jueves, 2 de agosto de 2012

Primera Parte, Capitulo Diescinueve



En los viejos tiempos, si a una chica le gustaba un chico, se aseguraba siem­pre de que ganara él cuando jugaban a las cartas y juegos de mesa.
«Jugar duro»
Artículo para Chik

Se quitaron los bañadores y se vistieron a tiempo para el té de Rocío en la glorieta, que ella había decidido adelantar a las tres porque creyó que sería mejor para los niños. Mientras ha­blaba con María, Rochi se lamentó de que los platos de cartón y el pastel comprado en una tienda la descalificaban para el pós­ter desplegable de la revista Victoria, pero Gastón sabía que le importaba más pasar un buen rato que sacar la porcelana buena.
Gas saludó con la cabeza a Julia, que se había acercado a la glorieta junto a Jacinta Long y una amiga de Jacinta, Vi. Gas había observado que los residentes de las casitas la protegían de la curiosidad de los clientes más pasa­jeros de la casa de huéspedes. Gastón pensó en ir a hablar con ella, pero no se le ocurrió qué decir.
Ro seguía rodeada de caniches juguetones y niños rui­dosos. Llevaba un pasador rojo en forma de corazón en el pelo, unos vaqueros rosas, un top violeta y cordones de un azul brillante en las zapatillas deportivas. Parecía un arco iris andante, y al verla no pudo evitar sonreír.
-¡George! -gritó Rochi dando saltitos y saludando a Liam Jenner, que bajó de su camioneta hacia las cuatro de la tarde y se acercó a ellos-. ¡George Smith! Gracias por venir.
Liam se rió y se acercó para darle un fuerte abrazo. Tal vez era mayor, pero seguía siendo un tipo atractivo, y a Kevin no le entusiasmaba que la conejita y él hicieran tan buenas migas
-Tengo que presentarte a mi hermana. Había llevado una galería en Nueva York, pero no le diré quién eres.
« ¡Ja! » Los ojos de Rocío centellearon traviesamente, pero Liam no se apercibió. «Primo.»
Mientras el pintor se dirigía hacia Mery, pasó junto a Julia. Tal vez Liam ya estaba harto de ser rechazado cada ma­ñana en la mesa de la cocina. Gastón no tenía manera de saber­lo. Si a Julia no le gustaba estar cerca de él, ¿por qué seguía apareciendo cada mañana a desayunar?
Gastón apartó la mirada de Julia y la posó en Rocío, e intentó averiguar en qué momento exacto le había estallado en la cara su práctica de rodearse de mujeres de bajo manteni­miento. Se puso la gorra de béisbol en la cabeza y se prome­tió que aquella noche se dedicaría a mirar retransmisiones de partidos.
Los hombres quisieron hablar de fútbol, Gas y Nico cumplieron. Hacia las cinco, la mayoría de los adultos em­pezaron a marcharse, pero los niños todavía estaban pasán­dolo en grande, y Gas decidió que al día siguiente colga­ría una canasta de baloncesto. Tal vez compraría balsas de  goma para la playa. Y bicicletas. Los niños tenían que poder ir en bicicleta mientras estaban en el campamento.
Cody y los hermanos O'Brian llegaron corriendo con las caras sudorosas y la ropa sucia. El aspecto exacto que de­bería tener un niño en verano.
-¡Eh, Gastón! ¿Podemos jugar al béisbol?
Gas sintió que se esbozaba una amplia sonrisa en su cara. Un partido de béisbol en el espacio comunitario, justo donde se había levantado el tabernáculo...
-Claro que podemos. ¡Atención! Todos los que quie­ran jugar al béisbol que levanten la mano.
Un montón de manos se levantaron a su alrededor. Paloma y Estefanía se acercaron corriendo, y Amado se puso a chillar y a saltar. Incluso los adultos parecieron interesados.
-Un partido de béisbol es una idea fabulosa –gorjeó Jacinta Long desde su tumbona-. Organízalo todo, Gas.
Gastón sonrió por la intromisión.
-¿Quieres ser uno de los capitanes, Cody?
-Por supuesto.
Miró a su alrededor en busca de otro capitán y cuando estaba a punto de elegir a Paloma, algo en la forma en que Valeria, estaba sentada a los pies de su padre abrazando a los caniches le llamó la atención. Gastón la había visto levantar la mano unos centímetros, pero de inmediato volvió a dejarla sobre su regazo.
-Vale, ¿qué me dices? ¿Quieres ser tú la otra capi­tana?
Gastón se quedó de piedra al ver que Nicolás bajaba la cabeza ­y soltaba un gruñido.
-¡No, Gastón! -gritaron al unísono Tefi y Paloma-. ¡Valeria, no!
Rochi fue la que más le sorprendió, aquella conejita a la que se suponía tan sensible con los niños.
-Esto... Tal vez sería mejor si eligieras a otra persona le aconsejó.
«Pero ¿qué le pasaba a aquella gente?»
Por suerte, su crueldad no perturbó a Valeria, que se puso en pie de un salto, se alisó los pantalones y le sonrió con la misma sonrisa de su tía.
