-Es demasiado peligroso – le dijo Daphne.
-Ahí está la gracia – contestó Benny.
Daphne se pierde
Pocas
horas después, Rocío dio un paso atrás para admirar el rincón hogareño que
había creado para sí misma en el porche cubierto de la casita guardería. Había
colocado los cojines
a rayas azules y amarillas en el columpio y los que estaban forrados con una tela de
cretona, en las sillas de sauce. La pequeña mesa plegable decapada en blanco de la cocina estaba ahora a un
lado del porche, junto a dos sillas rústicas desparejadas. Al día siguiente saldría a
buscar algunas flores para adornar la regadera que había colocado encima de la mesa.
Con
algunos de los productos básicos que se había traído de la casa de huéspedes, se
preparó una tostada con huevos revueltos. Mientras Cafre
echaba
una cabezadita, Rocío contempló la puesta de sol tras el brazo de lago que se
distinguía entre
los árboles. Todo olía a pino y al húmedo y lejano aroma del agua. Rochi oyó el sonido
definitivamente humano de unos pies pisando hojas. En casa se habría alarmado. Aquí, se reclinó en la silla y
esperó a ver quién aparecía. Por desgracia, era Gastón.
No
había echado el pestillo de la puerta de red metálica, y no se sorprendió cuando él
entró sin ser invitado.
-En
el folleto pone que el desayuno es de siete a nueve. ¿Qué clase de gente puede querer
desayunar tan temprano cuando está de vacaciones? -Gastón dejó un reloj
despertador
sobre la mesa y luego se fijó en los restos del huevo revuelto-. Podrías haberme
acompañado al pueblo y comerte una hamburguesa -dijo de mala gana.
-Gracias,
pero no me van las hamburguesas.
-¿Así
que eres vegetariana como tu hermana?
-No
soy tan estricta. Ella no come nada que tenga cara. Yo no como nada que tenga una
cara linda.
-Eso
aún no lo había oído nunca.
-De
hecho, es un sistema muy bueno para comer sano.
-Veo
que consideras que las vacas son lindas -dijo Gastón con escepticismo.
-Me
gustan mucho las vacas. Son lindas, sin duda.
-¿Y qué me dices de
los cerdos?
-¿Te
suena la película Babe, el cerdito valiente?
-Pues
casi que no pregunto por las ovejas.
-Te agradecería que
no lo hicieras. Ni por los conejos -dijo con un escalofrío-. No me atraen ni
los pollos ni los pavos, así que
ocasionalmente hago una excepción. También como pescado, puesto que puedo evitar a mi favorito.
-El
delfín, me imagino -dijo él acomodándose frente a Rochi en la vieja silla de
madera y mirando a Cafre, que se había despertado lo justo para
soltar un gruñido-. A mí hay algunos animales que me parecen auténticamente
repulsivos.
Rochi
le devolvió su sonrisa más sedosa.
-Es bien sabido que
los hombres a los que no les gustan los
caniches son los mismos que trocean cadáveres humanos en los vertederos de
basura.
-Sólo
cuando me aburro.
Rocío
se rió, pero se contuvo al darse cuenta de que Gastón estaba desplegando su encanto
para ella, y ella había estado a punto de dejarse atrapar. ¿Se suponía que era ésa
su recompensa por haber aceptado a ayudarle?
-No entiendo por
qué te desagrada tanto este lugar. El lago
es precioso. Se puede nadar, ir en barca, pasear. ¿Qué tiene eso de malo?
-Cuando
eres el único niño y tienes que atender a un servicio religioso cada día,
pierde su encanto. Además, el tamaño de los motores para las barcas está limitado, así
que adiós
al esquí acuático.
-Y
a las motos acuáticas.
-¿Cómo?
-Nada.
¿No había nunca más niños por aquí?
-A
veces aparecía el nieto de alguien y se pasaba aquí algunos días. Era el momento
culminante de mi verano. -Gastón hizo una mueca y añadió-: Claro que la mitad de las veces el nieto era una
niña.
-Qué
dura es la vida.
