miércoles, 16 de mayo de 2012

Capitulo 003 - (LIBRO 02)

Rocío:
Sé que ha pasado mucho tiempo. Espero que no hayas estado revisando tu correo electrónico todo este tiempo esperando saber de mí; mi cuenta de Mandalay fue jaqueada, obviamente, y monitorean nuestra computadora central de la Cruz Negra.
Pero no parece que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que hablamos. A veces siento que estoy hablando contigo todo el tiempo, cada segundo, y tengo que recordarme que tu no estas aquí para oírme, sin importar cuánto desee que lo estés.

No hay mucho sobre el verano a decir verdad. Fuimos a México por un par de meses, pero no hubo vóley en la playa o Coronas por una larga cacería. De hecho, la mitad del tiempo la pasé durmiendo en la parte trasera de la camioneta. Juro por Dios que todavía puedo sentir las lomas de metal contra mi espalda. No fue divertido.


Gastón no explicó por qué estaba en México, o quiénes eran los que habían ido con él. No lo hizo porque no era necesario; yo ya lo sabía. La Cruz Negra había viajado allí en una caza de vampiros. La mayoría del tiempo, hacía un buen trabajo olvidando que el hombre al que amaba era un miembro de la Cruz Negra. Pero todavía pensaba que esa era la razón que separaba al mundo en dos mitades: la de él y la mía.
La madre de Gastón se convirtió en miembro de la Cruz Negra antes de que él naciera, por lo que fue unido al grupo, la única familia que había conocido. Le habían enseñado desde niño que los vampiros eran malos, y que matarlos era lo correcto.
Pero Gastón había aprendido que las cosas no eran así de simples. Aunque él se había enamorado de mí antes de saber que yo era hija de vampiros o de que algún día sería una de ellos, la verdad no había cambiado sus sentimientos. Nada me había sorprendido o conmovido tanto hasta el momento en que Gastón dijo que todavía me quería con él, que todavía me creía. Incluso después de que bebiera su sangre.

Si estás leyendo esto, significa que los vampiros no están hurgando entre las cosas de Nicolás. Obviamente, Nicolás no sabe que es lo que realmente pasa en Mandalay o que está tratando con vampiros. Eso significa que no es correcto ponerlo en peligro con algunas pequeñas notas de vez en cuando de las cuales nos podríamos deshacer. Pero eso no es lo que quiero yo, ni lo que quieres tú.

Oh, no! Me paré de repente, sujetando con tanta fuerza los papeles entre las manos, que se arrugaron todos. ¿Gastón quería decir que era demasiado arriesgado para nosotros estar cerca? ¿Que no nos podríamos volver a ver el uno al otro nunca más?

Si fuera un hombre mejor y más fuerte, debería alejarme de ti. Sé que te estoy pidiendo que estés en contra de tus padres, y con la señora Bethany siguiendo tus pasos, incluso que estés leyendo esta pequeña nota te pone en peligro. Debería ser fuerte y dejarte.
Pero no puedo, Rocío. He estado tratando de hacerlo durante semanas, y simplemente no puedo. Tengo que verte de alguna manera. Pronto, espero, porque no creo que pueda soportarlo durante mucho tiempo más.

Estaremos volviendo a Massachusetts pronto, no muy lejos de Riverton. Parece que algunos de nosotros vamos a estar vigilando alrededor de Amherst por el fin de Septiembre. No sé cuanto estaremos allí, pero creo que no será mucho.
¿Hay alguna manera de que puedas ir hasta Amherst la primera semana de Octubre? Si es así, nos encontraremos a la medianoche en la estación de Amherst, la noche del viernes o del sábado. Esperaré las dos noches si es necesario.
Creo que estaré fuera de base allí. Hace mucho tiempo desde que no nos vemos o hablamos; asique es posible que tu ya no sientas lo mismo por mí. Seguramente tus padres han trabajado en ti el concepto de la mala influencia que la Cruz Negra y yo representamos para ti; pero no puedo culparte. Además, una chica tan bonita no podría estar sola tanto tiempo… Tal vez estés con alguien más ahora, como ese chico Victorio.


Recordando el sutil flirteo de Victorio esta mañana y mi actitud con él, me sentí responsable,  me sentí muy mal de repente; ya que Gastón había estado peor de lo que yo había admitido.


Si así es como las cosas son ahora, no puedo decir que estoy feliz por ti, porque “feliz” no es como me sentiría. A pesar de todo, lo entiendo. Te lo juro, sólo escríbeme en Amherst para que sepa…
Pero yo me siento de la misma manera que antes. Todavía te amo, Rocío. Pienso en ti y te amo más de lo que lo hice cuando nos dijimos adiós, y nunca podría haber imaginado que eso era posible. Si hay alguna oportunidad de que todavía sientas lo mismo, también, tengo que luchar.
De acuerdo, leyendo esta carta siento que no he dicho nada de lo que quería decir. No soy muy bueno con las letras. Creo que ya te has dado cuento, no? Si vienes a Amherst, te juro que encontraré las palabras adecuadas para decir. O tal vez no necesite palabras totalmen
te.
Te amo.
Lucas.