-Gracias, Gas. Casi nunca me dejan ser capitana.
-Eso es porque tú...
Mery le tapó la boca a Paloma, pero también ella parecía afligida.
Gastón se disgustó con todos ellos. No había nadie más competitivo que él, pero jamás caería tan bajo como para hacer que una niña se sintiera mal sólo por no ser atlética. In­tentó darle confianza con una sonrisa.
-No les hagas ningún caso, preciosa. Serás una gran ca­pitana. Incluso puedes ser la primera en elegir.
-Gracias.
Valeria dio un paso adelante e inspeccionó a la gente. Gastón supuso que le elegiría a él o a su padre, y se sorpren­dió al ver que señalaba a su madre, una mujer que jugaba tan mal que los veteranos del equipo de los Stars se habían ha­bituado a programar visitas al dentista sólo para tener una excusa para marcharse del picnic del equipo antes del tradi­cional partido de béisbol.
-Elijo a mamá.
Gastón se puso en cuclillas a su lado y bajó la voz.
-Por si no te ha quedado claro, Vale, puedes elegir a quien quieras, incluidos los hombres. O sea, a tu padre. A mí. ¿Estás segura de que quieres elegir a tu madre la pri­mera?
-Está segura -suspiró Nico detrás de él-. Ya estamos otra vez.
Valeria levantó su mirada hacia Gastón y susurró.
-A mamá le duele mucho que nadie la quiera nunca en su equipo.
Paloma habló con la franqueza que sólo se permite hasta los once años.
-Eso es porque es malísima.
Mery inspiró con fuerza y le dio una palmadita en el hombro a la capitana de su equipo, olvidando oportunamente su reticencia anterior.
-No le hagas caso, Vale. Una actitud ganadora es mucho más importante que la habilidad natural -le dijo a su hija.
Al contrario que Valeria, Cody no se anduvo con ton­terías y prefirió la habilidad natural a la actitud ganadora.
-Elijo a Gastón.
Nico se levantó de su tumbona y se acercó a su hija.
-Vale, cariño, estoy aquí. No te olvides de mí. He­rirás mis sentimientos si no me eliges.
-No es verdad -replicó Valeria con una bonita son­risa; se volvió y fijó su mirada en Julia, que estaba hablando de jardinería con algunas de las mujeres mayores y, si Gas no recordaba mal, ni siquiera había levantado la mano.
-La elijo a usted.
-¿A mí? –Julia pareció complacida y se levantó-. Vaya, no había jugado al béisbol desde que era una adoles­cente.
-Será un equipo excelente. Hay mucha actitud gana­dora -dijo Vale sonriéndole a su madre.
Cody, que no era de los que dejan crecer la hierba deba­jo de sus pies, eligió a Nicolás.
Gas se acercó nuevamente e intentó ayudar a Valeria señalando al mayor de los hermanos O'Brian.
-Antes me he fijado en cómo lanzaba el balón de fút­bol. Scott es un buen deportista.
-Ahórrate la saliva -murmuró Nico; y con mucha ra­zón, porque Gastón supo enseguida cuál había sido la tercera elección de Valeria al ver la alegría del rostro de Amado.
-Elijo a Amado. ¿Lo ves, Amado? Que tengas sólo cinco años no quiere decir que nadie te quiera en su equipo.
-Yo elijo a Paloma -se apresuró a decir Cody.
-¡Y yo elijo a mi tía Rochi! -sonrió alegre Vale.
Gas suspiró. De momento, Cody tenía en su equipo a un quarterback en activo de la NFL, a un quarterback reti­rado de la NFL y a una de las adolescentes más atléticas del norte de Illinois. Valeria, por el contrario, tenía a su madre, la peor jugadora de béisbol de la historia; a su hermano pe­queño, que tenía un gran entusiasmo, pero, con sólo cinco años, poca habilidad; y a Rochi, que era... era Rochi, la mu­jer que hacía volcar canoas, que casi se había ahogado y que en general odiaba el deporte.
Las siguientes elecciones de Cody incluyeron a las dos adolescentes que antes habían estado chutando un balón de fútbol europeo con Paloma, al mediano de los O'Brian, forni­do como un tanque, y a sus dos padres, físicamente aptos.
Valeria eligió al O'Brian de seis años, un niño al que Gas juraría haber visto escondiendo su manta de seguridad entre los arbustos. Se redimió eligiendo a su hermana Estefanía, que al menos era bailarina y coordinaba sus movimientos, y luego a Liam Jenner, aunque su razonamiento no fuera de­masiado convincente.
-Porque me ha hecho un bonito dibujo de Cafre y Canela.
Mientras Cody completó su equipo con el resto de adul­tos más jóvenes, Vale eligió a todas las ancianas que qui­sieron jugar.
Aquello iba a ser una masacre.
Los niños corrieron a sus casitas a por el equipamiento, el señor Canfield, afectado de artritis, se ofreció voluntario para arbitrar, y pronto todo el mundo estuvo en su lugar.

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