Cuando Gastón se movió hacia
la mesa, Peter dejó escapar un gemido y le contempló lastimosamente, luego
extendido sus brazos para ser cogido.
—Déjalo —dijo Warren—. Lo
mimas en exceso.
—Es lo que hacen los
hermanos mayores, ¿verdad Petie? —ignorando a su padre, Gastón caminó hacía el
corralito y sacó a Peter.
Shelby miró ceñudamente a su
marido.
—No puedes mimar en exceso a
un bebé cogiéndole, Warren. Sigo diciéndote esto. No soy como tu primera
esposa, y Peter no va terminar inútil y perezoso como Gastón, así que deja de
preocuparte. Además, todos mis libros dicen que, si no cubres sus necesidades
cuando son pequeños, pagarás el precio cuándo sean mayores.
Él la miró con una
irritación suave que no enmascaró su cariño por esta esposa tan joven.
—Supongo que yo sé algo más
de criar niños que tú.
—Ya veo que has hecho un
trabajo maravilloso —replicó ella.
—Ella tiene razón, viejo —Gastón
lanzó a su padre una mirada apenas burlona cuando se colocaba a Peter en su
brazo.
La criada había preparado
cinco ensaladas en platos de porcelana china que combinaban lechuga Bibb,
aguacate cortado en rodajas, y trocitos de pera madura con queso Gorgonzola por
encima. Shelby quitó a Peter de Gastón y trató de colocarle en su silla alta,
pero él comenzó a quejarse continuamente, así es que Gastón lo cogió de nuevo,
luego raspó el Gorgonzola para darle al bebé un pedazo de pera. Cuando comenzó
a comerse su ensalada, Gastón pareció olvidar los pedacitos pastosos de fruta
que goteaba en sus pantalones.
Shelby preguntó a Rochi
acerca de cualquier contacto, no importa cuán remoto, que ella pudiera tener
con los miembros de la familia real, luego Mery siguió con una historia acerca
de un viaje a Europa que Shelby y ella había hecho varios años atrás. Las dos
comenzaron a contar anécdotas, y durante un rato, parecieron olvidarse que
ahora eran enemigas.
Las ensaladas fueron
reemplazadas por un plato fuerte de cordero con hierbas y patatas asadas. Gastón
y su padre empezaron a discutir de algún softwear nuevo para ordenadores que estaba
siendo desarrollado por DCS, y Rochi pudo ver que Warren actuaba como si Gastón
no entendiera nada de tecnología, sin embargo Gastón no parecía tener ningún
problema.
Cuando Warren introdujo el
nombre de Benjamín O' Conner a la conversación, Mery inmediatamente reaccionó.
—¿Podemos hablar de otra
cosa, por favor?
Shelby se apoyó a través de Rochi
para limpiar la barbilla de Peter.
—Mira, no sé por qué te
desagrada tanto Benja, Mery. Nadie más lo hace.
—Yo sí —dijo Gastón.
Mery le miró agradecida.
Warren dio un mordisco al
pan que acababa de untar con mantequilla. Él podría ser inseguro cuando miraba
a su hijo, pero no con su hija, y Rochi vio la fuerza que le había hecho un
hombre de negocios tan acertado.
—No importa si le tiene
aversión o no. Las dos primeras veces se casó por ella, y esta vez lo va a
hacer por su familia. A diferencia de sus últimos dos maridos, Benja no es un
tarambana. Es una de las nuevas mentes brillantes del negocio, y DCS va a
aprovecharse de eso.
—No me voy a casar con Benjamín
O'Conner sólo para que puedas poner tus manos en el siguiente microchip del
chico de oro.
—Entonces ya puedes pensar
en mantener esa granja de emús por ti misma, princesa, porque yo no voy a
seguir haciéndolo más tiempo.
