-¡Tenemos
compañía! -cacareó Celia la Gallina-. ¡Prepararemos bollos, pasteles y tartas
de crema!
Daphne lo ensucia todo
Rochi puso la
alarma del reloj despertador que le había dejado Gastón a las cinco y media, y
hacia las siete el aroma a pastelitos de arándanos llenaba toda la planta baja
de la casa de huéspedes. En el comedor, sobre la mesa lateral, había un montón
de platos de porcelana de un amarillo claro con el dibujo de una hoja en el
centro. Las servilletas, de color verde oscuro, los vasos de cristal prensado
para el agua y una deliciosa mezcla de cubiertos de plata de ley completaban
la escena. Una bandeja llena de bollos se cocía en el horno, y sobre el mármol
de la mesa de trabajo había una fuente de cerámica marrón llena de finas
rebanadas de pan bañadas en una mezcla de huevo batido, vainilla y canela.
Por primera vez
en varios meses, Rocío estaba famélica, pero no había tenido tiempo para comer.
Preparar un desayuno para una casa repleta de huéspedes que lo han pagado era
mucho más comprometido que preparar tortas con caras sonrientes para los niños
Riera. Mientras colocaba el libro de recetas de la tía Judith que había dejado
junto al preparado francés de huevo para las tostadas donde no pudiera
mancharse, intentó acumular resentimiento contra Gastón, que seguía
profundamente dormido en el piso de arriba, pero no pudo. Al reconocer al bebé
la tarde anterior, le había hecho un regalo.
Ya
no sentía la carga de la pérdida como algo que tenía que soportar sola y, al
despertar, no había encontrado la almohada empapada de lágrimas. Su depresión
no iba a desaparecer por arte de magia, pero rocío estaba preparada para
aceptar la posibilidad de volver a ser feliz.
Gastón
entró lentamente justo después de que Rochi le sirviera a John Pearson su
segunda ración de tostada a la francesa. Tenía los ojos legañosos y el aspecto
de alguien que sufre una resaca mortal.
-Tu «pit-bull» ha
intentado acorralarme en el pasillo.
-No le caes bien.
-Eso me ha
parecido.
Rochi observó que
le faltaba algo, pero tardó unos instantes en descubrir lo que era. Su
hostilidad. La rabia que Gastón había estado albergando en su corazón parecía
haber desaparecido finalmente.
-Siento haberme
dormido-dijo-. Anoche te dije que me echases de la cama a patadas si no estaba
aquí cuando tú llegases.
Ni en un millón
de años. Nada la llevaría a entrar en el dormitorio de Gastón Dalmau, y menos
ahora que él ya no la miraba como si fuera su enemiga mortal. Ro señaló con la
cabeza las botellas vacías de licor de la basura.
-Debió de ser
toda una fiesta, anoche.
-Todos querían
que les contara el proceso de selección para la liga, y una cosa llevó a la
otra. Si algo se puede decir de su generación es que aguantan la bebida.
-No parece haber
afectado el apetito del señor Pearson.
Gas observó la
tostada francesa, que iba adquiriendo un tono dorado sobre la plancha.
-Creía que no
sabías cocinar.
-He telefoneado a
Martha Stewart. Si alguien quiere beicon o salchichas, tendrás que encargarte
tú.
-¿Es por eso de Babe?
-Y estoy
orgullosa. También te tocará servir las mesas -dijo dándole la cafetera y
volviéndose hacia su tostada francesa.
Gastón se quedó
mirando la cafetera.
-Diez años en la
NFL, y al final mira dónde estoy.
A pesar de sus
quejas, a Gaas le sorprendió lo rápidamente que pasó la hora siguiente. Sirvió
cafés, llevó comida de aquí para allá, dio conversación a los huéspedes y robó
algunas de las tortas de Rochi para comérselas él mismo. Rocío era una gran
cocinera, y se le iluminaron los ojos cuando Gastón le dijo que había decidido
que podía quedarse el puesto.
