miércoles, 22 de agosto de 2012

Primera Parte, Capitulo Veintiuno



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Un día llegó un tipo malo al Bosque del Ruiseñor. Era muy malo y feo, pero fingió ser amigo de Benny. Aunque sólo Daphne sabía que era muy malo. Por eso le dijo a Benny: «¡¡¡¡No es tu amigo!!!!»

Daphne conoce a un tipo malo
por Hannah Marie Calebow




Rochi oyó que Gastón soltaba un par de tacos entre dien­tes y dibujó una sonrisa en su rostro.
-Hola, chicos. ¿Se escaparon un rato de los niños?
-Están jugando al escondite con linternas en el espacio comunitario -dijo María bajando las escaleras y fijándose en las arrugas del vestido de Rocío.
Ro necesitaba todo su ingenio para despistarla, aun­que el hecho de no llevar ropa interior jugaba en su contra.
-Espero que no le pase nada a Amado. Ya sabes lo rá­pido que desaparece -dijo con aire de preocupación.
-Amado está bien -repuso Nicolás-. Y aquí tampoco puede meterse en muchos líos.
-No tienes ni idea -murmuró Gastón.
Mery miró hacia el camino que llevaba a la playa. La camiseta de los Stars y los vaqueros que llevaba no lograban ocultar a la luchadora por el poder que había debajo.
-La señora Long se ha ofrecido voluntaria para vigilar­les. Vamos a dar un paseo.
Rochi se encogió de hombros.
-Creo que paso. Llevo levantada desde las cinco y me­dia, y estoy un poco cansada -«De haber hecho el amor tres veces en lo que llevo de día», pensó-. Tal vez mañana.
La voz de Nicolás resonó, fría como el acero.
-No estaremos mucho rato. Hay un par de cosas de las que quisiéramos hablar.
-Ya casi se nos han terminado las vacaciones. ¿Por qué no se relajan y disfrutan del tiempo que les queda?
-Es un poco difícil relajarse estando tan preocupados por ustedess- replicó Mery.
-¡Pues déjense de preocupar!
-Cálmate, Ro -dijo Kevin-. Si quieren hablar, seguro que podemos dedicarles unos minutos.
«Vaya un pelotillero», pensó Rochi. Aunque tal vez ha­bía decidido que iba siendo hora de que jugasen todos a un arriesgado juego nuevo. Rocío supo desde el principio que Gas no se escabullía porque tuviera miedo de Nicolás y María. Lo hacía porque le encantaba el riesgo.
-Tú tal vez tengas tiempo, pero yo no -le espetó Rocío.
Nicolás alargó la mano para agarrarla del brazo como ha­bía venido haciéndolo desde que ella tenía quince años, pero Gastón se interpuso entre los dos para impedírselo. Rochi no supo quién se había quedado más sorprendido, si ella o Nico. ¿Había interpretado Gastón el gesto como una ame­naza?
María reconoció las señales del choque de cornamentas y se puso al lado de su marido. Ambos intercambiaron una mirada y Nicolás echó a andar hacia el camino.
-Venga, vamos.
Había llegado la hora del ajuste de cuentas y no había mo­do de escapar. Rocío imaginó las preguntas que les harían. Si al menos pudiera imaginar también cómo responderlas...
Anduvieron por la playa hacia las últimas casitas del campamento, junto al límite del bosque. Cuando llegaron a la valla que indicaba el final del campamento, Nicolás se detu­vo. Gastón se separó ligeramente de Rocío y apoyó las cade­ras contra un poste.
-Ya hace dos semanas que están aquí -dijo María soltando la mano de Nicolás.
-El miércoles hizo dos semanas -puntualizó Gas.
-El campamento es precioso. Los niños se lo están pa­sando de maravilla -dijo Mery.
-Es un placer tenerlos aquí.
-Todavía no se pueden creer que compraras todas aque­llas bicis.
-Lo hice con gusto.
Nicolás perdió la paciencia.
-María y yo queremos saber cuáles son tus intencio­nes con respecto a Rocío.
-¡NICO! -gritó Rocío.
-No pasa nada -dijo Gastón.
-¡Sí que pasa! -dijo Rocío mirando a su cuñado-.¿Qué clase de mierda sexista del sur es ésta? ¿Qué hay de mis intenciones con respecto a él?
Rocío no sabía cuáles eran exactamente esas intenciones más allá de mantenerse alejada del mundo real y quedarse en el Bosque del Ruiseñor durante el máximo de tiempo posi­ble, pero tenía que pararle los pies a Nicolás.
-Se suponía que iban a solicitar una anulación –dijo María-. Y en lugar de eso, huyeron juntos.
-No huimos -replicó Rochi.
-¿Y cómo lo llamarías tú, si no? Además, cada vez que intento hablar contigo del tema, me evitas. -María se me­tió las manos en los bolsillos de los vaqueros-. Es otra vez la alarma de incendios, ¿verdad, Rochi?
