Gastón se pasó la mayor parte de los dos
días siguientes intentando pillar a Rochi a solas, pero entre tanto viaje al
pueblo a por bicicletas, tanto atender a los clientes, y tanto niño apareciendo
cada vez que asomaba la cabeza por la puerta, no tuvo la oportunidad. Nicolás
había intentado hablar con él un par de veces, pero en una ocasión les
interrumpió el teléfono y, en la siguiente, la batería descargada del coche de
uno de los clientes. El martes por la tarde Gas ya estaba tan malhumorado e
irritable que no podía concentrarse en el partido que había puesto en el
reproductor de vídeo del despacho. Cinco semanas para la pretemporada... Hizo
bajar a Cafre de su regazo con un ligero empujón y se acercó a la ventana. No
eran siquiera las siete, pero se habían formado unas nubes de lluvia y estaba
oscureciendo. ¿Dónde diablos estaba ella? Justo en ese momento sonó su
teléfono móvil. Gastón lo cogió de encima del escritorio.
-¿Diga?
-Gas, soy Soy Rocío.
-¿Dónde has estado? -gruñó-. Te había
dicho que quería hablar contigo después del té de la tarde.
-He visto a María que se acercaba por la
entrada principal, y la he esquivado por la puerta de atrás. Cada día está más
persistente. Luego me he encontrado a Paloma, que ha empezado a explicarme
algo de un chico al que le gusta.
« ¿Sí? Bueno, ¿y qué hay del chico al que
le gustas tú?»
-La cuestión es que, cuando Paloma se ha
marchado, he decidido ir a pasear sola por el bosque, y he empezado a pensar en
una idea que tengo para Daphne. Una cosa ha llevado a la otra y, cuando he
querido darme cuenta, me había perdido.
Por primera vez en todo el día, Gas se
sentía relajado.
-No me digas.
Dejó de agarrar el teléfono con tanta
fuerza y oyó que le rugía el estómago. Entonces cayó en la cuenta de que no había
comido nada desde el desayuno, y se dirigió a la cocina para prepararse un
bocadillo. Cafre trotó a su lado.
-Perdida en el bosque -dijo Rochi con
énfasis.
-Caramba -dijo disimulando la risa.
-Y está oscureciendo.
-De eso no hay duda.
-Y parece que va a llover. Gastón echó un
vistazo por la ventana.
-Justo ahora me he fijado.
-Y tengo miedo.
-Ya me lo imagino -dijo sujetando el
teléfono móvil con la barbilla mientras sacaba de la nevera algo de carne en
conserva y un tarro de mostaza-. ¿Y qué? ¿Has encontrado cerca una tienda de
electrodomésticos y me has llamado?
-Se me ha ocurrido llevarme el móvil de Mery.
Gastón sonrió burlón y cogió una rebanada
de pan de la despensa.
-Muy inteligente por tu parte.
-En los campamentos nos enseñaron a
llevar un silbato colgado del cuello si salíamos a caminar solos. Como no
tenía ningún silbato...
-Has cogido un móvil.
-La seguridad es lo primero.
-¡Dios bendiga el poder de las
telecomunicaciones! -exclamó Gastón mientras volvía a la nevera a por queso-. Y
ahora te has perdido. ¿Te has fijado en el musgo de los truncos de los árboles?
-No había pensado en eso.
-Siempre crece en la parte norte.
Gas empezó a preparar el bocadillo,
disfrutando por primera vez en toda la tarde.
-Sí, creo que recuerdo haberlo oído. Pero
es un poco oscuro para verlo.
-Supongo que no debes de llevar una
brújula en el bolsillo, ni una linterna...
-No se me ha ocurrido.
-Lástima-dijo echándose un poco más de
mostaza-. ¿Quieres que venga a buscarte?
-Te lo agradecería mucho. Si llevas el
teléfono contigo, tal vez pueda orientarte. He salido del campamento por el
Sendero de la parte trasera de Escalera de Jacob.
-Pues ése podría ser un buen punto de
partida para mí. Ya te llamaré cuando llegue allí.
-Está anocheciendo muy deprisa. ¿Te
importaría darte prisa?
-Por supuesto que no, estaré allí en
menos que canta un gallo.
Gastón colgó, rió maléficamente y se
acomodó a disfrutar de su bocadillo, pero apenas le había dado tres bocados
cuando ella volvió a llamar.
-¿Sí?
-¿Te he comentado que me he torcido el
tobillo?
-Pues no. ¿Cómo ha sido?
-He tropezado con una madriguera.
-Espero que no fuera de serpiente. Hay
serpientes de cascabel por aquí.
-¿De cascabel?
Gastón alcanzó una servilleta.
-Ahora mismo estoy andando junto a
Escalera de Jacob, pero alguien debe de tener el microondas en marcha, porque
hay interferencias. Te volveré a llamar.
-Espera, no tienes mi nú...
Gas colgó, se echó un panzón de reír y se
dirigió a la nevera. Un bocadillo siempre sabe mejor con una cerveza. Silbó
mientras destapaba la botella y se acomodó para disfrutarla. Entonces cayó en
la cuenta. ¿Qué demonios estaba haciendo?
Cogió el teléfono móvil y marcó el número
de Mery de la agenda. Luego ya tendría tiempo para darle una lección. Aquélla
era la primera oportunidad que tenía en dos días de estar a solas con ella.