Ver aquel brillo
en los ojos de Rocío le hizo sentirse bien. La confrontación de la noche
anterior parecía haber suavizado su depresión, y había recuperado parte de la
vitalidad que había visto en ella en Door County. Él, por su parte, se había
quedado mirando el techo del dormitorio hasta el amanecer. Ya no podría pensar
en el bebé como una abstracción. La noche anterior le había dado un nombre. Kiara.
Gas pestañeó y
tomó la cafetera para servir otra ronda.
Jacinta
Long se asomó para ver cómo le iba a Rocío y acabó comiéndose dos pastelitos.
Los bollos se habían quemado un poco por las puntas, pero la tostada francesa
estaba deliciosa, y Ro no oyó ninguna queja. Justo cuando había acabado de
comerse su propio desayuno apareció Amy.
-Siento
llegar tarde -murmuró-. Anoche no pude salir de aquí hasta pasadas las once.
Rocío
se fijó en que tenía un chupetón nuevo en el cuello, justo encima de la
clavícula. Se avergonzó al sentir otro aguijonazo de celos.
-Hiciste
un buen trabajo. La casa ya tiene otro aspecto. ¿Por qué no empiezas por esos
platos?
Amy
se acercó al fregadero y empezó a cargar el lavaplatos. Un par de pasadores
con pequeñas estrellas de mar de color rosa impedían que los cabellos le
cayeran a la cara.
Se había
perfilado y sombreado los ojos, y aplicado rímel en las pestañas,
pero, o bien se había olvidado del pintalabios, o bien Troy se lo había comido
a besos.
-Tu marido es muy
mono. Yo no veo el fútbol, pero aun así sé quién es. Es tan genial. Troy dice
que es el tercer mejor quarterback de la NFL.
-Es el primero.
Sólo le falta controlar mejor su talento.
Amy se desperezó:
la camiseta se le subió por encima del ombligo y el pantalón corto que llevaba
se deslizó ligeramente por sus caderas.
-Me han dicho que
también os acabáis de casar. ¿No es fantástico?
-Un sueño hecho
realidad-dijo Ro secamente. Era evidente que Amy no leía la revista People.
-Nosotros
llevamos casados tres meses y medio.
Más o menos igual
que Gastón y Rocío. Excepto que Gastón y Rocío no tenían ningún problema para
mantener las manos apartadas el uno del otro.
Amy siguió
cargando el lavaplatos.
-Todo el mundo
decía que éramos demasiado jóvenes, yo tengo diecinueve y Troy veinte, pero no
podíamos esperar más. Troy y yo somos cristianos. No creemos en el sexo antes
del matrimonio.
-¿Y ahora estáis
recuperando el tiempo perdido?
-Es tan
fantástico -se rió Amy, burlona, a lo que Rocío respondió con una sonrisa.
-Iría mejor si no
intentarais recuperarlo durante las horas de trabajo.
-Sí, ya... Pero
es tan difícil -dijo Amy mientras enjuagaba un cuenco.
-Es probable que
hoy el traficante de esclavos no os quite el ojo de encima, así que ¿por qué no
haces los dormitorios en cuanto hayas terminado aquí?
-Sí... -suspiró
Amy-. Si ves a Troy ahí afuera, ¿le dirás que le quiero y eso?
-No lo creo.
-Sí, supongo que
eso es inmaduro. Mi hermana dice que debería ser más reservada, de lo contrario
Troy no me apreciará como es debido.
-No creo que por
el momento tengas que preocuparte por eso -dijo Ro, recordando la adoración que
reflejaba el rostro juvenil de Troy.
Cuando Rocío hubo
terminado en la cocina, Gastón había desaparecido; probablemente estaba
atendiendo su resaca. Se preparó un té con hielo y luego telefoneó a Mery para
contarle dónde estaba. La confusión de su hermana no le sorprendió, pero no
podía explicarle que Gastón le había hecho chantaje amenazándola con contarle
precisamente a ella demasiadas cosas sobre su estado físico y emocional. En
lugar de la verdad, le dijo que Gastón necesitaba ayuda y que ella quería salir
de la ciudad. María empezó a cacarear como Celia La Gallina, y Rocío colgó el
teléfono lo antes que pudo.