La uniformidad en su tono le
dijo a Rochi que él no estaba alardeando, y sospechó que Mery se daba cuenta de
eso, también. Aunque Warren obviamente amaba a su hija, él aparentemente había
decidido que ya era suficiente. Las circunstancias de Rochi y Mery eran
demasiado parecidas como para compadecerse. Pero también se preguntó si Warren
no podría estar haciendo a su hija un favor manteniéndola con los pies en la
tierra.
Mery aparentemente decidió
retirarse. Ella tomó un sorbo de vino y recurrió a Rochi.
—¿Entonces, vais Gastón y tú
mañana a Austin?
Rochi cuidadosamente evitó
mirar a Gastón.
—No estoy segura.
Mery la miró curiosamente.
—¿Pasa algo malo?
—¿Cómo qué?
—Los dos habéis estado raros
toda la noche. Demasiado educados, como si uno de vosotros estuviera realmente
muy enojado con el otro, solo que no acierto a saber cual.
—Yo —dijo Gastón.
El tenedor de Mery se quedó
en el aire.
—¿Qué te ha hecho?
—No quiero pasar vergüenza
hablando de ello —él retiró su plato llano de Peter para que no lo alcanzara.
—Pues bien, no nos quites la
diversión. Dinos lo que sucedió, Rocío.
—Un malentendido por mi
parte, eso es todo.
—Ha debido ser un gran
malentendido —dijo Shelby—. Gastón raramente se enfurece.
—Oh, ¿de verdad? —Rochi
pinchó en su cordero, y su sensación de maltrato venció su reserva británica—.
Él ha estado furioso conmigo desde el momento que nos conocimos.
Gastón la fulminó con la
mirada.
—¡No es cierto!
—¡Por supuesto que es
cierto! —todo el mundo estaba con la mirada fija, pero la injusticia burbujeaba
dentro de ella hasta el punto de perder la cautela—. Te quejas por todo. Por
tener que llevar mi equipaje, o por como sujeto mi paraguas o el hecho de que
camino deprisa. También me acusas de ser conservadora, además de mandona. Y
también te niegas a aceptar mi disculpa por una cosa que de forma natural
entendí mal. ¡Hasta te disgusta como bailo!
—¡Porque quieres llevarme!
—¿Y quién hizo la regla que
sólo los hombres pueden hacer eso?
Los demás observaban
atentamente, excepto Peter, que soplaba una burbuja de saliva olor a pera.
Avergonzada por su arrebato, colocó sobre la mesa el tenedor y trató de
recobrar su dignidad.
—Simplemente interpreté mal
la visita de Shelby esta tarde. Por consiguiente, me enfadé con Gastón, y en
consecuencia él ahora está enfadado conmigo.
Todo el mundo continuaba
mirándola con interés excepto Gastón, que la miraba con la frente fruncida.
—Cuando dice que ella se
enfadó, lo que realmente quiere decir es que me abofeteó.
—¡Oh, Dios Mío! —la boca de Mery
se dejó caer.
—¡No lo creo! —los ojos de
Shelby estaban abiertos como platos.
Gastón miró furiosamente a Rochi.
—Pero la bofetada no es lo
importante, y tú lo sabes.
—Dinos por qué lo hiciese
—dijo Mery—. Lo siento, Gastón, pero apuesto que tuvo una buena razón.
—Muchas gracias por la
cuestión de confianza —Gastón la miró con apariencia asqueada.
—Bien... —el sentido
inherente de Rochi de no revelar sus problemas a unos extraños chocaba contra
su necesidad de defenderse. Entonces recordó que ninguna de estas personas
parecía tener ningún remordimiento por airear sus trapos sucios delante de
ella. Cuando estés en América, haz como los americanos—. Lo que Shelby me dijo
me condujo a creer que...
Podía sentir su propia
vacilación, y se sentó un poco más derecha en su silla para poder terminar de
una vez de contar la verdad.
—Equivocadamente asumí que
Peter era hijo de Gastón y que Gastón lo había abandonado.
La copa de Mery se balanceó
peligrosamente en el aire.
