Wynette, Tejas, era una
vieja y encantadora ciudad con una plaza en el centro y una próspera zona de
compras que se extendía en varias calles peatonales. Ya que Gastón lo había
bordeado para ir a su rancho, era la primera vez que Rochi veía el centro, y Mery
la llevó hasta un honky—tonk llamado Roustabout. El Tauro verde permanecía
detrás de ellas.
Cuando entraron, Rochi se
contuvo de mirar hacia atrás para identificar al hombre que las seguía.
—Aquí es más o menos dónde
viene toda la gente —dijo Mery—. Lleva aquí años y años.
A diferencia de las tabernas
acogedoras de Lower Tilbey, el Roustabout era una sala grande, abierta, con una
separación de barrotes de madera en el medio. Rochi vio dos mesas de billar,
una fila de videojuegos, y una pista de baile pequeña con un tocadiscos
tragamonedas sonando con gran estruendo a música country. Aunque era un día
entre semana, la mayor parte de las mesas estaban ocupadas, como los bancos que
estaban pegados a la pared.
Otra vez, Rochi miró por
encima del hombro, y esta vez vio a un hombre musculoso con una camisa sport de
flores entrando a través de la puerta.
Sintió un gusanillo en la
base del cuello cuando él clavó los ojos en ella, y su corazón palpitó más
rápido. ¿Era ese el espía de Hugh? ¿Era el hombre que conducía el Tauro verde?
Mery se adelantó a ella
hacia la barra, llevó una mano a su boca, y dejó escapar un silbido chillón.
—Escuchar todos.
Aunque la máquina de discos
continuaba sonando, las conversaciones se pararon cuando todo el mundo la miró
con interés.
—Ésta es Rocío —anunció Mery—.
Gastón está enseñándole la zona unos días. Viene de Inglaterra. Ella también es
una verdadera aristócrata, de veras, a pesar de ese tatuaje en su brazo. Rocío,
dile unas pocas palabras a estos palurdos, para que vean que hablo en serio.
—Estoy encantada de conocerlos
—dijo Rochi auto-conscientemente.
Ella trató de encorvar los
hombros lo justo para que su manga bajara un poco, excepto que él movimiento no
logró su objetivo, y todos siguieron con la mirada fija en su tatuaje. Aun así,
su acento británico pareció convencerlos.
Mery tomó el brazo de Rochi
y se dio la vuelta hacía la barra.
—Joey, ¿me pones un vaso de
Chardonnay, vale? ¿Qué quieres tomar tú, Rocío?
—Un gin tonic, por favor.
A Rochi no le gustaban
especialmente los gin tonic, prefería las margaritas, pero no quería que esta
gente pensara que era una viciosa del alcohol. Además, tenía en su brazo un
recordatorio permanente de que necesitaba permanecer sobria, así que estaba
decidida a deshacerse de la bebida y sustituirla por agua tan pronto como
tuviera la oportunidad. Era lo más sabio.
El camarero sirvió las
bebidas, y varios de los asistentes se acercaron para presentarse
personalmente, con Mery haciendo de maestra de ceremonias. Un hombre sugirió
que guardara sus objetos de valor antes de que Gastón se los robara, y una
mujer dijo que nunca dejara que Gastón le sujetara una cuerda pues la soltaría
y la dejaría caer. Ambos comentarios fueron saludados con risitas por la
muchedumbre.
Eventualmente, Mery la
condujo hacia una mesa en una esquina donde un joven veinteañero estaba sentado
tomando una cerveza. Mientras se acercaban, Rochi se preguntada si había algo
en el abastecimiento de agua de Wynette que producía todas esas personas guapas.
Primero Gastón, luego Mery, y ahora este joven. Él tenía el pelo castaño
abundante, pómulos altos y una mandíbula cuadrada, sólida. Sus hombros eran
anchos, su cuerpo delgado pero fibroso.
—Hola, Luc. ¿Cómo estás?
