lunes, 22 de octubre de 2012

Segunda Parte, Capitulo Veintidos


El aire seguía siendo húmedo por la tormenta, así que Rocío se puso una sudadera por encima del top y el panta­lón corto. Gastón esperaba en el porche principal, con Cafre a sus pies. El humo que desprendía su taza de café subía en es­piral mientras él contemplaba el bosque. Rochi se acurrucó dentro de la calidez de su sudadera.
-¿Estás listo para oír el resto de la historia?
-Supongo que más me vale estarlo.
Rocío hizo que la mirara.
-Le dije a Eddie que aunque te vendieras el campamen­to, todavía estabas emocionalmente ligado a él, y que no po­días soportar la idea de que le estuviera ocurriendo algo al lago. Por ese motivo, te hallabas bajo un estado de negación permanente de la contaminación. Le dije que no le engaña­bas deliberadamente, que no podías evitarlo.
-¿Y Eddie se lo tragó?
-Es más tonto que un haba, y yo estuve bastante con­vincente. -Rocío narró con todo detalle el resto de la his­toria-. Entonces le dije que tenías un problema mental, y por eso sí que te pido perdón, y le prometí que me asegura­ría de que recibieras ayuda psiquiátrica.
-¿Un problema mental?
-Fue lo único que se me ocurrió.
-¿Y no se te ocurrió no entrometerte en mis negocios?
Gastón dejó de un golpe su taza de café y salpicó toda la mesa.
-No podía hacerlo.
-¿Por qué no? ¿Quién te ha dado permiso para organi­zarme la vida?
-Nadie. Pero...
El mal genio de Gas tenía una mecha larga, pero por fin estalló.
-¿Qué pasa contigo y este lugar?
-¡No soy yo, Gas, eres tú! Has perdido a tus dos pa­dres, y estás decidido a mantener a Julia a una distancia pru­dencial. No tienes ningún hermano, ningún tipo de parente­la en absoluto. ¡Es importante que no pierdas el contacto con tu pasado, y este campamento es lo único que te queda!
-¡A mí no me importa mi pasado! ¡Y créeme, tengo mu­cho más que este campamento!
-Lo que intento decirte es...
-Tengo millones de dólares y no he sido tan estúpido como para desprenderme de ellos, ¡empecemos por ahí! Tengo coches, una casa lujosa, una cartera de acciones que me mantendrán sonriente durante mucho tiempo. ¿Y sabes qué más tengo? Tengo una carrera y no permitiría que un ejér­cito de entrometidos interesados me la arrebatara.
Rocío entrelazó sus manos.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Explícame una cosa. Explícame cómo se justifica que pases tanto tiempo metiéndote en mis asuntos en vez de preo­cuparte de los tuyos.
-Sí que me preocupo de mis asuntos.
-¿Cuándo? Llevas dos semanas urdiendo y maquinan­do acerca del campamento en vez de dedicar tus energías a lo que deberías. Tu carrera se está yendo al garete. ¿Cuándo vas a empezar a presentar batalla por tu conejita en vez de tumbarte y hacerte la muerta?
-¡Yo no he hecho eso! No sabes de qué estás hablando.
-¿Sabes qué pienso? Creo que tu obsesión por mi vida y este campamento es sólo una forma de no pensar en lo que deberías estar haciendo con tu propia vida.
¿Cómo se las había apañado para darle la vuelta a la con­versación?
-Tú no entiendes nada. Daphne se cae de bruces es el pri­mer libro de un nuevo contrato. No van a aceptarme nada nuevo hasta que lo revise.
-No tienes agallas.
-¡Eso no es verdad! Hice todo lo posible para conven­cer a mi editora de que estaba equivocada, pero Birdcage no cedió.
-Vale me habló de Daphne se cae de bruces. Me di­jo que es tu mejor libro. Lástima que vaya a ser la única niña que lo leerá. -Gastón señaló con un gesto la libreta que Rocío había dejado sobre el sofá-. Y luego está el nuevo en el que estás trabajando, Daphne va a un campamento de verano.
-¿Y tú cómo sabes...?
-No eres la única que actúa a hurtadillas. He leído el borrador. Aparte de alguna injusticia flagrante con el tejón, diría que tienes otro éxito. Pero nadie puede publicarlo a me­nos que obedezcas las órdenes. ¿Y lo estás haciendo? No. ¿Estás siquiera forzando el asunto? Tampoco. En vez de eso, vives sin rumbo en una especie de país de nunca jamás donde ninguno de tus problemas es auténtico, sólo los míos.
-¡No lo entiendes!
-En eso te doy la razón. Nunca he comprendido a los cobardes.