—Uh-oh.
Shelby y Warren la miraban
con una mezcla de sorpresa y horror.
—Nadie en la familia Dalmau
haría alguna vez algo como eso, ni siquiera Gastón.
Se le ocurrió a Rochi que
los Dalmau tenían un código moral muy peculiar.
Aparentemente era aceptable
que Gastón fingiera ser un gigoló, que Mery despachara dos maridos y viviera a
expensas del dinero del padre, y que Warren dejara a una mujer treinta y uno
años más joven embarazada, pero no era aceptable que ella cometiera un error
por entender algo mal.
—Shelby llamó a Peter
"el niño olvidado" —dijo con aspereza—. Me dijo que Gastón había
abandonado su responsabilidad para con su carne y su sangre. Y el aspecto
general de Peter es una versión en miniatura de Gastón, ¿no es cierto? ¿Qué
debía pensar yo?
Mery miró a Gastón y se
encogió de hombros.
—Puesto así, supongo, es una
conclusión muy natural para alguien que no te conoce demasiado bien.
Gastón no estaba de acuerdo.
—Ella me conoce lo
suficiente.
—Realmente, no es así
—señaló Rochi—. Sólo nos conocemos desde hace tres días, y, técnicamente, eres
mi empleado.
Eso provocó que las cejas de
Warren se unieran en el centro de su frente, pero Gastón simplemente bufó.
Shelby había guardado
silencio, pero repentinamente estaba como si alguien hubiera encendido un fuego
bajo ella.
—Peter parece realmente tu
hijo. Sois como dos guisantes en una vaina, y eso hace que esta situación sea
tan fea. Sólo tienes un hermano en este mundo, Gastón Dalmau, y le has dado la
espalda.
Gastón agarró un cuchillo de
mesa que Peter intentaba alcanzar.
—No le he dado la espalda.
Pero Shelby siguió.
—Eres súper perezoso e
inconsciente. Nunca vas a la iglesia, vagas por todo el país, rechazas a todas
las muchachas agradables que he encontrado para ti, entregas tu dinero a
traficantes, y no muestras un sólo signo de asentarte. Si eso no es darle la
espalda a tu hermanito, no sé lo que es.
Rochi no seguía esto, pero,
cuando trató de ordenarlo, Shelby siguió con voz ahogada.
—¡Tu padre tiene cincuenta y
ocho años! Él no come bien. No hace bastante ejercicio. ¡Le podría dar un
infarto en cualquier momento y morir de repente! Eso nos dejaría a Peter y a mí
solos. Y si algo me llegara a ocurrir, mi niño estaría solo —su gesto se
torció—. Sé que pensareis que soy tonta por pensar esto, pero eso es porque
nadie sabe lo que es amar como una madre.
Mery se apartó de un empujón
de la mesa y se encaminó hacia la barra. Shelby siguió.
—Nunca pensé que podría
querer a alguien como quiero a Peter, y yo realmente no puedo soportar la idea
de ver a mi bebé completamente solo en el mundo.
—Él nunca estará solo —dijo Gastón
con un tono de paciencia exagerada que Rochi sospechaba lo había utilizado
antes—. En primer lugar, las posibilidades de que vosotros muráis antes de que
él sea adulto son minúsculas.
—Eso no es cierto. ¡Ocurre
todo el tiempo!
—... y te dije que sería su
padrino.
—¿Qué clase de padrino
serías tú para mi niñito? ¡Vives en todas partes, y actualmente no tienes
trabajo! Te involucras en peleas y te juntas con mujeres de mala vida —lanzó a Rochi
una mirada rápida, de disculpa—. No me refería a ti.
—Gracias —Rochi se percató
que nadie había mencionado la posibilidad de que Mery pudiera desempeñar el
papel de madrina. ¿Por qué sería?
Shelby miró en su marido.
—¿Estás de acuerdo conmigo,
no es cierto, Warren?