-¡No!
-¿Qué alarma de incendios? -preguntó Gastón.
-No importa -se apresuró a decir Ro.
-No, quiero saber de qué va esto.
María la traicionó.
-Cuando Ro tenía dieciséis años, accionó la alarma de incendios de su instituto. Por desgracia, no había habido ningún indicio de fuego.
Gastón la miró con curiosidad.
-¿Tenías algún buen motivo?
Rochi negó con la cabeza, sintiéndose como si volviera a tener dieciséis años.
-Entonces, ¿por qué lo hiciste?
-Prefiero no hablar del tema.
Gastón ladeó la cabeza hacia Nicolás.
-Siempre hablan de ella como si fuera perfecta.
-¡Y lo es! -ladró Nicolás.
Rocío sonrió a su pesar, pero se mordió el labio.
-Fue una aberración. Yo era una adolescente insegura que quería poner a prueba a Mery y Nico para asegurar­me de que me apoyarían hiciera lo que hiciera.
-¿Y tuvieron que evacuar el instituto? -preguntó Gas con una chispa de especulación en la mirada.
Rochi asintió.
-¿Cuántos camiones de bomberos?
-Dios mío... -musitó Mery-. Fue un delito grave.
-Fue un delito de segundo grado -dijo Rocío sombríamente-, así que resultó bastante desagradable.
-No me cabe la menor duda. -Gas se volvió hacia los Riera-. Por fascinante que sea, y admito que es bas­tante fascinante, no creo que sea de esto de lo quieran ha­blarnos.
-¡Tampoco es nada importante! -exclamó Rocío-. Ha­ce dos semanas, Gas se presentó en mi apartamento porque había asistido a una cita con el abogado. Yo no me encontraba demasiado bien, y Gastón pensó que me convendría un poco de aire fresco: por eso me trajo aquí.
Cuando María quería, era mejor que nadie con el sar­casmo.
-¿Y no podías limitarte a sacarla a pasear?
-No se me ocurrió.
Al contrario que María, Gas no quería revelar secre­tos de Rochi.
Pero Rochi tenía que ser sincera con respecto a esa par­te te de la historia.
-Yo estaba terriblemente deprimida, pero no quería que ustedes supieran lo mal que estaba. Gastón es una persona bastante bien intencionada, aunque intente disimularlo, y me dijo que si no le acompañaba me llevaría directamente a su casa y me dejaría con ustedes dos. Yo no quise que me vieran de aquella manera.
María pareció alicaída.
-¡Somos tu familia! No deberías haberte sentido así.
-Ya los había fastidiado bastante. Había intentado fingir que estaba bien, pero ya no podía seguir aguantándolo más.
-Ro no estaba bien -dijo Kevin-. Pero ha mejo­rado desde que está aquí.
-¿Cuánto tiempo más piensan quedase? -preguntó Nicolás todavía con suspicacia.
-No demasiado -replicó Gas-. Un par de días más.
Al oírlo, Rochi sintió un dolor en el pecho.
-¿Te acuerdas de Eddie Dillard? –prosiguió Gastón-. Había jugado con los Bears.
-Sí que me acuerdo -dijo Nicolás.
-Quiere comprar este lugar, y mañana subirá a verlo.
A Rocío se le hizo un nudo en el estómago.
-¡No me lo habías dicho!
-¿Ah, no? Estaría demasiado ocupado.
Ocupado disfrutando del sexo con ella. Pero había habi­do el tiempo suficiente entre sus encuentros eróticos como para mencionarlo.
-Nos podemos ir inmediatamente -dijo Gastón-. Acabo de hablar con mi gestor esta tarde, y por fin ha encon­trado a alguien en Chicago que va a hacerse cargo del campa­mento durante el resto del verano; se trata de un matrimonio que ya tiene experiencia en este tipo de trabajo.
Fue como si le hubiera dado una bofetada. Ni siquiera le había comentado que le había pedido a su gestor que busca­ra a alguien en Chicago. Se sintió más traicionada que cuan­do María había mencionado lo de la alarma de incendios.
Gastón sabía que a ella no le iba a hacer ninguna gracia, así que había decidido no comentárselo. No había una auténtica co­municación entre ellos, ningún objetivo común. Tenía delan­te de sus narices todo lo que no había querido aceptar sobre su relación. Tal vez compartían el sexo, pero era lo único.
María acarició con la punta del pie una mata de achicoria y preguntó:
-¿Y ahora qué harán?
Rocío no se veía capaz de soportar oír la respuesta en boca de Gastón, así que lo dijo ella en su lugar:
-Pues nada. Pedimos el divorcio y seguimos cada uno nuestro camino.
-¿El divorcio? -preguntó Nicolás-. ¿No iban a pedir la anulación?
