martes, 27 de diciembre de 2011

Capitulo 011 - Primera Parte

Espera — le supliqué. Todavía tenía los labios húmedos a causa de la sangre — No te vayas. ¡Puedo explicártelo!
—No te acerques a mí.
Gastón estaba blanco como la nieve.
—Gastón... Por favor...
—Eres un ¡vampiro!
¿Qué podía decir? Mis nuevas aptitudes como maestra del engaño no me servían de nada. Gastón sabía la verdad y ya no podía seguir ocultándoselo.
Continuó retrocediendo y tropezando con las tejas de pizarra, agitando los brazos para mantener el equilibrio. El estupor entorpecía sus pasos. Gastón, cuyos movimientos siempre eran precisos y calculados. Era como si anduviese a ciegas.
Sentí el impulso de ir tras él para evitar que perdiera el equilibrio y se cayera, pero sobre todo necesitaba explicarme, con absoluta desesperación. Sin embargo, Gastón no iba a dejar que le ayudara. Ya no. Si lo seguía, el pánico se apoderaría de él y huiría. Huiría de mí.
Temblorosa, me senté en el tejado y vi cómo Gastón se alejaba. Ni siquiera se dignó a mirar atrás hasta que apenas le quedaban unos pasos para llegar a la torre norte y a las habitaciones de los chicos. Para entonces, yo había pasado los brazos alrededor de las rodillas y las lágrimas rodaban por mis mejillas. Nunca en mi vida me había sentido tan asustada y avergonzada, ni siquiera cuando le había mordido.
¿Habría adivinado lo que había sucedido en realidad la noche del Baile de otoño y que había sido yo quien le había hecho la herida del cuello? Estaba segura de que no tardaría mucho en atar cabos, si no lo había hecho ya.
¿Qué debía hacer? ¿Decírselo a mis padres sin perder tiempo? Se enfadarían conmigo... Además de tener que tomar medidas respecto a Gastón. Ignoraba qué le reservaban los vampiros al humano que descubría el secreto de Mandalay, pero sospechaba que no era nada bueno. ¿Y si se lo contaba a la señora Bethany? Ni hablar. Podía intentar despertar a María para pedirle consejo, pero seguramente se encogería de hombros, se daría unos retoques en su sombra de ojos y volvería a quedarse dormida.
Ahora que el secreto había dejado de serlo, toda esa gente estaba en peligro. Era probable que Gastón no se lo dijera a nadie por temor a que lo llamaran chiflado. Y aunque se lo contara a alguien, era muy poco probable que lo creyeran. Sin embargo, me atormentaba el riesgo, por pequeño que fuera, de que nos viéramos expuestos. Y todo por mi culpa.
Tenía que haber algún modo de poder arreglarlo, tenía que hacer algo.
«Hablaré con Gastón. Será lo primero que haga por la mañana. No, que tiene examen. —Era muy extraño tener que pensar en cosas tan mundanas como un examen en medio de todo aquello—. Iré a buscarlo después. No querrá hablar conmigo, pero no va a ponerse a gritar en el pasillo sobre vampiros. Tendré que aprovechar esa oportunidad, siempre que se me ocurra qué decirle...»
Y luego, ¿qué? Le había mentido. Le había hecho daño. Tal vez lo mejor era que se alejara de mí todo lo que pudiera.
Sin embargo, sabía que debía intentarlo, aunque me arriesgara a perder a Gastón para siempre. Si era así, haría lo que fuera por recuperarlo: suplicar, llorar o revelarle todos mis secretos; pero si de algo estaba segura era de que le debía una explicación.


