Cuando finalmente colgó el
teléfono, se estremeció, y se acostó de nuevo en la cama. Tratar con dos
hombres horribles en menos que veinticuatro horas era mucho peor que tratar con
un aula de estudiantes revoltosos. Al menos no se había visto forzada a
trabajar para Hugh hasta hacía poco. Hasta el momento de su muerte, la duquesa
viuda había sido el único contacto de Rochi con la familia, aunque ella conocía
bien la reputación de Hugh y su talento para hacer ganancias enormes
invirtiendo dinero en tecnología punta. Excepto por su facilidad con las altas
finanzas y la tecnología moderna, él era un aristócrata de estilo antiguo, un
hombre tan orgulloso de su rancio abolengo que mantener su apellido se había
vuelto aun más importante para él que hacer dinero.
Sus dos matrimonios habían
producido sólo niñas, y, como Enrique VIII, estaba obsesionado con la necesidad
de un heredero masculino. A menos que él tuviese un hijo, su antiguo título
iría a un sobrino melenudo que era batería en una banda de rock and roll. Era
inconcebible, y sólo unos meses después de la muerte de su segunda esposa, se
había puesto a buscar a la siguiente. Tenía que ser de buena familia, con un
pasado sin habladurías. Y sólido, sin un indicio de escándalo. Ninguna Sarah
Ferguson vistosa para llevar su nombre al descrédito. También preferiría que
fuera virgen.
Ella justamente podría
imaginar la reacción que su personal había debido tener a eso. Más tarde ella
había comprendido que las únicas mujeres que habían encajado con esos criterios
tenían trece años.
Fue la hermana de Hugh quién
pensó en Rochi y sugirió a Hugh que representara a la familia en las festividades
del Día del Fundador de St. Gert.
Cuando Rochi le había
servido el té en su oficina la primera tarde, él la reprendió por coger una
llamada telefónica de un padre ansioso en mitad de su conversación y miró
ceñudo al collar brillante que ella llevaba puesto, un regalo de cumpleaños
hecho a mano por una niña de siete años. Ella no podía soportarlo.
Él reapareció la semana
siguiente y la semana después. Ella ponía excusas para evitarle, pero una tarde
que él la atrapó en su oficina y, con gran cantidad de arrogancia, le reveló
que la había elegido a ella como su próxima esposa. Su compromiso saldría a la
luz tan pronto como ella renunciara a su posición como directora de la escuela.
Rochi se quedó con la boca
abierta. Tuvo que resistir el impulso de mirar su calendario americano para ver
si inadvertidamente había viajado por el tiempo de regreso a la Regencia.
—Su Gracia, yo no tengo
intención de casarme con usted. Apenas nos conocemos. La idea es ridícula.
Su brusquedad fue un error.
Él estrechó sus ojos, se infló de orgullo, y le dijo que el asunto estaba
decidido.
—¡Eso no está decidido en
absoluto!
—Eres una virgen con título
de nobleza en la edad correcta con una reputación ejemplar y una apariencia
modesta —contestó él—. No hay nada que debatir.
Oírle describirla de
semejante manera la encrespó, y cometió el error fatal de sacar su
temperamento.
—¡Yo no soy virgen! Me he
acostado con docenas de hombres. ¡Marineros, camioneros, y con el hombre de las
chapuzas de la escuela la semana pasada!
—No seas infantil. Sé que
nunca has tenido una relación seria con un hombre. Si no eres virgen, eso debió
ocurrir hace mucho tiempo, lo cual es insignificante —con una expresión de
desdén, él se movió hacía la puerta de su oficina—. Nuestro debate está
terminado, Rochi. Si no eres lo suficientemente inteligente para entender el
honor que te estoy haciendo, ciertamente no eres la persona adecuada para
dirigir una escuela como St. Gertrude, y serías despedida.
Su amenaza la aturdió, y
pasó un momento antes de que se recuperara.
—¿Qué diferencia haría eso?
Si hago como me pide, yo perderé mi posición de cualquier forma.
La puerta se cerró, y ella
sintió como si el cuarto familiar diera vueltas a su alrededor. Su amenaza la
había desanimado. Se sentó de golpe en su silla y trató de amortiguar esta
interrupción violenta, absurda de su vida bien ordenada.
Cuando la hermana de Hugh
llamó al día siguiente para concertar una fecha para el anuncio del compromiso,
Rochi le dijo que no habría boda.
Una semana pasó, y no oyó
nada. Justamente comenzaba a descartar el bizarro incidente cuando vio un
ejército de inspectores moviéndose a través de la escuela, observando y
midiendo el terreno. Con el corazón golpeando, corrió a preguntarles y le
informaron que actuaban bajo las órdenes del Duque de Beddington.
Él contestó su llamada tan
pronto, que ella sospechó que estaba esperándola.
—Su Gracia, dígame de
inmediato qué está ocurriendo. ¿Por qué envió usted los inspectores aquí?
—¿No te lo dije? He debido
olvidarlo. Estoy pensando en vender esos terrenos —él hizo una pausa para dejar
que sus palabras reposaran—. Hay que derribar el edificio para hacer unas
viviendas de lujo.
Se requirió sólo un momento
para percatarse que eso era el tipo más patente de chantaje. La escuela era la
única casa verdadera que ella alguna vez había tenido, y él lo sabía. Sobre las
protestas de la madre de Hugh, ella se las arregló para admitir a un grupo de
estudiantes becadas, inteligentes y ambiciosas. ¿Qué les ocurriría cuando se
vieran obligadas a regresar a una escuela inferior a St. Gert? Ella recordó lo
indecisa que había sido su voz cuando le preguntó:
—Y si me caso con usted,
¿qué ocurriría con la escuela?
—Bueno mi amor, no podría
demoler un lugar tan querido en el corazón de la Duquesa de Beddington, ¿no
crees?
En ese momento decidió que
él estaba un poco loco.
Pasó dos noches en vela
trazando un plan. Al día siguiente le llamó a su oficina.
—Siento haber sido tan
desconsiderada, Su Gracia. Fue el shock. Desde luego estaré emocionada de
aceptar su oferta... Es decir, si no ha reconsiderando casarse con alguien tan
inferior —esperó esperanzada.
—¿Reconsiderado? Por
supuesto no.
Apenas capaz de encubrir su
desasosiego, le dijo que el compromiso podría salir a la luz tan pronto como
ella completara sus obligaciones profesionales, que incluían hacer un viaje a
Estados Unidos entre el invierno y la primavera para terminar el trabajo de
investigación que había comenzado para New Historian.
Ella le decía la verdad
acerca del artículo, pero no de que sólo utilizaría unos días para completar su
investigación. El resto de tiempo lo usaría para algo más importante.
Para perder su buena
reputación.
Su plan era apenas a prueba
de tontos, pero fue lo mejor que se pudo sacar de entre manos. Ella tenía que
alarmar lo justo a Beddington para que retirara su oferta, pero no lo
suficiente como para hacerle sospechar que ella deliberadamente lo manipulaba.
Si eso ocurría, él era lo suficientemente vengativo para destruir la escuela.
Desafortunadamente, no podía
pensar en ningún plan que le permitiera a ella continuar su carrera en St.
Gert. No había ninguna posibilidad que permitieran a alguien con una reputación
manchada quedarse allí, pero ya descubriría algo. El St. Gert se había
encargado de ella cuando era más vulnerable, y ahora ella no podía fallarle.
me encanto este capi!
ResponderEliminara veces el me dan ganas de pegarle pero lo maejo bastante bien, proximo pronto!