oro. Rochi sintió un escalofrío. Eso
sería definitivo. O quizás era un chiflado por las armas. O decía: «Machote.» O
no llegaba a la altura de Nicolás Riera de cientos de maneras distintas.
Sí, sin duda, había un millón de trampas esperando a Gastón, el señor
Mis-ojos-verdes-como-la-hierba-sintética-me-hacen-irresistiblemente-sexy. Un
eructo... Una mano a la entrepierna... Incluso el más leve destello de oro
alrededor de su fantástico cuello.
Ro se dio cuenta de que estaba sonriendo.
-De acuerdo. Podés quedarte -dijo finalmente.
-Gracias, Daphne.
Gas apuró su vaso, pero no eructó.
Ella entrecerró los ojos y se dijo a sí misma que mientras él siguiera
llamándola Daphne ya estaba medio salvada.
Rocío cogió su ordenador portátil y lo subió al desván. Lo colocó en el
escritorio junto a su cuaderno de dibujo. Podía trabajar en Daphne se cae de
bruces o en el artículo «Darse el lote: ¿hasta dónde se puede llegar?».
Muy lejos.
Definitivamente no era el mejor momento para
escribir un artículo sobre sexo, ni siquiera en su variante adolescente.
Rochi oyó de fondo la retransmisión de un partido e imaginó que Gas se
había traído unos vídeos para poder hacer sus deberes. Se preguntó si alguna
vez abriría un libro o si iría a ver una película de arte y ensayo o si haría algo
que no tuviera que ver con el fútbol.
Tenía que volver a concentrarse en su trabajo. Acarició a Cafre con un
pie y, a través de la ventana, contempló los furiosos copos de nieve rodando
sobre las aguas grises y lúgubres del lago Michigan. Tal vez Daphne podría
volver a su casita bien entrada la noche y encontrarlo todo muy oscuro. Y
cuando entrase dentro, Benny podía asaltarla y...
Tenía que dejar de escribir historias tan autobiográficas.
Entendido... Abrió de golpe su cuaderno de dibujo. Daphne podía
decidir ponerse una máscara de Halloween y asustar a... No, eso ya lo había
hecho en Daphne planta un huerto de calabazas.
Era sin duda el momento de llamar a una amiga. Rochi cogió el teléfono
que tenía al lado y marcó el número de Mariana Espósito, una de sus mejores
colegas escritoras. Aunque Lali escribía para el mercado de los jóvenes
adultos, ambas compartían la misma filosofía sobre los libros y con frecuencia
quedaban para compartir ideas.
-¡Gracias a Dios que me llamas! -gritó Lali-. Llevo toda la mañana
intentando ponerme en contacto contigo.
-¿Qué pasa?
-¡Es terrible! Esta mañana ha salido una mujer gorda de NHAH en las
noticias locales jurando y perjurando que los libros infantiles y juveniles son
una herramienta de reclutamiento para el estilo de vida homosexual.
-¿Es que no tienen nada mejor que hacer en la vida?
-¡Rochi, tenía en sus manos un ejemplar de Te echo mucho de menos y
decía que era un ejemplo del tipo de basura que atrae a los niños hacia la
perversión!
-Oh, Lali... ¡eso es horrible!
Te echo mucho de menos era la historia de una niña de trece años que intentaba comprender
por qué razón los demás acosaban a su hermano mayor, un chico con tendencias artísticas
al que sus compañeros calificaban de gay. Era un libro muy bien escrito,
sensible y sincero.
Mariana se sonó la nariz.
-Mi editora ha llamado esta mañana. ¡Me ha dicho que han decidido
esperar a que se calmen las aguas y que van a posponer un año la publicación de
mi próximo libro!
-¡Si ya hace casi un año que lo acabaste! -exclamó Ro.
-No les importa. No me lo puedo creer. Ahora que finalmente
despegaban mis ventas, voy a perder mi gran oportunidad de hacerme un nombre.
Rochi consoló a su amiga lo mejor que pudo. Después de colgar el
teléfono, pensó que NHAH era para la sociedad una amenaza mucho mayor de lo que
pudiera serlo jamás ningún libro.
Oyó pasos en la planta baja y se dio cuenta de que ya no se oía el
fútbol. Lo único bueno de su conversación con Lali era que la había distraído
de pensar en Gastón.
Una voz masculina profunda la llamó.
-¡Oye, Daphne! ¿Sabes si hay algún aeródromo cerca de aquí?
-¿Un aeródromo? Sí, hay uno en Sturgeon Bay. Está hacia... -De repente
se le encendió la bombilla-. ¡Un aeródromo!
Rochi saltó de la silla y corrió hacia la baranda.
-¡No pensarás saltar en caída libre otra vez! -exclamó. Gastón inclinó
la cabeza hacia arriba para mirarla. Incluso con las manos en los bolsillos
parecía tan alto y deslumbrante como un dios del Sol.
« ¡Eructa, por favor! »
-¿Por qué iba a saltar en caída libre? -dijo tímidamente-. Nico me
pidió que no lo hiciera.
-Como si eso fuera a detenerte.
Ame el capitulo! Me mata la actitud de Rochi, es una grosa. Y me imagino lo que debe ser tener a Gaston durmiendo bajo tu mismo techo!!! para morirse, infartarse, todo junto, jajajajaja. Quiero saber que va a pasar, me encanto el capitulo, y ese final me mato, pobre Lali.
ResponderEliminarVale, estaba más bueno que el pan
ResponderEliminar- Jajajajaja me tenteee!!! Más bueno q tres feriados seguidos esta!!!
Nos han presentado al menos tres veces. Pensaba que lo recordarías.
- Y si se acordó nene!!! lo dijo bien!!!
Un cosquilleo le recorrió la piel y sintió el impulso casi incontrolable de cortarse el pelo
- Pensé q iba a decir de ir a su cuertooooooo, yo tendría ese deseo ;)
pero aquella noche el viento la impul¬saba a desnudarse y bailar, dejar atrás a la niña buena y estu¬diosa, y liberar su lado salvaje.
- Apa la papaaaaaaa!!!
estaba obsesionada como una animadora hambrienta de sexo.
- Cachai, cachai… quien no???
Rochi sintió que el bobo de su corazón se aceleraba un poco.
♥ ♥ ♥
quizá la for¬ma más rápida de superar su fijación sería ver al slytherin que se escondía debajo del hombre
- enamorada hasta el caracu vas a terminar q Slytherin, ni Slytherin
ME MATA Q NO SE ACUERDE DE ELLA!! Y SI ROCIO ESTA HERMOSO GASTON UNA GRAN TENTACION !!!
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