Rochi comió sola esa noche.
Después de anunciarle que Gastón se había marchado para practicar, Patrick le
sirvió una deliciosa ensalada de pasta, junto con frijolitos verdes frescos aliñados
con aceite de oliva y ajo, un panecillo crujiente, y un trozo de tarta de
arándanos para postre. Comió en la solana, la cual estaba amueblada en
brillante bejuco negro cubierto por un toldo verde y blanco.
Había más flores en una
colección de floreros rústicos colocados sobre mesas antiguas. Detrás de la
casa, crecía un bosque de pacanas, mientras un patio y una piscina estaban algo
más alejados, y un cercado blanco donde los caballos pastaban se estiraba a lo
lejos. Más temprano había dado un paseo a lo largo del río para disfrutar de
las flores salvajes.
A pesar de la atmósfera
tranquila y el aire aromático que entraba de sopetón a través de la puerta de
tela metálica, se sentía inquieta. ¿Por qué Gastón no había regresado? A pesar
de que le dijo que no le importaba, deseaba que él no considerara su presencia
tan desagradable.
Patrick rehusó su oferta de
ayudarle con la limpieza, así que extendió sus notas de investigación y trabajó
hasta que oscureció. Los insectos, atraídos por las luces del porche, se metían
en la trampa de la pantalla, y se oían los criquets fuera. Oía el zumbido suave
del lavaplatos, y la llamada de un ave nocturna. La apacibilidad le recordó a
St. Gert después de que las chicas estuviesen dormidas.
Su estado de ánimo estaba por
los suelos. A este paso, regresaría a Inglaterra con su reputación más intacta
que nunca. Vio a Patrick cruzando el césped hacia el pequeño apartamento dónde
vivía encima del garaje. Salió impulsivamente, y le llamó.
—¿Tienes el número de Mery
en alguna parte?
—Está anotado en la lista al
lado de la nevera.
Un momento más tarde, tenía
a la hermana de Gastón al teléfono.
—No, no tengo planes —dijo Mery
después de que Rochi le explicó lo que quería—. Pero me temo que los bares de
Wynette no sean exactamente de tu gusto.
—¿Qué clase de diversión es
irte de vacaciones y no probar cosas nuevas?
—Vale, está bien. Si estás
segura de esto, paso a recogerte en media hora.
Rochi se vistió con el top
que se había comprado el día anterior, de tela de lycra blanca lo bastante
corto para revelar un poco de piel de su cintura y bastante apretado para
acentuar sus pechos. Aunque las mangas cortas ocultaban la mayor parte del
tatuaje de la bandera de la Estrella Solitaria, se veía un trozo de mástil y el
nombre de Gastón. Era humillante, pero necesario, decidió, y juró no mirarse en
el espejo. Sólo esperaba que el hombre de Beddington fuera lo bastante
brillante para traer una cámara.
Mery la recogió en un BMW
azul oscuro, el cuál conducía a una velocidad alarmante. Rochi cerró los ojos y
cruzó firmemente los brazos.
—Pareces nerviosa.
—No me gusta la velocidad en
los coches.
—Eso hace difícil la vida,
especialmente en Texas —Mery bajó la velocidad.
—Más bien en todas partes.
Ahora que no iban tan
rápido, Rochi se tomó un momento para estudiar a su compañera. Mery traía
puesto un body color turquesa con unos pantalones vaqueros negros ceñidos que
exhibían un par de piernas interminablemente largas. La hebilla de su cinturón
brillaba tenue en su cintura, y pendientes de plata mejicanos se bamboleaban en
sus lóbulos. Se veía rica, preciosa, y coto privado. Ni por un instante
Beddington consideraría alguna vez hacer a Mery Dalmau su esposa.
Mery recorrió la mirada en
el espejo retrovisor.
—Tú en realidad deberías aprender
a conducir.
—Uhmm...
—De verdad. Te podría
enseñar.