Gastón
dejó caer todo su peso en el respaldo de la silla hasta que ésta se apoyó únicamente
sobre dos patas. Rochi deseó que se cayera, pero su coordinación era demasiado
buena para
que eso pudiera ocurrir.
-¿De
verdad sabes cocinar, o sólo alardeabas ante los huéspedes?
-Sólo
alardeaba -respondió ella con la esperanza de ponerle nervioso. Su cocina
cotidiana tal vez dejaba algo que desear, pero le encantaba cocinar al horno, sobre todo
para sus
sobrinos. Su especialidad eran las galletas de azúcar con orejas de conejito.
-Genial.
-Las patas de la silla golpearon el suelo-. Dios mío, qué aburrido es este
lugar. Vamos a pasear junto al lago antes de que anochezca.
-Estoy
muy cansada.
-Hoy
todavía no has hecho lo suficiente para estar cansada. -Al no tener adónde ir, la
desbordante energía de Gastón casi lo ahogaba, así que Rocío no debería haberse sobresaltado cuando la tomó
por la muñeca y la levantó de su asiento-.
Vamos, hace dos días que no puedo ejercitarme. Me va a dar un corto circuito.
Rochi
se desasió.
-Pues
ve a ejercitarte ahora. Nadie te lo impide.
-Pronto
tendré que reunirme con mi club de fans en el porche de entrada. Y tú tienes
que hacer ejercicio, así que no seas tan testaruda. Tú quédate aquí, «Godzilla».
Gastón
abrió la puerta de red metálica y empujó suavemente a Rochi, luego la cerró de
golpe ante los agudos ladridos de Cafre.
Rochi
no ofreció una auténtica resistencia, aunque estaba agotada y sabía que no era
una buena idea estar a solas con él.
-No
estoy de humor, y quiero a mi perro.
-Si
yo dijera que la hierba es verde, me llevarías la contraria -dijo arrastrándola por el camino.
-Me
niego a ser simpática con mi secuestrador.
-Para
ser una secuestrada, no te esfuerzas demasiado en escaparte.
-Me
gusta este lugar.
Gas
se volvió para echarle un vistazo al confortable rincón que Ro se había creado en
el porche.
-Lo
próximo que harás será contratar a un decorador.
-A
las chicas ricas nos gustan. las comodidades, aunque sea sólo por unos días.
-Eso
imagino.
El
camino se hacía más ancho al llegar al lago, luego serpenteaba a lo largo de la orilla
y finalmente volvía a estrecharse y se inclinaba notablemente hacia lo alto de un pequeño acantilado rocoso
que dominaba el lago. Gastón señaló en dirección contraria.
-Hacia
allí hay tierras pantanosas, y detrás del campamento hay un prado con un arroyo.
-El
prado de Bobolink.
-¿Qué?
-Es un... Nada.
Era
el nombre de un prado que lindaba con el Bosque del Ruiseñor.
-Desde lo alto del
acantilado se disfruta de una bonita vista
del pueblo.
Rochi
observó aquel camino escarpado.
-No tengo
suficiente energía para la escalada.
-Pues
entonces no llegaremos hasta arriba.
Rocío
sabía que Gastón mentía. Aun así, sus piernas no estaban tan débiles como el día
anterior, así que se puso a andar a su lado.
-¿De
qué vive la gente del pueblo?
-Básicamente
del turismo. El lago tiene buena pesca, pero está tan aislado que no se ha sobreexplotado
como ha ocurrido
en otros lugares. Hay un campo de golf decente, y algunos de los mejores senderos
de trekking del estado se encuentran justamente en
esta región.
-Me
alegro de que nadie lo haya estropeado convirtiéndolo en un centro de
veraneo.
El
camino empezaba a empinarse hacia arriba, y Rochi necesitó todo su aliento para
escalarlo. No se sorprendió al ver que Gas la dejaba atrás, pero sí al descubrir que
era capaz
de seguir adelante.
Gastón
la llamó desde lo alto del acantilado.
-No
estás como para hacer un anuncio de un gimnasio, ¿eh?
-Sólo me he saltado
-dijo jadeando- unas pocas clases de
Tae-Bo.
