domingo, 5 de febrero de 2012

Tercera Parte, Capitulo Nueve


-Mientras te echabas tu sueñecito reparador, he ido al pueblo para poner un anuncio en las ofertas de trabajo del periódico local. Y resulta que el pueblo es tan minúsculo que el periódico es semanal, y ha salido hoy, ¡o sea que no hay otro hasta dentro de siete días! He hecho correr la voz entre la gente del pueblo, pero no sé si eso será muy eficaz.
-¿Crees que estaremos aquí una semana?
-No, hablaré con la gente. -Gas parecía dispuesto a morder alguna cosa-. Pero supongo que existe la posibili­dad de que no pueda encontrar a nadie hasta que salga publi­cado el anuncio. Es una pequeña posibilidad, pero supongo que podría ocurrir.
Rocío se sentó en el columpio y dijo:
-Supongo que tendrás que encargarte de la casa de huéspedes hasta entonces.
Gastón entrecerró los ojos.
-Parece que olvidas que hiciste la promesa de darme apoyo.
-¡No es verdad! -exclamó Rochi.
-¿Le prestaste alguna atención a las promesas de matrimonio que dijiste?
-Intenté no hacerlo --admitió Ro-. No tengo por costumbre prometer cosas que sé que no voy a cumplir.
-Ni yo tampoco, y hasta ahora he mantenido mi pa­labra.
-¿Amar, honrar y obedecer? No lo creo.
-No fueron ésas las promesas que nos hicimos.
Gastón se cruzó de brazos y la miró.
Ro intentó adivinar de qué le estaba hablando, pero sus únicos recuerdos de la ceremonia eran los caniches y la forma en que se había asido a la manita pegajosa de Amado para el sí quiero. La recorrió una sensación de incomodidad.
-Tal vez tú puedas refrescarme la memoria.
-Estoy hablando de los votos que escribió Mery para nosotros -dijo Gastón pausadamente-. ¿Estás segura de que ella no te los mencionó?
Sí que los había mencionado, pero Rochi se sentía tan in­feliz que no había prestado ninguna atención.
-Supongo que no debía de estar escuchando.
-Pues yo sí. E incluso arreglé un par de las frases para hacerlas más realistas. Ahora tal vez no las diré exactamen­te, puedes llamar a tu hermana para verificarlo, pero el caso es que tú, Rocío, prometiste aceptarme a mí, Gastón, como tu marido, al menos por un tiempo. Me prometiste respe­to y consideración a partir de aquel día. Observa que no ha­bía ninguna mención al amor ni al honor. Prometiste no hablar mal de mí delante de los demás. -Gas la miró a los ojos y añadió-: Y ayudarme en todo lo que compartié­ramos.
Rocío se mordió el labio. Era típico de María haber es­crito algo así. Por supuesto, ella lo había hecho para prote­ger al bebé.
-De acuerdo -dijo Rochi sobreponiéndose-, eres un gran futbolista. Puedes contar con la parte del respeto. Y, si no contamos a Mery, Nico y Cafre, nunca les hablo mal de ti a los demás.
-Estoy a punto de llorar de emoción. ¿Y qué hay de la otra parte? ¿La de la ayuda?
-Eso se suponía que era por... Tú ya sabes por qué. -Rocío parpadeó y respiró profundamente-. Sin duda al­guna, María no pretendía obligarme a ayudarte a llevar una casa de huéspedes.
-No te olvides de las casitas, y una promesa es una pro­mesa.
-¡Ayer me secuestraste y ahora quieres convencerme para realizar trabajos forzados!
-Sólo serán un par de días. Una semana, como máximo. ¿O tal vez eso es demasiado pedir para una niña rica?
-El problema es tuyo, no mío.
Gastón la miró fijamente durante un momento, y luego su rostro recuperó aquella mirada fría.
-Sí, supongo que sí -admitió.
Gastón no era de los que piden ayuda fácilmente, y Rocío lamentó su mal humor, pero ahora no estaba como para te­ner a gente a su alrededor. Aun así, debería haber rechazado su petición con algo más de tacto.
-Es que... no he estado en muy buena forma última­mente, y...
-Olvídalo -espetó Gastón-. Ya me las apañaré solo.
Gastón cruzó el porche y salió por la puerta de atrás.
Rochi estuvo andando arriba y abajo de la casa durante un rato, sintiéndose molesta consigo misma. Gas le había llevado la maleta. Rochi desabrochó la cremallera, pero vol­vió a salir al porche a mirar el lago.
Aquellos votos matrimoniales... Ella ya estaba prepara­da para romper los tradicionales. Incluso las parejas que se quieren de verdad lo pasan mal para mantener esos votos. Pero aquellos otros, los que había escrito Mery, eran dis­tintos. Eran unos votos que cualquier persona de palabra de­bería poder mantener.
Gastón lo había hecho.
-Maldita sea.
Cafre alzó la vista.
-No quiero tener a mucha gente a mi alrededor, sólo es eso.
-Pero Rochi no se decía toda la verdad. Básicamente, no quería tener a Gastón a su alrededor.
Le echó un vistazo a su reloj, vio que ya eran las cinco, y miró con una mueca a su caniche.
-Me temo que nos tocará hacer fortalecimiento de la personalidad.


