Media hora más
tarde, mientras Rochi colocaba el último de sus bollos de albaricoque en un
cesto de mimbre, apareció Amy y le anunció que Troy y ella se quedarían en el
dormitorio que Gastón había abandonado arriba para mudarse a la casita de Rochi.
-Alguien tiene
que dormir aquí por las noches -explicó Amy-, y Gastón ha dicho que nos
pagaría un extra. Es fantástico, ¿no?
-Está muy bien.
-Claro que no
podremos hacer ruido, pero...
-Trae la
mermelada, ¿quieres?
Ro no podía
soportar seguir oyendo más detalles de la vida sexual de campeonato de Amy y
Troy.
Pero Amy no
quería abandonar, y mientras se acercaba a Rocío con la mayor seriedad, la luz
mantecosa del sol de última hora de la tarde salpicó su cuello lleno de
mordiscos de amor.
-Me parece que
las cosas entre Gas y tú podrían funcionar si tú, simplemente, te esforzaras
un poco más. Lo del perfume iba en serio. El sexo es muy importante para los
hombres, y basta que utilices un poco...
Rocío le dejó los
bollos a Amy y salió a toda prisa hacia la sala de estar.
Más tarde, cuando
regresó a la casita, gas ya estaba allí. Estaba sentado en el viejo sofá
inclinado de la sala con Cafre repantigado
en el cojín, junto a él. Tenía los pies apoyados y un libro abierto en su
regazo. Aunque parecía como si no tuviera preocupaciones en el mundo, Rochi
sabía la verdad.
Gas alzó la
mirada al oírla entrar.
-Me gusta el
personaje de Benny.
A Rochi le dio un
vuelco el corazón al ver que estaba leyendo Daphne dice hola. Y tenía a
su lado los otros cuatro libros de la serie.
-¿De dónde los
has sacado?
-Anoche, cuando
fui al pueblo. Hay una tienda para niños; básicamente es de ropa, aunque
también venden libros y juguetes. Y tenían éstos en el escaparate. La dueña se
emocionó bastante cuando le conté que tú estabas aquí. Este personaje de Benny...
-dijo golpeando la página con su dedo índice.
-Son libros para
niños. No sé por qué te molestas en leerlos.
-Curiosidad.
¿Sabes?, hay un par de cosas sobre este Benny que me resultan familiares. Por
ejemplo...
-¿Ah, sí? Pues
gracias. Aunque son totalmente imaginarios, intento darles a mis personajes
unas cualidades con las que pueda sentirse identificado el lector.
-Sí, bueno, yo me
puedo sentir identificado con Benny, claro -dijo mirando un dibujo de Benny
luciendo unas gafas de sol muy parecidas a sus Rayban de montura plateada-. Hay
algo que no entiendo... La dueña de la tienda me dijo que habían recibido
algunas presiones de una de sus clientas para quitar los libros del aparador
porque eran pornográficos. Dime qué me he perdido.
Cafre bajó finalmente de un salto del sofá y se acercó a saludarla. Rochi
se agachó para acariciarlo.
-¿Has oído hablar
de NHAH? ¿Niños Heterosexuales por una América Heterosexual?
-Claro. Le
encuentran placer a ir fastidiando a gays y lesbianas. Todas las mujeres llevan
el pelo largo y a los hombres se les ven demasiado los dientes cuando hablan.
-Exactamente. Y
justamente ahora van fastidiando a mi conejita.
-¿Qué quieres
decir?
Cafre volvió trotando hacia Gastón.
-Han tachado la
serie de Daphne de propaganda homosexual.
Gastón se echó
a reír.
-No es broma. No
le habían prestado ninguna atención a mis libros hasta que nos casamos, pero
después de tantas historias sobre nosotros en la prensa, decidieron subirse al
carro de la publicidad para ir a por mí.
Rocío se encontró
contándole su conversación con Jimena y los cambios que Birdcage quería que
hiciera en los libros de Daphne.
-Supongo que les
dirías dónde podían meterse exactamente los cambios.
-No es tan
sencillo. Tengo un contrato, y han apartado Daphne se cae de bruces de la
lista de producción hasta que les envíe las nuevas ilustraciones. -No mencionó
lo del resto del dinero del anticipo que le debían-. Además, tampoco es que
colocar a Daphne unos centímetros más lejos de Melissa vaya a afectar a la
historia.
-Entonces, ¿por
qué todavía no has hecho los dibujos?
-He
tenido problemas de... de bloqueo de escritora. Aunque la cosa ha mejorado
mucho desde que estoy aquí.
