El aire seguía siendo húmedo por la
tormenta, así que Rocío se puso una sudadera por encima del top y el pantalón
corto. Gastón esperaba en el porche principal, con Cafre a sus pies. El humo que desprendía su taza de café
subía en espiral mientras él contemplaba el bosque. Rochi se acurrucó dentro
de la calidez de su sudadera.
-¿Estás listo para oír el resto de la
historia?
-Supongo que más me vale estarlo.
Rocío hizo que la mirara.
-Le dije a Eddie que aunque te vendieras
el campamento, todavía estabas emocionalmente ligado a él, y que no podías
soportar la idea de que le estuviera ocurriendo algo al lago. Por ese motivo,
te hallabas bajo un estado de negación permanente de la contaminación. Le dije
que no le engañabas deliberadamente, que no podías evitarlo.
-¿Y Eddie se lo tragó?
-Es más tonto que un haba, y yo estuve
bastante convincente. -Rocío narró con todo detalle el resto de la historia-.
Entonces le dije que tenías un problema mental, y por eso sí que te pido
perdón, y le prometí que me aseguraría de que recibieras ayuda psiquiátrica.
-¿Un problema mental?
-Fue lo único que se me ocurrió.
-¿Y no se te ocurrió no entrometerte en
mis negocios?
Gastón dejó de un golpe su taza de café y
salpicó toda la mesa.
-No podía hacerlo.
-¿Por qué no? ¿Quién te ha dado permiso
para organizarme la vida?
-Nadie. Pero...
El mal genio de Gas tenía una mecha larga,
pero por fin estalló.
-¿Qué pasa contigo y este lugar?
-¡No soy yo, Gas, eres tú! Has perdido a
tus dos padres, y estás decidido a mantener a Julia a una distancia prudencial.
No tienes ningún hermano, ningún tipo de parentela en absoluto. ¡Es importante
que no pierdas el contacto con tu pasado, y este campamento es lo único que te
queda!
-¡A mí no me importa mi pasado! ¡Y
créeme, tengo mucho más que este campamento!
-Lo que intento decirte es...
-Tengo millones de dólares y no he sido
tan estúpido como para desprenderme de ellos, ¡empecemos por ahí! Tengo coches,
una casa lujosa, una cartera de acciones que me mantendrán sonriente durante
mucho tiempo. ¿Y sabes qué más tengo? Tengo una carrera y no permitiría que un
ejército de entrometidos interesados me la arrebatara.
Rocío entrelazó sus manos.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Explícame una cosa. Explícame cómo se
justifica que pases tanto tiempo metiéndote en mis asuntos en vez de preocuparte
de los tuyos.
-Sí que me preocupo de mis asuntos.
-¿Cuándo? Llevas dos semanas urdiendo y
maquinando acerca del campamento en vez de dedicar tus energías a lo que
deberías. Tu carrera se está yendo al garete. ¿Cuándo vas a empezar a presentar
batalla por tu conejita en vez de tumbarte y hacerte la muerta?
-¡Yo no he hecho eso! No sabes de qué
estás hablando.
-¿Sabes qué pienso? Creo que tu obsesión
por mi vida y este campamento es sólo una forma de no pensar en lo que deberías
estar haciendo con tu propia vida.
¿Cómo se las había apañado para darle la
vuelta a la conversación?
-Tú no entiendes nada. Daphne se cae de
bruces es el primer libro de un nuevo contrato. No van a aceptarme nada nuevo
hasta que lo revise.
-No tienes agallas.
-¡Eso no es verdad! Hice todo lo posible
para convencer a mi editora de que estaba equivocada, pero Birdcage no cedió.
-Vale me habló de Daphne se cae de
bruces. Me dijo que es tu mejor libro. Lástima que vaya a ser la única niña
que lo leerá. -Gastón señaló con un gesto la libreta que Rocío había dejado
sobre el sofá-. Y luego está el nuevo en el que estás trabajando, Daphne va a
un campamento de verano.
-¿Y tú cómo sabes...?
-No eres la única que actúa a
hurtadillas. He leído el borrador. Aparte de alguna injusticia flagrante con el
tejón, diría que tienes otro éxito. Pero nadie puede publicarlo a menos que
obedezcas las órdenes. ¿Y lo estás haciendo? No. ¿Estás siquiera forzando el
asunto? Tampoco. En vez de eso, vives sin rumbo en una especie de país de nunca
jamás donde ninguno de tus problemas es auténtico, sólo los míos.
-¡No lo entiendes!
-En eso te doy la razón. Nunca he
comprendido a los cobardes.
