domingo, 21 de octubre de 2012

Capitulo VIII, Primera Parte


Rochi comió sola esa noche. Después de anunciarle que Gastón se había marchado para practicar, Patrick le sirvió una deliciosa ensalada de pasta, junto con frijolitos verdes frescos aliñados con aceite de oliva y ajo, un panecillo crujiente, y un trozo de tarta de arándanos para postre. Comió en la solana, la cual estaba amueblada en brillante bejuco negro cubierto por un toldo verde y blanco.
Había más flores en una colección de floreros rústicos colocados sobre mesas antiguas. Detrás de la casa, crecía un bosque de pacanas, mientras un patio y una piscina estaban algo más alejados, y un cercado blanco donde los caballos pastaban se estiraba a lo lejos. Más temprano había dado un paseo a lo largo del río para disfrutar de las flores salvajes.
A pesar de la atmósfera tranquila y el aire aromático que entraba de sopetón a través de la puerta de tela metálica, se sentía inquieta. ¿Por qué Gastón no había regresado? A pesar de que le dijo que no le importaba, deseaba que él no considerara su presencia tan desagradable.
Patrick rehusó su oferta de ayudarle con la limpieza, así que extendió sus notas de investigación y trabajó hasta que oscureció. Los insectos, atraídos por las luces del porche, se metían en la trampa de la pantalla, y se oían los criquets fuera. Oía el zumbido suave del lavaplatos, y la llamada de un ave nocturna. La apacibilidad le recordó a St. Gert después de que las chicas estuviesen dormidas.
Su estado de ánimo estaba por los suelos. A este paso, regresaría a Inglaterra con su reputación más intacta que nunca. Vio a Patrick cruzando el césped hacia el pequeño apartamento dónde vivía encima del garaje. Salió impulsivamente, y le llamó.
—¿Tienes el número de Mery en alguna parte?
—Está anotado en la lista al lado de la nevera.
Un momento más tarde, tenía a la hermana de Gastón al teléfono.
—No, no tengo planes —dijo Mery después de que Rochi le explicó lo que quería—. Pero me temo que los bares de Wynette no sean exactamente de tu gusto.
—¿Qué clase de diversión es irte de vacaciones y no probar cosas nuevas?
—Vale, está bien. Si estás segura de esto, paso a recogerte en media hora.
Rochi se vistió con el top que se había comprado el día anterior, de tela de lycra blanca lo bastante corto para revelar un poco de piel de su cintura y bastante apretado para acentuar sus pechos. Aunque las mangas cortas ocultaban la mayor parte del tatuaje de la bandera de la Estrella Solitaria, se veía un trozo de mástil y el nombre de Gastón. Era humillante, pero necesario, decidió, y juró no mirarse en el espejo. Sólo esperaba que el hombre de Beddington fuera lo bastante brillante para traer una cámara.
Mery la recogió en un BMW azul oscuro, el cuál conducía a una velocidad alarmante. Rochi cerró los ojos y cruzó firmemente los brazos.
—Pareces nerviosa.
—No me gusta la velocidad en los coches.
—Eso hace difícil la vida, especialmente en Texas —Mery bajó la velocidad.
—Más bien en todas partes.
Ahora que no iban tan rápido, Rochi se tomó un momento para estudiar a su compañera. Mery traía puesto un body color turquesa con unos pantalones vaqueros negros ceñidos que exhibían un par de piernas interminablemente largas. La hebilla de su cinturón brillaba tenue en su cintura, y pendientes de plata mejicanos se bamboleaban en sus lóbulos. Se veía rica, preciosa, y coto privado. Ni por un instante Beddington consideraría alguna vez hacer a Mery Dalmau su esposa.
Mery recorrió la mirada en el espejo retrovisor.
—Tú en realidad deberías aprender a conducir.
—Uhmm...
—De verdad. Te podría enseñar.
—Eres muy amable, pero creo que no.
—¿Realmente esto te asusta, verdad?
—Supongo que sí.
—Creo que se cómo te sientes.
Rochi oyó la tristeza de su voz, y algo le dijo que un matrimonio con Benjamín O' Conner no era sólo lo que a Mery preocupaba. Sus modales de chica rica echada a perder, camuflaban mucho dolor.
—¿Se está portando Patrick bien contigo? —preguntó—. Es bastante protector con Gastón, y puede ser pesado a veces.
—Él fue muy útil.
Mery se rió.
—Vuelve loco a mi Papito tener un hombre abiertamente gay viviendo en el rancho con su único hijo. Pero todo el mundo sabe que Patrick es el mejor ama de llaves del condado, y, si me preguntas, el día que Gastón le rescató fue una suerte para ambos.
—¿Cómo le rescató?
—Patrick conducía y tomaba fotos para un libro sobre paradores. Paró en un albergue de carretera y aparecieron un montón de palurdos decididos a mostrarle su masculinidad golpeando a mierdas como él. Cuatro contra uno. Gastón llegó justo a tiempo. Él no puede soportar ese tipo de abusos. Le vuelven loco.
—¿Qué hizo él?
—Deja que te diga que pocas veces aparece el temperamento de Gastón, pero cuando lo hace, es una imagen memorable. Acabó llevándose a Patrick a su casa para que se recuperase, y entró la mañana siguiente justo a tiempo de ver una bandeja de rollitos de canela caseros saliendo del horno. Gastón probó uno y contrató a Patrick en el acto. Eso provocó una tonelada de murmuraciones, sin mencionar todos los problemas de Gastón con la PGA por la pelea del albergue de carretera que salió en los periódicos.
—Él hizo lo correcto.
—Pienso lo mismo. De todos modos, le criticaron. Te juro que si escuchas a los lugareños lo único que Gastón hace bien es ganar torneos.