-Entonces,
¿los harás?
A Ro no le gustó
el tono de desaprobación de su voz.
-Es fácil
mantener los principios cuando tienes unos millones de dólares en el banco,
pero no los tengo.
-Ya.
Rochi se levantó
y se dirigió a la cocina. Mientras sacaba una botella de vino, Cafre se restregó contra sus
tobillos. Oyó que Gastón entraba detrás de ella.
-Ya volvemos a
beber, ¿eh?
-Eres lo bastante corpulento como para desembarazarte
de mí si me desmadro.
-Pero procura que
no pueda lesionarme el brazo de dar pases.
Rochi sonrió y
escanció. Gas tomó el vaso que ella le ofreció y, sin tener que mediar palabra,
salieron juntos al porche. El columpio chirrió cuando Gastón se dejó caer
junto a ella. Tomó un sorbo de vino y le dijo:
-Eres
una buena escritora, Rochi. Comprendo que a los niños les gusten tus libros.
Cuando dibujas a Benny, ¿no has notado nunca lo mucho que...?
-¿Qué ha pasado
entre mi perro y tú?
-Ya
me gustaría saberlo -dijo bajando la vista hacia el caniche, que se había
tumbado sobre uno de sus pies-. Me ha seguido hasta aquí desde la casa de
huéspedes. Créeme, yo no le he dado cuerda.
Rochi
recordó que, en el huerto de plantas aromáticas, Cafre había notado el desasosiego que Gas había sentido
con Julia. Aparentemente, se había creado un vínculo entre ellos, sólo que Gas
no se había enterado.
-¿Cómo tienes la
pierna? -preguntó.
-¿La pierna?
-¿Algún efecto
posterior del calambre?
-Está...
Me duele un poco. Mucho. Unos pinchazos constantes. Y muy dolorosos. Tendré
que tomar antiinflamatorios. Aunque seguro que mañana ya estará mejor.
-Se
acabó el nadar sola, ¿entendido? Va en serio. Ha sido una estupidez -dijo
apoyando el brazo en la parte posterior de los cojines y lanzándole una mirada
de «hablo-muy-en-serio-insignificante-novato». Y, ya puestos, no intimes
demasiado con Julia.
-No
creo que tengas que preocuparte por eso. Por si no lo has notado, no me tiene
en demasiada estima. Aun así, creo que deberías escucharla.
-Pues
no lo haré. Es mi vida, Ro, y tú no entiendes nada sobre esto.
-Eso no es del
todo cierto -dijo con cautela-. Yo también soy huérfana.
Gastón retiró el
brazo.
-Nadie te llama
huérfano cuando ya eres mayor de edad.
-El caso es que
mi madre murió cuando yo tenía dos años, así que algo entiendo sobre sentirse
desarraigado.
-Nuestras
circunstancias no se parecen en nada, así que no trates de establecer
comparaciones -dijo mirando hacia el bosque-. Yo tuve dos padres fantásticos.
Tú no tuviste ninguno.
-Tuve a Mery y
Nico.
-Entonces ya eras
adolescente. Antes de eso, parece que te criaste sola.
Gas estaba
desviando deliberadamente la conversación. Rochi lo comprendió y se lo permitió.
-Sola con Julia
Medina.
-¿De qué hablas?
-Yo era una fan
suya, y sabía que tenía muchos hijos. Solía hacerme pasar por una de ellos
-dijo sonriendo al ver el regocijo de Gastón-. Aunque haya quien pueda encontrarlo
patético, yo creo que era bastante creativo.
-Es original, sin
duda.
-Entonces soñaba
despierta con una muerte piadosamente indolora para Bartolomé, momento en el
que me era mágicamente revelado que en realidad no era mi padre. Mi padre de
verdad era...
-A ver si lo
adivino. Bill Cosby.
-No estaba tan
bien adaptada. Era Bruce Springsteen. Y sin comentarios, ¿vale?
-¿Para qué iba a hacer comentarios si Freud ya
hizo el trabajo?
Rochi arrugó la
nariz. Estaban sentados en un silencio sorprendentemente amigable, que sólo
rompían los rítmicos ronquidos de Cafre. Pero a Rochi nunca se le había dado
bien prolongar los buenos momentos.
-Sigo pensando
que deberías escucharla.
-No se me ocurre
un solo motivo para hacerlo.
-Porque no se
marchará hasta que la escuches. Y porque será algo que planeará sobre tu cabeza
el resto de tu vida.
Gas dejó su vaso.
-Tal vez te
obstinas tanto en analizar mi vida para no deprimirte pensando en tus propias
neurosis.
