A continuación venía un retrato formal de María Igarzabal de Riera,
actual propietaria de los Stars, y luego una fotografía de su marido, Nicolás
Riera, en sus tiempos de primer entrenador, mucho antes de convertirse en el
presidente del equipo. Rochi le dedicó una sonrisa afectuosa a su temperamental
cuñado. Nico y Mery la habían criado desde que tenía quince años, e incluso en
su peor momento habían sido mejores padres que Bartolomé Igarzabal en su día
más afortunado.
También había una foto de Victorio D’Alessandro, director general de
los Stars desde hacía tiempo, y tío Vico para los niños. María, Nico y Vico se
esforzaban mucho por conciliar el absorbente trabajo de dirigir un equipo de la
NFL con la vida familiar. A lo largo de los años, la cuestión había implicado
varias reorganizaciones, una de las cuales había llevado a Vico de regreso a
los Stars tras haber permanecido una temporada alejado del equipo.
Rochi hizo una parada rápida en el aseo. Mientras plegaba su abrigo
sobre la pila, le dio un vistazo crítico a su pelo. Aunque el pelo corto
ligeramente desigual le hacía resaltar más los ojos color miel, no había
acabado de quedar satisfecha con el cambio, de modo que decidió cambiar el tono
rubio natural de su pelo por un rojo particularmente chillón. Parecía un frutilla.
Al menos, el color del pelo le daba un cierto brillo a sus rasgos más
bien corrientes. No es que estuviera contenta de su aspecto. Tenía una nariz
que estaba bien y una boca que no estaba mal. Su cuerpo, ni demasiado delgado
ni demasiado gordo, estaba sano y era funcional, cosa que agradecía. Una
mirada a sus pechos confirmó algo que había aceptado hacía mucho tiempo: para
ser hija de una corista, no daba la talla.
Sus ojos, en cambio, eran bonitos, ligeramente rasgados, y le gustaba
creer que ese sesgo le daba a su rostro un aire misterioso. Cuando era niña,
solía cubrirse la mitad inferior de la cara con una enagua, a modo de velo, y
fingía ser una hermosa espía árabe.
Con un suspiro, se frotó los restos de barro de sus viejos pantalones
Comme des Garcons y luego cepilló su querido aunque estropeado bolso Prada.
Después de hacer todo lo que pudo, cogió el abrigo marrón acolchado que se
había comprado en Target y se dirigió al despacho de su hermana.
Era la primera semana de diciembre, y parte del personal había
empezado a colocar los adornos navideños. En la puerta de su despacho, Mery
había colgado un dibujo que Ro había hecho de pequeña: era Papa Noel vestido
con el uniforme de los Stars. Rochi asomó la cabeza por la puerta.
-Ya está aquí la tía Rochi.
Los brazaletes de oro retintinearon cuando su despampanante y rubia
hermana mayor dejó caer el bolígrafo.
-Gracias a Dios. Un poco de cordura, eso es justamente lo que nece...
¡Cielo santo! ¿Qué te has hecho en el pelo?
María, con su sedoso cabello rubio claro, sus ojos ámbar y un tipazo
de muerte, tenía el mismo aspecto que hubiera tenido Marilyn Monroe si hubiera
llegado a los cuarenta, aunque a Rocío le costaba imaginarse a Marilyn con una
mancha de mermelada de uva en la blusa de seda. Hiciera lo que hiciera, Rochi
no sería nunca tan guapa como su hermana, aunque no le importaba. Poca gente
sabía los malos ratos que aquel cuerpo exuberante y su belleza de vampiresa
le habían hecho pasar a María de más joven.
-No, Rochi... otra vez no.
Al ver la consternación en la mirada de su hermana, Rochi lamentó no
haberse puesto un sombrero.
-Tranquilízate, ¿quieres? No va a pasar nada.
-¿Cómo voy a tranquilizarme? Cada vez que te haces algo drástico en el
pelo, tenemos otro incidente.
-Ya hace tiempo que dejé atrás los incidentes -suspiró Ro-. Esto ha
sido simplemente cosmético.
-No te creo. Estás a punto de cometer otra locura, ¿verdad?
-¡No! -respondió Rochi, pensando que si lo repetía frecuentemente tal
vez lograría convencerse a sí misma.
-Sólo tenías diez años -murmuró María entre dientes-. Eras la niña
más brillante y modosita del internado. Entonces, sin saberse por qué, te
cortaste el flequillo y tiraste una bomba fétida en el comedor.
