A
los estudiantes no se les permite tener vehículos en la academia Mandalay. Para
empezar, yo no tenía coche, pero tampoco podía pedir a un amigo que me
llevabara.
– ¿Por qué los estudiantes no están autorizados a tener coches? – Le pregunté a Victorio en voz baja mientras caminaba a mi clase de inglés, en uno de los primeros días de escuela – Mucha gente aquí han de conducir los coches, siempre que hayan coches que conducir. Pensarías que la Sra. Bethany confiaría en ellos al volante.
– ¿Por qué los estudiantes no están autorizados a tener coches? – Le pregunté a Victorio en voz baja mientras caminaba a mi clase de inglés, en uno de los primeros días de escuela – Mucha gente aquí han de conducir los coches, siempre que hayan coches que conducir. Pensarías que la Sra. Bethany confiaría en ellos al volante.
–
Estás olvidando que Mandalay existía
desde mucho antes que el automóvil – Victorio me miró, en uno de esos momentos inoportunos que me
recordaron que él era casi un pie más alto que yo – Cuando la escuela fue
fundada, cada uno tenía caballos y carruajes, que son mucho más problemas para
almacenar que los coches. Los caballos tienen que ser alimentados, y sus
establos tienen que ser al cabo hacia fuera.
–
Tenemos caballos en los establos
–
Tenemos seis caballos. No trescientos. Es una gran diferencia cuando se trata
de alimentarlos
– … y limpiar los establos – terminé por él, haciendo una cara.
– Exactamente. Aparte de que se creaban muchas enemistades cuando a la gente le entraba el hambre y se quitaba el gusanillo hincándole el diente a una montura que no era suya.
– … y limpiar los establos – terminé por él, haciendo una cara.
– Exactamente. Aparte de que se creaban muchas enemistades cuando a la gente le entraba el hambre y se quitaba el gusanillo hincándole el diente a una montura que no era suya.
–
Me lo imagino – Pobres caballos – Aun así, no creo que a nadie se le ocurriera
hincarle el diente a un Toyota. Y hay mucho espacio alrededor, aquí, donde la
gente podía estacionarse. Entonces, ¿por qué no ha cambiado la Sra. Bethany las
reglas?
– ¿Sra. Bethany? ¿Cambiar una regla?
– Buen punto.
Sra. Bethany presidia su aula como un juez presidia el tribunal: escrutando a todos los presentes, vestida de negro e incuestionablemente al mando.
– ¿Sra. Bethany? ¿Cambiar una regla?
– Buen punto.
Sra. Bethany presidia su aula como un juez presidia el tribunal: escrutando a todos los presentes, vestida de negro e incuestionablemente al mando.
–
Shakespeare – dijo, la voz retumbo en toda el aula. Cada uno de nosotros tenía
una edición de cuero de los trabajos completos de Shakespeare delante de
nosotros – Incluso los menos cultos de ustedes han estudiado sus obras en algún
momento.
¿Estaba yo imaginando cosas, o Sra. Bethany me miró cuando dijo "menos educados"? Viendo la sonrisa de satisfacción de Eugenia, tal vez yo no estaba imaginando. Me encogí en mi pupitre con la vista clavada en la tapa del libro.
– Como todos ustedes ya conocen de Shakespeare, puede preguntar con razón ¿por qué aquí? ¿por qué de nuevo? – La Señora Bethany gesticulo al hablar, y sus largas y combadas uñas me recordaron garras – En primer lugar, una comprensión profunda de Shakespeare ha sido uno de los fundamentos de la cultura occidental durante siglos y podemos esperar que lo seguirá siendo durante varios siglos más.
La educación en Mandalay no tenia como propósito prepararte para la universidad ni siquiera para hacer de usted alguien más inteligente o más feliz. Se pretende llevar a los estudiantes a través de la larga e imposible vida de los muertos. Aquella eternidad era algo que yo intentaba imaginarme desde que era pequeña y supe que no era como los demás niños del jardín de infancia.