-Probablemente.
Gastón se levantó
del columpio.
-¿Qué me dices de
ir al pueblo a cenar?
Aquel
día ya había pasado demasiado tiempo junto a él, pero no pudo soportar la idea
de quedarse sola mientras él iba al pueblo a echar una canita al aire con la fräulein.
-De acuerdo.
Déjame ir a por un jersey.
Mientras
se dirigía a su dormitorio, Rochi se repitió lo que ya sabía. Salir a cenar con
él era una idea pésima, tan pésima como estar los dos juntos tomando vino en
el porche. Casi tan pésima como no insistir en que él durmiese bajo otro techo.
Aunque
no le importaba impresionarle, decidió que un chal quedaría mejor con su
vestido de verano que un jersey, y sacó de un tirón el brillante mantel rojo
que había descubierto en el cajón inferior de la cómoda. Mientras lo
desplegaba, advirtió algo extraño en la mesilla de noche, algo que no estaba
allí antes y que sin ninguna duda no era suyo.
-¡Aaaaaargh!
Gastón entró
disparado en la habitación.
-¿Qué sucede?
-¡Mira eso! -dijo
señalando el botellín de perfume de supermercado-. ¡La muy... marrana me meto en
todo!
-¿De qué estás
hablando?
-¡Amy ha dejado aquí
ese perfume! -exclamó dándose media vuelta para mirarle-. ¡Muérdeme!
-¿Por
qué te enfadas conmigo? Yo no he hecho nada.
-¡No!
Muérdeme. Déjame un chupetón aquí-dijo señalándose con el dedo un punto a
pocos centímetros de la clavícula.
-¿Quieres
que te haga un chupetón?
-¿Estás
sordo?
-Sólo
estupefacto.
-No se lo puedo
pedir a nadie más, y no me es posible seguir soportando ni un día más los
consejos matrimoniales de una ninfómana de diecinueve años. Con esto se acabará
todo.
-La verdad es que
con unas patatas fritas serías un auténtico «Happy Meal».
-Adelante.
Búrlate de mí. A ti no te trata con la misma condescendencia que a mí.
-Olvídalo.
No pienso hacerte un chupetón.
-Vale.
Ya me buscaré a otro que lo haga.
-¡Ni
hablar!
-Tiempos
desesperados exigen medidas desesperadas.
Se lo pediré a Jacinta.
-Qué
desagradable.
-Ya sabe cómo se
comportan los tortolitos. Lo comprenderá.
-Sólo de pensar
en esa mujer mordiéndote el cuello se me ha quitado el apetito. ¿Y no te dará
vergüenza ir enseñando el moratón cuando haya otra gente cerca?
-Me
pondré algo que tenga cuello para ocultarlo.
-Y
cuando veas a Amy te lo destaparás.
-Vale, no me
siento orgullosa de mí misma. Pero si no hago algo, acabaré estrangulándola.
-Sólo es una
adolescente. ¿Por qué te importa tanto?
-Bueno, olvídalo.
-¿Y tener que
verte correr detrás de Jacinta Long?
-Su
voz adquirió cierta ronquera-. De eso nada.
Rochi tragó
saliva.
-¿Lo harás tú?
-Supongo que
tengo que hacerlo.
«Ay, madre...» Rochi
cerró los ojos con fuerza e inclinó el cuello hacia él. El corazón le latía
fuerte. ¿Qué se suponía que estaba haciendo?
Nada,
aparentemente, porque él no la tocaba. Rocío abrió los ojos y pestañeo
-¿No podrías
darte prisa?
Gas
no la tocaba, pero tampoco se apartaba. Santo cielo, ¿por qué tenía que ser
tan atractivo? ¿Por qué no podía tener la piel arrugada y un buen barrigón en
lugar de ser un anuncio ambulante de cuerpos atléticos?
-¿A qué esperas?
-No
le he hecho un chupetón a una chica desde los catorce.
-Estoy segura de
que te acordarás si te concentras.
-El problema no
es la concentración.
La
chispa de aquellos ojos verdes indicaba que el comportamiento de Ro estaba
justo en el límite entre la excentricidad y la locura. Su estallido de
mal genio se había disipado. Tenía que salir de aquella situación.
-Bah, no importa.
Rocío
se volvió para marcharse, pero Gas la cogió por el brazo. Al notar
el tacto de los dedos de Gastón sobre su piel se estremeció.
-Yo
no he dicho que no vaya a hacerlo. Sólo tengo que calentarme un poco.