-Los motivos que podemos alegar para pedir la anu­lación son muy limitados. –Rocío intentó emplear un tono impersonal, como si nada de todo aquello tuviera que ver con ella-. Es preciso demostrar que ha habido engaño o coac­ción. Nosotros no podemos, de modo que tendrá que ser un divorcio.
María levantó la mirada de la mata de achicoria y empezó a decir:
-Quisiera haceros una pregunta...
Rocío supo enseguida lo que venía a continuación e intentó pensar un modo de evitarlo.
-Parece que se llevan muy bien.
«No, Mery Por favor, no.»
-¿Habán considerado la posibilidad de seguir casados?
-¡No! -espetó Rocío antes de que Gastón pudiera res­ponder-. ¿Crees que estoy loca? ¡No es mi tipo!
María levantó las cejas y Gastón parecía algo más que molesto. No le importaba. Un intenso deseo de herirle la do­minaba. Pero no podía hacerlo. María era la jefa de Gastón, y su carrera lo era todo para él.
-Gastón no tenía por qué traerme aquí, pero lo hizo de todos modos porque vio que yo necesitaba ayuda. -Rocío respiró profundamente y recordó que Gas la había per­donado, y que eso se lo debía-. Ha sido maravilloso, extre­madamente amable y sensible, y les agradecería a los dos que dejaran de sospechar tanto de él.
-Nosotros no...
-Sí que lo hacen. Y eso lo ha puesto en una situación di­fícil.
-Tal vez debería haber pensado en ello cuando te arras­traba hacia el bosque el domingo -dijo Nicolás lentamente-.¿O estaba demasiado ocupado siendo amable y sensible?
La mandíbula de Gastón se tensó.
-¿Qué intentas decir exactamente, Nicolás?
-Digo que si ayudar a Rocío fue simplemente un gesto humanitario, no deberías estar acostándote con ella.
-¡Ya basta! -exclamó Ro-. ¡Acabas de cruzar la raya!
-No es la primera vez, y estoy seguro de que no será la última. María y yo miramos por la familia.
-Tal vez deberían mirar un poco más por alguien de su familia -dijo Gastón pausadamente-. Rocío les está pidiendo que respen su intimidad.
-¿Es su intimidad o la tuya propia lo que te preocupa?
Las cornamentas volvieron a chocar, pero a Rocío no le importó.
-Olvidan que ya no tengo que darles explicaciones. Y en cuanto a mi relación con Gastón... Por si no lo han ob­servado, no dormimos bajo el mismo techo.
-Y yo no nací ayer -insistió Nicolás.
Rocío ya no pudo contenerse.
-¿Sería mucho pedir un poco de cortesía? Me he pasa­do doce años fingiendo que no veía cómo se sobaban el uno al otro, fingiendo que no los oía por las noches cuando hacían, pueden creerme, demasiado ruido. Y la realidad es que Gastón y yo de momento estamos casados. Pronto obtendremos el divorcio, pero todavía no lo tenemos, así que lo que pase o deje de pasar entre nosotros no es tema de discusión. ¿Ha quedado claro?
María parecía cada vez más preocupada.
-Rochi, tú no eres el tipo de persona que se toma el se­xo a la ligera. Tiene que significar algo.
-¡Y por supuesto que significa algo! -le gritó Nicolás a Gastón-. ¿Has olvidado que hace muy poco sufrió un aborto?
-¡No sigas! -dijo Gastón sin apenas mover los labios. Nicolás vio que por allí no llegaría a ningún lado, y centró atención en Rocío.
-Gastón es un futbolista, y eso forma parte de su mentali­dad. Tal vez no tenga esa intención, pero te está utilizando.
Las palabras de Nico fueron para Rochi como un agui­jonazo: Nicolás, que comprendía muy bien lo que significaba amar auténticamente a una mujer, sin duda había reconoci­do la superficialidad de los sentimientos de Gastón.
Gastón saltó.
-Te he dicho que no siguieras.
Rocío no podía permitir que aquello fuera a más, así que,  en lugar de echarse a llorar como habría deseado, pasó tam­bién  al ataque.
-Te equivocas. Yo le estoy utilizando a él. He perdido a un bebé, mi carrera está en el sumidero y estoy arruinada. Gastón es mi distracción. Mi premio por veintisiete años de ser una buena chica. Y ahora, ¿hay más preguntas?
-Oh, Rocío... -dijo Mery mordiéndose el labio in­ferior. Nicolás parecía aún más contrariado.
Rochi levantó la barbilla y se quedó mirándolos a ambos.
-Se los devolveré en cuanto haya terminado con él. Hasta entonces, dejenme en paz.

1 comentario:

  1. Rocío es genial! Ya está bastante grandecita para que le controlen la vida

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