-Aquello sólo fue un experimento de química de una niña dotada.
-Trece años. Tranquila. Estudiosa. Sin ningún paso en falso desde el
incidente de la bomba fétida. Hasta que empezaste a ponerte polvos de gelatina
de uva en el pelo. Y, abracadabra, ¡cambio! Empaquetas los trofeos del
instituto de Bartolomé, llamas a una empresa de basureros y haces que se los
lleven.
-Eso te gustó cuando te lo conté. Admítelo.
Pero María estaba disparada, y no iba a admitir nada.
-Pasan cuatro años. Cuatro años de comportamiento modélico y grandes
logros escolares. Nico y yo te hemos acogido en nuestra casa y en nuestros
corazones. Eres alumna del último año, casi a punto de preparar tu discurso de
despedida. Tienes un hogar estable, gente que te quiere... Eres vicepresidenta
del Consejo de Estudiantes... Por tanto, ¿por qué iba a preocuparme porque te
tiñeras el pelo a rayas azules y naranjas?
-Eran los colores de la escuela-dijo Rocío con un hilo de voz.
-¡Y me llaman de la policía diciéndome que mi hermana, mi hermana
estudiosa, talentosa, y ciudadana del mes, ha accionado deliberadamente una
alarma de incendios durante la hora de la comida! ¡Se acabaron las pequeñas
diabluras de nuestra Rocío! Ya no... ¡Había pasado directamente a un delito de
segundo grado!
Era la cosa más miserable que había hecho Rochi en su vida. Había
traicionado a la gente que la quería, e incluso después de un año de
supervisión judicial y muchas horas de servicio comunitario, no había logrado
entender el porqué. No lo comprendió hasta más tarde, durante su segundo año de
estudiante en Northwestern.
Había sido en primavera, justo antes de los exámenes finales. Rochi
estaba inquieta y era incapaz de concentrarse.
En lugar de estudiar, leía montones de novelas románticas, dibujaba o
se miraba el pelo en el espejo y suspiraba por algo prerrafaelita. Ni siquiera
utilizar su paga en algunas extensiones para el pelo había calmado su
desasosiego. Entonces, un día, al salir de la librería de su facultad,
descubrió en su bolso una calculadora por la que no había pagado.
Su reacción fue entonces mucho más inteligente que la que había tenido
en sus tiempos de instituto: volvió corriendo a devolverla y se dirigió a la
oficina de ayuda sociopsicológica de Northwestern.
De pronto María se puso en pie e interrumpió los pensamientos de Rochi:
-Y la última vez...
Rocío dio un paso atrás, aunque de hecho ya sabía a donde iba a ir a
parar su hermana.
- … la última vez que te hiciste algo drástico en el pelo, ese
horroroso corte de pelo al rape, hace un par de años...
-No era horroroso, era la moda.
Mery apretó los dientes.
-¡La última vez que te hiciste algo tan drástico, te desprendiste de
quince millones de dólares!
-Vale... Pero lo del pelo al rape fue pura coincidencia.
-¡Ja!
Por quincemillonésima vez, Ro explicó por qué lo había hecho.
-El dinero de Barto me estaba estrangulando. Tenía que romper
definitivamente con el pasado para poder vivir mi propia vida.
-¡Una vida de pobre!
Rochi sonrió. Aunque Mery no lo admitiría nunca, comprendía
perfectamente por qué Ro había donado su herencia.
-Míralo por el lado positivo. Apenas nadie sabe que me desprendí de mi
dinero. Sólo creen que soy una excéntrica por conducir un Escarabajo de segunda
mano y vivir en un piso pequeño como una caja de zapatos.
-Un piso que tú adoras.
Rochi ni siquiera intentó negarlo. Su loft era su posesión más
preciada, y le encantaba saber que se ganaba el dinero con el que pagaba la
hipoteca cada mes. Sólo alguien que hubiera crecido sin un hogar que fuera
auténticamente suyo podía comprender lo que significaba para ella.
Decidió cambiar de tema antes de que María volviera a la carga.
-Tus peques me han dicho que Nico le ha impuesto una multa de diez mil
dólares al señor Superficial.
-Preferiría que no le llamaras así. Gas no es superficial, sólo es...
-¿Carente de interés?
-Sinceramente, Rochi, no sé por qué le detestas tanto. ¡Si apenas
habréis intercambiado una docena de palabras durante estos años!
