viernes, 20 de abril de 2012

Tercera Parte, Capitulo Quince




El comedor de la posada de Wind Lake, decorado según el estilo típico de los bosques del norte, parecía una antigua cabaña de cazadores. Sobre las ventanas largas y estrechas col­gaban unas cortinas con grabados de mantas indias, y en las paredes, muy rústicas, había una colección de botas de nieve y trampas antiguas para animales, junto a las cabezas enmar­cadas de ciervos y alces. Rochi decidió concentrarse en la canoa de corteza de abedul que colgaba de las vigas para evi­tar encontrarse con la mirada de aquellos ojos de cristal.
A Gastón cada vez se le daba mejor leer sus pensamien­tos, y señaló con la cabeza hacia los animales muertos.
-Había habido un restaurante en Nueva York espe­cializado en la caza exótica, bistecs de canguro, de tigre, de elefante. Una vez unos amigos me llevaron allí a probar las « Ieonburguesas».
-¡Eso es repugnante! ¿Qué tipo de persona enferma querría comerse a Simba?
Gas soltó una risilla y volvió a su trucha.
-Yo no. Pedí un picadillo de carne variada y pastel de pacana.
-Deja de jugar conmigo.
Los ojos de Gastón se marcaron unos pasos de tango por el cuerpo de Rocío.
-Antes no parecía importarte.
-Ha sido el alcohol -dijo Rochi jugueteando con el pie de su copa de vino.
-Ha sido el sexo del que no estamos disfrutando.
Rocío abrió la boca para interrumpirle, pero él la inte­rrumpió antes.
-Ahórrate la saliva, Daphne. Ya va siendo hora que afrontes algunos hechos importantes. Primero, estamos ca­sados. Segundo, estamos viviendo bajo el mismo techo...
-No porque yo lo eligiera.
-Y tercero, ambos estamos célibes en este momento.
-No se puede ser célibe por momentos. Es un estilo de vida a largo plazo. Créeme, yo lo sé. -Esta última parte ha­bría preferido no decirla en voz alta. O tal vez sí. Rochi pin­chó una rodaja de zanahoria que no se quería comer.
Gas dejó su tenedor para estudiar a Rocío más atenta­mente.
-Bromeas, ¿verdad?
-Por supuesto que bromeo -dijo Ro tragándose la zanahoria-. ¿Creías que hablaba en serio?
-No estás bromeando -dijo Gastón frotándose la bar­billa.
-¿Ves al camarero? Creo que ya pasaré a los postres.
-¿Te importaría explicarte?
-No.
Gastón esperó el momento propicio.
Rochi jugó con otra rodaja de zanahoria y se encogió de hombros.
-Tengo mis propias opiniones.
-Igual que la revista Times. Déjate de evasivas.
-Dime adónde crees que nos lleva esta conversación.
-Ya sabes adónde. Directamente al dormitorio.
-Dormitorios -enfatizó ella, deseando que Gastón no se mostrara tan obstinado con el tema-. Uno para él y otro para ella, y así tiene que seguir.
-Hace un par de días te habría dado la razón. Pero am­bos sabemos que si no hubiera sido por los colmillos de tu Godzilla ahora mismo estaríamos desnudos.
Rochi sintió un escalofrío.
-Eso no lo puedes dar por sentado.
-Mira, Rochi, el anuncio del periódico no saldrá hasta el próximo jueves. Hoy sólo es sábado. Me pasaré un par de días más con las entrevistas. Luego otro día, como mínimo, para instruir a la persona que contrate. Eso son muchas noches.
Rocío llevaba ya un rato jugueteando con su ensalada, así que abandonó toda pretensión de comer.
-Gastón, no me gusta el sexo por el sexo.
-Eso sí que me sorprende. Me parece recordar una no­che de febrero...
-Me había encaprichado contigo, ¿vale? Un estúpido encaprichamiento que se me fue de las manos.
-¿Un encaprichamiento? -Gastón se inclinó en su silla, disfrutando de la situación-. ¿Cuántos años tienes? ¿Doce?
-No te rías de mí.
-¿Así que te habías encaprichado conmigo?
Su sonrisa torcida era exactamente como la de Benny cuando creía que tenía a Daphne justo donde la quería. A la conejita no le gustaba, ni tampoco a Rochi.
-Me había encaprichado contigo y con Alan Greenspan al mismo tiempo. No me puedo imaginar en qué pensaba. Aunque el encaprichamiento por Greenspan era mucho peor. Gracias a Dios que no topé con él y su atractivo maletín.
Gas hizo oídos sordos a esa última tontería.
-Es interesante observar que Daphne parece haberse encaprichado con Benny, también.
-¡Eso no es verdad! Benny la trata fatal.
-Tal vez si ella se lo confesara, sería más simpático.
-¡Eso es más desagradable que lo de Charlotte Long y yo! -Ro tenía que lograr cambiar de tema de conversa­ción-. Se puede encontrar sexo en cualquier parte, pero no­sotros tenemos una amistad, y eso es más importante.
-¿Una amistad?
Ro asintió.
-Sí, supongo que sí -admitió Gas-. Tal vez sea eso lo que lo hace tan excitante. Nunca he tenido relaciones se­xuales con una amiga.
-No es más que la fascinación por lo prohibido.
-No sé en qué sentido es prohibido para ti -dijo Kevin frunciendo el ceño-. Yo tengo mucho más que perder.
-¿Y eso cómo lo has calculado, exactamente?
-Vamos, ya sabes lo importante que es mi carrera para mí. Tus familiares más directos resultan ser mis jefes, y aho­ra mismo mi situación ante ellos es inestable. Es exactamen­te por eso por lo que siempre mantengo mis relaciones con las mujeres lejos del equipo. Ni siquiera he salido jamás con nin­guna de las animadoras de los Stars.