-¡Eso no es justo! Yo no puedo ganar. Si
hago esas revisiones, me habré vendido y me odiaré. Si no las hago, los libros
de Daphne desaparecerán. El editor jamás reeditará los antiguos, y seguro que
no publicará ninguno nuevo. Haga lo que haga, perderé, y perder nunca es una
buena opción.
-Perder no es tan malo como dejar de
luchar.
-Sí que lo es. Las mujeres de mi familia
nunca pierden. Gastón se la quedó mirando un buen rato.
-A menos que se me escape algo, sólo hay
otra mujer en tu familia.
-¡Y mira lo que hizo! -La agitación la
obligaba a moverse-. María siguió al frente de los Stars cuando nadie en el
mundo apostaba por ella. Derrotó a todos sus enemigos…
-Se casó con uno de ellos.
-... y les ganó con sus propias reglas.
Todos aquello hombres pensaban que era una rubia boba y la despreciaron. Nunca
debería haber acabado al frente de los Stars, pero lo hizo.
-Todos en el mundo del fútbol la admiran
por ello. Pero ¿qué tiene que ver eso contigo?
Rocío se volvió y se alejó unos pasos. Él
ya lo sabía y no la iba a obligar a decírselo.
-¡Vamos, Rochi! Quiero oír salir de tu
boca esas palabras para poder llorar a moco tendido.
-¡Vete al
cuerno!
-Vale, ya lo diré yo por ti. No quieres
pelear por tus hombros porque podrías fracasar, y eres tan competitiva con tu
hermana que no puedes arriesgarte a eso.
-Yo no soy competitiva con Mery. ¡La
quiero mucho!
-Eso no lo dudo. Pero tu hermana es una
de las mujeres más poderosas en el deporte profesional, y tú eres una
fracasada.
-¡No lo soy!
-Pues deja de comportarte como tal.
-No lo entiendes.
-Estoy empezando a entender muchas cosas
-dijo rodeando con la mano el respaldo de una de las sillas-. En realidad,
creo que por fin lo he entendido todo.
-¿Entendido el qué? No importa, no quiero
saberlo.
Ro se dirigió a la cocina, pero Gas le
cerró el paso antes de que pudiera llegar allí.
-Eso de la alarma de incendios. Nicolás
habla de la niña tranquila y seria que eras. Las buenas notas que sacabas,
todos los premios recibidos. Te has pasado toda la vida intentando ser
perfecta, ¿verdad? Siendo la primera en la lista de honor, coleccionando
medallas por buena conducta del mismo modo que otros niños coleccionan cromos
de béisbol. Pero entonces algo ocurre. Sientes una presión salida de la nada y
pierdes la chaveta. ¡Tiras de una alarma de incendios, te desprendes de todo tu
dinero, asaltas la cama de un perfecto desconocido! -Gastón sacudió la
cabeza-. No entiendo cómo no me di cuenta enseguida. No entiendo cómo nadie
más se da cuenta.
-¿Cuenta de qué?
-De quién eres realmente.
-Como si tú lo supieras.
-Tanta perfección. No es tu naturaleza.
-¿De qué estás hablando?
-Estoy hablando de la persona que habrías
sido si hubieses crecido en una familia normal.
Rocio no sabía qué iba a decir Gas, pero
sabía que se lo creía y de repente sintió ganas de huir.
Gastón se interpuso entre ella y la
puerta de escape.
-¿No lo ves? Tu naturaleza era ser la
payasa de la clase, la chica que hacía novillos para fumar marihuana con su novio
y hacérselo en el asiento de atrás de su coche.
-¿Qué?
-La chica con más probabilidades de pasar
de la facultad y Largarse a Las Vegas a desfilar en tanga.
-¡En tanga! ¡Es lo más...!
-Tú no eres la hija de Bartolomé Igarzabal
-se rió burlón-. ¡Diablos! Eres la hija de tu madre. Y todos han estado demasiado
ciegos para darse cuenta.
Rocío se dejó caer en el columpio.
Aquello era una bobada. Las divagaciones mentales de alguien que ha pasado
demasiado tiempo en una máquina de resonancia magnética. Gas estaba poniendo
patas arriba todo lo que Ro creía saber sobre sí misma.
-No tienes ni idea de lo que... De
pronto, se quedó sin aire.
-Lo que estás...
Rochi intentó acabar la frase, pero no
pudo porque en lo más profundo de su ser algo encajó finalmente en su lugar.
«La payasa de la clase... La chica que
hacía novillos...»
-No sólo es que tengas miedo de
arriesgarte porque estás compitiendo con María. Tienes miedo de arriesgarte
porque sigues viviendo con la ilusión de que tienes que ser perfecta. Y Rocío,
créeme, ser perfecta no forma parte de tu naturaleza.