-¡Eso no es justo! Yo no puedo ganar. Si hago esas revi­siones, me habré vendido y me odiaré. Si no las hago, los li­bros de Daphne desaparecerán. El editor jamás reeditará los antiguos, y seguro que no publicará ninguno nuevo. Haga lo que haga, perderé, y perder nunca es una buena opción.
-Perder no es tan malo como dejar de luchar.
-Sí que lo es. Las mujeres de mi familia nunca pierden. Gastón se la quedó mirando un buen rato.
-A menos que se me escape algo, sólo hay otra mujer en tu familia.
-¡Y mira lo que hizo! -La agitación la obligaba a moverse-. María siguió al frente de los Stars cuando nadie en el mundo apostaba por ella. Derrotó a todos sus enemigos…
-Se casó con uno de ellos.
-... y les ganó con sus propias reglas. Todos aquello hombres pensaban que era una rubia boba y la despreciaron. Nunca debería haber acabado al frente de los Stars, pero lo hizo.
-Todos en el mundo del fútbol la admiran por ello. Pero ¿qué tiene que ver eso contigo?
Rocío se volvió y se alejó unos pasos. Él ya lo sabía y no la iba a obligar a decírselo.
-¡Vamos, Rochi! Quiero oír salir de tu boca esas pala­bras para poder llorar a moco tendido.
-¡Vete al cuerno!          
-Vale, ya lo diré yo por ti. No quieres pelear por tus hombros porque podrías fracasar, y eres tan competitiva con tu hermana que no puedes arriesgarte a eso.
-Yo no soy competitiva con Mery. ¡La quiero mucho!
-Eso no lo dudo. Pero tu hermana es una de las muje­res más poderosas en el deporte profesional, y tú eres una fracasada.
-¡No lo soy!
-Pues deja de comportarte como tal.
-No lo entiendes.
-Estoy empezando a entender muchas cosas -dijo ro­deando con la mano el respaldo de una de las sillas-. En rea­lidad, creo que por fin lo he entendido todo.
-¿Entendido el qué? No importa, no quiero saberlo.
Ro se dirigió a la cocina, pero Gas le cerró el paso antes de que pudiera llegar allí.
-Eso de la alarma de incendios. Nicolás habla de la niña tranquila y seria que eras. Las buenas notas que sacabas, todos los premios recibidos. Te has pasado toda la vida inten­tando ser perfecta, ¿verdad? Siendo la primera en la lista de honor, coleccionando medallas por buena conducta del mismo modo que otros niños coleccionan cromos de béisbol. Pero entonces algo ocurre. Sientes una presión salida de la nada y pierdes la chaveta. ¡Tiras de una alarma de incendios, te desprendes de todo tu dinero, asaltas la cama de un per­fecto desconocido! -Gastón sacudió la cabeza-. No entie­ndo cómo no me di cuenta enseguida. No entiendo cómo nadie más se da cuenta.
-¿Cuenta de qué?
-De quién eres realmente.
-Como si tú lo supieras.
-Tanta perfección. No es tu naturaleza.
-¿De qué estás hablando?
-Estoy hablando de la persona que habrías sido si hubieses crecido en una familia normal.
Rocio no sabía qué iba a decir Gas, pero sabía que se lo creía y de repente sintió ganas de huir.
Gastón se interpuso entre ella y la puerta de escape.
-¿No lo ves? Tu naturaleza era ser la payasa de la clase, la chica que hacía novillos para fumar marihuana con su no­vio y hacérselo en el asiento de atrás de su coche.
-¿Qué?
-La chica con más probabilidades de pasar de la facultad y Largarse a Las Vegas a desfilar en tanga.
-¡En tanga! ¡Es lo más...!
-Tú no eres la hija de Bartolomé Igarzabal -se rió burlón-. ¡Diablos! Eres la hija de tu madre. Y todos han estado dema­siado ciegos para darse cuenta.
Rocío se dejó caer en el columpio. Aquello era una bo­bada. Las divagaciones mentales de alguien que ha pasado demasiado tiempo en una máquina de resonancia magnética. Gas estaba poniendo patas arriba todo lo que Ro creía saber sobre sí misma.
-No tienes ni idea de lo que... De pronto, se quedó sin aire.
-Lo que estás...
Rochi intentó acabar la frase, pero no pudo porque en lo más profundo de su ser algo encajó finalmente en su lugar.
«La payasa de la clase... La chica que hacía novillos...»
-No sólo es que tengas miedo de arriesgarte porque es­tás compitiendo con María. Tienes miedo de arriesgarte porque sigues viviendo con la ilusión de que tienes que ser perfecta. Y Rocío, créeme, ser perfecta no forma parte de tu naturaleza.
Rocío necesitaba pensar, pero no podía hacerlo bajo la mirada de aquellos vigilantes ojos verdes.
-Yo no... Ni siquiera me reconozco en la persona de la que hablas.