-Y, en cambio, mírate, aquí tirándole los tejos a la her­mana de tu jefa.
-Yo lo puedo perder todo. Tú no tienes nada que perder.
«Sólo este frágil corazón mío.»
Gas acarició el pie de su copa de vino con el dedo.
-La verdad es que unas pocas noches de flirteo podrían ayudar en tu carrera de escritora.
-Me muero de ganas de oír por qué.
-Reprogramarán tu subconsciente para que dejes de en­viar mensajes homosexuales secretos en tus libros.
Rocío puso los ojos en blanco.
Gas soltó una risita.
-Déjame respirar, Gastón. Si estuviéramos en Chicago, ni siquiera se te habría ocurrido tener relaciones sexuales conmigo. ¿Te parece adulador?
-Seguro que se me ocurriría si pasáramos juntos tanto tiempo como lo estamos pasando aquí.
Gastón estaba evitando deliberadamente la cuestión, pero antes de que Rocío pudiera hacérselo notar, apareció la ca­marera para averiguar si había algún problema con la comi­da que llevaban ya rato sin tocar. Gas le aseguró que no pa­saba nada. La camarera esbozó la mejor de sus sonrisas y se puso a charlar con Gastón como si fuera su mejor amigo. La gente solía reaccionar de la misma manera con Mery y Nico, así que Ro ya estaba acostumbrada a aquel tipo de interrupciones, pero la camarera era guapa y con muchas curvas, y en esa ocasión su actitud le pareció molesta.
Cuando la mujer se marchó finalmente, Gastón se apoyó en el respaldo de su silla y retomó la conversación por la par­te que Rochi deseaba que hubiera olvidado.
-Eso del celibato... ¿desde cuándo dura?
Rocío estaba cortando un pedacito de pollo y se tomó su tiempo.
-Una temporada.
-¿Algún motivo en particular?
Ro masticó lentamente, como si estuviera reflexio­nando sobre la cuestión cuando en realidad se esforzaba por encontrar una escapatoria.
-Es una elección que tomé.
-¿Es una parte más de la niña buena que todo el mun­do piensa que eres excepto yo?
-¡Soy una niña buena!
-Eres una impertinente.
-¿Por qué tiene que justificarse una mujer virtuosa? O semivirtuosa, vaya, no vayas a pensar que era virgen an­tes de perder la chaveta por ti.
Pero, en cierto modo, sí que era virgen. Aunque sabía algo de sexo, ninguna de sus dos aventuras le había enseña­do nada sobre hacer el amor, y menos aún aquella horroro­sa noche con Gastón.
-Porque somos amigos, ¿recuerdas? Los amigos se cuentan estas cosas. Tú ya sabes mucho más de mí que la ma­yoría de la gente.
A Rochi no le gustaba sentirse con esta revelación más avergonzada de lo que se había sentido al contarle lo de la herencia, así que se esforzó por parecer piadosa y, apoyan­do los codos en la mesa, juntó las manos como en una ple­garia.
-Ser sexualmente exigente no tiene nada de vergonzoso.
En cierto modo, Gastón la entendía mejor que su propia familia, y su ceja levantada le indicó que no le había impre­sionado.
-Es que... Conozco a mucha gente que trata el sexo des­preocupadamente, pero yo no puedo hacerlo. Creo que es demasiado importante.
-No voy a discutir eso contigo.
-Pues bien, es eso.
-Me alegro.
¿Era la imaginación de Rocío, o había notado cierta su­ficiencia en la expresión de Gastón?
-¿De qué te alegras? ¿De haber tenido un estadio lleno de mujeres fáciles mientras yo mantenía las piernas cruza­das? A eso lo llamo yo doble rasero.
-Eh, que tampoco me siento orgulloso de ello. Viene programado en los cromosomas X. Y tampoco ha sido un estadio lleno.
-Déjame que te lo diga de otro modo. Hay gente que puede tener relaciones sexuales sin compromiso, pero resulta que yo no soy una de ellas, así que sería mejor que te muda­ras de nuevo a la casa de huéspedes.
-Técnicamente hablando, Daphne, ya me comprometí seriamente contigo, y creo que ha llegado el día de la paga.
-El sexo no es un producto. No se puede comerciar con él.
-¿Quién dice eso? -preguntó con una sonrisa defini­tivamente diabólica-. Había montones de vestidos precio­sos en aquella boutique del pueblo, y puedo ser muy liberal con mi tarjeta de crédito.
-Qué gran momento de orgullo para mí. Escritora de libros de conejitos convertida en fulana en un sencillo paso.
A Gas le gustó el chiste, pero su risotada fue interrum­pida por una pareja que se acercaba desde la otra punta del comedor.
-Perdona, pero ¿eres Gastón Dalmau? Mira, mi mujer y yo somos forofos...
Rochi dejó de escuchar y sorbió su café mientras Gastón se encargaba de sus admiradores. Aquel hombre la derretía, y no tenía sentido pretender lo contrario. Si se tratara sólo del atractivo físico, no sería tan peligroso, pero aquel encan­to arrogante estaba derrumbando sus defensas. Y en cuanto al beso que habían compartido...
¡Quieta ahí! Que aquel beso le hubiera aflojado las pier­nas no significaba que fuera a dejarse llevar. Acababa de re­cuperarse de una caída emocional en barrena, y no era tan autodestructiva como para volver a lanzarse en ella. Simple­mente tenía que recordarse que Gastón estaba aburrido y que le apetecía un rollete pasajero. La cruda realidad era que cual­quier mujer le valdría, y ella estaba a mano. Aun así, Ro no podía seguir negando que había recuperado su viejo encaprichamiento
Hay mujeres que son bobas hasta para respirar.




