Frunció el ceño y trató de
moldear las palabras para recordarlas, excepto que no le salían.
El agua dejó de correr. Ella
se reacomodó más profundamente en su confortable cama.
—¿Rochi?
Abrió los párpados lo justo
para ver un cielo raso blanco. Un cielo raso demasiado blanco para pertenecer a
su querida casita de campo. ¿Y dónde estaba la grieta en forma de hoja sobre su
cama?
—¿Rochi?
Forzó sus párpados a abrirse
del todo y vio a Gastón acercándose por la alfombra hacia la cama. ¿Qué hacía Gastón
en su casita de campo?
Él llevaba una toalla
alrededor de las caderas y otra sobre los hombros. Su pelo estaba mojado y
desordenado.
El mundo volvió
sigilosamente a su lugar, y ella se percató que estaba en su casa. Y en su
cama.
Ella gimió.
—Buenos días, Queen
Elizabeth.
—¿Qué hago aquí? —croó.
—Tengo una cafetera entera
preparada abajo, pensé que te podía interesar. Definitivamente no aguantas el
alcohol.
—Por favor... —intentó
incorporarse entre las sábanas arrugadas—. Dime que no te debo treinta dólares.
—Cariño, después de lo que
sucedió anoche, te los debo yo a ti.
Ella gimió y enterró su cara
en la almohada.
Él se rió entre dientes.
—Eres como un gato montés en
la cama, te diré eso.
Ella se forzó a mirarlo,
luego se incorporó en las almohadas cuando vio el destello diabólico en sus
ojos.
—Ahórrate la energía. No
pasó nada.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Estás ahora de pie.
Otra sonrisita.
Considerando su condición
física deteriorada, ella pensó que esa era una respuesta medianamente
descarada, pero se sintió demasiado triste para tener mucha satisfacción de
ello. Se sentó en la cama y vio que llevaba una camiseta de la Universidad de
Texas, el sujetador y las bragas. Ahora mismo no se molestaría en pensar cómo
la había desnudado.
—¿Quieres que abra la ducha
para ti?
Ella tropezó hacia la puerta
de cuarto de baño.
—La abriré yo misma. Puedes
traerme el café.
—Sí, Su Señoría.
Ella cerró la puerta del
cuarto de baño, se deshizo de la camiseta por la cabeza, se quitó el sostén y
se dobló hacía el lavabo. Ahí fue cuando gritó.
Al otro lado de la puerta, Gastón
sonrió abiertamente, luego escuchó como el grito de Rochi se transformaba en
algo parecido a un sollozo. Su sonrisa abierta creció más ancha, sólo para
desvanecerse en un semblante ceñudo cuando oyó pies subiendo por las escaleras.
—¡Joder!.
La puerta del dormitorio se
abrió, y una primorosa mujer con pelo rubio entintado y un cuerpo de modelo,
entró precipitadamente.
—¿Jesús, Gastón, a quién has
matado esta vez?
Rochi salió volando del
cuarto de baño, con una toalla grande envuelta alrededor de su cuerpo,
fulminándole con los ojos.
—¿¡Qué me has hecho!?
—Ah, Rochi estoy encantado
de presentarte a mi querida hermana, Mery. Mery, ésta es Rocío Igarzabal.
Mientras Rochi trataba de
poner su boca a trabajar, Gastón echó un vistazo al aspecto de Mery, como
siempre, llevaba un Nieman Marcus, uno de esos pequeños y simples vestidos que
costaban más que la deuda nacional, y unos pendientes de diamantes decoraban
sus orejas, un regalo de su último exmarido.
Su pelo rubio estaba cortado
hasta la mandíbula, excepto alrededor de su cara donde era algo más corto. De
veintiocho años, era alta, delgada, de ojos pardos, y guapa. También peor que
un dolor de muelas. A pesar de todo, la quería, y él podría ser la única
persona en el mundo que entendía cuánta infelicidad acechaba bajo su fachada de
mujer segura de sí misma.
—¿Podrías alguna vez usar el
timbre de la puerta? —se quejó él.
—¿Por qué debería hacerlo
cuando tengo una llave perfectamente buena? —miró a Rochi con interés—.
¿Cariño, que tatuaje tienes ahí?
Ignorándola, Rochi cargó
hacia él, con lágrimas refulgiendo en sus ojos.
—¿Cómo pudiste dejar que
ocurriera esto?
Él estudió la bandera rizada
roja, blanca y azul con la estrella solitaria que ocupaba una gran parte de la
parte superior de su brazo izquierdo, junto con Gastón.
—No pude hacer gran cosa. Ya
sabes cómo te pones cuando se te mete una cosa en la cabeza.
—Estaba borracha.
—Puedes decirlo muy alto.
—Al menos no es vulgar —dijo
Mery en un intento de ser amable.
Rochi clavó los ojos en ella
cuando Mery extendió su mano.
—Encantada de conocerte, Rocío.
En caso que te hayas perdido la introducción, yo soy Mery Dalmau. Tuve un par
de otros apellidos, pero recientemente me he deshecho de ellos y he vuelto a
mis orígenes. Espero que no te ofendas si te digo que tienes un gusto horrible
con los hombres —soltó la mano de Rochi y se volvió hacía Gastón—. Podrías
haber contestado al menos a una de mis llamadas, tú, gilipollas.
—¿Por qué? Sólo vas a
decirme que tengo que ir a Wynette, y siento decirte que no puedo ir a Wynette
en estos momentos.
—Joder. Puedes ignorarme
después de la boda, si quieres.
—¿Tú y Phillip Morris os
encadenáis? —preguntó él.
—Su nombre es Phillip
Morrison, y sabes muy bien que no hablo de mi boda.
—Las cosas entre Phillip y
tú no se han arreglado, entiendo.
—Él quería que dejara de
despotricar y le diera diez golpes —hizo un plaf gracioso con una mano en su
cadera—. Te juro que no podría pasarme el resto de mi vida mirando ese swing
suyo sin soltar ningún comentario semiobsceno.
—¿Has cortado con él porque
no te gusta su swing?
—Eso y el nombre con que
llama a su polla.
—Montones de hombres hacen
eso.
—Sí, pero ¿cuántos la llaman
Barbie?
Gastón suspiró.
—Ya lo estás arreglando.
—No lo creo.
Rochi no podía soportarlo
más, y se encaró con él.
—¿¡Cómo me han hecho este
tatuaje!?
—Estabas absolutamente
encantada con él.
—¡Una flor! ¡Quería una
florecilla!
—No, anoche no querías. Y,
cariño, deberías agradecérmelo en lugar de gritarme porque también querías que
te hicieran en el otro brazo la Union Jack. Cuando te dije que no, te pusiste a
pelear. Finalmente tuve que sacarte fuera de la sala de tatuaje pataleando y
gritando. Me dio miedo llevarte de regreso al hotel, por lo que has terminado
aquí.
Rochi se sentó en una
esquina de la cama.
—Pero sólo tomé dos
margaritas. ¿Cómo pude perder la conciencia con dos bebidas?
—Las margaritas llevan
bastante alcohol. Y al parecer no lo toleras demasiado bien.
Ella enterró la cabeza entre
sus manos.
—Nada me ha salido bien
desde el momento que te conocí.
Se tatuó una bandera? jajaja Eso le pasa por emborracharse xD
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