– En segundo lugar, estas obras han sido interpretadas de diversas maneras desde que fueron escritas. Shakespeare era un artista popular en su tiempo, entonces él era un poeta y artista cuyas obras estaban destinadas a ser leídas por los estudiosos, no disfrutados por las masas. En los últimos ciento cincuenta años, obras de Shakespeare han reaparecido en el teatro. Aunque su lengua llega a ser más extranjera al oído moderno, sus temáticas nos tocan muy de cerca, a veces de formas que ni el propio Shakespeare habría imaginado.
Aunque la voz de la Sra. Bethany siempre me pone los nervios de punta, no pude evitar sentirme animada por el hecho de que fuéramos a centrarnos en Shakespeare este año. Mis padres eran grandes aficionados a Shakespeare, papá incluso lo había ido a ver en unas cuantas obras, en los días en que William Shakespeare fue un dramaturgo sólo entre muchos que luchaban por la audiencia en Londres. De ahí que yo me supiera de memoria el canto fúnebre de Cimbelina antes de cumplir los diez años, visto Romeo y Julieta en DVD unas veinte veces, y tuviera sus sonetos entre mis libros de cabecera. La Sra. Bethany podría ponerme las cosas difíciles este año, pero al menos estaría preparada para cualquier traba que me pusiera.
Una vez más, ella parecía haber escuchado mis pensamientos. Paseándose junto a mi escritorio, donde podía oler el aroma de lavanda que siempre parecía rodearla, la Sra. Bethany dijo:
¿Estaba yo imaginando cosas, o Sra. Bethany me miró cuando dijo "menos educados"? Viendo la sonrisa de satisfacción de Eugenia, tal vez yo no estaba imaginando. Me encogí en mi pupitre con la vista clavada en la tapa del libro.
– Como todos ustedes ya conocen de Shakespeare, puede preguntar con razón ¿por qué aquí? ¿por qué de nuevo? – La Señora Bethany gesticulo al hablar, y sus largas y combadas uñas me recordaron garras – En primer lugar, una comprensión profunda de Shakespeare ha sido uno de los fundamentos de la cultura occidental durante siglos y podemos esperar que lo seguirá siendo durante varios siglos más.
La educación en Mandalay no tenia como propósito prepararte para la universidad ni siquiera para hacer de usted alguien más inteligente o más feliz. Se pretende llevar a los estudiantes a través de la larga e imposible vida de los muertos. Aquella eternidad era algo que yo intentaba imaginarme desde que era pequeña y supe que no era como los demás niños del jardín de infancia.
– En segundo lugar, estas obras han sido interpretadas de diversas maneras desde que fueron escritas. Shakespeare era un artista popular en su tiempo, entonces él era un poeta y artista cuyas obras estaban destinadas a ser leídas por los estudiosos, no disfrutados por las masas. En los últimos ciento cincuenta años, obras de Shakespeare han reaparecido en el teatro. Aunque su lengua llega a ser más extranjera al oído moderno, sus temáticas nos tocan muy de cerca, a veces de formas que ni el propio Shakespeare habría imaginado.
Aunque la voz de la Sra. Bethany siempre me pone los nervios de punta, no pude evitar sentirme animada por el hecho de que fuéramos a centrarnos en Shakespeare este año. Mis padres eran grandes aficionados a Shakespeare, papá incluso lo había ido a ver en unas cuantas obras, en los días en que William Shakespeare fue un dramaturgo sólo entre muchos que luchaban por la audiencia en Londres. De ahí que yo me supiera de memoria el canto fúnebre de Cimbelina antes de cumplir los diez años, visto Romeo y Julieta en DVD unas veinte veces, y tuviera sus sonetos entre mis libros de cabecera. La Sra. Bethany podría ponerme las cosas difíciles este año, pero al menos estaría preparada para cualquier traba que me pusiera.
Una vez más, ella parecía haber escuchado mis pensamientos. Paseándose junto a mi escritorio, donde podía oler el aroma de lavanda que siempre parecía rodearla, la Sra. Bethany dijo:
– Prepárense para cuestionar cualquier idea
preexistente que puedan tener sobre la obra de Shakespeare. Aquellos de ustedes
que piensan que puede aprender todo acerca de las adaptaciones modernas de
película harían bien en pensar de nuevo.
Reflexione la posible necesidad de una nueva lectura de Hamlet hasta que la clase fue terminada. Cuando todos salíamos del salón de clases, vi a Eugenia andando hasta la Sra. Bethany, diciendo algo en voz baja, obviamente con la esperanza de que no fuera escuchada.