—¿A la gente no le gusta él? Me sorprende.
—Oh, no. Le quieren. Todo el mundo sabe que él ha hecho más por esta ciudad que todos nosotros juntos. Ha construido un centro comunitario y ha proporcionado el dinero para una biblioteca nueva, y muchas cosas más. Pero hablar mal de Gastón y hacerle pasar un mal rato ha sido la actividad de ocio favorita de esta ciudad durante tanto tiempo que ya parece algo natural.
—Y eso, ¿por qué?
—Las personas recuerdan el pasado, y todavía sostienen algunos rencores de su horrible niñez. Nadie todavía ha batido su record de expulsiones en la escuela secundaria. Y el jefe de policía jubilado te puede contar historias de sus tropelías hasta el infinito. Parece que todo el mundo le guarda rencor. Judy Weber nunca olvidará que él le copió su examen de aritmética en cuarto grado, y luego convenció al director que ella era la única que había hecho trampa. Le robó un cromo de béisbol de Hank Aarón a Bob Frazier en sexto grado y lo rompió en cachitos. Cogía el dinero del almuerzo de los niños, rompía sus juguetes, se deshacía de novias a diestro y siniestro, y sembraba la destrucción allá por dónde iba hasta que Nico Riera finalmente se encargó de él tras morir mi madre.
De modo que Nico Riera era la persona misteriosa al que Gastón se había referido ese día. Obviamente la relación de Gastón con el marido de Eugenia era más compleja de lo que había imaginado.
—De todas formas, ha sido un ciudadano modelo desde sus últimos años de adolescente. Las personas deberían olvidar —dijo Rochi.
—A Gastón no le importa. Y él podría ser un ciudadano modelo, pero tiene grandes defectos de carácter. En el caso de que no te hayas dado cuenta es un enorme perezoso.
—Lo he notado —dijo Rochi secamente—. Pero eso tampoco es un crimen.
—A veces sí y a veces no. Es difícil de explicar. Simplemente se toma todo con calma, menos el golf. Así es cómo su administrador le ha estafado tanto dinero. Gastón nunca se molestó en hacer indagaciones sobre él.
Rochi recordó la forma práctica que él describió su niñez, sin exhibir un bocado de simpatía por las circunstancias que habían conducido a su mala conducta. Mientras ella creía que los adultos no deberían tomar como excusa una infancia disfuncional para no seguir con una vida normal, también había visto una gran cantidad de incompetencia paterna en su carrera y no creía que alguien debiera continuar haciendo penitencia por eso. Y eso parecía que era lo que estaba haciendo Gastón.
—Él se distancia de todos menos del golf —siguió Mery—. Especialmente de las mujeres. Trata a sus novias como a reinas, les compra regalos caros, les envía flores... pero en el momento que ellas comienzan a albergar esperanzas de una relación permanente, él deja de existir. ---Rochi se percató que Mery le anunciaba una advertencia sutil, pero ella no dijo nada. Mery continuó, —Todos quieren ser amigos de Gastón, pero él no deja a nadie acercarse, sólo a mí. Nunca he conocido a nadie que se abra menos a otras personas. Imagino que teme que si se preocupa demasiado por alguien puedan manipularlo, como nuestra madre hizo. Madurar no ha sido fácil para Gastón, y está decidido a evitar cualquier amenaza.
—Es irónico que alguien con tanto encanto natural sea fundamentalmente un solitario.
—Es el hombre más simpático del mundo, hasta que alguien lo fastidia o ponen en su boca cosas que él no ha dicho. Entonces utiliza ese encanto para aislarse. O se hace el tonto. Me pone de los nervios cuando hace eso, porque es el hombre más inteligente que conozco. Mi hermano se lee un libro en el tiempo que tarda la gente en comerse una bolsa de patatas.
Mery se calló. Rochi pensó decirle simplemente a la hermana de Gastón que ella no tenía ninguna intención de involucrarse personalmente con su complicado hermano, pero tampoco quería parecer tonta.
—Es lo más extraño —dijo Mery—. Al contrario que Gastón, mi segundo ex marido tuvo una infancia perfecta, pero se convirtió en un gilipollas inmoral. Nunca puedes acertar con las personas.
—¿Cuánto hace que te divorciaste?
—Un año, pero ya llevábamos un tiempo separados. Tommy es un mujeriego. Mi papito me advirtió que no me casara con él, pero no le escuché — una expresión profundamente desafortunada cruzó su cara—. Puede que si yo hubiera tenido un bebé, Tommy se habría asentado, pero ya no podemos saberlo.
—Dudo que un bebé le hubiera mantenido fiel.
—Sé que tienes razón. De cualquier forma es un redomado perdedor —se pasó una mano por el pelo—. Mi primer marido fue un amorío de universidad que salió mal. Él bebía, y cuando bebía se ponía violento, y destrozaba más o menos nuestro apartamento. Duramos un año.
Ella trató de alcanzar la radio.
—Mi papito dice que no puede fiarse de mí en lo referente a los hombres, por eso quiere que me case con Benjamín. Pero no creo... —miró directamente al espejo retrovisor, y su mano se paró en los botones de la radio mientras fruncía el ceño—. Ese mamón me ha estado pisando los talones desde que dejamos el rancho de Gastón. Te juro que estaba aparcado allí esperando.
—¡Es verdad! —Rochi se giró hacia atrás para mirar y vio un Tauro verde oscuro—. ¿Piensas que nos está siguiendo?
—Podría ser.
La boca de Rochi se secó. El perro guardián de Beddington estaba alerta.

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