“O
quizás…” pensé mientras nos robábamos miradas sin que los demás se dieran
cuenta “Era como si nunca nos hubiéramos alejado el uno del otro”.
–
Yo no creo que estos niños se reunieron al azar – Kate nos miró, y sus ojos se
estrecharon, cuando se fijó en Gastón. Vestía pantalón de carga verde oliva y
una camisa negra con un montón de bolsillos, su cabello rubio oscuro estaba
alisado y atado en una cola de caballo – Gastón, no me digas que regresaste a
ese lugar.
–
No regrese a Mandalay – dijo Gastón – Le pedí a Rocío que me
encontrara aquí. Pero si tengo que volver a la escuela de nuevo para verla, lo
haré.
–
Es demasiado peligroso.
–
¿Puedes decirme un lugar en el mundo dónde no estemos en peligro, mamá? Porque hace
un rato he estado más cerca de morir de lo que nunca he estado en la Academia
Mandalay.
Gastón
estaba exagerando un poco, dada la manera en que mi padre y Victorio le habían
perseguido el año pasado, pero yo no quería mirarlo mientras él estaba
defendiendo su decisión de encontrarse conmigo.
Kate
suspiró y luego sacudió la
cabeza. Ella me miraba seguidamente, no suavemente, porque
nada sobre ella era suave, pero de una manera que dejó claro que no me culpaba
del peligro en el que Gastón y yo habíamos estado.
–
Me alegra ver que estás bien, Rocío. Yo no confiaba en que las sanguijuelas
mantuvieran su palabra del año pasado.
Esas
sanguijuelas son mis padres, quise decir, pero en cambio conteste…
–
Lo hicieron. Estoy de vuelta en la escuela y todos nosotros pretendemos que no
ocurrió.
Gastón
me ayudó a seguir…
–
Probablemente ellos creen que aunque hubieras dicho algo, nadie lo creería – Yo
esperaba que nuestra explicación sonara convincente.
–
Lo que hiciste fue valiente, digo, entregarte para salvarnos del fuego – dijo
un anciano que se sentó en la parte de atrás al lado de Lala. Él me había dicho
su nombre, el señor Watanabe, recordé – Creo que eso nos salvo a todos –
–
Sí, Rocio, eso era un gesto bonito de tu parte – Lala palmoteó mis hombros y
les dio un apretón cordial – En serio, que tienes agallas –
–
No fue un buen gesto - Era lo que tenía que hacer – Esto hizo que la media
docena de personas en la camioneta echaran reír, aun cuando no había estado
haciendo realmente una broma. Sin embargo, mi tensión se alivió un poco.
El
año pasado, cuando Gastón se había descubierto como un miembro de la Cruz
Negro, se había visto obligado a escapar de la Academia de Mandalay. Yo había
huido con él, juntos habíamos llegado con Kate y de Eduardo, y ponernos a
salvo, al menos mientras la Cruz Negra no supiera que también yo era una
especie de vampiro. Pero la
señora. Bethany, mis padres y varios otros vampiros nos
habían rastreado. Cuando me había ido de nuevo con mis padres, no solo escapé
de esa confrontación, yo me había escapado antes de que la Cruz Negra averiguara
lo que realmente era. Ellos Todavía creían que era una niña humana secuestrada
y criada por padres vampiros, algo que yo necesitaba que siguieran creyendo.
Manejaron
hasta llegar a uno de los edificios abandonados de atrás. Kate chasqueó los
botones e hiso luces con la furgoneta: apagado, brillante, apagado, brillante.
Una puerta de metal, como para un muelle de cargamento, comenzó a abrirse,
revelando un camino fuertemente inclinado hacia abajo. Entramos en un garaje
subterráneo del estacionamiento que se veía casi como cualquier otro, excepto
que era iluminado por faroles colgados en las paredes o los pilares de
concreto. Cuando Kate giró y paró el motor, vi que aquel lugar oscuro y húmedo
estaba dividido en habitaciones delimitadas por paredes de cajas o únicamente
telas alquitranadas colgadas de cuerdas.