-Por definición. Evito a la gente que sólo habla de fútbol.
-Si le conocieras mejor, le adorarías tanto como yo.
-¿No te resulta fascinante que salga sobre todo con mujeres con un
inglés limitado? Aunque supongo que eso evita que algo tan tonto como una
conversación interfiera con el sexo.
María se rió a su pesar.
Aunque Rocío lo compartía casi todo con su hermana, no le había
confesado su encaprichamiento por el quarterback de los Stars. No solo porque
habría sido humillante, sino porque se
lo habría contado a Nicolás y él se habría puesto como una moto. Decir que su
cuñado era algo protector con Rochi sería quedarse muy corto: no quería que se
le acercase ningún deportista, a menos que estuviese felizmente casado o fuese
gay.
En ese momento, el protagonista de sus pensamientos entró en la
habitación. Nicolás Riera era alto, rubio y elegante. La edad le había tratado
amablemente, y en los doce años que hacía que Rochi le conocía, las arrugas que
habían ido apareciendo en su rostro viril sólo le habían aportado carácter. Su
presencia bastaba para llenar una habitación: era el reflejo de la perfecta
autoestima de alguien que sabe lo que quiere.
Nico era el primer entrenador cuando Mery heredó los Stars.
Desafortunadamente, ella no sabía nada sobre fútbol y él le declaró
inmediatamente la guerra. Sus primeras batallas habían sido tan feroces que Victorio
había llegado a suspenderlo por insultarla; su ira, sin embargo, no tardó en
convertirse en algo totalmente diferente.
Rocío consideraba la historia de amor de Mery y Nico como material de
leyenda, y hacía mucho tiempo había decidido que, si no podía tener lo mismo
que compartían su hermana y su cuñado, no quería nada. Sólo una Gran Historia
de Amor la satisfaría, y eso era tan probable como que Nico le retirase la
multa a Gastón.
Su cuñado le pasó automáticamente un brazo por detrás de los hombros.
Cuando Nico estaba con su familia, siempre tenía el brazo detrás de los hombros
de alguien. Ro sintió una punzada en el corazón. Con los años había salido con
un montón de chicos decentes e incluso había intentado convencerse de que se
había enamorado de uno o dos de ellos, pero su enamoramiento se había evaporado
en el momento de darse cuenta de que no podrían llenar ni por asomo la
gigantesca sombra proyectada por su cuñado. Empezaba a sospechar que nadie lo
lograría jamás.
-Mery, ya sé que Gastón te cae bien, pero esta vez ha ido demasiado
lejos -dijo Nico. Su acento de Alabama, lento y pesado, se volvía más denso
cuando se enfadaba, y en ese momento goteaba melaza.
-Eso es lo que dijiste la última vez -replicó la rubia-. Y a ti
también te cae bien.
-¡No lo comprendo! Jugar con los Stars es la cosa más importante en la
vida. ¿Por qué se esfuerza tanto en arruinarlo?
Mery sonrió con dulzura y respondió:
-Probablemente tú puedas responder a eso mejor que ningún otro, ya que
también fuiste una auténtica ruina hasta que llegué yo.
-Debes de estar confundiéndome con otra persona.
María se rió, y la mirada colérica de Nico dio paso a esa sonrisa
entrañable que Rochi había presenciado miles de veces y había envidiado otras
tantas. Luego la sonrisa se desvaneció.
-Si no le conociese mejor, diría que le persigue el diablo -dijo
entonces.
-Diablos -interpuso Ro-, todos con acento extranjero y grandes tetas.
-Eso es lo que tiene ser jugador de fútbol: no lo olvides jamás
-repuso el hombre.
Rocío no quería oír nada más de Gastón, así que tras darle a Nico un
beso rápido en la mejilla, dijo:
-Vale me espera. Se la devolveré mañana a última hora de la tarde.
-No le dejes leer los periódicos de la mañana.
-No lo haré.
Valeria se entristecía cuando los periódicos no hablaban bien de los
Stars, y la multa que se le había impuesto a Gastón sin duda iba a suscitar
polémica.
Me encanta esta adaptacion, ya la lei, pero la voy a volver a leer porque es una de las historias que más me encanto. Amo este capitulo es lo más, igual me mata que Rochi esta obsesionada con Gaston, y despues lo que pasa, igual no me adelanto a los acontecimientos. Quiero el proximo Javi!!! ☺
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