-¡Eh, Rochi!
-Sí.
-Tengo problemas para encontrarte. -Gastón
se sujetó el móvil con la barbilla, cogió la cerveza y lo que quedaba del
bocadillo, y se dirigió a la puerta de atrás-. ¿Crees que podrías chillar?
-¿Quieres que chille?
-Sería útil.
Gas le dio otro mordisco al bocadillo y
corrió hacia la Escalera de Jacob.
-No soy mucho de chillar.
-En la cama sí -puntualizó Gastón.
-¿Estás comiendo?
-Tengo que reunir fuerzas para la
búsqueda -dijo saludando con la cerveza a Jacinta Long.
-Estoy bastante segura de que estoy cerca
del arroyo. Al final del sendero que empieza justo detrás de Escalera de Jacob.
-¿Arroyo?
-¡El arroyo, Gas! El que sale del bosque
y cruza el prado. ¡El único arroyo que hay!
La voz de Rocío empezaba a sonar
irritable. Gastón le dio un trago a su cerveza.
-No recuerdo ningún arroyo. ¿Estás
segura?
-¡Sí, estoy segura!
-Supongo que me acordaré cuando lo vea.
Algunos niños correteaban en el espacio
comunitario. Gas paró un momento a disfrutar de las vistas, luego volvió a su
misión.
-El viento empieza a ser molesto. Apenas
puedo ver el sendero.
-Aquí no está tan mal.
-Entonces tal vez me he equivocado de
camino.
-Has seguido el sendero que sale de
detrás de Escalera de Jacob, ¿no?
Gastón tiró el resto del bocadillo en un
contenedor de basuras y caminó hasta ese sendero.
-Eso creo.
-¿Eso crees? ¿Acaso no estabas prestando
atención?
Definitivamente irritable.
-No dejes de hablar. Tal vez pueda saber
si me voy acercando por la recepción.
-¿Oyes el arroyo?
-¿De qué arroyo me hablas?
-¡Sólo hay uno!
-Espero poder encontrarlo. No quiero ni
imaginar lo terrible que sería que tuvieras que pasar sola la noche en el
bosque.
-Estoy segura de que eso no va a ocurrir.
-Espero que no. Hagas lo que hagas, ni se
te ocurra pensar en la bruja de Blair.
-¿La bruja de Blair?
Gastón simuló un sonido de ahogo, luego
un gemido de monstruo, y colgó.
Su teléfono móvil no tardó en volver a
sonar.
-Me duelen las costillas de tanto reír
-dijo secamente.
-Lo siento. Sólo era una ardilla. Pero
era enorme.
-Si no juegas bien, me voy a casa.
-Vale, pero será mejor que no lleves nada
más que el calzado y la cinta del pelo cuando te encuentre.
-No tengo ninguna cinta del pelo.
-Una cosa menos que tendré que quitarte,
pues, ¿no?
Al final resultó que Rocío todavía estaba
vestida cuando Gastón la encontró, aunque no tardaron en solucionarlo: estuvieron
unos instantes revolcándose desnudos sobre la suave hierba del prado, y cuando
empezó a caer la lluvia, sus risas se apagaron.
Gastón se dejaba embriagar por sus besos,
y mientras penetraba su cuerpo blando y acogedor, vislumbró algo que le
pareció casi... sagrado. Pero la ilusión era demasiado frágil para sobrevivir
a las exigencias primitivas de su cuerpo.
La lluvia tamborileaba en su espalda. Los
vigorosos dedos de Rochi se aferraban a sus hombros, exigentes. La lluvia...
Aquella mujer... El placer de Rocío lo envolvió en una espiral y Gastón se
perdió.
A medida que pasaban los días, Rocío se
comportaba como una mujer poseída. El miércoles, se levantó la falda en el
despacho de Gastón mientras los huéspedes se reunían para el té. Aquella misma noche,
huyó de otra de las citas que María había concertado con ella para tener una
charla en privado y se reunió con Gas en el bosque detrás de la casita. A la
mañana siguiente, él la arrastró hacia la despensa justo cuando Troy entraba
por la puerta de la cocina, y luego tuvo que taparle la boca a Rochi porque empezaba
a hacer demasiado ruido. Más tarde, ella le llevó a una de las casitas vacías,
pero cuando Gas la levantó para tenderla sobre la mesa de la cocina, Rochi
notó que sus músculos se rebelaban finalmente tras el reiterado esfuerzo de
adoptar posturas tan incómodas, e hizo una mueca de dolor.
Gastón apoyó su frente en la de ella e
inspiró trémulamente, luchando por recuperar el control.
-Esto es una locura. Ya has tenido
bastante -suspiró.
-¿Bromeas? Apenas estoy empezando, pero
si no puedes estar a la altura, lo comprenderé.
Gas sonrió y la besó. Cómo le encantaban
aquellos besos lentos. Le acarició los senos y los muslos, intentando ir con
más cuidado, pero estaban bailando con el peligro, y ella se lo permitió. Poco después, Rocío había
olvidado por completo sus dolores musculares.
Aquella noche, declinaron la invitación a
cenar de los Riera con la excusa de bajar al pueblo a por provisiones, pero
cuando volvieron al campamento descubrieron que se les había acabado la suerte.
Nicolás y Mery les esperaban sentados en las escaleras de la casa de huéspedes.
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