No
podía quitar la sorpresa de mi voz cuando dije…
–
¿Esta es la sede de la Cruz
Negra?
Todo
el mundo rió. Gastón apretó mi mano, tranquilizándome de que la risa no
significaba una burla.
–
No tenemos una sede. Vamos a donde necesitemos ir, encontrando sitios donde hay
problemas. Pero esto es seguro. Estamos seguros aquí
A
mí me parecía increíblemente triste. ¿Gastón había crecido en lugares tan
miserables como este? El aire todavía olía a extractor y aceite.
A
medida que nuestra tripulación se salió de la camioneta, otra media docena de
personas caminaron hasta nosotros, entre ellos un tipo alto, con dos heridas en
una mejilla. Era Eduardo, el padrastro de Gastón y, muy posiblemente, su
persona menos favorita. Su oscura mirada encarnaba todo lo que me asusta sobre la Cruz Negra.
–
Veo que esta es la gran emergencia – dijo, mirándome fijamente.
–
¿Prefieres otro tipo de emergencia? – dijo Kate como si estuviera fastidiada,
aunque no lo estaba. Pude escuchar el mensaje real de sus palabras: deja a mi
hijo.
O
Eduardo no oyó el mensaje, o no le importaba.
–
¿El vampiro se escapo? ¿De nuevo?
Gastón
apretaba la mandíbula de nuevo, pero sólo dijo…
–
Si. Ella es rápida.
–
¿Has visto a su banda? – Kate sacudió su cabeza, y pensé “¿Qué banda? Sabía que
la solitaria chica que había visto esta noche no tenía amigos, y mucho menos una
pandilla”
–
Tú vas a la escuela con los vampiros durante un año y no puedes averiguar por
qué han admitido a los seres humanos, y luego encuentras a esa vampiro de
suerte y la pierdes completamente por estar ligando afuera con tu novia – En la
luz de la linterna, Eduardo parecía haber sido tallado aproximadamente de la
madera cruda – Esto no es para lo que te entrenamos, Gastón –
–
¿Para qué me entrenaron? Me entrenaron para callar y seguir sus órdenes no
importa cuáles sean.
–
Cuestiones de disciplina. Nunca has entendido eso.
–
Así que no debo tener una vida.
–
Es suficiente – Kate intervino, mientras caminaba entre su marido y su hijo –
Tal vez ninguno esta equivocado con este argumento, pero el resto de nosotros
está cansado.
“Todavía
ellos deben estar como locos por lo de los estudiantes humanos en Mandalay”
pensé. “Si yo lo averiguaba y se lo decía a Gastón, se lo contaríamos a
Eduardo. Ver lo mal que trataba a Gastón, me hizo querer darle a Eduardo unos
buenos sermones. Uno o dos. O diez”
–
Rocío parece realmente cansada – dijo Lala
– Gastón, es mejor que la lleves a la sala de primeros auxilios, y asegúrate de
que esté bien."
–
Oh, yo me siento… – comprendí lo que Lala estaba haciendo y me
detuve – Eso podría ser una buena idea.
Kate
no dijo nada y nos dio permiso con un gesto de la mano. Eduardo nos miraba como
si él quisiera contradecirlo, pero no lo hizo.
Los
murmullos de la conversación fueron cobrando volumen detrás de nosotros
mientras que Gastón me llevo hacia una puerta lateral, la cual comunicaba con
el cuarto donde hacía guardia el vigilante cuando aquello era un aparcamiento.
–
¿Están hablando de nosotros? – yo murmure.
–
Probablemente están hablando sobre esa dichosa vampiro. Pero tan pronto como
ellos terminen con eso, sí, empezaran a hablar de nosotros.
–
¿Quién era ese vampiro?
–
Estaba un poco esperanzado de que tú
pudieras decirnos algo – Gastón dijo, cuando subimos la escalera corta hacia
eso que era la sala de primeros auxilios – Teniendo en cuenta como estaba las
dos juntas ahí afuera.
