Media hora más tarde,
mientras emergían del bosque, Chevrolet Suburban de aspecto familiar apareció
por detrás del espacio comunitario. Gastón se dijo que debía de ser una pura
coincidencia mientras lo observaba derrapar ligeramente al frenar ante la casa
de huéspedes, pero entonces Cafre se
puso a ladrar y salió corriendo hacia el coche.
Rochi soltó un chillido
y echó a correr. Las puertas del coche se abrieron y un caniche idéntico a Cafre saltó del interior.
Luego salieron los niños. Parecían una docena, aunque sólo eran cuatro: todos
los Riera que corrían a saludar a esposa separada-aunque-no-tanto.
El pavor anidó en lo
más profundo del estómago de Gas. Una cosa era segura. Donde había niños
Riera tenía que haber padres Riera.
Gastón redujo el paso
al ver a la rutilante rubia propietaria de los Chicago Stars bajando
elegantemente del asiento del conductor, y a su legendario marido emergiendo
del asiento de copiloto. No le sorprendió que fuera María quien había
conducido. En esa familia, el liderazgo parecía pasar de uno al otro según las circunstancias.
Mientras se acercaba al coche, tuvo la incómoda premonición de que a ninguno de
los dos iban a gustarles las circunstancias en Wind Lake.
¿Cuáles eran esas
circunstancias? Gastón llevaba casi dos semanas haciendo locuras. Faltaba poco
más de un mes para el comienzo de la pretemporada, pero él, o se estaba riendo
con Rochi, o se estaba enfadando con ella, o le cortaba las alas, o la seducía.
Hacía días que no veía retransmisiones partidos, y no hacía el suficiente
ejercicio. Sólo podía pensar en cuánto le gustaba estar con aquella mujer
irritante e insolente que no era ni hermosa, ni callada, ni poco exigente, si
no más pesada que el plomo. Y muy divertida.
¿Por qué tenía que ser
la hermana de María? ¿Por qué no podía haberla conocido en una discoteca? Gastón
intentó imaginársela con sombra de ojos brillante y un vestido de celofán, pero
lo único que vio fue el aspecto que tenía aquella misma mañana, con unas bragas
y una de sus camisetas: iba descalza y abrazaba con los pies el travesaño de una
silla, llevaba sus hermosos cabellos algo alborotados, y sus condenados ojos miel
le miraban por encima del borde de un taza de Perico Conejo advirtiéndole del
peligro.
Rocío abrazó a sus
sobrinos, olvidando aparentemente que llevaba la ropa arrugada y el pelo lleno
de pinaza. Gastón no tenía un aspecto mucho mejor, y cualquier par de ojos
astutos podrían deducir qué habían estado haciendo.
Y no había ojos más
astutos que los de Mery Igarzabal y Nicolás Riera. Los cuatro se volvieron
hacia Gastón, que se puso las manos en los bolsillos y se hizo el simpático.
-Eh, hola. Qué
agradable sorpresa.
-Eso hemos pensado.
La respuesta educada de
Mery contrastaba claramente con la calidez con la que acostumbraba a
saludarle; Nicolás le observaba con una expresión calculadora en el rostro. Gastón
ahuyentó el desasosiego recordándose que era intocable, el mejor quarterback
de la liga.
Aunque los Chicago
Stars no tendrían intocables mientras los Riera estuvieran al frente, y justo
entonces a Gas le pasó por la cabeza cómo podía acabar aquello si no andaba con
pies de plomo. Si ellos decidían que tenía que mantenerse alejado de Rocío, un
día le convocarían a su despacho para comentarle que había entrado en una gran
operación de intercambio. Muchos equipos mediocres estarían más que contentos
de poder cambiar a algunas de sus mejores adquisiciones en el draft por
un quarterback profesional, y antes de darse cuenta de lo ocurrido, se
encontraría jugando para uno de los equipos de la parte baja de la
clasificación.
Mientras veía cómo Nico
le quitaba la pinaza de los cabellos a Rocío, se imaginó a sí mismo
ladrándoles órdenes a los Lions en el estadio Silverdome.
Rochi abrazaba a los
niños, que gorjeaban a su alrededor.
-¿Estás sorprendida de
vernos tía Rochi? ¿Estás sorprendida?
-¡Cafre!
¡Hemos traído a Canela para
que juegue contigo!
-.. Y mamá dice que
podremos ir a nadar al...
-... Se cayó del
tobogán y acabó con el ojo a la funerala!
-… Hay un chico que la
llama cada día, aunque...
-... Y entonces ha
vomitado por todo el...
-… Papá dice que aún soy muy joven, pero...
La atención de Rochi
iba de un niño a otro, y su expresión iba de la simpatía al interés o a la
diversión sin perderse detalle. Aquélla era su auténtica familia.
Gastón sintió de pronto
un dolor agudo. Ro y él no eran una familia, de eso no había duda, así que no
podía pensar que le estuvieran privando
de algo. Sólo se trataba de un reflejo de su infancia, en la que había soñado
con formar parte de una gran familia como aquélla.
¡Ahora caigo! -chilló Rocío-.
¡Ustedes son los Smith!
Los niños también
chillaron, señalándola con el dedo. ¡Nos has pillado, tía Ro!
Gastón recordó el
comentario anterior de Rocío sobre una familia llamada Smith que iba a
registrarse aquel mismo día. Acababa de conocer a los Smith. Su sensación de
pavor aumentó.
Rocío miró a su
hermana, que tenía en brazos Cafre el
Feroz.
-¿Amy sabía quiénes eran
cuando anotó la reserva?
Paloma soltó una
risilla. Si es que ésa era Paloma, porque llevaba una camiseta de fútbol
mientras su gemela corría por ahí, con un vestido de verano.
-Mamá no se lo dijo. ¡Queríamos darte una
sorpresa!
-¡Nos quedaremos toda la semana! -exclamó Amado-. ¡Y yo dormiré contigo!
«Bien dicho, Amado. Le acabas de dar un
puntapié en el trasero a tu tío Gastón.»
Rochi no respondió y, mientras se
arreglaba el pelo con las manos, se dirigió a la Riera más silenciosa.
Valeria, como era habitual, se había
quedado un poco aparte, pero sus ojos centelleaban de emoción.
-Ya tengo pensada una nueva aventura de
Daphne -susurró Vale en voz baja, para que sólo la oyera Rochi. La tengo
anotada en mi cuaderno de espiral.
-Me muero de ganas de leerla.
-¿Podemos ir a la playa, tía Rochi?
Nico cogió las llaves de Meryy se volvió
hacia Gastón.
-Si me enseñas cuál es nuestra casita,
podré empezar a descargar.
-Claro -respondió Gas.
Justo lo que no quería hacer. Nicolás
tenía la misión de evaluar los daños que Gastón le había causado a su querida Rocío.
Pero Gas en esos momentos era quien se sentía como si acabara de recibir un
mazazo en la cabeza.
Rochi señaló la casita situada al otro
lado del espacio comunitario.
-Se aojarán en Trompeta de Gabriel. La puerta ya está
abierta.
Gastón cruzó andando la hierba mientras Nicolás
acercaba el coche. Mientras descargaban, Nico le puso al día sobre el equipo,
pero Gas lo conocía bastante bien, y el presidente de los Stars no tardaría
mucho en ir al grano.
-¿Y qué? ¿Cómo va por aquí? -Nicolás
cerró la puerta del maletero de su Suburban con más fuerza de la necesaria.
Gastón podía ser tan directo como Nicolás,
pero decidió que era más inteligente adoptar la táctica de Rochi y hacerse el
«tonto».
-Pues, la verdad, las estoy pasando
canutas -dijo cogiendo un cesto para la ropa sucia lleno de juguetes-. No
sabía que iba a ser tan difícil encontrar a alguien que se hiciera cargo del
campamento.
-¡Papá!- Paloma y Tefi llegaron
corriendo, seguidas por Amadito-. Necesitamos los bañadores para poder ir a
nadar antes de la reunión del té de esta tarde.
-¡Aunque la tía Rochi ha dicho que yo
podré beber limonada-declaró Amadito-, porque no me gusta el té!
-¡Mira nuestra casita! ¡Qué monada!
-gritó Tefi corriendo hacia la puerta mientras Rochi y Mery se acercaban con Valeria.
Rocío parecía tensa, y María le dedicó a Gas
una mirada tan fría como un uniforme de los Lions en medio de un noviembre
perdedor en Detroit.
-El lago está helado, niñas -les gritó Rocío
a las gemelas desde el porche, intentando comportarse como si todo fuera
normal-. No es como la piscina de casa.
-¿Hay serpientes acuáticas?
La pregunta era de Vale, que parecía preocupada.
Había algo en aquella niña que siempre había conmovido a Gastón.
-No hay serpientes, pequeña. ¿Quieres que
entre al agua contigo? -le dijo él.
Su sonrisa brilló con mil vatios de
gratitud.
-¿Lo harás?
-Claro. Ve a ponerte el bañador y nos
encontramos allí. Gastón no quiso dejar a Rochi sola con el enemigo y añadió:
-Tu tía nos acompañará. Le encanta bañarse en el lago, ¿verdad, Ro?
Rocío pareció aliviada.
-Claro. Podemos ir a nadar todos juntos.
« ¿Y no iba a ser una forma totalmente
nueva de diversión?» Rocío y él se despidieron alegremente de los Riera.
Mientras se alejaban, Gas oyó que Nicolás le murmuraba algo a Mery, aunque sólo
entendió una palabra.
-Slytherin.
Rochi esperó a estar lo bastante lejos de
ellos para mostrar su agitación.
-¡Tienes que sacar tus
cosas de mi casita! No quiero que sepan que hemos estado durmiendo juntos.
A juzgar por el aspecto
que tenían hacía unos instantes, al salir del bosque, Gas imaginó que ya era
demasiado tarde, pero le dio la razón.
-Y no vuelvas a quedarte
a solas con Nico. Te interrogará sin compasión. Yo me aseguraré de tener
siempre cerca a alguna de las niñas cuando esté con Mery.
Sin dejarle responder,
se dirigió hacia la casita. Gastón dio un puntapié a un montón de gravilla
suelta y se dirigió a la casa de huéspedes. ¿Por qué tenía que ser tan
reservada? No es que él quisiera que dijera nada, las cosas ya eran lo bastante
inestables, pero Rochi no tenía que temer que la traspasaran a Detroit como
él; entonces, ¿por qué no les mandaba al cuerno?
Cuanto más pensaba en
ello, más le fastidiaba la actitud de Rocío. Era normal que él quisiera
mantener su relación en privado, pero, en cierto modo, no era normal que lo quisiera
ella.