—Todavía no estoy preparado
para irme de este mundo, pero tengo que decir que se me hace raro ver a Gastón
en el papel de padrino.
La columna vertebral de Rochi
se puso rígida, y si bien esto era asunto de ellos, no pudo mantenerse en
silencio.
—Gastón sería un buen
padrino.
Todos clavaron los ojos en
ella.
Ella parpadeó, no sabía
exactamente porqué, pero sabía que tenía que hablar.
—Es obvio que él se preocupa
por Peter, y Peter le adora. Shelby, entiendo tu preocupación, pero como
educadora, creo que puedo hablar con propiedad. Sólo tienes que ver a Gastón y
Peter juntos para comprender que nunca podrías encontrar un mejor protector
para tu hijo.
Todo el mundo miró a Peter,
que estaba ocupado jugando con el pulgar de Gastón. Shelby frunció el ceño.
—Simplemente esta tarde
pensabas que Gastón le había abandonado. ¿Qué te ha hecho cambiar tan
repentinamente de idea?
Rochi contestó simplemente.
—Le conozco mejor ahora.
Por primera vez desde su
pelea, Gastón la miró con algo más de la cortesía moderadamente fría. Los
comienzos de una sonrisa percibieron las esquinas de su boca, pero la respuesta
que pudo haber dado se perdió cuando Shelby se inclinó hacia adelante.
—Pero Peter necesitaría la
influencia de una madre, también. ¿Y qué ocurriría si Gastón se casa con
alguien horrible, como esa perra de Jilly Bradford?
Mery volvió de la barra, con
una copa en su mano.
—No sabía que alguna vez la
habías invitado a salir, Gastón. La única cosa que ella tiene interesante es su
hándicap once. Más una copa D.
—También tiene otras cosas
—dijo Gastón defensivamente—. A diferencia de ti y las amigas de Shelby, su
cociente intelectual es de tres cifras.
—Esto no es justo —dijo
Shelby—. Una vez saliste con una compañera de cuarto en segundo año, Kathy
Timms, y claramente recuerdo que ella era Phi Beta Kappa. ¿O era Phi Mu?
—Era Phi Mu —Mery se sentó
en el banco—. Pero sé que saliste una vez con la hermana mayor de Brandy
Carter, y Brandy daba clases de matemáticas avanzadas su último año. ¿Lo
recuerdas, Shel? Ella siempre se quejaba de eso.
—¿Estás segura que eran
matemáticas? —dijo Shelby—. Podría haber sido esa clase de sexualidad y vida
familiar donde ella daba una charla semanal.
Gastón puso los ojos en
blanco.
—Se que no lo vas a creer, Rocío,
pero tanto Shelby como Mery tienen carreras universitarias.
Mery sonrió abiertamente y
miró a su hermano.
—También saliste con Debbie
Barto algunas veces.
—Fue con su prima mayor,
Maggie —la rebatió Shelby.
—Bien, como que la sangre es
más espesa que el agua, que Debbie era realmente lista —los ojos de Mery
brillaban intensamente—. ¿Recuerdas, Shel? No importa qué comida dijeras, ella
sabía exactamente cuántas calorías tenía.
Gastón suspiró.
—Juro, que esta conversación
demuestra exactamente por qué el resto del mundo hace chistes de las mujeres de
Texas. Sólo puedo disculparme, Lady Rochi. Todas nuestras rosas amarillas no
son tan idiotas.
—Me parece bien —contestó Rochi—.
Aunque me temo que gran parte de lo que han dicho me lo he perdido sin
traducción.
—Considérate afortunada.
Mery se reclinó y levantó
una ceja a su hermano.
—Continúa mofándote. Pero
apuesto lo que sea a que no tienes ni idea de cuantas calorías tiene un Life
Saver.
—Seguro que no.
Ella le lanzó una mirada
triunfante.
—Entonces sugiero que
mantengas en privado tus opiniones sobre la inteligencia de las mujeres de
Texas
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