La Sra. Bethany no se dejó convencer
Reflexione la posible necesidad de una nueva lectura de Hamlet hasta que la clase fue terminada. Cuando todos salíamos del salón de clases, vi a Eugenia andando hasta la Sra. Bethany, diciendo algo en voz baja, obviamente con la esperanza de que no fuera escuchada.
La Sra. Bethany no se dejó convencer
–
No lo reconsiderare. Usted debe volver a enviar su informe Srta. Suarez, dado
que el que ha presentado es inapropiado.
– ¿Inadecuado? – Eugenia frunció sus labios como si la hubiesen insultado – Encontrar la manera de entrar en los mejores clubs en Miami, eso es muy importante!
– Bajo cierto estándar dudoso de la importancia, supongo que puede ser cierto. Usted no puede, sin embargo, presentar su informe en forma de números de teléfono garrapateados en servilletas de cóctel – Con eso, la Señora Bethany salió del cuarto.
Eugenia camino después de ella con enfado.
– ¿Inadecuado? – Eugenia frunció sus labios como si la hubiesen insultado – Encontrar la manera de entrar en los mejores clubs en Miami, eso es muy importante!
– Bajo cierto estándar dudoso de la importancia, supongo que puede ser cierto. Usted no puede, sin embargo, presentar su informe en forma de números de teléfono garrapateados en servilletas de cóctel – Con eso, la Señora Bethany salió del cuarto.
Eugenia camino después de ella con enfado.
–
Muy bien. Ahora tengo que escribir.
Deseaba que hubiera podido contar la historia a Raquel, quien detestaba a Eugenia tanto como yo y estaría probablemente de mal humor después del primer día en el internado que odiaba. En lugar de ello, nos quedamos el resto del día en nuestra habitación, hablando de todo excepto lo que había sucedido en las clases.
Por desgracia, esa noche, Candela salió del cuarto solo una vez. Su viaje al cuarto de baño me dio bastante tiempo para tomarme dos insuficientes tragos de sangre. Me puse más hambrienta y más hambrienta, y finalmente insistí para que Candela diera media vuelta apagado las luces temprano.
Una vez que finalmente parecía haberse dormido, me destapé y me levante sigilosamente de la cama. Candela no se movió. Cuidadosamente retire el termo de sangre de su escondite. Andando de puntillas en el vestíbulo eche un vistazo alrededor para asegurarme de que nadie más estaba encima. No había moros en la costa.
Consideré mis opciones antes de darme prisa por el pasillo hacia la escalera. Las escaleras de piedra eran frías por la noche, sobre todo teniendo en cuenta que yo sólo usaba un pijama de pantalón corto y una camisola de algodón. Sin embargo, el
frío era una de las razones de que nadie probablemente pudiera entrar de esa manera en la oscuridad de la noche y encontrarme bebiendo sangre.
– Tibio – pensé con repugnancia mientras que tomé el primer trago. La había calentado en el microondas esa mañana, pero ni tan siquiera el termo podía mantenerla caliente por mucho tiempo. No importaba. Cada bocado con sabor a hierro fluía en mí como energía eléctrica. Sin embargo, no fue suficiente.
– Ojala fuera de un ser vivo y estuviera más caliente.
Deseaba que hubiera podido contar la historia a Raquel, quien detestaba a Eugenia tanto como yo y estaría probablemente de mal humor después del primer día en el internado que odiaba. En lugar de ello, nos quedamos el resto del día en nuestra habitación, hablando de todo excepto lo que había sucedido en las clases.
Por desgracia, esa noche, Candela salió del cuarto solo una vez. Su viaje al cuarto de baño me dio bastante tiempo para tomarme dos insuficientes tragos de sangre. Me puse más hambrienta y más hambrienta, y finalmente insistí para que Candela diera media vuelta apagado las luces temprano.
Una vez que finalmente parecía haberse dormido, me destapé y me levante sigilosamente de la cama. Candela no se movió. Cuidadosamente retire el termo de sangre de su escondite. Andando de puntillas en el vestíbulo eche un vistazo alrededor para asegurarme de que nadie más estaba encima. No había moros en la costa.