Cuando sacó del
horno el pastel de cítricos de tía Judith para el té de la tarde, empezó a
sentirse cansada, pero no se pudo resistir a arreglar un poco el recibidor. Al
disponerse a rellenar un jarrón de vidrio tallado con popurrí, Cafre se puso a ladrar. Ro se
dirigió a la puerta para echar un vistazo y vio a una mujer que salía de un
polvoriento Lexus de color de vino de Borgoña y se volvía para mirar hacia el
espacio comunitario. Rocío no sabía si Gastón habría consultado el ordenador
para ver si iban a llegar nuevos huéspedes. Tenían que organizarse mejor.
Rochi admiró la
túnica blanca, el pantalón capri de color bronce y las maravillosas sandalias
de aquella mujer. Todo cuanto llevaba parecía caro y elegante. La mujer se
volvió y Rochi la reconoció de inmediato: era Julia Calvo.
Rocío había
conocido a muchas celebridades hasta entonces, así que raramente se
atemorizaba ante alguien famoso, pero ante Julia Calvo se sintió apocada. Todo
a su alrededor irradiaba glamour. Se trataba de una mujer acostumbrada a los
atascos de tráfico, y Rochi casi esperó que asomara algún paparazzi entre
los pinos.
Las elegantes
gafas de sol que llevaba sobre la cabeza sujetaban esos abundantes cabellos de
color castaño oscuro que habían sido su
sello inconfundible en sus tiempos como Ginger Hill y que todavía conservaban
ese toque desarreglado tan atractivo. Su tez era pálida y suave como la
porcelana, y su figura, voluptuosa. Rocío pensó en todas las chicas afectadas
por trastornos de la alimentación que las habían dejado en los huesos. En
tiempos no muy lejanos, las mujeres habían aspirado a tener el tipo de Julia,
y probablemente les había ido mejor.
Mientras Julia
subía por el camino hacia la casa, Rocío vio que el tono miel de sus ojos era
especialmente vibrante, incluso más vistoso que en televisión. Una tenue red
de arrugas asomaba en forma de cola de pez por las esquinas de los ojos, pero
no aparentaba más de cuarenta y tantos. El enorme diamante de su mano
izquierda centelleó cuando se agachó para saludar a Cafre. Rocío tardó algunos segundos en aceptar que
quien le rascaba la barriga a su perro era Julia Calvo.
-Llegar a este
lugar es una pesadilla. -La voz de Julia seguía teniendo el mismo tono ronco
que Rocío recordaba de sus días como Ginger Hill, pero con un matiz más provocativo.
-Está un poco
aislado.
Rocío se
desperezó y, mirando a Rochi con la educación neutra que las celebridades
adoptan para mantener alejada a la gente, se le acercó. Entonces su atención se
agudizó y su mirada se tornó gélida.
-Soy Julia Calvo.
¿Puedes hacer que alguien me entre las maletas?
Oh, oh... Había
reconocido a Rocío por el artículo de la revista People. Aquella mujer
no era su amiga.
Rocío se echó a
un lado cuando Julia subió las escaleras hasta el porche.
-Ahora mismo lo
estamos reorganizando todo. ¿Tenía una reserva, tal vez?
-Difícilmente
habría hecho todo este camino si no la tuviera. Hablé con la señora Long hace
un par de días, y me dijo que tenían una habitación.
-Sí,
probablemente la tengamos. Pero no estoy segura de dónde. Soy una gran
admiradora suya, por cierto.
-Gracias. -La
respuesta fue tan fría que Rocío deseó no haber dicho nada.
Mori con el fondo de los rubios zkjdbf ♥ Que onda esta adaptacion, dice capitulo 1, y salta al 11 :| Expliqenme qe la qiero leer y ni empeze y ya me perdi jaaj XD
ResponderEliminarBueno pasaba porque estoy recorriendo blogs e invitando gente al mio. Empece una nove hace poco (7 caps - Gastochi/Laliter) y no se me gustaria que la lean, si no les gusta diganme todo bien :) No quiero molestar ! Un besito ♥
PD: Las sigo ! :D