Tras una larga noche en vela, me levanté, me puse el jersey y la falda negros y bajé la escalera a toda prisa. Pensaba que había llegado justo a tiempo de que acabara el examen de Gastón, pero según me contó uno de sus compañeros habían dejado salir a los alumnos a medida que acababan la prueba, y Gastón había terminado de los primeros. Eso significaba que probablemente volvía a estar en su dormitorio. Reuní todo mi valor y me colé en la zona de dormitorios de los chicos. Vic y Gastón me habían señalado su ventana desde los jardines, así que no tendría problemas en encontrar la habitación, si no me pescaban antes, claro.
¿Le aterraría verme aparecer de pronto en su habitación? Tal vez. Tenía que arriesgarme, ya no lo soportaba más. El suspense me estaba torturando, me estaba volviendo loca. Aunque Gastón acabara diciéndome que no quería que volviera a acercarme a él nunca más, al menos tenía que saberlo. La incertidumbre era peor que nada.
Supe que había llegado a mi destino cuando me topé con una puerta decorada con dos pósters: uno de Vértigo, la película de Alfred Hitchcock, y otro de algo llamado Faster, Pussycat! Kill! Kill!
No respondieron cuando llamé, así que la abrí, insegura. No había nadie. La habitación de Gastón olía a él: a especias y a bosque, casi era como estar entre los árboles. La mitad de la habitación estaba cubierta de pósters de películas de acción, armas y mujeres colocados en todas direcciones. La mitad que contenía la cama con una colcha estampada con nudos. Es decir, la mitad de Vic. La otra mitad, la de Gastón, estaba casi vacía. No había pósters ni láminas colgadas en las paredes desnudas, y en el pequeño tablero de anuncios, que pendía encima de todas las camas del internado, solo había pinchado su horario de clases y una entrada de cine: Sospecha, de nuestra primera cita. Una colcha de los excedentes del ejército cubría la cama.
Por lo visto no me quedaba más remedio que esperar. Sin saber qué hacer, me acerqué a la ventana desde la que se divisaba un tramo del camino de entrada del colegio, cubierto de gravilla. Había aparcados varios coches, casi todos pertenecientes a los padres que habían ido a recoger a sus hijos el último día de exámenes para llevárselos a casa a pasar la Navidad. Hijos humanos, claro. Vi a gente abrazándose, cargando el maletero... y a Gastón saliendo por la puerta principal con su bolsa de tela gruesa al hombro.
—Oh, no — musité.
Apreté las manos contra la ventana con tanta fuerza que temí que el cristal, o yo, nos hiciéramos añicos, pero Gastón continuó su camino sin vacilar. Se dirigió derecho hacia un sedán negro con las ventanillas tintadas. La puerta del sedán se abrió e intenté ver quién había dentro, pero no lo conseguí. La mitad desnuda de la habitación empezó a cobrar sentido para mí. En ese momento supe que Gastón se había ido de Mandalay para pasar fuera las vacaciones de Navidad, sin despedirse, y que seguramente no volvería jamás.
—Eh, ¿ahora las habitaciones van a ser mixtas? Qué pasóte — Vic había entrado en el dormitorio. Lo saludé con una débil sonrisa antes de volverme para ver alejarse el coche de Gastón. El automóvil salió disparado, como si tuviera prisa — Qué buena eres colándote aquí. Vosotros dos solo os habréis despedido, ¿no?
—Aja.
¿Qué otra cosa iba a decirle?
—No te pongas depre, ¿vale? — Vic me dio un suave empujoncito en el hombro — Algunos tipos saben lo que hay que decirle a una chica cuando está triste, pero no soy uno de esos.
—Estoy bien, de verdad — Miré a Vic detenidamente. Era la única persona de la escuela con la que Gastón hubiera compartido sus sospechas — ¿Te ha parecido que Gastón... estaba bien?
—Rechazó mi invitación a Jamaica —Vic se encogió de hombros — Dijo no sé qué de reunirse con amigos de la familia, pero me dio la impresión de que no iban a hacer nada especial. ¿No preferirías pasar la Navidad tumbada en la playa en vez de ir por ahí con unos pesados que solo conoce tu madre?
No era eso a lo que me refería. Sin embargo, si eso era lo único extraño que Vic había visto, tal vez Gastón se había guardado sus ideas sobre los vampiros para él solo. Vic no era de los que podrían ocultar algo parecido. Con cierto remordimiento, me di cuenta de que Vic era una persona mucho más sincera que yo.
—¿Patatas? — Vic me ofreció una bolsa medio llena y cubierta de polvillo naranja. Negué con la cabeza e intenté fingir con todas mis fuerzas que no lo añoraba — Se arrepentirá. Espera y verás. Mi familia y yo vamos a pasárnoslo de miedo. ¿Y qué va a estar haciendo él? Preocupándose por sus modales en la mesa vete a saber dónde. Va a ser un mes muy largo — predijo Vic con la boca llena de patatas.
—Sí, mucho —murmuré.

2 comentarios:

  1. Se asustó el rubio,pobrecita Rochi se quedó sola :|

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  2. Ay!!! nooo!!! que capi mas triste!!! :S no mee gusto lo que paso, pero ya quiero saber como sigue y como reaccionara Gas!!! de verdad que no creo que la alla descubierto tan pronto Xime!!! Espero el proximo...

    Beso-

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