Daphne
dejó la guitarra eléctrica y abrió la puerta.
Benny
estaba en pie al otro lado.
-¿Puedo
bañarme en tu bañera, Daphne?
-¿Y
eso por qué?
Benny
parecía asustado.
-Porque
sí.
Rocío se sirvió
un vaso de Sauvignon blanco de la botella que encontró en la nevera y salió al
porche. La camiseta negra sin mangas que llevaba no abrigaba lo bastante para
el fresco del anochecer, pero tampoco se molestó en entrar a por un jersey.
Rochi se estaba
columpiando cuando apareció Gastón. Llevaba un par de calcetines grises de
tenis y un albornoz a rayas verticales marrones y negras que parecía de seda.
Era el tipo de albornoz que una mujer le regala a un hombre con el que quiere
acostarse. A Rochi no le gustó.
-Podríamos
preparar una estupenda merendola en la glorieta antes de irnos -dijo Rocío-. Lo
convertimos en un acontecimiento e invitamos a toda la gente de las casitas.
-¿Y por qué
íbamos a hacer eso?
-Por diversión.
-Suena de lo más
emocionante -respondió Gastón, sentándose en la silla de al lado con las
piernas extendidas. Los pelos de sus pantorrillas estaban empapados. Olía a
Safeguard y a algo más caro. Era como un furgón de seguridad lleno de
corazones rotos de mujer.
-Preferiría que
no te quedases aquí, Gastón.
-Y yo preferiría
quedarme -dijo sorbiendo el vino del vaso que había traído consigo.
-¿Puedo
dormir en tu casa, Daphne?
-Supongo
que sí. Pero ¿por qué quieres quedarte?
-Porque
en mi casa hay un fantasma.
-No puedes
esconderte de Julia eternamente -dijo Rocío.
-No me escondo.
Sólo me tomo mi tiempo.
-No sé muy bien
cómo se obtiene una anulación, pero diría que esto podría comprometer la
nuestra.
-Ya estaba
comprometida desde el principio -dijo Gastón-. Por lo que me contó el abogado,
las únicas posibilidades para una anulación son el engaño o la coacción. Pensé
que tú podrías alegar coacción. Yo seguro que no lo discutiría.
-Pero el hecho de
que ahora estemos juntos lo pone en duda.
-Gran problema.
Entonces pediremos un divorcio. Tardará un poco más, pero el resultado será el
mismo.
Rochi se levantó
del columpio.
-Aun así, no te
quiero aquí.
-La casita es
mía.
-Tengo derechos
de inquilina.
La voz de Gastón
se deslizó sobre ella, suave y sensual.
-Creo que estar
cerca de mí te pone nerviosa.
-Sí, claro -dijo
ella simulando un bostezo.
Gastón señaló con
la cabeza al vaso de vino y dijo con una sonrisa:
-Estás bebiendo.
¿No temes volver a atacarme mientras duermo?
-Ups. Recaída. Y
ni siquiera me había dado cuenta.
-O tal vez temes
que yo te ataque a ti.
Algo despertó en
su interior, pero se hizo la fría y se dirigió hacia la mesa para limpiar las
migajas de pan con una servilleta que había dejado allí.
-¿Por qué iba a
temerlo? Tú no te sientes atraído por mí.
Antes de
responder, Gas esperó el rato justo para que ella se pusiera nerviosa.
-¿Y tú cómo sabes
por quién me siento atraído yo?
El corazón de Rochi
dio una voltereta peligrosa.
-¡Vaya! Yo ya
pensaba que mi dominio de la lengua inglesa iba a separarnos.
-Eres tan
impertinente.
-Lo siento, pero
me gustan los hombres con una personalidad más profunda.
-¿Intentas decir
que piensas que soy superficial?
-Como un charco
en la acera. Pero eres rico y atractivo, así que no pasa nada.
-¡Yo no soy
superficial!
-Llena el espacio
en blanco: lo más importante en la vida de Gastón Dalmau es...
-El fútbol es mi
profesión. Eso no me convierte en una persona superficial.
