Al
levantarme del suelo, con mis manos lastimadas, vi con horror que la vampira
había golpeado a Gastón, que había chocado contra la puerta de la estación de
trenes, y estaba tirado en el suelo. Me había despistado con su apariencia de
niña, pero era obviamente una vampira poderosa, más poderosa de lo que había
imaginado. Ella y Gastón se enfrentaron en la puerta por un segundo, y luego,
en su violento forcejeo se vieron sus expresiones de odio a la luz de las
lámparas de la calle.
Luego, la vampira tiró a Gastón a las vías de la estación. Gastón
calló entre medio de ellas.
– Gastón! –
grité. Él no se levantó, y parecía que no podía aceptar lo que veía.
Claramente, ser arrojado a través de la puerta lo había impresionado.
– Tú no deberías asustar a niñas pequeñas
– La vampira quitó de su rostro algunos
mechones de cabello enrulado que se habían salido de su trenza, como una niña
pequeña nerviosa – Debías ser detenido. Yo puedo detenerte!
“Ella
estaba lo suficientemente asustada como para matarlo” pensé. Tenía que ayudar a
Gastón, pero ¿cómo? Yo era más fuerte que los humanos, pero no tan fuerte como
una completa vampira, sin importar cuán chica parezca. Luego me di cuenta de
que cuando la puerta fue arrancada, millones de pedazos de madera habían caído
por las vías. Una cerca de mí, era perfecta para ser usada como estaca.
Clavar
una estaca en el corazón de un vampiro, no lo mata, no definitivamente. Si la
estaca era clavada directo en el corazón, el vampiro caía como si estuviera
muerto, pero si la estaca era sacada, era como si nada hubiera pasado. Por lo
que yo debería clavarle la estaca en la espalda de la vampira sin vacilar.
Pero
hacerle eso a la pequeña vampira… No podía hacer eso.
Agarré
una pequeña pieza de madera del suelo y me incliné hacia adelante. Primero un
pie, luego el otro.
– No deberías haberme seguido – Le dijo a Gastón,
con cada uno de los músculos de su cuerpo tensado y sus manos curvadas, que hacían
parecer zarpas a sus uñas – Te
arrepentirás.
Con
todo el impulso que pude tomar, tiré el pedazo de madera hacia su cabeza. La
vampira salió volando unos pocos metros lejos de nosotros, lo había hecho más
fuerte de lo que había pensado, y giró por el piso, una y otra vez. Antes de
que se detuviera, corrí hasta Gastón y le tomé la mano.
– ¿Puedes correr?
– Ahora te lo digo – dijo resollando y levantándose con
dificultad.
Lo
llevé en la dirección del centro de la ciudad, pensando que sería mejor
perderla entre la multitud. Pero Gastón me empujó en la dirección opuesta, por
lo que estábamos corriendo cerca de la estación otra vez.
– No hay nadie alrededor, Gastón. Estaremos
solos!
– Eso significa que nadie saldrá herido!
– Pero…
– Estoy contigo Rocío. Confía en mí.
Corrimos
hacia una pequeña calle con las clásicas casitas inglesas. Impresionantes autos
de familia estaban aparcados en cada una de los garajes, y frente a las
ventanas con cortinas, se podían ver los resplandores de las luces de las
televisiones. A cada paso, yo quería gritar pidiendo ayuda, pero sabía que al
hacerlo, sólo conseguiría poner en peligro a las personas que acudieran en
nuestra ayuda. Si salían, había muchas posibilidades de que corrieran el riesgo
de quedar en medio de la batalla ente Gastón y la vampira, que cada vez parecía
más inevitable. Gastón y yo estábamos solos en esto.
–
Él no es lo que tú crees! – una fina voz
que temblaba me llamó, no muy lejos de nosotros – Pertenece a la Cruz Negra! Tienes que
huir!
Oh,
diablos. Parecía que estaba siguiéndonos para tratar de salvarme.
–
Gastón, no tenesmos que hacer esto! – Respiraba
con dificultad, asique la frase no quedó impregnada de la autoridad que yo
pretendía inculcarle. Ambos podíamos correr super naturalmente rápido, más
rápido que cualquier humano, pero los vampiros eran más rápidos – Sólo déjame
hablar con ella!
–
Ella no se detendrá a hablar!
Gastón
seguía pensando que todos los vampiros eran peligrosos, pero en este caso,
podía estar en lo cierto. Esta vampira era poderosa, y lo peor, estaba
asustada. La gente puede hacer las peores cosas cuando es presa del pánico. Si Gastón
resultaba herido por mi propuesta de hablar, nunca podría perdonármelo.
Rodeamos
una cuerva, y Gastón cambió de posición poniéndome a su derecha, por lo que
supuse que estaba tratando de perderla. No funcionó, sus pasos se oían en el
pavimento detrás de nosotros. Cada vez más y más cerca.
– Voy a perderla – Gastón apretó un poco mi mano – cuenta hasta
tres y escóndete detrás del auto más cercano, ¿de acuerdo?
–
Gastón, no coy a dejarte!
–
Puedo pedir ayuda. Tienes que estar segura. Uno, dos…
No
tuve tiempo de oponerme. Me empujó con su brazo, y salí disparada hacia los
autos. Rodé por el piso, y quedé en cuclillas entre los autos.