Consideré mis opciones antes de darme prisa por el pasillo hacia la escalera. Las escaleras de piedra eran frías por la noche, sobre todo teniendo en cuenta que yo sólo usaba un pijama de pantalón corto y una camisola de algodón. Sin embargo, el
frío era una de las razones de que nadie probablemente pudiera entrar de esa manera en la oscuridad de la noche y encontrarme bebiendo sangre.
– Tibio – pensé con repugnancia mientras que tomé el primer trago. La había calentado en el microondas esa mañana, pero ni tan siquiera el termo podía mantenerla caliente por mucho tiempo. No importaba. Cada bocado con sabor a hierro fluía en mí como energía eléctrica. Sin embargo, no fue suficiente.
– Ojala fuera de un ser vivo y estuviera más caliente.
El
año pasado, María salía furtivamente todo el tiempo a escabullirse para la
captura de ardillas. ¿Podría hacer eso? Yo, siempre pensé que no podía. Cada
vez que lo había imaginado, no podía apartarme de la cabeza la imagen de su
pelo metiéndoseme entre los dientes. Puaj.
Cuando pensé sobre ello ahora, se sentía diferente. No pensaba sobre la piel o el rechinamiento o algo parecido a eso. En lugar de ello, pensé en el diminuto corazoncillo de la ardilla latiendo rapidísimo, como si pudiera notarlo palpitándome en la punta de la lengua. Y sería genial oír como le crujían todos los huesecillos cuando la mordiera, como palomitas de maíz haciéndose en el microondas…
Cuando pensé sobre ello ahora, se sentía diferente. No pensaba sobre la piel o el rechinamiento o algo parecido a eso. En lugar de ello, pensé en el diminuto corazoncillo de la ardilla latiendo rapidísimo, como si pudiera notarlo palpitándome en la punta de la lengua. Y sería genial oír como le crujían todos los huesecillos cuando la mordiera, como palomitas de maíz haciéndose en el microondas…
–
Acabo de pensar eso? Es asqueroso!
Es decir, pensaba que era asqueroso pero no sentía repugnancia. Todavía sentía a una ardilla viva como la cosa más deliciosa en la tierra, por debajo de la sangre humana.
Cerrando mis ojos, me acordé de el torbellino de sensaciones al beber la sangre de Gastón mientras yacía debajo de mí, abrazándome. Nada puede compararse con eso.
Algo crujió bajo la escalera.
–¿Quién está ahí? – dije, asustada. Mis palabras hicieron eco. Más tranquila repetí –¿Quién está ahí? ¿Alguien?
Una vez más, me parece haber oído: un sonido extraño de chisporroteo, como romper el hielo. El chisporroteo se acerco, como si viajara hasta las escaleras. Apresuradamente atornille la tapa de mi termo, de modo que ningún estudiante humano me vería beber sangre. Me metí en el pasillo y trate de averiguar qué podría estar causando ese sonido.
¿Había una niña furtivamente fuera de los dormitorios para un aperitivo, al igual que yo? El sonido se asemejaba a los chasquidos de los cubitos de hielo después de que caen en el agua. Luego me ahogue en una risita cuando me pregunte si sería algún chico, infiltrándose aquí para visitar a la chica que le gustaba. Tal vez ni siquiera fue una persona. Podría ser simplemente aquel edificio antiguo en respuesta al creciente frio otoñal.
Los crujidos se acercaron. El aire a mí alrededor se enfrió instantáneamente, como si se hubiera abierto una puerta de un congelador. Mi pelo estaba parado de punta, y la piel de gallina apareció en mis brazos. Mi respiración parecía niebla, y una vez más sentí que alguien me estaba mirando.
Más abajo en la escalera, vi una luz vacilante. Fluctuó como una vela, pero la luz era un brillante azul verde, el color de una piscina. Cintas de iluminación ondearon por las piedras. Parecía que Mandalay estaba bajo el agua. En ese momento yo estaba temblando de frío y perdí mi agarre en el termo. En el momento en que choco ruidosamente en el piso, las luces desaparecieron y el aire a mí alrededor se calentó nuevo al instante.