-Y las cosas más
importantes en la vida de Gastón Dalmau en segundo, tercer y cuarto lugar son
el fútbol, el fútbol y, mira por dónde, el fútbol.
-Soy el mejor en
lo que hago, y no voy a pedir disculpas por ello.
-La quinta cosa
más importante en la vida de Gastón Dalmau es... eh, un momento, ahora vendrían
las mujeres, ¿no?
-¡Las calladitas,
así que tú quedas fuera!
Rocío ya se
preparaba para una réplica mordaz cuando cayó en la cuenta.
-Claro. Todas
esas mujeres extranjeras... -Gastón la miró con recelo-. No quieres a alguien
con quien puedas comunicarte realmente. Eso podría interponerse con tu obsesión
principal.
-No tienes ni
idea de lo que dices. Te lo repito, salgo con muchas mujeres americanas.
-Y supongo que
son intercambiables. Guapas, no demasiado listas y, en cuanto se vuelven
exigentes, les das puerta.
-Los buenos
viejos tiempos...
-Te he insultado,
por si no te has dado cuenta.
-Y yo te he
devuelto el insulto, por si no te has dado cuenta.
Rochi sonrió.
-Estoy segura de
que no querrás compartir el mismo techo con alguien tan exigente.
-No te vas a
librar de mí tan fácilmente. De hecho, vivir juntos podría tener sus ventajas.
Gastón se levantó
del columpio y la miró con una expresión que conjuraba imágenes de cuerpos
sudorosos y sábanas arrugadas. Entonces, se metió la mano en el bolsillo de su
albornoz y rompió el hechizo que probablemente sólo había existido en la
imaginación de Rocío.
Gastón extrajo
una hoja arrugada de papel. Rochi reconoció enseguida el dibujo que había
hecho de Daphne tirándose al agua.
-He encontrado
esto en la papelera -dijo alisando el papel mientras se acercaba a ella y
señalando a Benny-. ¿Y éste? ¿Es el tejón?
Rocío asintió
lentamente, deseando no haber tirado el dibujo en un lugar donde él pudiera
encontrarlo.
-¿Y por qué lo
has tirado?
-Cuestiones de
seguridad.
-Mmm...
-A veces me
inspiro en incidentes de mi propia vida.
-Eso ya lo veo.
-Soy más una
caricaturista que una artista.
-Esto tiene
demasiados detalles para ser una caricatura.
Ro se encogió de
hombros y alargó la mano para recuperar el dibujo, pero Gastón negó con la
cabeza.
-Ahora es mío. Me
gusta -dijo guardándoselo en el bolsillo. Luego se dirigió hacia la puerta de
la cocina y añadió-: Será mejor que me vista.
-Vale, porque
quedarte aquí no va a funcionar.
-Ah, sí que me
quedo. Es sólo que bajo un rato al pueblo. -Se detuvo y la miró con una
sonrisa torcida-. Si quieres acompañarme...
En el cerebro de Rochi
se disparó una alarma.
-No, gracias,
tengo el alemán un poco oxidado, y si como demasiado chocolate se me agrieta la
piel.
-Si no te
conociera mejor, diría que estás celosa.
-Acuérdate, liebling,
de que el despertador suena a las cinco y media.
Rochi
le oyó llegar pasada la una, por lo que fue para ella todo un placer aporrear
su puerta al amanecer. Había llovido toda la noche y mientras Rocío y Gastón
avanzaban en silencio por el camino, un tono gris rosado dominaba el cielo
recién lavado; sin embargo, estaban ambos demasiado dormidos como para
apreciarlo. Mientras Gas bostezaba, Rochi se concentraba en poner un pie
delante del otro intentando evitar los charcos. Sólo Cafre estaba contento de estar ya despierto y en marcha.
Rochi preparó
tortitas de arándanos mientras Gas cortaba trozos desiguales de fruta que iba
depositando en un cuenco azul de cerámica. Mientras trabajaba, refunfuñaba que
alguien con un promedio de pases bien dados del sesenta y cinco por ciento no
debería dedicarse a la cocina. Sus quejas se silenciaron, sin embargo, cuando
entró Mermy.