Pestañé rápidamente para aclarar mis ojos llorosos. La carta se sacudió entre mis temblorosos dedos, y mi corazón se sintió como un tabor debajo de mi piel. En ese momento podría haber salido corriendo hacia Amherst, a través de la ruta y de las villas, y haber llegado en minutos – no, en segundos – si solamente supiera cómo; tal vez podría acallar mis ojos y desear estar allí. Lo quise desesperadamente. A pesar de todo, el vínculo entre nosotros dos era muy frágil, solo estábamos conectados a través de papelitos contrabandeados y la promesa de vernos. Era todo lo que podíamos tener, porque probablemente Gastón estaba en lo cierto acerca del monitoreo de nuestros correos electrónicos.
Para su total tranquilidad, la señora Bethany era una experta en todo tipo de tecnologías que le permitieran mantener el control total sobre la escuela. Sin duda el señor Yee los había jaqueado y la directora podía leer todas las cuentas de e-mails del colegio.
Ahora, estar conectado por el mail sonaba como algo imposible ahora que tenía la carta de Lucas en mis manos. Él había apretujado las páginas dentro de una estampa de bienvenida, y una muy inusual: sin mensajes escritos y con una foto de la constelación de Andrómeda. Gastón debió comprar algo como esto en un museo o un planetario. El recordaba como yo amaba las estrellas.
Reírme en el suelo me hiso ver y sentir mejor. Eugenia y algunos de sus amigos paseaban juntos al borde del césped, riéndose como si fueran estudiantes humanos. Seguramente ese era su punto.
El último año había estado tan intimidada por su presencia. Ahora parecía tan insignificante como un zumbido volador en un picnic.
De todas maneras, su presencia me recordó que la mayoría de los vampiros de Mandalay sabían sobre la Cruz Negra y sobre Gastón. La carta que tenía en mis manos era la evidencia de que estaca comunicándome “con el enemigo”. Tendría que destruirle. Y pronto.
Por lo menos Gastón había elegido una imagen que podría ver siempre que quisiera por mi misma, una que nadie podía alejar.

– Esta es Andrómeda – le dije a Candela apuntando al cielo.
Estábamos tendidas en los jardines luego de cenar nuestra cena regular. Hacíamos unos sándwiches de atún en nuestro dormitorio y luego de que Candela se durmiera, yo tenía que encontrar el modo de poder beber unos sorbos de la sangre que tenía en termos en mi cabina de ropa.
Día uno y mi tiempo de alimentación ya estaba complicada, tendría que hacer algo.

– ¿Andrómeda? – dijo Candela forzando la vista hacia arriba. Tenía el mismo descolorado sweater negro que había usado el año pasado – Esa es de la Mitología Griega, verdad? Recuerdo el nombre, pero nada más acerca de ella.
– Víctima del sacrificio, Perseo al rescate, la cabeza de Medusa, bla, bla – Nicolás se acercaba con sus manos en los bolsillos – Hey, ustedes ¿conocen a mi compañero de habitación?
Mis ojos se desorbitaron cuando me giré para ver a la figura al lado de Nicolás.
– ¿Julián?
Julián agitó su mano en un gesto tímido. Su sofisticado cabello negro todavía tenía ese corte de tazón que llevaba el año anterior  y, probablemente, desde miles de años antes que eso. Modernidad era un concepto olvidado y desconocido para él; cada clase era un reto para su comprensión, y no llegaba a absorber nada de esas simples clases. ¿Y Julián era el hombre vampiro escogido para compartir su habitación con un humano? ¿En qué podría haber estado pensando la señora Bethany?
– Hey, Julián –  Candela no se paró para ofrecer su mano para saludar, pero para ser ella, incluso el hablar con un extraño era un inicio bastante amistoso – Recuerdo haberte visto alrededor el año pasado. Te ves ben; no como Eugenia y su despreciable patrulla.
Claramente Julián no sabía cómo reaccionar a eso. Luego de un momento de vacilación, él simplemente asintió. Por lo menos había aprendido a fingir.
– Mirando las estrellas, eh? – Nicolás se desplomó detrás de nosotras sobre la hierba, con su usual irregular sonrisa – Había olvidado que estaban en esto.
– Si alguna vez hubieras visto mi telescopio nunca lo hubieras olvidado.
– ¿Grande?
– Enorme – dije con gusto. Mi telescopio era una de mis más preciadas posesiones –Ojala lo hubiera bajado esta noche. El cielo está increíblemente limpio.
Nicolás levantó un dedo hacia el cielo y trazó un pequeño garabato.
– Y esa es Andrómeda, cierto? – Asentí – ¿La ves Julián?”
– ¿Formas en el cielo? – Aventuró Julián sentándose tímidamente con nosotros.
– Si, las constelaciones. ¿Necesitas que te las señalemos?
– Cuando miro el cuelo, no veo formas – dijo pacientemente Julián –veo espíritus de los que murieron antes que nosotros, mirándonos todo el tiempo
Me tensé esperando que los demás hagan preguntas que Julián nunca podría responder.
Candela simplemente puso sus ojos en blanco, y Nicolás asintió despacio como si lo procesara .
– Eso fue profundo, tio
Julián tuvo que pensar una respuesta apropiada.
– Tú también eres profundo Nicolás.
– Gracias – Nicolás palmeó el hombro de Julián.
Luchando contra las risas, rodé mis ojos nuevamente hacia las estrellas. La señora Bethany no había elegido a Julián para compartir un cuarto con un humano, había elegido a Nicolás para vivir con un vampiro. Aparentemente ella había supuesto que Nicolás no se alarmaría con los hábitos de sus compañeros de cuarto.
Una vez más ella había probado lo intuitiva que era y lo bien que nos entendía a todos, incluso a Nicolás. En ese momento me puso feliz el hecho de haber destruido la carta de Gastón y la postal. Quería conservarlas por siempre, pero era demasiado arriesgado. Mientras tanto, todavía miraba las estrellas.
Tracé la forma de Andrómeda una y otra vez en el cielo nocturno. Octubre parecía estar a miles de años lejos; nunca podría estar lo suficientemente cerca.

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