Diez huéspedes se habían reunido en el salón de ranún­culos y rosas para el té de la tarde, aunque a Rocío le dio la impresión de que la revista Victoria no le daría su sello de apro­bado a aquello. Sobre la mesa entarimada de un lado de la sa­la había una bolsa abierta de galletas Oreo, una lata de uva en conserva, una cafetera, vasos de plástico y una jarra que pa­recía contener té en polvo. A pesar de la comida, los hués­pedes parecían pasarlo bien.
Los ornitólogos Pearson estaban en pie, detrás de dos ancianas sentadas en el sofá capitoné. Al otro lado de la sala, dos parejas de cabellos blancos conversaban. Los nudosos dedos de las mujeres lucían diamantes antiguos y anillos de aniversario más nuevos. Uno de los hombres tenía un bigo­te de morsa, el otro llevaba un pantalón corto de golf de co­lor verde lima y unos zapatos blancos de charol. Otra pare­ja era más joven, de cincuenta y pocos, tal vez, prósperos hijos del baby boom que podrían haber salido de un anun­cio de Ralph Lauren. Era Gastón, sin embargo, quien domi­naba la sala. De pie junto a la chimenea, parecía tanto el due­ño de la hacienda que su pantalón corto y su camiseta de los Stars podrían haber sido unos pantalones y una chaqueta de montar.
-... o sea que el presidente de los Estados Unidos está sentado en la línea de cincuenta yardas, los Stars vamos per­diendo por cuatro puntos, sólo quedan siete segundos en el reloj y yo estoy casi seguro de haberme torcido la rodilla.
-Eso debe de ser doloroso -se compadeció la mujer del baby boom.
-Uno no nota el dolor hasta más tarde.
-¡Ya recuerdo ese partido! -exclamó su marido-. Le hiciste un pase de cincuenta yardas a Tippet y los Stars ga­naron de tres.
Gastón asintió con la cabeza, lleno de modestia.
-Tuve suerte, Chet.
Rocío puso los ojos en blanco. Nadie llegaba a la cima de la NFL confiando en la suerte. Gastón había llegado don­de estaba por ser el mejor. Su representación del buen mu­chacho de siempre podía parecerles encantadora a los hués­pedes, pero ella conocía la verdad.
Aun así, mientras le miraba se dio cuenta de que lo que veía era el autodominio en acción, y, aunque de mala gana, le ofreció su respeto. Nadie sospechaba hasta qué punto de­testaba Gastón estar allí. Rocío había olvidado que era el hijo de un predicador, y no debería haberlo hecho. Gas era un hombre que cumplía con sus obligaciones, aunque las de­testara. Tal como había hecho al casarse con ella.
-No me lo puedo creer -se alegró la señora Chet-. Cuando elegimos una casa de huéspedes en el remoto no­reste de Michigan, nunca habríamos imaginado que nuestro anfitrión sería el famoso Gastón Dalmau.
Gastón le regaló una de sus expresiones zalameras. Rochi quería decirle a la buena mujer que no se molestara en in­tentar flirtear con él, puesto que no tenía acento extranjero.
-Me gustaría escuchar cómo te eligieron para la liga -dijo Chet recolocándose el jersey de algodón de la mari­na que llevaba sobre los hombros de su vistoso polo verde.
-¿Qué me dices, compartimos una cerveza en el por­che más tarde, por la noche? -le propuso Gas.
-No me importaría unirme a ustedes -se interpuso bigote de morsa mientras pantalón verde lima asentía con la cabeza.
-Pues nos encontramos todos -dijo Gastón amable­mente.
John Pearson daba cuenta de las últimas Oreo.
-Ahora que Betty y yo te conocemos en persona, ten­dremos que hacernos seguidores de los Stars. ¿No... mmm... habrás encontrado alguno de los pasteles de limón y semi­llas de amapola de Judith en el congelador, por casualidad?
-No tengo ni idea -dijo Gastón-. Y eso me recuerda que debo pedir disculpas por adelantado por el desayuno de mañana. Lo máximo que puedo hacer son tortitas con algunos ingredientes, así que, si deciden marcharse, lo entenderé. La oferta de devolverles el doble de su dinero sigue en pie.
-Ni se nos ocurriría marcharnos de un lugar tan en­cantador -dijo la señora Chet lanzándole a Gastón una mi­rada que llevaba escrita la palabra adulterio-. Y no te preo­cupes por el desayuno. Te echaré una mano encantada.