Es decir, pensaba que era asqueroso pero no sentía repugnancia. Todavía sentía a una ardilla viva como la cosa más deliciosa en la tierra, por debajo de la sangre humana.
Cerrando mis ojos, me acordé de el torbellino de sensaciones al beber la sangre de Gastón mientras yacía debajo de mí, abrazándome. Nada puede compararse con eso.
Algo crujió bajo la escalera.
–¿Quién está ahí? – dije, asustada. Mis palabras hicieron eco. Más tranquila repetí –¿Quién está ahí? ¿Alguien?
Una vez más, me parece haber oído: un sonido extraño de chisporroteo, como romper el hielo. El chisporroteo se acerco, como si viajara hasta las escaleras. Apresuradamente atornille la tapa de mi termo, de modo que ningún estudiante humano me vería beber sangre. Me metí en el pasillo y trate de averiguar qué podría estar causando ese sonido.
¿Había una niña furtivamente fuera de los dormitorios para un aperitivo, al igual que yo? El sonido se asemejaba a los chasquidos de los cubitos de hielo después de que caen en el agua. Luego me ahogue en una risita cuando me pregunte si sería algún chico, infiltrándose aquí para visitar a la chica que le gustaba. Tal vez ni siquiera fue una persona. Podría ser simplemente aquel edificio antiguo en respuesta al creciente frio otoñal.
Los crujidos se acercaron. El aire a mí alrededor se enfrió instantáneamente, como si se hubiera abierto una puerta de un congelador. Mi pelo estaba parado de punta, y la piel de gallina apareció en mis brazos. Mi respiración parecía niebla, y una vez más sentí que alguien me estaba mirando.
Más abajo en la escalera, vi una luz vacilante. Fluctuó como una vela, pero la luz era un brillante azul verde, el color de una piscina. Cintas de iluminación ondearon por las piedras. Parecía que Mandalay estaba bajo el agua. En ese momento yo estaba temblando de frío y perdí mi agarre en el termo. En el momento en que choco ruidosamente en el piso, las luces desaparecieron y el aire a mí alrededor se calentó nuevo al instante.
–
Esa no era mi imaginación, no era la reflexión de alguna luz. Pero, entonces ¿qué
diablos era?
La puerta más cercana al corredor se abrió de repente. Eugenia estaba en el marco con un sexy pijama rosa y su rubio cabello atolondrado sobre su cara.
La puerta más cercana al corredor se abrió de repente. Eugenia estaba en el marco con un sexy pijama rosa y su rubio cabello atolondrado sobre su cara.
–
¿Qué te pasó?
– Lo siento – murmuré bajando la vista y alzando mi termo – Tuve que salir para comer y creo que perdí el control…
– Lo siento – murmuré bajando la vista y alzando mi termo – Tuve que salir para comer y creo que perdí el control…
Eventualmente
tendría que haberle dicho a alguien lo que acababa de ver, pero Eugenia era la
última persona en el mundo con la que quería compartir mis confidencias.
Incluso el haber admitido que dejé caer mi termo hizo que pusiera sus ojos en
blanco.
– De acuerdo, la próxima vez sólo atrapa un ratón, como hace la gente normal – y se volteó hacia su habitación, pero en la mitad del camino me miró y dijo – Creo que eso apesta.
– ¿Tirar mi termo o lo de los ratones?
– Tener que salir de tu habitación para comer. Eso
te pasa por elegir a esa insignificante como compañera de cuarto.– De acuerdo, la próxima vez sólo atrapa un ratón, como hace la gente normal – y se volteó hacia su habitación, pero en la mitad del camino me miró y dijo – Creo que eso apesta.
– ¿Tirar mi termo o lo de los ratones?
– Candela no es una insignificante!
– Sí, claro… – Luego, cerró la puerta.
Esperen ¿acaso Eugenia estaba tratando de ser simpática conmigo sin insultarme a mí, sino a Raquel? Sacudí mi cabeza negándolo. La idea de que Eugenia estaba tratando de ser simpática casi me hace olvidar aquella luz extraña. Casi.
QUE SERA ESA LUZ??.. NO ME DIGAS QUE AHORA HAY FANTASMAS! AJAJAJA... ME ENCANTO EL CAP!!.. YA QUIERO QUE SE ENCUENTRE CON GAS!! :)
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