Rocío se sintió
un poco culpable y volvió su atención hacia Julia.
-Puede utilizar
la cocina con toda libertad siempre que quiera. Estoy segura de que preferirá
evitar a sus admiradores a primera hora de la mañana.
-¿Qué clase de
admiradores? -preguntó él.
-Soy bastante
famosa -dijo Julia.
-Oh -replicó el
hombre, dando por acabado el tema de la fama-. Ya que insistes en comer,
¿podrías darte un poco deprisa?
Julia se dirigió
a Rocío sin duda únicamente con ánimo de ofender al hombre.
-Este hombre
atrozmente egocéntrico es Liam Jenner. Señor Jenner, le presento a Rocío, la
esposa de mi... sobrino.
Era la segunda
vez en dos días que se quedaba atemorizada ante un famoso.
-¿El señor
Jenner? -Rochi tragó saliva-. No puedo decirle lo encantada que estoy. Hace
años que admiro su obra. ¡No puedo creerme que esté usted aquí! Sólo que... en
las fotos que siempre sacan de usted, lleva el pelo largo. Ya sé que deben ser
de hace años, pero... lo siento. Estoy parloteando. Es que sus obras han
significado mucho para mí.
Jenner asesinó a Julia
con la mirada.
-Si quisiera que
ella supiera mi nombre, se lo habría dicho yo mismo.
-Qué suerte -le
dijo Julia a Rocío-. Ya tenemos a un ganador para el concurso de Don Encanto.
Ro intentó
contener la respiración.
-Sí, claro, lo
comprendo. Estoy segura de que hay mucha gente que viola su intimidad, pero...
-Tal vez podría
usted saltarse la adulación y llevarnos directamente hacia esas tortitas. Rochi
tomó aire.
-Por aquí, señor.
-Tal vez tendrías
que preparar unas tortitas de mala uva para él.
-Lo he oído
-murmuró el pintor.
En la cocina, Rocío
se recompuso lo suficiente como para conducir a Julia y a Liam Jenner hasta la
mesa redonda del saledizo. Luego corrió a rescatar los huevos revueltos que
había abandonado y los puso en un plato.
Gastón entró por
la puerta y miró hacia Julia y Liam Jenner, pero aparentemente decidió no
hacer preguntas.
-¿Ya están listos
esos huevos?
Rochi le entregó
los platos y le advirtió:
-Están demasiado
hechos. Si la señora Pearson se queja, cálmala con tus encantos. ¿Puedes traer
café? Tenemos comensales en la cocina. Te presento a Liam Jenner.
Gastón saludó al
artista con la cabeza.
-Había oído en el
pueblo que tiene usted una casa en el lago.
-Y tú eres Gastón
Dalmau -dijo Jenner, sonriendo por primera vez y sorprendiendo a Rocío con la
transformación de sus marcados rasgos. Realmente muy atractivos. Julia también
lo notó, aunque no pareció tan impresionada como Rocío.
Jenner se levantó
y le tendió la mano.
-Debería haberte
reconocido enseguida. Hace años que sigo a los Stars.
Mientras los dos
hombres se estrechaban la mano, Rocío observó que el artista temperamental se
había transformado en un aficionado al fútbol.
-Has realizado
una temporada muy buena.
-Podría haber
sido mejor.
-No se puede
ganar siempre.
La conversación
derivó hacia los Stars, y Rochi se quedó observando a los tres tertulianos.
Qué extraño grupo de gente reunida en aquel lugar aislado. Un futbolista, un
pintor y una estrella de cine.
«Aquí, en la isla
de Gilligan.»
Ro sonrió, le
quitó los platos de las manos a Gastón, que parecía disfrutar de la
conversación, y los llevó al comedor. Por suerte, no hubo quejas por los
huevos. Sirvió café en dos tazas, cogió una ración de crema de leche y un sobre
de azúcar de más, y lo llevó todo de vuelta a la cocina.
Gastón estaba
apoyado en la puerta de la despensa, ignorando a Julia, mientras hablaba con
Liam Jenner.
- … dicen en el
pueblo que mucha gente está visitando Wind Lake con la esperanza de poder
verle. Aparentemente, ha beneficiado usted el turismo local.
-No por gusto
-dijo Jenner cogiendo la taza de café que Rchi le había dejado delante e
inclinándose a continuación en su silla. Parecía estar a gusto dentro de su pellejo,
pensó Rocío. Era de constitución robusta, un poco canoso: un artista disfrazado
de curtido hombre de los bosques-. En cuanto se difundió el rumor de que me
había construido una casa en este lugar, empezaron a aparecer todo tipo de
idiotas.
Julia aceptó la
cucharilla que le ofrecía Rocío y, mientras removía el café, dijo:
-No parece tener
en mucha estima a sus admiradores, señor Jenner.
-Lo que les
impresiona es mi fama, no mis obras. Se ponen a parlotear sobre el honor de
conocerme, pero las tres cuartas partes de ellos no reconocerían uno de mis
cuadros aunque les mordiera el trasero.
Rocío, que se
sintió aludida, no podía dejarlo así.
-Mamá de mal
humor, pintado en 1968, una acuarela muy temprana -dijo mientras
vertía el batido para rebozar en la sartén-. Una obra emocionalmente compleja
con una engañosa simplicidad de trazo. Prendas, pintado sobre 1971, una
acuarela con pincel seco. A los críticos no les gustó, pero estaban
equivocados. Entre 1996 y 1998 se concentró en los acrílicos con la
serie Desiertos. Estilísticamente, esos cuadros son un pastiche:
eclecticismo posmoderno, clasicismo, con un guiño a los impresionistas que se
podría usted haber ahorrado.
Gas sonrió.