—Eres muy amable, pero creo
que no.
—¿Realmente esto te asusta,
verdad?
—Supongo que sí.
—Creo que se cómo te
sientes.
Rochi oyó la tristeza de su
voz, y algo le dijo que un matrimonio con Benjamín O' Conner no era sólo lo que
a Mery preocupaba. Sus modales de chica rica echada a perder, camuflaban mucho
dolor.
—¿Se está portando Patrick
bien contigo? —preguntó—. Es bastante protector con Gastón, y puede ser pesado
a veces.
—Él fue muy útil.
Mery se rió.
—Vuelve loco a mi Papito
tener un hombre abiertamente gay viviendo en el rancho con su único hijo. Pero
todo el mundo sabe que Patrick es el mejor ama de llaves del condado, y, si me
preguntas, el día que Gastón le rescató fue una suerte para ambos.
—¿Cómo le rescató?
—Patrick conducía y tomaba
fotos para un libro sobre paradores. Paró en un albergue de carretera y
aparecieron un montón de palurdos decididos a mostrarle su masculinidad
golpeando a mierdas como él. Cuatro contra uno. Gastón llegó justo a tiempo. Él
no puede soportar ese tipo de abusos. Le vuelven loco.
—¿Qué hizo él?
—Deja que te diga que pocas
veces aparece el temperamento de Gastón, pero cuando lo hace, es una imagen
memorable. Acabó llevándose a Patrick a su casa para que se recuperase, y entró
la mañana siguiente justo a tiempo de ver una bandeja de rollitos de canela
caseros saliendo del horno. Gastón probó uno y contrató a Patrick en el acto.
Eso provocó una tonelada de murmuraciones, sin mencionar todos los problemas de
Gastón con la PGA por la pelea del albergue de carretera que salió en los
periódicos.
—Él hizo lo correcto.
—Pienso lo mismo. De todos
modos, le criticaron. Te juro que si escuchas a los lugareños lo único que Gastón
hace bien es ganar torneos.
—¿A la gente no le gusta él?
Me sorprende.
—Oh, no. Le quieren. Todo el
mundo sabe que él ha hecho más por esta ciudad que todos nosotros juntos. Ha
construido un centro comunitario y ha proporcionado el dinero para una
biblioteca nueva, y muchas cosas más. Pero hablar mal de Gastón y hacerle pasar
un mal rato ha sido la actividad de ocio favorita de esta ciudad durante tanto
tiempo que ya parece algo natural.
—Y eso, ¿por qué?
—Las personas recuerdan el
pasado, y todavía sostienen algunos rencores de su horrible niñez. Nadie todavía
ha batido su record de expulsiones en la escuela secundaria. Y el jefe de
policía jubilado te puede contar historias de sus tropelías hasta el infinito.
Parece que todo el mundo le guarda rencor. Judy Weber nunca olvidará que él le
copió su examen de aritmética en cuarto grado, y luego convenció al director
que ella era la única que había hecho trampa. Le robó un cromo de béisbol de
Hank Aarón a Bob Frazier en sexto grado y lo rompió en cachitos. Cogía el
dinero del almuerzo de los niños, rompía sus juguetes, se deshacía de novias a
diestro y siniestro, y sembraba la destrucción allá por dónde iba hasta que Nico
Riera finalmente se encargó de él tras morir mi madre.
De modo que Nico Riera era
la persona misteriosa al que Gastón se había referido ese día. Obviamente la
relación de Gastón con el marido de Eugenia era más compleja de lo que había
imaginado.
—De todas formas, ha sido un
ciudadano modelo desde sus últimos años de adolescente. Las personas deberían
olvidar —dijo Rochi.
—A Gastón no le importa. Y
él podría ser un ciudadano modelo, pero tiene grandes defectos de carácter. En
el caso de que no te hayas dado cuenta es un enorme perezoso.
—Lo he notado —dijo Rochi
secamente—. Pero eso tampoco es un crimen.
—A veces sí y a veces no. Es
difícil de explicar. Simplemente se toma todo con calma, menos el golf. Así es
cómo su administrador le ha estafado tanto dinero. Gastón nunca se molestó en
hacer indagaciones sobre él.
Rochi recordó la forma
práctica que él describió su niñez, sin exhibir un bocado de simpatía por las
circunstancias que habían conducido a su mala conducta. Mientras ella creía que
los adultos no deberían tomar como excusa una infancia disfuncional para no
seguir con una vida normal, también había visto una gran cantidad de
incompetencia paterna en su carrera y no creía que alguien debiera continuar
haciendo penitencia por eso. Y eso parecía que era lo que estaba haciendo Gastón.
—Él se distancia de todos
menos del golf —siguió Mery—. Especialmente de las mujeres. Trata a sus novias
como a reinas, les compra regalos caros, les envía flores... pero en el momento
que ellas comienzan a albergar esperanzas de una relación permanente, él deja
de existir. ---Rochi se percató que Mery le anunciaba una advertencia sutil,
pero ella no dijo nada. Mery continuó, —Todos quieren ser amigos de Gastón,
pero él no deja a nadie acercarse, sólo a mí. Nunca he conocido a nadie que se
abra menos a otras personas. Imagino que teme que si se preocupa demasiado por
alguien puedan manipularlo, como nuestra madre hizo. Madurar no ha sido fácil
para Gastón, y está decidido a evitar cualquier amenaza.
—Es irónico que alguien con
tanto encanto natural sea fundamentalmente un solitario.
—Es el hombre más simpático
del mundo, hasta que alguien lo fastidia o ponen en su boca cosas que él no ha
dicho. Entonces utiliza ese encanto para aislarse. O se hace el tonto. Me pone
de los nervios cuando hace eso, porque es el hombre más inteligente que
conozco. Mi hermano se lee un libro en el tiempo que tarda la gente en comerse
una bolsa de patatas.
Mery se calló. Rochi pensó
decirle simplemente a la hermana de Gastón que ella no tenía ninguna intención
de involucrarse personalmente con su complicado hermano, pero tampoco quería
parecer tonta.
—Es lo más extraño —dijo Mery—.
Al contrario que Gastón, mi segundo ex marido tuvo una infancia perfecta, pero
se convirtió en un gilipollas inmoral. Nunca puedes acertar con las personas.
—¿Cuánto hace que te
divorciaste?
—Un año, pero ya llevábamos
un tiempo separados. Tommy es un mujeriego. Mi papito me advirtió que no me
casara con él, pero no le escuché — una expresión profundamente desafortunada
cruzó su cara—. Puede que si yo hubiera tenido un bebé, Tommy se habría
asentado, pero ya no podemos saberlo.
—Dudo que un bebé le hubiera
mantenido fiel.
—Sé que tienes razón. De
cualquier forma es un redomado perdedor —se pasó una mano por el pelo—. Mi
primer marido fue un amorío de universidad que salió mal. Él bebía, y cuando
bebía se ponía violento, y destrozaba más o menos nuestro apartamento. Duramos
un año.
Ella trató de alcanzar la
radio.
—Mi papito dice que no puede
fiarse de mí en lo referente a los hombres, por eso quiere que me case con Benjamín.
Pero no creo... —miró directamente al espejo retrovisor, y su mano se paró en los
botones de la radio mientras fruncía el ceño—. Ese mamón me ha estado pisando
los talones desde que dejamos el rancho de Gastón. Te juro que estaba aparcado
allí esperando.
—¡Es verdad! —Rochi se giró
hacia atrás para mirar y vio un Tauro verde oscuro—. ¿Piensas que nos está
siguiendo?
—Podría ser.
La boca de Rochi se secó. El
perro guardián de Beddington estaba alerta.
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