Gas encontró a Rochi encaramada en su lugar favorito, el
columpio del porche de atrás de la casita, con un cuaderno en el regazo. Le dolía
demasiado pensar en las demoledoras revelaciones de Julia, así que se quedó en
pie en la puerta observando a Rocío, que no debía de haberle oído llegar
porque no alzó la mirada. Por otra parte, Gas se había estado comportando como
un cretino, y cabía la posibilidad de que le ignorase aunque ¿cómo se suponía
que tenía que actuar si Ro no había dejado de tramar aventuras estrafalarias
sin tener ni la más mínima idea de lo mucho que a él le afectaba estar cerca de
ella?
¿Acaso pensaba que era fácil verla chapotear con aquel
minuto traje de baño negro que le había tenido que comprar para sustituir el
biquini rojo? ¿Es que Rochi no había mirado nunca hacia abajo para observar qué
les ocurría a sus pechos cuando tenía frío? El diseño del bañador dejaba tanto
al descubierto que era prácticamente una súplica para que deslizara los dedos
por debajo y tomara en sus manos aquellas pequeñas nalgas redondas. ¡Y aún
tenía el valor de estar enfadada con porque la ignoraba! ¿Es que no comprendía
que no podía ignorarla?
Gas quería dejar a un lado el cuaderno en el que escribía
Rocío, cogerla en brazos y llevarla directamente al dormitorio, pero en vez de
eso se fue directo al baño y llenó la bañera con agua muy fría sin dejar de
soltar tacos por la falta de una ducha. Se lavó rápidamente y se puso ropa
limpia. Gastón no había parado en toda la semana, pero no le había servido para
nada. A pesar de la carpintería y la pintura, a pesar de la gimnasia diaria y
de haber añadido kilómetros a sus carreras, la deseaba más que nunca. Ni
siquiera las filmaciones de partidos que había empezado a mirar en la tele del
despacho lograban mantener su atención. Debería haber regresado a la casa de
huéspedes, pero Julia estaba allí.
Sintió que lo atravesaba una punzada de dolor. No podía
pensar en ella, no allí. Tal vez conduciría hasta el pueblo para entrenarse en
el diminuto gimnasio que había junto a la posada.
Pero no, se encontró saliendo al porche al tiempo que se
evaporaban todas sus promesas de mantenerse apartado de Rochi. Al cruzar la
puerta, vio claro que estaba en el único lugar donde podía estar en aquel
momento: en presencia de la única persona que tal vez comprendería su confusión
por lo que acababa de sucederle.
Rocío alzó la vista y lo miró con aquellos ojos llenos de
generosa preocupación que mostraba siempre que creía que alguien podía tener un
problema. Gas no vio en ellos el más mínimo destello de reproche por haber
estado de tan mal humor, aunque sabía que tarde o temprano ella lo pondría en
su lugar.
-¿Va todo bien?
Gastón se encogió de hombros, sin dejar ver gran cosa.
-Hemos hablado.
Pero a ella no le impresionó aquella actuación de tipo
duro.
-¿Te has comportado con tu repugnante egoísmo habitual?
-La he escuchado, si te refieres a eso.
Gas sabía exactamente a qué se refería, pero quería que
ella le arrancase la historia. Tal vez porque no sabía qué descubriría ella
cuando lo hiciese.
Rochi esperó.
Gastón anduvo hacia el biombo. La planta que Ro había
colgado de un gancho le acarició el hombro.
-Me ha estado contando cosas... No sé... No eran exactamente
como yo pensaba.
-¿Y cómo eran? -preguntó Ro.
Gas se lo explicó todo. Excepto lo confundidos que
estaban sus sentimientos. Sólo los hechos. Cuando Gastón terminó, ella asintió
lentamente con la cabeza.
-Ya veo.
Ojalá también lo viera él.
-Ahora tienes que acostumbrarte a saber que lo que creías
sobre ella no era verdad.
-Creo que ella quiere... -dijo metiéndose las manos en
los bolsillos-. Quiere algo de mí. Pero no puedo... -Gastón se volvió hacia
ella-. ¿Se supone que tengo que sentir de golpe cariño por ella? ¡Porque no lo
siento!
Rochi parpadeó con un gesto casi de dolor, y tardó un
buen rato en responder.
-Dudo que espere eso ahora mismo. Tal vez podrías empezar
simplemente por conocerla. Julia hace colchas, y es una artista fabulosa.
Aunque no quiera reconocerlo.
-Ya.
Gastón se sacó las manos de los bolsillos e hizo exactamente
lo que había intentado evitar desde el viernes anterior.
-Si no hago algo me volveré loco. Conozco un lugar a unos
treinta kilómetros. Salgamos de aquí.
Gas enseguida vio que Ro iba a negarse, pero no culpo.
Aunque tampoco podía quedarse solo, así que cogió el cuaderno de su regazo y
tiró de Rochi para levantarla.
-Te gustará.
Una hora después, sobrevolaban el río Au Sable en un
pequeño planeador de fabricación alemana.
Bien! Al fin se ablandó Gas :)
ResponderEliminar