-Rochi es summa
cum laude. En Northwestern. Escribe libros de conejitos. Mi favorito entre
sus cuadros es un paisaje, no tengo ni idea de cuándo lo pintó ni de qué dijo
la crítica sobre él, pero se ve a un niño en la lejanía, y me gusta.
-A mí me encanta Niña
en la calle -dijo Julia-. Una figura femenina solitaria en una calle
urbana, con unos zapatos rojos maltrechos y una expresión de desespero en el
rostro. Se vendió hace diez años por veintidós mil dólares.
-Veinticuatro.
-Veintidós
-replicó Julia dulcemente-. Lo compré yo. Por primera vez, Liam Jenner pareció
haberse quedado sin palabras. Pero no por mucho tiempo.
-¿Cómo te ganas
la vida?
Julia
dio un sorbo a su café antes de hablar.
-Me
dedicaba a resolver crímenes.
Rocío estuvo a
punto de dejar pasar el regate de Julia, pero le venció la curiosidad de ver
qué pasaba.
-Ella es Julia
Calvo, señor. Jenner. Es una actriz bastante famosa.
Jenner se inclinó
en la silla y la estudió antes de murmurar finalmente:
-Ese estúpido
póster. Ahora me acuerdo. Usted llevaba un biquini amarillo.
-Sí, bueno, es
evidente que dejé atrás los tiempos de los pósters hace ya mucho.
-Dé gracias a
Dios por ello. Aquel biquini era obsceno.
Julia se mostró
sorprendida, y luego indignada.
-No veo qué tenía
de obsceno. Comparado con hoy, era algo modesto.
Jenner juntó sus
tupidas cejas.
-Lo obsceno es
que se cubriera el cuerpo con algo. Debería haber salido desnuda.
-Yo me largo
-dijo Gastón volviendo hacia el comedor.
Ni una manada de
caballos salvajes se hubieran podido llevar a Rochi de aquella cocina, y colocó
un plato de tortitas delante de cada uno de ellos.
-¿Desnuda? -La
taza deJulia cayó ruidosamente sobre el plato-. Jamás de la vida. Una vez
rechacé una fortuna por posar para Playboy.
-¿Y qué tiene que
ver con esto Playboy? Le estoy hablando de arte, no de excitación-dijo
hincando el diente en las tortitas-. Un desayuno excelente, Rochi. Deja este lugar
y ven a cocinar para mí.
-En realidad soy
escritora, no cocinera.
-Libros
infantiles... -Su tenedor se detuvo en medio del aire-. Yo había pensado en
escribir un libro para niños... -El tenedor se clavó en una de las tortitas
del plato de Julia-. Probablemente no habría habido mucho mercado para mis
ideas.
-No si implicaban
desnudos -murmuró Julia.
Rocío soltó una
risilla.
Jenner le lanzó
una mirada intimidatoria.
-Lo siento
-murmuró Rocío mordiéndose el labio, y soltó un resoplido no muy femenino.
El ceño de Jenner
se volvió más feroz. Rochi ya iba a volver a disculparse de nuevo cuando
observó un temblor ascendente en la comisura de sus labios. O sea que Liam Jenner
no era tan irascible como quería aparentar. La cosa se ponía cada vez más
interesante.
Jenner señaló la
taza medio llena de Julia.
-Puedes llevarte
eso. Y lo que queda de tu desayuno también. Tenemos que irnos.
-Yo nunca dije
que posaría para usted. No me cae bien.
-Ni a ti ni a
nadie. ¡Y por supuesto que vas a posar para mí! -Su voz se volvió más profunda
con el sarcasmo-. La gente hace cola para tener ese honor.
-Pinte a Rocío.
Fíjese en sus ojos.
Jenner la
estudió. Rocío pestañeó intencionadamente.
-Son bastante
extraordinarios -dijo el pintor-. Su rostro se está volviendo interesante, pero
todavía no ha vivido lo bastante para ser realmente fascinante.
-Eh, no hable de
mí como si yo no estuviera delante.
Jenner levantó
una ceja oscura hacia Rochi, y luego llevó de nuevo su atención hacia Julia.
-¿Es sólo
conmigo, o eres tan testaruda con todo el mundo?
-No soy
testaruda. Simplemente protejo su reputación de artista infalible. Tal vez si
volviera a tener veinte años, posaría para usted, pero...
-¿Y por qué iba a
interesarme a mí pintarte cuando tenías veinte años? -Jenner parecía
auténticamente perplejo.
-Vamos, creo que
eso es evidente -dijo Julia sin pensarlo.
Jenner la estudió
unos instantes, con una expresión difícil de interpretar. Luego sacudió la
cabeza.
-Por supuesto.
Nuestra obsesión nacional por la demacración. ¿No eres ya un poco mayor para
seguir tragándote eso?
Julia plantó una
sonrisa perfecta en su cara mientras se levantaba de la silla.
-Por supuesto.
Gracias por el desayuno, Rocío. Adiós, señor Jenner.
El pintor la
siguió con la mirada mientras salía de la cocina con paso majestuoso. Rochi se
preguntó si él habría notado la tensión que cargaba Julia sobre sus hombros.
Le dejó con sus
propios pensamientos mientras se terminaba el café. Cuando terminó, Jenner
recogió los platos de la mesa y los llevó al fregadero.
-Son las mejores
tortitas que he comido en muchos años.
Dime qué te debo.
-¿Qué me debe?
-Esto es un
establecimiento comercial -le recordó.
-Ah, sí. Pero no
hay nada que cobrar. Ha sido un placer.
-Pues gracias.
Jenner
se giró para marcharse.
-Señor
Jenner.
-Puedes
llamarme Liam.
Ro
sonrió.
-Ven a desayunar
siempre que quieras. Puedes colarte por la cocina.
-Gracias, tal vez
lo haré -asintió lentamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario