Perder con Gastón Dalmau su
virginidad ciertamente sería bastante más efectivo que hacerse un tatuaje. Él
era el hombre perfecto para el trabajo, físicamente irresistible, pero tan
extraño para su concepto de un amigo del alma que ella no tendría que
preocuparse de cualquier cicatriz emocional después. Podría tenerlo y luego
olvidarlo.
—También debería decirte que
no me llevo la ropa interior femenina ni uso látigo. A algunas mujeres les
gusta una pequeña esclavitud, desde luego, nada sórdido ni peligroso. Creo, que
yo no estaría a gusto sin esas esposas, así soy más feliz complaciendo.
—¿Esposas a las mujeres?
—estaba impresionada. No, hacerlo, sino que la práctica estuviera tan
extendida—. Ah, no.
—Ahora, no te pongas a
juzgarme. No pensé que me gustaría hasta que lo probé con... pues no digo más.
Si esto no es de tu gusto, entonces simplemente intentaremos algo más.
Ella inspiró profundamente.
No necesitó una flecha intermitente de neón advirtiéndoselo para percatarse que
esto podría ser la respuesta para su libertad y para salvar a St. Gert. ¿Por
qué tenía tantas ganas de llorar? Reunió valor. Sabía cuando inició este viaje
que su vida nunca sería la misma otra vez. Sin darse a sí misma más tiempo para
pensar, asintió con la cabeza.
—Bien, entonces. Sí. Eso
suena satisfactorio.
Él parpadeó.
—¿Hecho?
—Esta noche estaría bien.
—¿Esta noche?
Ella finalmente logró
mirarle.
—¿Tienes otro compromiso?
—Oh, no. Esta noche me viene
fenomenal.
Ella sintió alivio. Si tenía
demasiado tiempo para pensar en lo que iba a ocurrir, se volvería loca. Así que
se obligó a ser práctica.
—¿Aceptas cheques de viaje?
Sus clientas regulares
obviamente eran más sofisticadas que ella porque su pregunta le hizo sonreír
abiertamente. Ella le miró serenamente hasta que él tiró hacia adentro las
esquinas de su boca.
—Sí, señora. Más American
Express y Visa. Incluso puedo aceptar Diners Club, aunque no sea mi primera
elección.
—Tengo cheques de viaje.
—Entonces no tenemos ningún
problema, ¿verdad?
—No. No lo tenemos.
Más que cualquier cosa, ella
quería salir del jacuzzi y esconderse en su habitación de arriba, pero estaba
absolutamente desnuda y atrapada. Se notaba el estómago revuelto y la boca
seca. Cerró los ojos y se hundió más en el agua.
Desde el otro lado del
jacuzzi, Gastón observaba los hombros de Rocío desapareciendo entre las
burbujas. Ella se relamía los labios nerviosamente, y, cuando el trocito rosado
de su lengua pasaba por su boca, él se sintió como si fuera a explotar. No
podía creerlo. Cuando comenzó a hablarle sobre descuentos, solamente quería
divertirse. Ni por un momento pensó que lo tomaría en serio. Pero parecía que
lo había hecho. Pensaba que le llevaría un par de días seducirla, y realmente
no había tardado más de veinte minutos. Siempre había sido bueno con las
mujeres, pero esto era un record.
Mientras contemplaba los
remolinos de agua alrededor de la base de su cuello, sintió un momento de
vacilación. Luego recordó lo mandona y controlada que era, su clase menos
favorita de mujer, y su vacilación desapareció. Rochi no era ninguna virgen
inocente, y sabía exactamente lo que se traía entre manos.
Él justamente podría
imaginarse que todos sus amantes se parecerían, probablemente un montón de
viejos tipos con nombres como Rupert y Nigel. Ellos la dejarían llevar el
mando, sin dar problemas y tampoco ninguna emoción. Pero ahora ella estaba de
vacaciones, sin nadie alrededor para cuchichear y anhelaba a alguién
completamente diferente. Y él estaba encantado de complacerla.
Ella se levantó las gafas y
le miró a los ojos.
—Quiero mantener encendida
una luz.
Él ciertamente no tenía
problema con eso.
—De acuerdo.
—Nada de cigarrillos.
—No fumo.
—El brandy me gusta. O quizá
jerez.
—Ajá.
—Y la música. Clásica sería
lo más conveniente. Barroco, tal vez.
Demonios. Ella le daba una
lista, y tenía que darle el alto antes que eligiera hasta el color de las
sábanas.
—Nada de música. No deja que
me concentre en las preciosas zonas erógenas.
—Oh —ella se atragantó—.
Bien, de acuerdo. Nada de música.
Ella miró hacia abajo al
agua.
—Seguramente piensas que soy
quisquillosa.
—La prevención es la
prevención.
—Y soy un poquito
claustrofóbica, así es que la posición también podría ser importante...
—Perdona que te interrumpa,
pero recuerda que soy un profesional con gran experiencia.
—Oh... Sí —ella se mordió
ese labio otra vez—. Una cosa más Sr. Dalmau. Después de que esto termine, no
hablaremos del asunto.
Con un suspiro de
satisfacción, él se hundió en el agua.
—Rocío, seguramente eres la
fantasía ideal de un hombre.
a buee... se mando al pasto la rubia... enserio acepto?? gas tiene un record....jajaja me mataron... espero el siguiente
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