viernes, 15 de junio de 2012

Primera Parte, Capitulo Diescisiete


 Las fantasías y sueños sexuales son algo normal. 
Son incluso una forma sa­ludable de pasar el rato mientras 
esperas a que llegue la persona adecuada.
«Mi vida sexual secreta»
Para Chik


-Qué bien que Gastón decidiera por fin pasar un rato contigo. Tal vez acepte ir por un asesor matrimonial.
Amy dejó el pastel de mermelada de fresa sobre la bandeja Wedgwood y le dedicó a Rocío su habitual mirada compasiva.
-No necesitamos a ningún asesor matrimonial -espe­tó Gastón mientras entraba por la puerta con Mermy pegada a sus pies. Acababan de volver de su aventura en planeador y el viento le había dejado el pelo peinado hacia atrás-. Lo que necesitamos es ese pastel. Son las cinco y los huéspedes esperan la merienda.
Amy se dirigió a regañadientes hacia la puerta.
-Tal vez si rezaseis los dos...
-¡El pastel! -gruñó Gas.
Amy volvió la cabeza hacia Ro y le hizo saber con la mirada que ella había hecho todo lo posible, pero que Rochi estaba condenada sin remisión a una vida sin sexo. Luego de­sapareció.
-Tienes razón -dijo Gas-. Esta chica resulta irritante debería haberte hecho el chupetón.
Ese era un tema del que Rocío no quería hablar, de mo­do que optó por concentrar su atención en preparar la bandeja de té. No había tenido tiempo para cambiarse la ropa ni tampoco de arreglarse el pelo que el viento le ha­bía despeinado, pero se obligó a no ponerse nerviosa cuando Gastónn se le acercó unos pasos.
-En caso de que estuvieras preocupada, Daphne... Tranquila, mis oídos acaban de recuperarse de ese grito.
-Ibas directamente hacia los árboles. Y no era un grito- dijo cogiendo la bandeja y entregándosela-. Era un chillido.
-Un chillido de mil demonios. Y no estábamos para na­da cerca de los árboles.
-Creo que las huéspedes femeninas aguardan impacientes tu presencia.
Gas hizo una mueca y desapareció con Mermy.
Rochi sonrió. No debería haberse sorprendido de que Gastón fuera un experto piloto de planeador, aunque habría preferido que se lo hubiera mencionado antes de despegar. A pesar de aquella tarde juntos, las cosas no estaban mucho mejor entre ellos. Gastón no había dicho ni media palabra so­bre las entrevistas de la mañana, y ella no encontraba el mo­mento de preguntárselo. También estaba extrañamente asus­tadizo. Esa misma tarde habían topado accidentalmente y Gas había saltado como si Rochi quemara. Si no la quería a su lado, ¿por qué la había invitado?
Rocío conocía la respuesta. Tras su conversación con Julia, no quería estar solo.
La mujer causante de su confusión entró en la cocina por la puerta de atrás. Llevaba la palabra incertidumbre escrita en la cara, y Rocío sintió empatía. Durante el trayecto de re­greso al campamento, Rochi había pronunciado el nombre de Julia Y Gastón había cambiado de tema.
Recordó lo que le había dicho en la casita. «<Se supone que tengo que sentir de golpe cariño por ella? ¡Porque no lo siento! » Había sido un recordatorio inequívoco de que a Gastón no le gustaban las relaciones íntimas. Rocío había empe­zado a darse cuenta de lo hábil que era manteniendo a la gen­te alejada de él. Por extraño que pareciera, Liam Jenner, con tanta obsesión por la intimidad, estaba emocionalmente me­nos encerrado en sí mismo que Gas.
-Siento lo de su gata -dijo Ro-. Ha sido un impul­so. Gastón necesita muchas emociones -dijo mientras pasaba el dedo por el vidrio tallado del borde de la bandeja-. Quie­ro que disfrute del campamento para que no se lo venda.
Julia asintió. Sus manos entraban y salían de los bolsillos. Carraspeó.
-¿Te ha hablado Gas de nuestra conversación?
-Sí.
-No ha sido exactamente un éxito rotundo.
-Aunque tampoco un fracaso estrepitoso.
En el rostro de Julia se esbozó un conmovedor destello de esperanza.
-Espero que no.
-El fútbol es mucho más sencillo que las relaciones per­sonales.
Julia asintió y jugueteó con sus anillos.
-Te debo una disculpa, ¿no?
-Pues sí.
Esta vez, en la sonrisa de Julia había algo más.
-He sido injusta contigo, lo sé.
-Tiene toda la razón.
-Me preocupo por él.
-Y por el daño que podría hacerle a sus emociones una heredera devoradora de hombres, ¿no?
Julia miró a Cafre, que salía de debajo de la mesa.
-Ayúdame, Cafre. Tu dueña me da miedo.
Ro se rió.
Julia sonrió, pero enseguida se puso seria de nuevo.
-Siento haberte juzgado mal, Rocío. Sé que te preocu­pas por él, y creo que nunca le harías daño deliberadamente. Rochi sospechó que la opinión de Julia cambiaría si co­nociera las circunstancias que se escondían detrás de su matrimonio. Sólo la promesa que le había hecho a Gastón impidió contarle la verdad.
-Por si todavía no se lo había imaginado -empezó a decirle Rocío-, estoy de su parte. Creo que Gas la nece­sita en su vida.
No te imaginas lo que significa eso para mí-dijo Julia mirando hacia la puerta-. Entraré a tomar el té.
-¿Está segura? Los huéspedes se le echarán encima.
-Ya me apañaré-dijo irguiendo su postura-. Ya estoy harta de esconderme. Tu marido va a tener que arreglárselas conmigo de una forma o de otra.
-Bien dicho.

Cuando Rochi entró en la sala de estar con una bandeja de galletas y otra tetera, Julia conversaba de buena gana con los huéspedes que la rodeaban. Se le iba el corazón por los ojos cada vez que miraba a Gastón, aunque el rehuía su mirada. Era como si creyera que cualquier indicio de afecto pudiera en cierto modo atraparle.
La infancia de Rocío le había enseñado a tener cuidado con la gente que no era emocionalmente abierta, y la cir­cunspección de Gastón la deprimió. Si fuera lista, alquilaría un coche y volvería a Chicago aquella misma noche.
Una mujer mayor de Ann Arbor que se acababa de registrar aquel mismo día apareció junto a Rocío.
-Me han dicho que escribes libros infantiles.
-No mucho, últimamente -respondió taciturnamen­te acordándose de las revisiones que todavía no había hecho v del cheque de la hipoteca de agosto que no podría firmar.
-Mi hermana y yo hace tiempo que queremos escribir un libro infantil, pero hemos estado tan ocupadas viajando que no hemos podido encontrar el momento.
-Escribir un libro infantil comporta algo más que en­contrar el momento -dijo Gas detrás de ella-. No es tan sencillo como parece creer la gente.
Rocío se quedó tan asombrada que casi le resbaló de las manos la bandeja con las galletas.
-Los niños quieren historias buenas -prosiguió-. Quieren reírse o asustarse o aprender algo sin que se lo ha­gan tragar a la fuerza. Eso es lo que hace Ro en sus libros. Por ejemplo, en Daphne se pierde...
Y, hala, Gastón se puso a describir con una extraordinaria precisión las técnicas que utilizaba Rochi para llegar a sus lectores.
Más tarde, cuando apareció en la cocina, Rocío le sonrió.
-Gracias por defender mi profesión. Te lo agradezco.
-La gente es idiota.
Gastón señaló con un gesto de cabeza los utensilios que Rochi estaba preparando para el desayuno del día siguiente.
-No hace falta que cocines tanto. Ya te he dicho que puedo hacer un pedido en la pastelería del pueblo.
-Ya lo sé. Es que me gusta.
La mirada de Gastón se fue a los hombros desnudos y la camisola de encaje de Rocío. Y se quedó allí clavada duran­te tanto rato que Rocío sintió como si estuviera recorriéndo­le la piel con los dedos. Una fantasía estúpida; se dio cuenta de ello cuando él alargó la mano hacia el bote donde Rochi acababa de dejar las galletas sobrantes.
-Parece que te gusta todo de este lugar. ¿Qué ha pasa­do con aquellos malos recuerdos de tus campamentos de ve­rano? -preguntó Gastón.
-Así es como siempre quise que fuera un campamento de verano.
-¿Aburrido y lleno de viejos? -dijo él mordiendo una galleta-. Tienes unos gustos muy raros.
Rochi no quiso discutir sobre eso con él. En cambio, le hizo la pregunta que había ido posponiendo toda la tarde.
-No me has dicho nada de las entrevistas de esta mañana.
