Ella recordó, demasiado
tarde, que Gas tenía fama de rencoroso. La última temporada había convertido un
desempate contra los Steelers en un baño de sangre, y el año anterior se había
peleado tras el placaje defensivo de un Vikingo de ciento treinta kilos. Ro se
levantó de la cama y buscó frenéticamente su camisón.
Del baño salía una
retahíla de obscenidades.
¿Dónde estaba su camisón?
Gastón volvió a salir,
desnudo y furioso.
-¿De dónde diablos has
sacado ese condón?
-De tu... tu bolso.
Rochi localizó su camisón
de lino, lo recogió y se cubrió los pechos.
-¿De mi bolso? -preguntó
mientras volvía a meterse corriendo en el baño-. Lo has cogido de mi ...
¡Mierda!
-Ha sido... Un impulso.
Un... Un accidente de sonambulismo.
Rocío caminó de puntillas
hacia la puerta del pasillo, pero Gastón reapareció antes de que pudiera llegar
allí, cruzó la alfombra a la carga, la agarró de un brazo y le dio una sacudida.
-¿Sabes cuánto tiempo ha
estado eso allí dentro?
¡No el tiempo suficiente!
Y entonces se dio cuenta de que se refería al condón.
-¿Qué quieres decir?
Gas le soltó el brazo y
señaló hacia el baño.
-¡Lo que quiero decir es
que llevaba siglos ahí dentro, y el muy hijo puta se ha roto!
Pasaron exactamente tres
segundos. Luego las rodillas de Rocío cedieron. Se dejó caer en la silla que
había al otro lado de la cama.
-¿Y bien? -ladró Gastón.
El cerebro confuso de
Rochi volvió a funcionar.
-No te preocupes -dijo al
tiempo que advertía, demasiado tarde, la humedad entre sus muslos-. Son los
días malos del mes.
-No hay ningún día malo
del mes.
Gas encendió la lámpara
de pie, y el cuerpo de Rochi, demasiado corriente y demasiado desnudo, quedó
más expuesto de lo que ella hubiese querido.
-Para mí los hay: soy
regular como un reloj.
Rochi no quería hablar
sobre su periodo. Sujetó su camisón e intentó pensar en el modo de volvérselo
a poner sin enseñar más de lo que ya había enseñado.
Él no parecía interesado
en lo más mínimo ni en la desnudez de Rocío, ni en la suya propia.
-¿Qué diablos hacías tú
fisgoneando en mi bolso?
-Es que... Estaba abierto
y he mirado como quien no quiere la cosa y... -Rochi se aclaró la garganta-. Si
era tan viejo, ¿por qué seguías llevándolo encima?
-¡Me
había olvidado de él!
-Eso
es un motivo estúpido.
Los
ojos verdes de hierba artificial adquirieron un aire asesino.
-¿Acaso
intentas echarme a mí la culpa?
Ella
respiró profundamente.
-No,
no es eso. -Había llegado el momento de dejar de comportarse como una cobarde y
afrontar las consecuencias. Se levantó y se puso el camisón-. Lo siento, Gastón.
De verdad. Últimamente he cometido muchas locuras.
-No
me vengas con cuentos.
-Te
pido disculpas. Me siento avergonzada -dijo con la voz temblorosa-. En
realidad, más que avergonzada. Me siento completamente humillada. Espero...
Espero que puedas olvidarte de esto.
-No
es probable.
Gas
recogió unos calzoncillos largos de color verde oscuro que había en el suelo y
se los puso.
-Lo
siento.
Ro
merecía arrastrarse, pero como eso no parecía funcionar, se puso a interpretar
el papel de la heredera hastiada y consentida.
-La
verdad es que me sentía sola y tú estabas disponible. Como tienes fama de
playboy, creí que no te importaría.
-¿Que
estaba disponible? -El aire crepitó-. Vamos a pensar en esto. Pensemos, ¿cómo
se le llamaría a esto si la situación fuera la inversa?
-No
entiendo a qué te refieres.
-¿Cómo
se le llamaría a esta situación, por ejemplo, si yo decidiese meterme en la
cama contigo, una mujer, sin tu consentimiento?
-Pues...
-Sus dedos se revolvían nerviosamente entre la falda de su camisón-. Ya, claro,
comprendo qué quieres decir.
Gastón
entrecerró los ojos, y su voz se volvió más grave y peligrosa.
-Se
llamaría violación.
-¿No
querrás decir en serio que te he... violado? -preguntó Ro.
-Pues
sí, creo que sí -dijo él mirándola fríamente.
Eso
era mucho peor de lo que había imaginado.
-Eso
es ridículo. Tú... ¡Tú has consentido!
-Sólo
porque estaba dormido y creía que eras otra persona.
Eso
la hirió.
-Ya
veo.
Gastón
no se calmó. Al contrario, apretó la mandíbula y declaró:
-Al
contrario de lo que pareces creer, me gusta tener relaciones antes de llegar
al sexo. Y no permito que nadie me utilice.
Y
eso era exactamente lo que había hecho ella. Le entraron ganas de llorar.
-Lo
siento, Gastón. Ambos sabemos que mi comportamiento ha sido indignante. ¿No
podríamos olvidarnos del tema?
-No
tengo muchas opciones -dijo mordiéndose los labios-. No es algo que me
apetezca leer en los periódicos.
Rochi
retrocedió hasta la puerta.
-Supongo
que comprenderás que yo tampoco se lo contaré a nadie.
Gastón
la miró con asco.
A Rocio
se le arrugó la cara.
-Lo
siento. De verdad -volvió a decir.
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