-¿Quieres
que busque una cámara de oxígeno?
Rocío
resoplaba demasiado como para contestar. Cuando llegó a la cima y vio las
vistas, se alegró de haber hecho el esfuerzo. Todavía había luz suficiente para ver el pueblo
en el
extremo opuesto del lago. Tenía un aspecto pintoresco y rústico. Las barcas se
balanceaban en el puerto y el campanario de la iglesia asomaba entre los
árboles y se recortaba sobre el cielo irisado.
Gastón
señaló un grupo de casas de lujo más cercanas al acantilado.
-Esas
de ahí son segundas residencias. La última vez que estuve aquí, todo eso eran
bosques, aunque todo lo demás no parece haber cambiado demasiado.
-Es
tan bonito -dijo Rocío disfrutando de la vista.
-Supongo
-dijo Gas avanzando hacia el borde del acantilado, desde donde miró las aguas-. Solía
lanzarme en picado desde aquí, de pequeño.
-Un
poco peligroso para un niño solo, ¿no?
-Ahí
estaba la gracia.
-Tus
padres debían de ser unos santos. No me imagino cuántos apuros les... -Rochi se
interrumpió al darse cuenta de que Gastón, en lugar de escucharla, se estaba
quitando los
zapatos.
El
instinto la empujó a dar un paso adelante, pero llegó demasiado tarde. Se había lanzado
al vacío, con ropa y todo.
Rocío
dio un grito sofocado y corrió hacia el borde justo a tiempo para ver la silueta
de su cuerpo entrando limpiamente en el agua, sin apenas salpicar.
Roc
esperó, pero Gastón no salía. Se llevó la mano a la boca. Inspeccionó las aguas sin
poder verle.
-¡Gas!
Entonces
la superficie se rizó y su cabeza emergió. Rocío resopló y volvió a tomar aire
mientras él se volvía para contemplar el cielo del atardecer. El agua se deslizaba
entre sus cabellos,
y había en su mirada un brillo triunfal.
Rochi
cerró el puño y le gritó:
-¡Idiota!
¿Estás totalmente chiflado?
Gastón
miró hacia arriba desde el agua y le mostró sus dientes relucientes.
-¿Te
vas a ir a buchonearr a tu hermana mayor?
Rocío
estaba tan furiosa que pateó el suelo con fuerza.
-¡No
tenías ni idea de la profundidad que había para saltar de cabeza!
-Era
lo bastante profundo la última vez que me tiré.
-¿Y
cuánto tiempo hace de eso?
-Unos
diecisiete años -dijo nadando de espaldas-. Pero ha llovido mucho.
-¡Eres
un cretino! Después de tantos golpes ya casi no te deben de quedar neuronas
sanas!
-Estoy
vivo, ¿verdad? -Gastón exhibió una sonrisa diabólica-. Atrévete, conejita. El
agua está muy buena.
-¿Te
has vuelto loco? ¡No pienso saltar desde este acantilado!
Gastón
se volvió hacia un lado y dio unas brazadas.
-¿No
sabes saltar de cabeza?
-Por
supuesto que sí. ¡Fui a campamentos de verano durante nueve años!
La
voz de Gas la lamió con una mofa lenta y perezosa.
-Seguro
que saltas de pena.
-¡No
es verdad!
-¿Acaso
eres una gallina, entonces?
Cielo
santo. Fue como si se disparara una alarma de incendios en su interior, y ni
siquiera se quitó las sandalias. Simplemente se puso de puntillas sobre el borde de la
roca y saltó al vacío, siguiendo a Gastón a la locura.
Durante
toda la caída intentó chillar.
Cayó
al agua con menos gracia que Gas y salpicando mucho más. Cuando salió a la superficie, el agua
resbalaba sobre
la expresión de asombro de su cara.
-Mierda-
dijo Gas en un suave suspiro más propio de un rezo que de una palabrota. Y a
continuación gritó-: ¿Se puede saber qué diablos has hecho?
El
agua estaba tan fría que a Rochi se le había cortado la respiración. Hasta los huesos le
temblaban.
-¡Está
helada! ¡Eres un mentiroso!