-Dedícale unos segundos, y seguro que te reconocerás. Eso ya era demasiado. El tonto era él, no ella.
-Intentas distraerme para que no siga con todo lo que va mal contigo.
-A mí nada me va mal. O, al menos, nada me iba mal hasta que te conocí.
-¿Eso crees? -Rocío se dijo a sí misma que era mejor callar, aquél no era el momento, pero todo lo que había es­tado pensando y había intentado no decir salió a la superfi­cie-. ¿Y qué me dices del miedo que le tienes a cualquier tipo de conexión emocional?
-Si te refieres a Julia...
-No, no. Eso sería demasiado fácil. Incluso alguien tan obtuso como tú sería capaz de imaginarse eso. ¿Por qué no nos fijamos en algo más complicado?
-¿Por qué no?
-¿No es un poco raro? Tienes treinta y tres años, eres rico, moderadamente inteligente, pareces un dios griego y eres a todas luces heterosexual. Pero ¿qué falla en el retrato? Ah, sí, ya me acuerdo... Nunca has tenido una sola relación duradera con una mujer.
-Ah, por el...
-¿Qué me dices de eso?
-¿Y tú cómo sabes si eso es cierto?
-Cotilleos sobre el equipo, los periódicos, el artículo que hablaba de nosotros en People. Si alguna vez has tenido alguna relación duradera, debió de ser en el instituto. Por tu vida pasan montones de mujeres, pero ninguna consigue que­darse mucho tiempo.
-¡Hay una que ya se está quedando demasiado!
-Y fíjate en el tipo de mujeres que eliges -dijo Rocío poniendo las manos sobre la mesa-. ¿Eliges a mujeres inte­ligentes que pudieran tener alguna posibilidad de mantener tu interés? ¿O mujeres respetables que compartan al menos algunos, y ni se te ocurra discutirme sobre esto, de tus valo­res de lo más conservadores? Pues sorpresa, sorpresa. Nada de eso.
-Ya volvemos a lo de las mujeres extranjeras. Te juro que estás obsesionada.
-Vale, pues dejémoslas a un lado y fijémonos en las mu­jeres americanas con las que sale el H.P. Chicas asiduas a las fiestas que llevan demasiado maquillaje y demasiada poca ro­pa. ¡Chicas que babean en tus camisas y no han visto el inte­rior de un aula desde que suspendieron matemáticas básicas!
-Estás exagerando.
-¿No lo ves, Gastón? Eliges deliberadamente a mujeres con las que estás predestinado a no poder tener una auténti­ca relación.
-¿Y qué? Quiero concentrarme en mi carrera, y no pasar por el aro para hacer feliz a una mujer. Además, sólo tengo treinta y tres años. No estoy listo para sentar la cabeza.
-Para lo que no estás listo es para crecer.
-¿Yo?
-Y luego está Julia.
-Tenía que salir...
-Es extraordinaria. Aunque hayas hecho todo lo posi­ble para mantenerla a distancia, sigue por aquí, esperando a que entres en razón. Tienes muchísimo que ganar y nada que perder con ella, pero ni siquiera quieres concederle un rin­concito en tu vida. En vez de eso, te comportas como un ado­lescente malhumorado. ¿No lo ves? A tu manera, estás tan afectado por la educación que recibiste como yo.
-No, de eso nada.
-Mis cicatrices son más fáciles de comprender. No tuve madre y tuve un padre tiránico, mientras que tú tuviste un padre y una madre que te amaron. Pero eran tan distintos a ti que nunca te sentiste realmente vinculado a ellos, y eso to­davía te hace sentir culpable. La mayoría de la gente podría dejarlo a un lado y seguir adelante, pero la mayoría de la gen­te no es tan sensible como tú.
Gastón saltó de la silla.
-¡Eso es una bobada! Soy tan duro como el que más, señorita, no lo olvides.
-Sí, eres duro por fuera, pero por dentro eres tan blan­do como el algodón, y tienes tanto miedo a mandar tu vida al garete como yo.
-¡Tú no sabes nada!
-Sé que no hay otro hombre entre mil que se hubiera sen­tido obligado por honor a casarse con la loca que le había asal­tado mientras dormía, aunque estuviera emparentada con su jefa. Nicolás y Mery podían haberte encañonado con una es­copeta, pero lo único que tenías que hacer era darle la culpa a quien la tenía. No sólo no lo hiciste, sino que me obligaste a jurar que tampoco lo haría yo. -Ro tenía las manos frías y se las metió dentro de las mangas de la sudadera-. Luego está la forma como te comportaste cuando sufrí el aborto.
-Cualquiera en mi lugar habría...
-No, nadie lo habría hecho, pero tú quieres creerlo por­que te da miedo cualquier tipo de emoción que no encaje en­tre los dos postes de una portería.