Mery tomó asiento en la mesa
sin esperar invitación, luego gesticuló hacia la silla vacía al otro lado a Rochi.
—No me quejo. ¿Y cómo estás
tú?
—Como siempre, viejo. Ésta
es Rocío.
Cuando Rochi inclinó la
cabeza, el hombre llamado Luc echó un ligero vistazo a su tatuaje, y le dirigió
una sonrisa perezosa, que le produjo a ella el deseo de ser diez años más
joven.
—Señora.
—Tiene veintidós años —dijo Mery,
cómo si pudiera leer la mente de Rochi—. ¿No es un crimen que nosotras seamos
ya tan mayores?
Luc sonrió y movió la cabeza
para estudiar su botella de cerveza.
—¿Has visto a Gastón?
—preguntó Mery.
—Estaba por aquí hace un
minuto.
El hecho de que Gastón se
hubiera ido de parranda sin invitarla la molestó. Al parecer iba a tener que
dejar caer el nombre de Eugenia otra vez para recordarle quien estaba al mando.
Como si lo hubiera invocado,
Gastón apareció caminando a través del bar. Tenía una botella de cerveza en una
mano y un palo de golf balanceándolo suavemente en la otra. Él se lo lanzó al
camarero, que lo guardó.
Sus ojos se estrecharon
ligeramente cuando vio a Rochi, luego miró a Luc.
—La siguiente lección en el
callejón te toca a ti. Randy Ames sigue queriendo que le enseñe algunos
movimientos, pero es incapaz de hacer nada de lo que le digo. Tal vez tú tengas
más suerte.
—¿Eres tú golfista, también?
—Rochi le preguntó a Luc, deliberadamente ignorando a Gastón cuando él se sentó
en una silla a su lado.
—Sí, juego un poco —aunque Luc
hablaba con acento texano, no tenía el típico tono cansino. Curioso.
Gastón resopló.
—Aquí, Luc ha sido amateur
del año las tres últimas temporadas. Y es el segundo mejor golfista que ha
salido de la UT en toda su historia.
—Eso puede ser discutible —Mery
miró a su hermano de forma astuta—. Luc ha ganado tres títulos individuales de
la NCAA, y alguien a quién no quiero señalar sólo ganó dos. Además, Luc también
logró graduarse, bastante más que una persona a la que no quiero señalar y que
al parecer eso lo descuidó.
—La universidad es dura —Gastón
se rascó el pecho—. Y el debate sobre quién es el mejor francamente no me
preocupa. —Miró a Luc con aire satisfecho—. Sólo uno de nosotros tuvo agallas
para cambiar el rumbo.
Luc sonrió de forma tímida.
Mery recurrió a Rochi.
—Sabes, Luc es un genio
intelectual, toda su vida ha estado decidiendo si ser un jugador de golf o un
intelectual presumido. Por aquí en el pueblo lo consideran un fenómeno
genético. Por sus padres.
En lugar de darse por
ofendido, Luc asintió.
—Eso es así.
—Se graduó e hizo un master
al mismo tiempo —el orgullo de Gastón era visible, y Rochi podía ver había algo
especial en la relación entre estos dos hombres—. Jugar torneos de golf
juveniles le quitaba mucho tiempo, sino habría terminado su carrera mucho
antes.
—No veía ninguna necesidad
de apresurarme.
—Exactamente lo que yo te
dije —dijo Gastón con satisfacción.
Rochi fingió beber de su
vaso mientras ellos charlaban con la familiaridad de personas que se conocen
desde hace mucho tiempo. Fue Mery quién introdujo el tema de la suspensión de Gastón.
—Es totalmente injusto —dijo
ella—. Todos sabemos que Gastón es incapaz de darle un puñetazo a una mujer a
propósito. Él conduce cómo un loco y a veces se le suelta un tornillo, pero no
es un maltratador de mujeres.
Gastón parecía exasperado.