-¡Si
vuelves a hacer algo así...!
-¡Tú
me has provocado!
-Y
si te provocara a tomar veneno, ¿también serías tan estúpida de hacerlo?
Rocío
no sabía si estaba más enfadada con él por haberla incitado a ser tan temeraria o
consigo misma por haber mordido el anzuelo. Dio un manotazo en el agua, salpicando
por doquier.
-¡Mírame!
¡Yo me comporto como una persona normal cuando estoy con la demás gente!
-¿Normal?
-preguntó Gastón pestañeando para librarse del agua que le había salpicado los ojos-.
¿Por eso te encontré escondida en tu apartamento con aspecto de perrita apaleada?
-¡Al
menos allí estaba a salvo, no como aquí, donde acabaré pillando una pulmonía!
-Los dientes de Rocío castañeteaban, y
su ropa, helada y empapada, tiraba de ella-. ¿O acaso hacerme saltar desde un acantilado es tu
idea de terapia?
-¡No
creía que fueras a hacerlo!
-Estoy
muy colgada, ¿recuerdas?
-Rocío...
-¡Rocío
la loca!
-Yo
no he dicho...
-Eso
es lo que piensas. ¡Rocío la chiflada! ¡Rocío la lunática! ¡Loca de atar!
¡Certificable! ¡Al más mínimo aborto, pierde la chaveta!
Rochi
se atragantó. No había querido decir eso, nunca había pretendido volver a sacar
el tema. Pero la misma fuerza que la había hecho saltar del risco había hecho brotar
las palabras.
Se
hizo un silencio denso y pesado entre ambos. Cuando Gastón lo rompió finalmente, Rocío
percibió su compasión.
-Volvamos
para que puedas calentarte -dijo, y empezó a nadar hacia la orilla.
Rochi
se había echado a llorar, así que se quedó donde estaba.
Gas
llegó a la orilla, pero en lugar de salir, volvió la cabeza y se quedó mirando
a Ro. El agua le llegaba a la cintura, y, con un murmullo suave, le dijo:
-Tendrías
que salir. Pronto anochecerá.
Rocío
tenía las manos entumecidas por el frío, pero no el corazón. La pena la dominaba.
Quería hundirse bajo el agua y no volver a emerger
jamás. Engulló aire y susurró unas palabras que jamás
había querido decir.
-A
ti no te importa, ¿verdad?
-Ahora
no es momento de discutir -dijo Gastón con ternura-. Vamos, te castañetean los dientes.
Las
palabras se deslizaron a través de la tirantez de su garganta.
-Sé que no te
importa. E incluso lo entiendo.
-Rochi,
no te hagas esto.
-Tuvimos una niña
-susurró ella-. Pedí que lo miraran y me
lo dijeran.
El
agua lamía la orilla. Las palabras calladas de Gas flotaron sobre la superficie lisa.
-No
lo sabía.
-La
llamé Kiara.
-Estás
cansada. No es el mejor momento.
Rochi
sacudió la cabeza. Miró hacia el cielo. Le contaba la verdad, no para condenarle,
sino para hacerle notar porqué nunca comprendería cómo se sentía ella.
-Perderla
no significó nada para ti.
-No
he pensado en eso. El bebé no era para mí algo tan real como lo era para ti.
-¡Ella!
¡No el bebé, ella!
-Perdona.
La
injusticia de haberle atacado la dejó sin habla. No era justo condenarle por no compartir
su sufrimiento. Era normal que el bebé no hubiera sido real para Gastón. Él no
había invitado a Rocío a su cama, no había querido un hijo, no había llevado a la
criatura en su vientre.
-No,
perdóname tú. No pretendía gritarte. Las emociones todavía me superan. -La
mano le tembló mientras se apartaba un mechón de cabellos de delante de los
ojos-. No volveré
a sacar el tema. Te lo prometo.
-Salgamos
del agua -dijo Gas con tranquilidad.
Rocío
sintió las extremidades torpes por el frío y la ropa que le pesaba mientras nadaba
hacia la orilla. Cuando llegó allí, él se había encaramado a una roca plana y baja.