Aunque hubiera tenido fuego en los
pies, Rochi no podría haberse movido.
-No
puedo simplemente embestir y morder. -El pulgar de Gastón le
acarició el brazo-. No va conmigo.
A Rochi
se le puso la carne de gallina cuando Gas recorrió su cuello con un dedo.
-No
pasa nada. Embiste y muerde-dijo con voz áspera.
-Soy un
deportista profesional -dijo mientras trazaba lentamente una S en la base de
su garganta. Sus palabras eran como una caricia seductora-. La ausencia de un
calentamiento adecuado puede provocar lesiones.
-Así que era eso,
¿eh? Las... lesiones.
Gastón no respondió, y Rocío
contuvo la respiración al notar que su boca se acercaba. Tuvo un sobresalto
cuando los labios de Gas acariciaron la comisura de los suyos.
Ni siquiera había sido un
impacto directo, pero a ella se le derritieron los huesos. Oyó un sonido suave
e indescifrable y se dio cuenta de que lo producía ella misma, la mujer más
fácil del planeta Tierra.
Gastón la acercó a su
lado con un movimiento suave, pero el contacto hizo saltar chispas. Hueso duro
y carne caliente. Rochi quería toda su boca, y giró la cabeza en su busca,
pero él alteró el rumbo. En vez de darle el beso que ella estaba deseando, Gas tocó
la comisura opuesta de sus labios.
La sangre de Ro
palpitaba. Los labios de Gastón siguieron por la mandíbula hasta el cuello.
Entonces se dispuso a hacer exactamente lo que ella le había pedido.
« ¡He cambiado de idea!
¡No me muerdas, por favor!»
Gastón no la mordió.
Jugueteó con su garganta hasta que su respiración se volvió rápida y
superficial. Rochi le detestó por atormentarla de aquella manera, pero no
lograba apartarse de él. Y entonces, Gas dio por finalizado el juego y la besó
de verdad.
El mundo giró y todo se
volvió patas arriba. Los brazos de Gastón la mecían como si ella le
perteneciera realmente. Ro no supo quién separó antes los labios, pero sus lenguas
se tocaron.
Era el beso dado en
sueños solitarios. Un beso que requería su tiempo. Un beso que sentaba tan
bien que Rochi no podía recordar todos los motivos por los que estaba mal.
La
mano de Gas peinó sus cabellos, y sus duras caderas se apretaron contra las de
Rocío. Notó lo que había provocado en él y le encantó. Sintió un hormigueo en
el pecho cuando Gas lo cubrió con la mano.
Gastón gritó y apartó
bruscamente la mano.
-¡Maldita sea!
Rocío dio un paso atrás e
instintivamente comprobó que a su pecho no le hubieran salido dientes. Pero no
era su pecho. Gas miró hacia abajo: los afilados colmillos de Cafre apretaban su pierna.
-¡Quita, chucho!
Ro volvió de golpe y
porrazo a la realidad. ¿Qué se suponía que hacía jugando a besitos con el señor
Demasiado Atractivo? Y ni siquiera podía culparle porque las cosas se hubieran
salido de madre porque había sido ella la que lo había empezado.
-Basta, Cafre.
Desconcertada, Ro apartó
al perro.
-¿Nunca le limas los
dientes al «klingon»?
-No te estaba atacando.
Sólo quería jugar.
-¿Sí? ¡Pues igual que yo!
Un largo silencio palpitó
entre ellos.
Rochi quería que fuera él
el primero en apartar la mirada, pero no lo hizo, así que ella miró hacia
atrás. Era desconcertante. Mientras ella parecía que se escondiera bajo las
sábanas, Gas parecía perfectamente capaz de quedarse en pie toda la tarde y
considerar detenidamente el asunto. Rochi todavía sentía el calor de su mano en
el pecho.
-Esto se está complicando
-dijo Gastón finalmente.
Tenía enfrente a la NFL,
así que no dio importancia a que se le aflojaran las piernas.
-No para mí. Besas muy
bien, por cierto. Muchos deportistas no entienden la diferencia entre besar y
morder.
-Nunca
dejas de discutir, Daphne. ¿Qué hacemos? ¿Vamos a que nos den de cenar? ¿O
volvemos a probar lo del chupetón que tanto deseas?
-Olvídate
del chupetón. A veces la cura es peor que la enfermedad.
-Y a veces las conejitas
se convierten en gallinas.
Rochi no iba a ganar ese
juego, así que alzó la nariz como la rica heredera que no era, tomó el mantel
rojo y se lo envolvió sobre los hombros.
que aguafiestas Cafre! jajaja
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