Rocío necesitaba pensar, pero no podía
hacerlo bajo la mirada de aquellos vigilantes ojos verdes.
-Yo no... Ni siquiera me reconozco en la
persona de la que hablas.
-Dedícale unos segundos, y seguro que te
reconocerás. Eso ya era demasiado. El tonto era él, no ella.
-Intentas distraerme para que no siga con
todo lo que va mal contigo.
-A mí nada me va mal. O, al menos, nada
me iba mal hasta que te conocí.
-¿Eso crees? -Rocío se dijo a sí misma
que era mejor callar, aquél no era el momento, pero todo lo que había estado
pensando y había intentado no decir salió a la superficie-. ¿Y qué me dices
del miedo que le tienes a cualquier tipo de conexión emocional?
-Si te refieres a Julia...
-No, no. Eso sería demasiado fácil.
Incluso alguien tan obtuso como tú sería capaz de imaginarse eso. ¿Por qué no
nos fijamos en algo más complicado?
-¿Por qué no?
-¿No es un poco raro? Tienes treinta y
tres años, eres rico, moderadamente inteligente, pareces un dios griego y eres
a todas luces heterosexual. Pero ¿qué falla en el retrato? Ah, sí, ya me
acuerdo... Nunca has tenido una sola relación duradera con una mujer.
-Ah, por el...
-¿Qué me dices de eso?
-¿Y tú cómo sabes si eso es cierto?
-Cotilleos sobre el equipo, los
periódicos, el artículo que hablaba de nosotros en People. Si alguna vez has
tenido alguna relación duradera, debió de ser en el instituto. Por tu vida
pasan montones de mujeres, pero ninguna consigue quedarse mucho tiempo.
-¡Hay una que ya se está quedando
demasiado!
-Y fíjate en el tipo de mujeres que
eliges -dijo Rocío poniendo las manos sobre la mesa-. ¿Eliges a mujeres inteligentes
que pudieran tener alguna posibilidad de mantener tu interés? ¿O mujeres
respetables que compartan al menos algunos, y ni se te ocurra discutirme sobre
esto, de tus valores de lo más conservadores? Pues sorpresa, sorpresa. Nada de
eso.
-Ya volvemos a lo de las mujeres
extranjeras. Te juro que estás obsesionada.
-Vale, pues dejémoslas a un lado y
fijémonos en las mujeres americanas con las que sale el H.P. Chicas asiduas a
las fiestas que llevan demasiado maquillaje y demasiada poca ropa. ¡Chicas que
babean en tus camisas y no han visto el interior de un aula desde que
suspendieron matemáticas básicas!
-Estás exagerando.
-¿No lo ves, Gastón? Eliges
deliberadamente a mujeres con las que estás predestinado a no poder tener una
auténtica relación.
-¿Y qué? Quiero concentrarme en mi
carrera, y no pasar por el aro para hacer feliz a una mujer. Además, sólo tengo
treinta y tres años. No estoy listo para sentar la cabeza.
-Para lo que no estás listo es para
crecer.
-¿Yo?
-Y luego está Julia.
-Tenía que salir...
-Es extraordinaria. Aunque hayas hecho
todo lo posible para mantenerla a distancia, sigue por aquí, esperando a que
entres en razón. Tienes muchísimo que ganar y nada que perder con ella, pero ni
siquiera quieres concederle un rinconcito en tu vida. En vez de eso, te
comportas como un adolescente malhumorado. ¿No lo ves? A tu manera, estás tan
afectado por la educación que recibiste como yo.
-No, de eso nada.
-Mis cicatrices son más fáciles de
comprender. No tuve madre y tuve un padre tiránico, mientras que tú tuviste un
padre y una madre que te amaron. Pero eran tan distintos a ti que nunca te
sentiste realmente vinculado a ellos, y eso todavía te hace sentir culpable.
La mayoría de la gente podría dejarlo a un lado y seguir adelante, pero la
mayoría de la gente no es tan sensible como tú.
Gastón saltó de la silla.
-¡Eso es una bobada! Soy tan duro como el
que más, señorita, no lo olvides.
-Sí, eres duro por fuera, pero por dentro
eres tan blando como el algodón, y tienes tanto miedo a mandar tu vida al
garete como yo.
-¡Tú no sabes nada!
-Sé que no hay otro hombre entre mil que
se hubiera sentido obligado por honor a casarse con la loca que le había asaltado
mientras dormía, aunque estuviera emparentada con su jefa. Nicolás y Mery
podían haberte encañonado con una escopeta, pero lo único que tenías que hacer
era darle la culpa a quien la tenía. No sólo no lo hiciste, sino que me
obligaste a jurar que tampoco lo haría yo. -Ro tenía las manos frías y se las
metió dentro de las mangas de la sudadera-. Luego está la forma como te
comportaste cuando sufrí el aborto.
-Cualquiera en mi lugar habría...
-No, nadie lo habría hecho, pero tú
quieres creerlo porque te da miedo cualquier tipo de emoción que no encaje entre
los dos postes de una portería.
-¡Eso es una estupidez!
-Fuera del campo, sabes que hay algo que
te falta, pero te da miedo buscarlo porque, a tu manera típicamente neurótica
e insegura, crees que hay algo que no funciona en tu interior y que impedirá
que lo encuentres. No pudiste conectar con tus padres, por tanto, ¿cómo
podrías establecer una relación duradera con cualquier otra persona? Es más
sencillo concentrarse en ganar partidos de fútbol.
-¿Relación duradera? ¡Para el carro! ¿De
qué estamos hablando realmente?
-Hablamos de que ya va siendo hora de que
madures y tomes algún riesgo de verdad.
-No lo creo. Creo que hay alguna agenda
oculta detrás toda esta farsa.
Hasta ese momento, Rocío no había
intentado que así fuera, pero a veces Gastón veía las cosas antes que ella. Se
dio ruta de que él tenía razón, pero ya era demasiado tarde Ro se enfureció
consigo misma.
-Creo que de lo que estamos hablando es
de una relación duradera entre nosotros -dijo él.
-¡Ja!
-¿Es eso lo que quieres, Rocío?
¿Pretendes convertir nuestro matrimonio en un auténtico matrimonio?
-¿Con alguien que emocionalmente tiene
doce años? Un hombre que apenas puede ser educado con su única parienta
consanguínea? No soy tan autodestructiva.
-¿No?
-¿Qué quieres que te diga? ¿Que me he
enamorado de ti?
Rochi había intentado ser mordaz, pero
vio por su expresión de asombro que Gas había reconocido la verdad. Sintió que
se le aflojaban las piernas, se sentó al borde del columpio e intentó
encontrarle una salida a aquel atolladero, pero se sentía emocionalmente
demasiado apaleada. Y además, ¿qué sentido tendría si Gastón podía ver más allá
de sus palabras? Rochi levantó la cabeza y admitió:
-¿Y qué? Reconozco un callejón sin salida
en cuanto entro en él, y no soy tan estúpida como para seguir en la dirección
equivocada.
A Rocío no le gustó la perplejidad que
expresaba el rostro de Gastón.
-Estás enamorada de mí.
Ro sintió la boca seca. Cafre se frotó
contra sus tobillos y gimió. Quiso decir que no era más que una derivación del
encaprichamiento, pero no pudo.
-Qué gran cosa -logró decir-. Si crees
que me voy a poner a llorar en tu pecho porque tú no sientes lo mismo, te
equivocas. Yo no suplico por el amor de nadie.
--Rochi...
A Rocío no le gustó en absoluto la
compasión de su voz. Otra vez más, Rocío no había estado a la altura. No había
sido lo bastante inteligente ni lo bastante guapa ni lo bastante especial para
que un hombre la amara.
¡Basta!
Rocío se sintió poseída por una ira
terrible, y esta vez no iba dirigida hacia él. Estaba harta de sus propias
inseguridades. Le había acusado de tener que crecer, pero Gatón no era el
único. A ella no le pasaba nada malo, y no podía seguir viviendo su vida como
si así fuera. Si su amor no era correspondido, eso se perdía Gastón.
-Me marcharé hoy con Mery y Nico -dijo
levantándose del columpio de un salto -. Mi corazón roto y yo procuraremos
volver a Chicago sin ser vistos, y ¿sabes qué? Ambos sobreviviremos sin
problemas.
-Ro, no puedes...
-Para, antes de que le dé un calambre a
tu conciencia. Tú no eres responsable de mis sentimientos, ¿de acuerdo? Esto no
es culpa tuya, y no tienes que arreglarlo. Es simplemente una de esas cosas
que pasan.
-Pero... Lo siento, yo...
-Cállate.
Lo dijo suavemente, porque no quería
marcharse con rencor. Rocío avanzó hacia él y, sin proponérselo, levantó la
mano y le acarició la mejilla. Le encantaba el tacto de su piel, y lo amaba a
pesar de sus flaquezas demasiado humanas.
-Eres un buen hombre, Charlie Brown, y te
deseo lo mejor.
-Rochi, yo no...
-Eh, no me supliques que me quede, ¿bueno?
-Rocío logró esbozar una sonrisa y comenzó a alejarse-. Todo lo bueno se
acaba, y aquí es donde estamos -dijo al llegar a la puerta-. Vamos, Cafre.
Iremos a buscar a Mery.