viernes, 25 de mayo de 2012

Capitulo 004 - Segunda Parte (LIBRO 02)


Cuando les dije a mis papás que estaría acampando el viernes por la noche ya que habría una lluvia de meteoritos, no me molestaron por estar fuera en el bosque. Los alrededores de la Academia eran totalmente seguros, por lo menos, si era un vampiro. Sabía que ellos no se fijarían si realmente habría una lluvia de meteoros, lo que era algo bueno, porque no la habría. Pero preguntaron muchas otras cosas que me hicieron sospechar…
– Nos parece que podrías llevar a algunos compañeros contigo – dijo mi mamá cuando nos sentamos el domingo a cenar: lasaña para mí, y grandes vasos de sangre para todos. Billie Holiday sonaba en el estéreo, cantando sobre un amor en el que había creía alguna vez – Tal vez podrías ir con Archana, parece una buena chica
– Mmm, sí, creo – Archana era una vampira india, cerca de los seiscientos años, y la conocí el año pasado en una clase de Historia, pero difícilmente nos habíamos dicho diez palabras la una a la otra – Pero no la conozco bien, y si fuera a invitar a alguien, invitaría a Candela, pero a ella no podría importarle menos la astronomía.
– Estás pasando mucho tiempo con Candela – papá dio un gran sobro a su vaso de sangre – ¿No sería bueno que tuvieras otros amigos?
– ¿Amigos vampiros, quieres decir? Siempre me dicen que no sea una snob, lo que significa que sea más humana que vampira aquí. ¿Qué pasó con eso?
– No quiero que seas una snob. Pero no es eso de lo que hablo – papá digo gentilmente – La cuestión es que serás un vampiro algún día y en unos cientos de años, Candela morirá, y tu vida habrá recién comenzado. ¿Quién estará contigo en ese entonces? Te trajimos aquí para que hagas amigos que puedas conservar, Rocío.
Mi madre me puso suavemente una mano en el antebrazo.
– Nosotros estaremos aquí siempre, cariño. Pero no querrás vivir con tus padres eternamente, ¿no?
– No estaría tan mal
Lo dije en serio, pero con un matiz muy distinto a como lo habría dicho antes. El último año, no había querido nada más que esconderme en mi loca casa, solos nosotros tres, pero ahora quería mucho más, y eso incluía a Candela.

Victorio se acercó al borde de la pista de escrima, con la careta todavía bajo el brazo. Tenía que admitir que estaba increíblemente elegante con su traje blanco, que resaltaba su poderoso cuerpo y lo hacía parecer estar tallado en mármol.
¿Y yo? Yo me eché un vistazo en el espejo de mi habitación y suspiré. La palabra “elegante” no era la adecuada para mí, más bien me parecía al Teletubbie blanco perdido. Pero no había manera de que me pudiera negar a esto. No tenía la oportunidad de pedir la clase de Tecnología Moderna, y Esgrima era la única otra optativa que me venía bien por el horario.

– Pareces aterrorizada – dijo Victorio – No vas a batirte a duelo de verdad. ¿Sabes?
– Lo sé, pero si combatir con espadas…
– Primero que nada, no te preocupes, porque la pelea actual dura muy poco. Pero tendrás que aprender cómo moverte. Segundo, me las arreglare para que seamos pareja, al menos al principio. De esa forma, me asegurare de que cada día te vayas sintiendo más cómoda.  
– En otras palabras, que prefieres batirte con alguien a quien puedas ganarle…
– Puede ser – sonrió irónicamente y se puso la máscara – ¿Lista?
– Dame un segundo – Me puse la máscara y, para mi sorpresa, veía perfectamente con ella.
Obviamente, no empezamos a pelear en ese instante, la verdad, la mayor parte de la clase se concentró en enseñarnos como pararnos. ¿Parece fácil? No lo es. Tuvimos que tomar nuestras piernas y tensar un músculo de aquí, pero no el de allá, y nuestros brazos tenían que estar en una forma indescriptible pero muy estilizada. Nunca antes podría haber imaginado que podía cansar tanto mis más míseros músculos tratando de mantenerme en pie, pero antes de que terminara la hora, estaba temblando de la cabeza a los pies.
– Estarás bien – Dijo Victorio mientras me ajustaba un codo. Nuestro profesor, el señor Carlyle, ya lo había designado como un asistente de curso –Tienes un buen balance, y eso es lo que importa.
– Creo que lo más importante es no golpearte en una batalla.
– Créeme. Balance. En eso se centra todo.
La campana sonó. Con ayuda me puse apoyar en la pared más cercana. Me saqué la máscara para poder respirar más profundamente. Mis mejillas ardían, y mi cabello estaba sudado.
– Por lo menos, perderé peso este año.
– No necesitas perder peso – Victorio se sacó su máscara y la puso bajo un brazo –Ya sabes, si quieres practicar a parte de las clases, me puedes buscar mañana, tal vez. Practicar un poco no te vendría mal para la resistencia.
– No puedo este fin de semana – Si no hubiera estado tan cansada, Victorio se hubiera dado cuenta del nerviosismo de mis ojos – ¿Podemos dejarlo para otro día?
– Seguro – Me miró mientras pasaba por una puerta. Por un momento, pensé en la posibilidad de que él hiciera esa oferta para pasar más tiempo conmigo. Si era por eso, tendría que hallar la manera de salirme de esa situación.
Me ocuparía de eso después. Era el primer viernes de Octubre, y eso significaba que me encontraría con Gastón, en unas pocas horas, otra vez.

