miércoles, 4 de julio de 2012

Capitulo 005 - Segunda Parte (LIBRO 02)

No sabía en qué pensar o qué hacer, no hasta ese primer segundo en el que uno se decidió. La vampiro se lanzó hacia nosotros, dando zarpazos como un tigre, y Gastón me sacó del camino tan fuerte que me resbalé y caí sobre mis manos y rodillas, golpeándome con el suelo de concreto. Detrás de mí, oí el ruido de la madera al romperse.
Al levantarme del suelo, con mis manos lastimadas, vi con horror que la vampira había golpeado a Gastón, que había chocado contra la puerta de la estación de trenes, y estaba tirado en el suelo. Me había despistado con su apariencia de niña, pero era obviamente una vampira poderosa, más poderosa de lo que había imaginado. Ella y Gastón se enfrentaron en la puerta por un segundo, y luego, en su violento forcejeo se vieron sus expresiones de odio a la luz de las lámparas de la calle. Luego, la vampira tiró a Gastón a las vías de la estación. Gastón calló entre medio de ellas.
–  Gastón! –  grité. Él no se levantó, y parecía que no podía aceptar lo que veía. Claramente, ser arrojado a través de la puerta lo había impresionado.
–  Tú no deberías asustar a niñas pequeñas –  La vampira quitó de su rostro algunos mechones de cabello enrulado que se habían salido de su trenza, como una niña pequeña nerviosa – Debías ser detenido. Yo puedo detenerte!
“Ella estaba lo suficientemente asustada como para matarlo” pensé. Tenía que ayudar a Gastón, pero ¿cómo? Yo era más fuerte que los humanos, pero no tan fuerte como una completa vampira, sin importar cuán chica parezca. Luego me di cuenta de que cuando la puerta fue arrancada, millones de pedazos de madera habían caído por las vías. Una cerca de mí, era perfecta para ser usada como estaca.
Clavar una estaca en el corazón de un vampiro, no lo mata, no definitivamente. Si la estaca era clavada directo en el corazón, el vampiro caía como si estuviera muerto, pero si la estaca era sacada, era como si nada hubiera pasado. Por lo que yo debería clavarle la estaca en la espalda de la vampira sin vacilar.
Pero hacerle eso a la pequeña vampira… No podía hacer eso.
Agarré una pequeña pieza de madera del suelo y me incliné hacia adelante. Primero un pie, luego el otro.
–  No deberías haberme seguido – Le dijo a Gastón, con cada uno de los músculos de su cuerpo tensado y sus manos curvadas, que hacían parecer zarpas a sus uñas –  Te arrepentirás.
Con todo el impulso que pude tomar, tiré el pedazo de madera hacia su cabeza. La vampira salió volando unos pocos metros lejos de nosotros, lo había hecho más fuerte de lo que había pensado, y giró por el piso, una y otra vez. Antes de que se detuviera, corrí hasta Gastón y le tomé la mano.
–  ¿Puedes correr?
–  Ahora te lo digo –  dijo resollando y levantándose con dificultad.
Lo llevé en la dirección del centro de la ciudad, pensando que sería mejor perderla entre la multitud. Pero Gastón me empujó en la dirección opuesta, por lo que estábamos corriendo cerca de la estación otra vez.
–  No hay nadie alrededor, Gastón. Estaremos solos!
–  Eso significa que nadie saldrá herido!
–  Pero…
–  Estoy contigo Rocío. Confía en mí.
Corrimos hacia una pequeña calle con las clásicas casitas inglesas. Impresionantes autos de familia estaban aparcados en cada una de los garajes, y frente a las ventanas con cortinas, se podían ver los resplandores de las luces de las televisiones. A cada paso, yo quería gritar pidiendo ayuda, pero sabía que al hacerlo, sólo conseguiría poner en peligro a las personas que acudieran en nuestra ayuda. Si salían, había muchas posibilidades de que corrieran el riesgo de quedar en medio de la batalla ente Gastón y la vampira, que cada vez parecía más inevitable. Gastón y yo estábamos solos en esto.
– Él no es lo que tú crees! –  una fina voz que temblaba me llamó, no muy lejos de nosotros – Pertenece a la Cruz Negra! Tienes que huir!
Oh, diablos. Parecía que estaba siguiéndonos para tratar de salvarme.
– Gastón, no tenesmos que hacer esto! –  Respiraba con dificultad, asique la frase no quedó impregnada de la autoridad que yo pretendía inculcarle. Ambos podíamos correr super naturalmente rápido, más rápido que cualquier humano, pero los vampiros eran más rápidos – Sólo déjame hablar con ella!
– Ella no se detendrá a hablar!
Gastón seguía pensando que todos los vampiros eran peligrosos, pero en este caso, podía estar en lo cierto. Esta vampira era poderosa, y lo peor, estaba asustada. La gente puede hacer las peores cosas cuando es presa del pánico. Si Gastón resultaba herido por mi propuesta de hablar, nunca podría perdonármelo.
Rodeamos una cuerva, y Gastón cambió de posición poniéndome a su derecha, por lo que supuse que estaba tratando de perderla. No funcionó, sus pasos se oían en el pavimento detrás de nosotros. Cada vez más y más cerca.
–  Voy a perderla –  Gastón apretó un poco mi mano – cuenta hasta tres y escóndete detrás del auto más cercano, ¿de acuerdo?
– Gastón, no coy a dejarte!
– Puedo pedir ayuda. Tienes que estar segura. Uno, dos…
No tuve tiempo de oponerme. Me empujó con su brazo, y salí disparada hacia los autos. Rodé por el piso, y quedé en cuclillas entre los autos.