Rochi hizo lo que le tocaba para proteger los Diez Man­damientos y se obligó a cruzar la puerta y entrar en el salón.
-No va a ser necesario. Sé que Gastón quiere que se re­lajen mientras están aquí, y creo que puedo prometer que la comida será un poco mejor mañana.
Gastón parpadeó, aunque si ella esperaba que cayera a sus pies como muestra de agradecimiento, se olvidó de la idea al oír su presentación.
-Ella es mi hostil esposa, Rocío.
-No parece hostil -le dijo la esposa de bigote de mor­sa a su amiga con un susurro perfectamente audible.
-Eso es porque no la conoce -murmuró Gas.
-Mi esposa es un poco dura de oído -dijo el señor Bi­gote, sorprendido como los demás por la presentación de Gas. Varias de las personas del salón la observaron con cu­riosidad. No había duda de que la revista People se vendía...
Rocío intentó enojarse, aunque era un alivio no tener que fingir que eran una pareja felizmente casada.
John Pearson dio enseguida un paso adelante.
-Su marido tiene mucho sentido del humor. Estamos encantados de que cocine para nosotros, señora Dalmau.
-Llámeme Rochi, por favor. Y ahora, si me perdonan, voy a inspeccionar las existencias de la despensa. Y ya sé que sus habitaciones no están tan ordenadas como sería de espe­rar, pero Gastón las limpiará para ustedes antes de la hora de acostarse.
Mientras avanzaba por el pasillo, decidió que el señor Tipo Listo no tenía que tener siempre la última palabra.
Su satisfacción se esfumó en cuanto abrió la puerta de la cocina y vio a los jóvenes amantes practicando el sexo con­tra la nevera de la tía Judith. Se volvió de inmediato y chocó con el pecho de Gastón, que echó un vistazo por encima de su cabeza.
-Oh, por el amor de Dios...
Los amantes se separaron de golpe. Rocío estaba a pun­to de apartar la mirada, pero Gastón entró en la cocina. Miró a Amy, que, con la diadema colgándole descuidadamente de los cabellos, se estaba abrochando mal los botones.
-Creía que te había dicho que lavaras esos platos -le espetó Gastón.
-Sí, bueno, es que...
-Troy, se supone que tú deberías estar segando la hier­ba del espacio comunitario -le recordó al chico.
Troy se peleaba con su bragueta.
-Justo ahora me disponía a...
-¡Sé exactamente a qué te disponías, y créeme, con eso no consigues que la hierba quede segada!
Troy frunció el ceño y murmuró algo entre dientes.
-¿Decías algo? -ladró Gastón, tal como debía hacer con los novatos del equipo.
La nuez de Troy se movió.
-Aquí... hay demasiado trabajo por lo que nos pagan.
-¿Y eso cuánto es?
Troy se lo dijo y Gastón lo duplicó al momento. A Troy le brillaron los ojos.
-Genial.
-Pero hay un inconveniente -dijo Gas pausada­mente-. Van a tener que trabajar realmente por ese dinero. Amy, cielo, ni se te pase por la cabeza marcharte esta noche hasta que las habitaciones de los huéspedes estén limpias como una tacita de plata. Y tú, Troy, tienes una cita con la se­gadora de césped. ¿Alguna pregunta?
Cuando asintieron respetuosamente, Rochi observó dos chupetones a juego en sus cuellos. Algo se removió en la boca de su estómago.
Troy salió por la puerta, y al ver la mirada anhelante de Amy, recordó a Rochi la expresión que había en los ojos de Ingrid Bergman al despedirse para siempre de Hum­phrey Bogart en la pista de aterrizaje de Casablanca.
¿Qué se debía sentir al estar tan enamorado? Volvió a te­ner el mismo temblor desagradable en el estómago. Sólo cuando los amantes se hubieron marchado se dio cuenta de que eran celos. Ellos tenían algo que ella parecía condenada a no experimentar jamás.

3 comentarios:

  1. Que capitulo!!! y ese final :O chee!!! como estan esos chicos, viven calieeentes xD JAJAJA Gas&Rochi terminaran asi(?) :P JAJAJA Espero el proximo. Besos

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  2. hermoso capitulo...
    cuando subes el proximo?
    :)

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  3. porfa quiero otro capitulo!!!!!!

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