Gastón frunció el ceño.
-No han ido tan bien como sería deseable. Puede que el primer tipo haya sido un buen chef en algún momento de su vida, pero ahora se presenta borracho a las entrevistas. Y la mujer a la que he entrevistado ponía tantas restricciones en cuanto a horarios que no habría servido.
A Rocío se le levantó el ánimo, pero cuando Gastón pro­siguió, el alma se le cayó a los pies.
-Hay otra candidata que vendrá mañana por la tarde, y por teléfono sonaba muy bien. Ni siquiera le ha puesto pe­gas a venir un domingo para la entrevista. Supongo que podríamos prepararla el lunes y marcharnos de aquí el miérco­les por la tarde como muy tarde.
-Hurra -dijo Ro con tristeza.
-¿No me digas que vas a echar de menos levantarte de la cama a las cinco y media de la mañana?
Ambos oyeron a Amy que reía en el pasillo.
-¡No, Troy!
Los recién casados acudían a la cocina para despedirse. Todas  las tardes, justo después del té, regresaban corriendo a su apartamento, donde Rocío estaba casi segura que salta­ban a la cama y hacían el amor muy ruidosamente antes de tener que volver a la casa de huéspedes para pasar la noche.
-Qué suerte -murmuró Rocío-. Ahora nos darán un cursito sobre nuestras carencias sexuales en estéreo.
-Ni por asomo.       
Sin previo aviso, Gastón la tomó en brazos, la empujó contra la nevera y aplastó su boca en la de ella.
Rochi sabía exactamente por qué lo hacía. Y aunque tal vez fuera una idea mejor que la del chupetón, también era mucho más peligrosa.
La mano libre de Gas agarró su pierna por debajo de la rodilla y la levantó. Rochi enroscó su pierna en la cadera de Gastón y lo abrazó. La otra mano de Gas se deslizó bajo el top de Rochi en busca de uno de sus pechos. Como si tu­viera algún derecho.
La puerta de la cocina se abrió de par en par y Rocío re­cordó de pronto que tenían testigos. Ése, por supuesto, era el objetivo. Gas se echó atrás unos centímetros, aunque no lo bastante como para que los labios de Rochi se enfriasen. Gas no apartó la vista de la boca de Ro, ni tampoco re­tiró la mano de su pecho.
-Vayanse.
Un grito sofocado de Amy. Un portazo. El sonido de unos pasos rápidos en retirada.
-Supongo que les hemos dado una lección -dijo Rocío rozándole los labios.
-Supongo -dijo Gastón, antes de empezar a besarla de nuevo.
-Rochi, te... ¡Oh, perdón!
Otro portazo. Más pasos en retirada, esta vez de Julia.
Gastón soltó un taco.
-Nos vamos de aquí.

3 comentarios:

  1. Menos mal que no la iba a volver a tocar! jajaja

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  2. Me encanto pero no puedes dejarnos así !!! Espero el siguiente

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  3. Me encanto pero no puedes dejarnos así !!! Espero el siguiente

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