Durante unos segundos, lo único que hubo fue silencio. Buscar ayuda. Eso había dicho Gastón. La Cruz Negra estaba aquí de caza. Eso significaba que tenían soportes aquí. Sin mí, él tenía una chance de buscarlos. Empecé a calmarme pensando en que él estaba seguro, sin importarme que la vampira estaba detrás de los autos también.
Tal vez debí gritar pidiendo ayuda, pero no quería que ella supiera donde estaba yo, o que Gastón se había ido.
Ella no me atacó, sabía que no lo haría; pero aún así, me encontró. Me tendió una de sus manos, con esas uñas extrañamente sucias.
–  Tenemos que irnos –  dijo – No sabes que es él.
– Sé que es de la Cruz Negra. Pero no me lastimará, pero va a volver con los demás. Debes irte!
Negó con la cabeza llena de horror.
– Estás loca. Él es el enemigo!
– Estoy bien – insistí – Eres tú la que está en peligro!
Dejó caer su mano sin que yo la haya tomado. Parecía una muñequita rota con su cara llena de angustia, supe que había herido sus sentimientos. Luego de un segundo muy largo, ella se volteó y comenzó a correr, tan rápido y suave, que ni siquiera pude oír sus pasos.
Cuando estuve segura de que se había ido, llamé…
– ¿Gastón? – Sin respuesta – ¿Gastón?
Oí pasos en el pavimento. Poniéndome de pie, vi a Gastón corriendo hacia mí. Ignoré las señas de que me agachara nuevamente, y dije…
– Se fue. Estamos a salvo, ¿de acuerdo?
Gastón empezó a caminar y cuando estuvo a mi lado, se dejó caer, rodeando sus rodillas con sus manos. Todavía me sentía alterada, y tuve que esperar unos minutos para recuperar el aliento.
– ¿Estás segura?
– Muy segura. ¿Estás bien?
– Sólo si tu lo estas – Gastón se sacó el cabello de la cara con una mano – Dios, Rocío, si ella venía tras de ti…
– Ella no era peligrosa. No hasta que se asustó.”
– ¿Qué? Estás segura?
– Sí –  De repente me quedé helada. Era la primera vez que Gastón y yo estábamos solos desde hacía meses. Arrojé mis brazos a su alrededor, y él me abrazó tan fuerte que casi me quedé sin aliento.
– Te extrañé – le suspiré en su cabello – Te extrañé mucho.
– Yo también – rió suavemente – Casi no puedo creer que de verdad te tengo aquí.
– Te voy a convencer – Tomé su rostro entre mis manos, y estaba a punto de besarlo, cuando unas luces a nuestro alrededor nos hicieron saltar del susto.
Cerca nuestro, una furgoneta estacionó. Aunque no había mucha luz, pude distinguir que había varias personas dentro. Gastón gruñó…
–  Oh, no – Cuando una de las puertas de la furgoneta se abrió, él gritó –  Ya paso la crisis. Tardaron demasiado.
–  No ha pasado mucho desde que llamaste –  La mujer que contestó y bajó de la camioneta me pareció familiar, incluso antes de que pudiera verla a la luz, supuse que era Kate, la madre de Gastón.
Luego, la puerta del pasajero se abrió y una chica morena con trenzas en el cabello apareció. Busqué en mi memoria su nombre: Lala. Cuando miramos hacia ella, una pequeña sonrisa se extendió en su rostro.
– Miren qué tenemos aquí – Se apoyó en el auto y nos abarcó a Gastón y a mí con un gesto de sus manos – Gastón, nadie te ha dicho que el número de emergencias no es para alertarnos de tus conquistas?
Kate se cruzó de brazos.
– Ahora veo por qué insististe tanto en venir a la caza de Amherst.
– De acuerdo, me descubrieron – dijo tranquilamente, rehusándose a quedar mal –  ¿Podemos llevar a Rocío a un lugar seguro? La estúpida vampira la asustó mucho.
–  Tienes razón – Kate parecía menos enojada. Yo le gustaba, más que nada, porque creía que yo había salvado la vida de Gastón una vez. Las personas en la furgoneta estaban asintiendo y murmurando frases de bienvenida.
– Vamos, así puedes arreglarte. No te preocupes, estás a salvo ahora.
¿A salvo con la Cruz Negra? Estaría a salvo mientras ellos no se dieran cuenta de que era “el enemigo”. Sólo el pensar que estaría con cazadores de vampiros me hizo sentir fría y asustada por dentro. Ellos habían sido buenos conmigo la última vez que nos habíamos visto y esa vez casi termina en desastre. Esta vez, si ellos se enterasen la verdad, me iría mucho peor.
Gastón y yo nos miramos, él sabía lo que yo estaba pensando. Pero no había nada que hacer más que sonreír, decir gracias, y subir a la camioneta.

1 comentario:

  1. Noooooo! ¿Como van a interrumpir el beso? Esta Cruz Negra me está cayendo mal jajaja

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