Durante
unos segundos, lo único que hubo fue silencio. Buscar ayuda. Eso había dicho Gastón.
La Cruz Negra
estaba aquí de caza. Eso significaba que tenían soportes aquí. Sin mí, él tenía
una chance de buscarlos. Empecé a calmarme pensando en que él estaba seguro,
sin importarme que la vampira estaba detrás de los autos también.
Tal
vez debí gritar pidiendo ayuda, pero no quería que ella supiera donde estaba
yo, o que Gastón se había ido.
Ella
no me atacó, sabía que no lo haría; pero aún así, me encontró. Me tendió una de
sus manos, con esas uñas extrañamente sucias.
– Tenemos que irnos – dijo – No sabes que es él.
–
Sé que es de la Cruz
Negra. Pero no me lastimará, pero va a volver con los demás.
Debes irte!
Negó
con la cabeza llena de horror.
–
Estás loca. Él es el enemigo!
–
Estoy bien – insistí – Eres tú la que está en peligro!
Dejó
caer su mano sin que yo la haya tomado. Parecía una muñequita rota con su cara
llena de angustia, supe que había herido sus sentimientos. Luego de un segundo
muy largo, ella se volteó y comenzó a correr, tan rápido y suave, que ni
siquiera pude oír sus pasos.
Cuando
estuve segura de que se había ido, llamé…
–
¿Gastón? – Sin respuesta – ¿Gastón?
Oí
pasos en el pavimento. Poniéndome de pie, vi a Gastón corriendo hacia mí.
Ignoré las señas de que me agachara nuevamente, y dije…
–
Se fue. Estamos a salvo, ¿de acuerdo?
Gastón
empezó a caminar y cuando estuvo a mi lado, se dejó caer, rodeando sus rodillas
con sus manos. Todavía me sentía alterada, y tuve que esperar unos minutos para
recuperar el aliento.
–
¿Estás segura?
–
Muy segura. ¿Estás bien?
–
Sólo si tu lo estas – Gastón se sacó el cabello de la cara con una mano – Dios,
Rocío, si ella venía tras de ti…
–
Ella no era peligrosa. No hasta que se asustó.”
–
¿Qué? Estás segura?
–
Sí – De repente me quedé helada. Era la
primera vez que Gastón y yo estábamos solos desde hacía meses. Arrojé mis
brazos a su alrededor, y él me abrazó tan fuerte que casi me quedé sin aliento.
–
Te extrañé – le suspiré en su cabello – Te extrañé mucho.
–
Yo también – rió suavemente – Casi no puedo creer que de verdad te tengo aquí.
–
Te voy a convencer – Tomé su rostro entre mis manos, y estaba a punto de
besarlo, cuando unas luces a nuestro alrededor nos hicieron saltar del susto.
Cerca
nuestro, una furgoneta estacionó. Aunque no había mucha luz, pude distinguir
que había varias personas dentro. Gastón gruñó…
– Oh, no – Cuando una de las puertas de la furgoneta
se abrió, él gritó – Ya paso la crisis.
Tardaron demasiado.
– No ha pasado mucho desde que llamaste – La mujer que contestó y bajó de la camioneta
me pareció familiar, incluso antes de que pudiera verla a la luz, supuse que
era Kate, la madre de Gastón.
Luego,
la puerta del pasajero se abrió y una chica morena con trenzas en el cabello
apareció. Busqué en mi memoria su nombre: Lala. Cuando miramos hacia ella, una
pequeña sonrisa se extendió en su rostro.
–
Miren qué tenemos aquí – Se apoyó en el auto y nos abarcó a Gastón y a mí con
un gesto de sus manos – Gastón, nadie te ha dicho que el número de emergencias
no es para alertarnos de tus conquistas?
Kate
se cruzó de brazos.
–
Ahora veo por qué insististe tanto en venir a la caza de Amherst.
–
De acuerdo, me descubrieron – dijo tranquilamente, rehusándose a quedar mal
– ¿Podemos llevar a Rocío a un lugar
seguro? La estúpida vampira la asustó mucho.
– Tienes razón – Kate parecía menos enojada. Yo
le gustaba, más que nada, porque creía que yo había salvado la vida de Gastón
una vez. Las personas en la furgoneta estaban asintiendo y murmurando frases de
bienvenida.
–
Vamos, así puedes arreglarte. No te preocupes, estás a salvo ahora.
¿A
salvo con la Cruz Negra?
Estaría a salvo mientras ellos no se dieran cuenta de que era “el enemigo”.
Sólo el pensar que estaría con cazadores de vampiros me hizo sentir fría y
asustada por dentro. Ellos habían sido buenos conmigo la última vez que nos
habíamos visto y esa vez casi termina en desastre. Esta vez, si ellos se
enterasen la verdad, me iría mucho peor.
Gastón y yo nos miramos, él sabía lo que yo estaba
pensando. Pero no había nada que hacer más que sonreír, decir gracias, y subir
a la camioneta.
Noooooo! ¿Como van a interrumpir el beso? Esta Cruz Negra me está cayendo mal jajaja
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