Gas
se agachó para ayudarla a subir a su lado. Rochi cayó de rodillas: se sentía
como un despojo frío, chorreante y miserable. Gastón intentó alegrar los
ánimos.
-Al
menos yo me he quitado los zapatos antes de lanzarme. Tus sandalias deben de
haberte caído al hundirte en el agua. Habría ido a por ellas, pero estaba demasiado
perplejo.
La
roca todavía conservaba parte del calor del día, y Rochi lo percibió ligeramente a
través de la tela empapada de su pantalón corto.
-No
importa. Eran mis sandalias más viejas.
Su
último par de sandalias Manolo Blahnik. Dado el estado actual de su economía,
tendría que sustituirlas por chancletas de goma para ducha.
-Puedes
comprarte otras mañana, en el pueblo -dijo Gas levantándose-. Será mejor que
volvamos antes de que te pongas enferma. ¿Por qué no empiezas a caminar? Te alcanzaré en cuanto haya
recuperado mis zapatos.
Gastón
volvió a subir el camino. Rochi se abrazó para protegerse del frío del
atardecer y puso un pie delante del otro, intentando no pensar. No había andado demasiado cuando Gas la alcanzó,
con la camiseta y el pantalón corto pegados al cuerpo. Anduvieron en silencio durante un
rato.
-El
caso es...
Gas
se calló y Rocío le miró.
-¿Qué?
-No
importa -dijo con cara de preocupación.
El
bosque a su alrededor crepitaba con los sonidos del anochecer.
-Está
bien -dijo Gas cogiendo los zapatos con la otra mano-. Cuando hubo pasado todo... pues yo... no
quise pensar más en ella.
Rocío
lo comprendía, pero eso sólo la hacía sentirse aún más sola.
Gastón
dudó. Rochi no estaba acostumbrada a aquello. Parecía siempre tan seguro.
-¿Cómo crees
que...?-Gastón se aclaró la voz-. ¿Cómo crees
que habría sido Kiara?
A
Rochi se le encogió el corazón. Una nueva oleada de dolor recorrió todo su cuerpo,
pero esta vez era un dolor distinto. Más bien escocía, como el antiséptico sobre una
herida.
Sus
pulmones se expandieron, se encogieron, volvieron a expandirse. Se sorprendió al
darse cuenta de que todavía respiraba, que sus piernas todavía se movían. Oyó a los
grillos
que empezaban con su serenata nocturna. Una ardilla saltó entre las ramas.
-Pues...
-Rochi temblaba, y no estuvo muy segura de si el sonido que brotó de su
garganta fue una risa sofocada o un sollozo postrero-. Guapísima, si hubiera salido a
ti. -A Rochi
le dolía el pecho, pero en vez de combatir el dolor, lo abrazó, lo absorbió,
dejó que formase parte de ella-. Y exageradamente inteligente, si hubiera salido a mí.
-Y
temeraria. Creo que esto de hoy lo demuestra. Así que guapísima, ¿eh? Gracias por
el cumplido.
-Como
si no lo supieras.
Ro
sintió más ligero su corazón. Todavía le goteaba la nariz, y se la limpió con el
revés de la mano.
-¿Y
cómo es que te consideras tan inteligente?
-Summa cum laude. En Northwestern. ¿Qué tal tú?
-Me
gradué.
Rocío
sonrió, pero no quería dejar de hablar de Kiara.
-Yo
jamás la habría enviado a un campamento de verano -confesó.
-Yo
jamás la habría obligado a ir a la iglesia todos los días durante el verano -asintió Gas.
-Eso
es mucha iglesia.
-Nueve
años son mucho campamento de verano.
-También
podría haber salido torpe y mala estudiante.
-Kiara
no.
Una
pequeña cápsula de calidez envolvió el corazón de Rochi.
Gas
aminoró el paso. Alzó la vista hacia los árboles y se metió una mano en el bolsillo.
-Supongo
que simplemente todavía no le tocaba nacer-dijo en un suspiro.
Rochi
tomó aire y susurró:
-Supongo
que no.
que lindo y triste a la vez cuando hablaron de la bebe
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