–
Ella solo estuvo un rato conmigo. Yo nunca conocí a un vampiro en las calles
antes tenía curiosidad.
–
En serio, Rocío, tienes que tener más cuidado.
Antes
de que yo pudiera decir nada más, Gastón encendió la linterna eléctrica pequeña
en el cuarto de primeros auxilios. El área era muy pequeña. Apenas entraba una
cama contra la pared. La
alfombra gris oscuro cubría el piso. El sitio era tan pequeño que la linterna
lo llenó de su suave luz.
Esto
era casi acogedor, y definitivamente privado. Gastón cerró la puerta detrás de
nosotros. Yo sentí un río de calor fluyendo por mis entrañas al darme cuanta de
que por fin estábamos realmente solos.
Gastón
me agarró y me empujó duramente contra la pared. Yo abrí la boca sin aire y él besó mis
labios abiertos, y entonces, me besó más duro de nuevo cuando yo empecé a
responder. Mis brazos se resbalaron alrededor de su cuello, y su cuerpo estaba
presionado contra el mío, nuestras rodillas, nuestras bocas… Podía respirar su
olor, el que me recordó a los oscuros bosques cerca de Mandalay. Mío, pensé.
Mío.
Nos
besamos frenéticamente, como si estuviéramos hambrientos el uno del otro, en la
manera en que la gente puede estar hambrienta de comida, agua o aire. La forma
en que un vampiro puede estar hambriento de sangre.
Tomé
su rostro entre mis manos y se sentí su barba incipiente. Su rodilla se abrió
paso lentamente entre las mías hasta que yo estuve montada a horcajadas sobre
su muslo. Luego me puso una mano en la rabadilla, por debajo de la camisa.
Sentir el roce de su piel en la mía me mareó, pero no me debilito. Me sentía
más fuerte que nunca.
–
Te extrañé – él susurró contra mi cuello – Dios sabe que te extrañe.
–
Gastón – No podía pensar en nada más que
decir, sólo su nombre. Era como si no valiera la pena decir algo más.
Lo
bese otra vez, esta vez más lentamente, y eso solo intensificó el beso. Sus dos
manos presionado contra mi espalda ahora, nos sostuvo más firmes, y empecé a
preguntarme cuánto más cerca podríamos estar, entonces recordé de lo que había
sentido como cuando bebí su sangre.
–
Espera – Di vuelta mi cabeza. Mi respiración se tornó demasiado agitada y no
pude mirarlo a la cara – Tenemos que frenar.
Gastón
cerró los ojos fuertemente, y luego asintió.
–
Mamá está fuera – Él lo decía para sí mismo, no para mí – Mamá está fuera. Mamá
está fuera. De acuerdo, eso me tranquiliza.
Nuestros
ojos se encontraron y, a continuación, empezamos a reír realmente alto. Gastón
se alejó de mí, lo suficiente como para que yo respirara normalmente de nuevo,
pero me rodeó con sus manos herméticamente.
–
Te ves hermosa.
–
Acabo de ser perseguida por la calle. Probablemente parezco restos de un tren –
Sabía que mi cabello estaba arrugado de muchas maneras, y mis pantalones
vaqueros estaban llenos de polvo.
–
Tienes que aprender a aceptar un cumplido, porque no voy a dejar de hacerlos – Gastón levantó una de mis manos a su boca.
Sus labios eran suaves contra mis nudillos. Fuera de la habitación oí la
conversación entre los otros de la Cruz Negra, que hicieron más ruido.
–
¿Cuánto tiempo puedes quedarte?
–
Hasta mañana por la tarde.
–
Casi todo un día – Él estaba tan
contento que no pude hacer más que ruborizarme – Eso es increíble
–
Sí, lo es – En la próxima semana, yo sabía, este breve período de tiempo iba a
parecer nada. Pero por ahora se estiraba ante mí como un cielo infinito lleno
de estrellas, y no quería pensar en lo que vendría después.
Eso
lo estropearía. Lo que importaba estaba aquí y ahora.
hay me encanto este capitulo!! son muy tiernos!!!!
ResponderEliminar