-¿De dónde ha
salido ese gato?
Rochi esquivó la
pregunta.
-Es una gata, y
apareció ayer. Se llama Mermy.
Cafre lloriqueó y se arrastró bajo la mesa. Gastón cogió un trapo de cocina
para secarse las manos.
-Hola, bonita
-dijo arrodillándose para acariciar al animal. Mermy se acurrucó
inmediatamente junto a él.
-Creía que no te
gustaban los animales.
-Me gustan los
animales. ¿De dónde has sacado esa idea?
-¿De mi perro?
-¿Es
un perro? Anda, lo siento. Creía que era un accidente por residuos
industriales -dijo mientras pasaba sus dedos largos y delgados entre el pelaje
de la gata.
-Slytherin.
Rochi
tapó el recipiente de la harina de un manotazo. ¿Qué clase de hombre podía
preferir un gato a un caniche francés excepcionalmente refinado?
-¿Qué me has
llamado?
-Es una
referencia literaria. No lo entenderías.
-Harry Potter. Y
no me gustan los motes.
Su respuesta la
irritó. Le estaba resultando cada vez más difícil convencerse de que Gastón era
sólo una cara bonita.
Los Pearson
fueron los primeros clientes. John Pearson consumió media docena de tortitas y
una ración de huevos revueltos mientras ponía al día a Gastón sobre su hasta
el momento infructuosa búsqueda de la curruca de Kirtland. Chet y Gwen se
marchaban aquel mismo día, y cuando Rochi echó un vistazo al comedor, observó
que Gwen le lanzaba miraditas de «acércate más» a Gastón. Poco después, Rochi
oyó una discusión en la puerta principal. Apagó el fuego y corrió hacia el
vestíbulo, donde el hombre corpulento que había visto en el espacio comunitario
el día de su llegada le gruñía a Gastón:
-Es morena, pelo
brillante y oscuro. Alta, metro setenta y muchos. Y hermosa. Alguien me ha
dicho que la vieron aquí ayer por la tarde.
-¿Qué quiere de
ella? -preguntó Gastón.
-Teníamos una
cita.
-¿Qué clase de
cita?
-¿Está aquí o no?
-Creo que
reconozco esa voz ronca -dijo Julia, apareciendo en lo alto de las escaleras.
De algún modo, lograba convertir su sencilla camisa de lino con caracolas de
mar y el pantalón corto a juego en algo glamuroso. Bajó las escaleras con
aplomo, como la reina de la pantalla que era, pero se detuvo en seco al ver a
Gastón-. Buenos días.
Gastón la saludó
bruscamente con la cabeza y desapareció hacia el comedor.
Julia mantuvo la
compostura. El hombre que había venido a verla miró hacia el comedor, y Rocío
observó que se trataba del hombre que había visto salir del bosque en su primer
día en el campamento. ¿De qué le conocería Julia?
-Son las ocho y
media -refunfuñó-. Se supone que habíamos quedado a las siete.
-He
considerado durante unos segundos la posibilidad de acudir, pero he decidido
seguir durmiendo.
El hombre la miró
como un león enfurecido.
-Pues vamos.
Estoy perdiendo la luz.
-Si la busca
bien, estoy segura de que la encontrará. Mientras, desayunaré.
El hombre frunció
el ceño.
Julia se dirigió
a Rochi con una expresión gélida.
-¿Sería posible
que pudiera comer en la cocina y no en el comedor?
Rocío se dijo que
podía mostrarse todavía más hostil que Julia, pero luego decidió que al cuerno,
que a ese juego sólo podían jugar dos.
-Por supuesto.
Tal vez querrán comer los dos juntos en la cocina. He preparado tortitas de
arándano.
Julia se mostró
ofendida.
-¿Tienen café?
-ladró él.
A Rochi siempre
le habían atraído los individuos a quienes no les importa ganarse la
aprobación de los demás, posiblemente porque ella había pasado mucho tiempo
intentando ganarse la de su padre. La indignante excentricidad de aquel hombre
la fascinó. También observó que era muy atractivo para su edad.
-Todo el que
quiera.
-Pues de acuerdo.
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