-¡Eso es una estupidez!
-Fuera del campo, sabes que hay algo que te falta, pero te da miedo buscarlo porque, a tu manera típicamente neu­rótica e insegura, crees que hay algo que no funciona en tu interior y que impedirá que lo encuentres. No pudiste co­nectar con tus padres, por tanto, ¿cómo podrías establecer una relación duradera con cualquier otra persona? Es más sencillo concentrarse en ganar partidos de fútbol.
-¿Relación duradera? ¡Para el carro! ¿De qué estamos hablando realmente?
-Hablamos de que ya va siendo hora de que madures y tomes algún riesgo de verdad.
-No lo creo. Creo que hay alguna agenda oculta detrás toda esta farsa.
Hasta ese momento, Rocío no había intentado que así fuera, pero a veces Gastón veía las cosas antes que ella. Se dio ruta de que él tenía razón, pero ya era demasiado tarde Ro se enfureció consigo misma.
-Creo que de lo que estamos hablando es de una rela­ción duradera entre nosotros -dijo él.
-¡Ja!
-¿Es eso lo que quieres, Rocío? ¿Pretendes convertir nuestro matrimonio en un auténtico matrimonio?
-¿Con alguien que emocionalmente tiene doce años? Un hombre que apenas puede ser educado con su única pa­rienta consanguínea? No soy tan autodestructiva.
-¿No?
-¿Qué quieres que te diga? ¿Que me he enamorado de ti?
Rochi había intentado ser mordaz, pero vio por su ex­presión de asombro que Gas había reconocido la verdad. Sintió que se le aflojaban las piernas, se sentó al borde del columpio e intentó encontrarle una salida a aquel atolla­dero, pero se sentía emocionalmente demasiado apaleada. Y además, ¿qué sentido tendría si Gastón podía ver más allá de sus palabras? Rochi levantó la cabeza y admitió:
-¿Y qué? Reconozco un callejón sin salida en cuanto entro en él, y no soy tan estúpida como para seguir en la di­rección equivocada.
A Rocío no le gustó la perplejidad que expresaba el ros­tro de Gastón.
-Estás enamorada de mí.
Ro sintió la boca seca. Cafre se frotó contra sus tobi­llos y gimió. Quiso decir que no era más que una derivación del encaprichamiento, pero no pudo.
-Qué gran cosa -logró decir-. Si crees que me voy a poner a llorar en tu pecho porque tú no sientes lo mismo, te equivocas. Yo no suplico por el amor de nadie.
--Rochi...
A Rocío no le gustó en absoluto la compasión de su voz. Otra vez más, Rocío no había estado a la altura. No había sido lo bastante inteligente ni lo bastante guapa ni lo bastante especial para que un hombre la amara.
¡Basta!
Rocío se sintió poseída por una ira terrible, y esta vez no iba dirigida hacia él. Estaba harta de sus propias insegurida­des. Le había acusado de tener que crecer, pero Gatón no era el único. A ella no le pasaba nada malo, y no podía seguir vi­viendo su vida como si así fuera. Si su amor no era corres­pondido, eso se perdía Gastón.
-Me marcharé hoy con Mery y Nico -dijo levan­tándose del columpio de un salto -. Mi corazón roto y yo procuraremos volver a Chicago sin ser vistos, y ¿sabes qué? Ambos sobreviviremos sin problemas.
-Ro, no puedes...
-Para, antes de que le dé un calambre a tu conciencia. Tú no eres responsable de mis sentimientos, ¿de acuerdo? Esto no es culpa tuya, y no tienes que arreglarlo. Es simple­mente una de esas cosas que pasan.
-Pero... Lo siento, yo...
-Cállate.
Lo dijo suavemente, porque no quería marcharse con rencor. Rocío avanzó hacia él y, sin proponérselo, levantó la mano y le acarició la mejilla. Le encantaba el tacto de su piel, y lo amaba a pesar de sus flaquezas demasiado humanas.
-Eres un buen hombre, Charlie Brown, y te deseo lo mejor.
-Rochi, yo no...
-Eh, no me supliques que me quede, ¿bueno? -Rocío lo­gró esbozar una sonrisa y comenzó a alejarse-. Todo lo bue­no se acaba, y aquí es donde estamos -dijo al llegar a la puer­ta-. Vamos, Cafre. Iremos a buscar a Mery.

3 comentarios:

  1. Que triste el final del capítulo! Que Gas no la deje ir

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  2. no quiero que se vaya, que gas no lo permita...
    espero el siguiente, no tardes en subir...

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  3. que gas no permita que se vaya!!!! por favor subi el siguiente, quiero saber como sigue!!!

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