Gas dejó a un lado el último de los libros de Daphne que Rochi había intentado esconder sin éxito cuando vol­vieron a la casita. ¡No se lo podía creer! En aquellas páginas estaba la mitad de su vida reciente. Censurada, por supues­to. Pero aun así...
¡Él era Benny el Tejón! Su Harley roja... Su moto acuá­tica. Aquel pequeño incidente del salto en caída libre, pero exageradísimo... Y Benny practicando el snowboard en la Montaña de Nieve Nueva llevando unas Rayban plateadas... ¡Debería demandarla!
Pero se sentía tan adulado. Rocío escribía muy bien, y las historias eran fantásticas: adaptadas a los niños de hoy y divertidas. Aunque hubo algo que no le gustó de los libros de Daphne: por lo general, la conejita acababa casi siempre imponiéndose al tejón. ¿Qué clase de mensaje les estaba dan­do a los niños? ¿O a los mayores, si vamos a eso?
Gas se apoyó en el respaldo del destartalado sofá y echó un vistazo hacia la puerta del dormitorio que Rocío ha­bía cerrado al entrar. El buen humor del que Gastón había dis­frutado durante la cena se había esfumado. Había que ser cie­go para no saber que Rocío se sentía atraída por él. Entonces ¿cuál era la cuestión?
Rochi quería darle un tirón a su correa, ésa era la cuestión. Quería que Gas le suplicara para sentir que había recupe­rado su orgullo. Para ella, aquello era una especie de lucha de poder. Empezaba a mostrarse coqueta y divertida cuando es­taba con él, le hacía disfrutar de su compañía, se encrespa­ba los cabellos, se ponía ropa vistosa pensada únicamente para que a él le dieran ganas de quitársela. Entonces, cuando llegaba el momento exacto de quitarle la ropa, daba un salto hacia atrás y decía que no creía en el sexo sin compromiso.
Bobadas.
Gastón necesitaba una ducha, y fría, pero lo único que ha­bía en esa casa era aquella bañera pequeña como una jarra de cerveza. Dios, cuánto detestaba aquel lugar. ¿Por qué Rochi hacía una montaña de todo aquello? Tal vez había dicho que no durante la cena, pero mientras la besaba, aquel dulce cuer­pecito sin duda le estaba diciendo que sí. ¡Estaban casados! ¡Era él quien había tenido que comprometerse, no ella!
Su política de no mezclar los negocios con el placer le había estallado en la cara. Los problemas que experimenta­ba para apartar la mirada de la puerta del dormitorio de Ro le repugnaron. Él era Gastón Dalmau, maldita sea, y no tenía por qué suplicar las atenciones de ninguna mujer, y menos cuan­do había tantas otras haciendo cola para llamar su atención.
Bueno, ya había tenido bastante. Desde aquel momento iba a dedicarse únicamente a los negocios. Se encargaría del campamento y aumentaría el ritmo de sus entrenamientos para estar en plena forma al empezar la pretemporada. En cuanto a aquella esnob irritante que resultaba ser su esposa... Hasta que volvieran a Chicago, quedaba estrictamente prohi­bido tocarla.

2 comentarios:

  1. Le creo y todo a Gastón,seguro que no le va a dar bola... jajaja

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  2. Jajajaja amooo esta novelas, es mi novelas favorita de los Starts aunque por muy poco por que NACIDA PARA SEDUCIR esta muy buena igual...espero que la proxima novela que adapten sea de la epoca de la Regencia...hay una hermosa que se llama LA MAGIA DE TU SER de johana Lindsey de la serie los MALORY o de romance paranormal BAILANDO CON EL DIABLO y PLACERES DE LA NOCHE de la serie de los dark hunters esas son bellas y quedarian perfectas para los rubios

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