Primero, corrí al dormitorio para darme una ducha. No había manera de que me encontrara con Gastón oliendo a calcetines viejos. No me pude peinar mucho o maquillarme, para que Candela no sospechara. Me imaginé entonces, a mi ultra femenina compañera de cuarto anterior, María, horrorizada mirándome como, simplemente, me peiné el cabello hacia atrás.
De cualquier forma, Candelas e dio cuenta.
– Te estás vistiendo así para pasarte la noche en el bosque ¿o qué?”
– Esto difícilmente parece un abrigo de piel o una tiara – dije mientras señalaba mis jeans y un sweater plano.
– Como sea – Candela cruzó sus piernas en el piso, en el medio del piso y frente a su proyecto de arte; su collage parecía muy depresivo, con mucho negro y plateado formando una guillotina. Todo lo que eso significó para mí, era que no me prestaría más atención a como me vestiría. Idílicamente, iría a ver a Gastón de la forma que me hiciera más bella, pero no había manera de que me pudiera poner un vestido o algo así. Busqué en la profundidad de mi armario y saqué una bufanda, que coloqué en un boso junto con unos termos que, para Candela, podían contener inocentes bebidas.
– Nos vemos mañana por la noche, ¿de acuerdo? – Mi voz sonaba extraña tan fina y antinatural que pensé que se rompería.
Puse una mano en la manija de la puerta, pensando que era libre, cuando Candela preguntó:
– ¿No llevarás tu telescopio?
Oh, no. Si hubiera una lluvia de meteoritos, por supuesto debería llevar mi telescopio conmigo, pero era pesado, y tenía que llevarlo con cuidado, y tendría que esconderlo en los jardines del colegio. Lo que no podía hacer era llevarme eso hasta Amherst. Pensé que había solucionado cada detalle de mi huída, ¿cómo podría haber olvidado algo tan básico?
– Tengo otro – Mentí mientras me iba – Otro telescopio, quiero decir. No es tan bueno como este, pero es más liviano, asique creo que lo tomaré del apartamento de mis padres.
  Tiene sentido – Candela levantó la vista de sus tijeras, por lo cual nos pudimos ver las caras mutuamente. Parecía algo triste; tal vez Candela nunca admitiría que me extrañaría este fin de semana, pero pensé que lo haría.
– Hasta Mañana.
– Mañana – dije no muy convencida – saldremos el próximo fin de semana. Piensa en algo divertido para hacer.
 ¿Aquí? Sí, claro – Se concentró en su trabajo otra vez, y yo fui libre para irme.

Cuando me adentré en los jardines, el crepúsculo descendía sobre el colegio. Éste era uno de mis momentos favoritos del día. Para mí, significaba más inicio que el propio amanecer. El cielo estaba entre un violeta grisáceo mientras me adentraba en el bosque. Mis oídos se volvieron instantáneamente más sensitivos a los sonidos de la noche: mis propios pasos, los pájaros a lo lejos, una chica riendo de un modo que me hiso pensar que debía estar aquí fuera con un chico.
Continué mi camino, impresionada de cómo mis oídos eran mucho más potentes que el año pasado. Aunque me había convertido en una “Verdadera estudiante de Mandalay”, no había sentido tanto el cambio, pero aquí entre los árboles, resultó obvio. El aleteo de los pájaros, el tráfico de las rutas cercanas, todo era claro y distinto. Esto nunca me había pasado.
Tampoco nunca antes había pensado en cómo sabría la sangre de alguno de esos pájaros. La vampira en mí estaba saliendo a la superficie. Y el estar con Gastón siempre traía a la vampira en mí: la depredadora, la hambrienta, y ahora yo era más poderosa. Tal vez yo no era la única que se estaba arriesgando con nuestra cita de aquella noche.
“Yo cuidaría de Gastón. Nunca lo lastimaría.”
“Si lo mordía de nuevo y tomaba suficiente sangre, se convertiría en un vampiro, y en ese momento podríamos estar juntos para siempre.”
Sacudí mi cabeza, tratando de mantener ese pensamiento alejado de mí.
Seguí mi camino a través de la ruta. Luego habría un pequeño tramo antes de llegar al área una parada. Tomé mi lugar en la ruta cercano a Riverton y esperé.
Cinco automóviles y una motocicleta vinieron; esos no eran importantes para mí. En mi lugar oculto entre las malezas, bufé de frustración.
Pero al afortunado número siete era al que yo estaba esperando: el servicio de lavandería de Mandalay. Como siempre, el conductor tenía su música demasiado alta. Debía haber dejado la escuela recién, lo que significaba que estaba volviendo, y mis investigaciones decían que la base de la lavandería estaba en Amherst.
El camión se detuvo en la señal. Corrí hacia la parte trasera que, afortunadamente, estaba abierta. Cuando el metal chilló, me encogí, pero afortunadamente, la música estaba tan alta que el conductor no lo oyó.
Rápidamente entré y me coloqué entre unos bultos de ropas cuando el camión comenzó su camino nuevamente. ¿Lo ven? Era simple! Peor de todas maneras, yo estaba muy nerviosa y temí comenzar a temblar. Por eso mismo me escondí debajo de esos bultos y para que el camionero no me viera si decidía echar un vistazo hacia atrás. Todo olía un poco viciado, pero no estaba irrespirable aquél aire, por lo que dadas las circunstancias que tenía, me prometí ser valiente y soportarlo.
Tomó aproximadamente una hora llegar a Amherst. En ese momento, comencé a espiar por la ventana de atrás. Una vez que llegamos, yo tenía la ventaja de que había otra parada que el conductor debería ver. Después de eso, podría caminar hasta la estación de trenes.
A la medianoche, estaría en los brazos de Gastón otra vez.

1 comentario:

  1. este libro me gusta por que no tengo idea de que va a pasar como van a reacionar o actuar,
    a la medionoche estaria en los brazos de gaston otra vez.... hay q tierno

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