—Eso no es por lo que al
principio fui suspendido, y nunca he maltratado de ninguna forma a una mujer en
mi vida, al menos no desde que tenía dieciséis años —miró a Luc—. Te juro que
alguien tiene que matarla con un matamoscas.
—A mí no me mires. La tengo
pánico.
Mery se inclinó y besó la
mejilla de Luc.
—Si tuvieras unos cuantos
años más, querido muchacho, te haría pasar los mejores momentos de tu vida.
—Dudo que sobreviviera.
—Yo me pregunto —dijo Gastón—.
Si el anticristo está pasando alguna crisis de la mediana edad. El mamón cumple
cincuenta este año. Creo que eso nubla su mente.
Luc echó para atrás la silla
y estiró las piernas.
—Él simplemente está más
pendiente de ti, eso es todo.
—Abusa del poder —se quejó Gastón—.
Piensa que es el maldito Presidente de los Estados Unidos.
Luc rió.
—Lo digo en serio —siguió Gastón—.
Todos los que pertenecemos a la PGA esperamos que el comisionado sea justo. Si
bien él sólo tiene el trabajo de forma temporal, al menos debería fingir ser
imparcial.
En ese momento, Rochi divisó
al hombre de la camisa de flores que las había seguido al bar y que en ese
momento estaba sentado observándola fijamente. Sintió un instante de
excitación. ¡Él en realidad era el perro guardián de Beddington!
Supo que tenía que hacer
algo incorrecto, pero todo lo que se le ocurría era agarrar su gin tonic y
tomar un saludable trago. Como un acto escandaloso, era francamente patético,
pero no podía pensar en otra cosa. Y luego otra idea se le ocurrió, aunque le
faltaba valor para hacerlo. De cualquier forma, estar casada con Hugh le
gustaba aun menos.
Decidiéndose, se levantó de
la silla, pasó su brazo alrededor del cuello de Gastón, y se sentó en sus
rodillas.
Él levantó una ceja.
—¿Me he perdido algo?
Ella sonrió de manera que
esperaba fuera seductora y trató de hablar sin mover los labios.
—Bésame de inmediato.
—No —dijo él
indignantemente.
—¿Por qué no?
—Porque no me gusta tu
actitud.
Ella había sido un poco
mandona, pero era porque estaba un poco nerviosa.
—Perdón.
Sus ojos se clavaron en su
boca.
—De acuerdo, te besaré.
El hombre corpulento se
marchó dando media vuelta, y ella inmediatamente saltó del regazo de Gastón.
Él la miró ceñudamente
mientras ella cogía su gin tonic.
—¿Está borracha otra vez?
—Por supuesto que no.
—Bien. Porque Wynette no
tiene ninguna sala de tatuaje decente.
El hombre corpulento se
había hecho a un lado cerca de la máquina de discos, pero todavía la observaba.
Era medio calvo, el poco pelo pajizo y quijadas prominentes. Pensando
rápidamente, miró a Luc.
—¿Te importaría bailar
conmigo? —a Beddington definitivamente no le gustaría que ella bailara con
nadie, y mucho menos con un hombre obviamente menor.
—Yo nunca bailo —contestó Luc.
—Es un bailarín terrible
—dijo Mery—. Si quieres disfrutar bailando, sal a la pista con Gastón.
Luc parecía herido.
—Ella sólo quiere bailar, no
estar con John Travolta.
Mery se encogió de hombros.
—Son tus pies, Rocío.
Aunque Rochi no miró a Gastón,
ella sintió sus ojos en ella cuando se levantó de la mesa. Luc tomó su mano y
la condujo hacia la pista, donde una balada sonaba. Cuando comenzaron a bailar,
ella experimentó la sensación inusual de ser guiada en una pista de baile por
un hombre joven sexualmente atractivo. Muy joven, se recordó a sí misma.
Y sexualmente muy atractivo.
Él le sonrió y preguntó si
le gustaba Texas.
Ella sonrió y dijo que la
amaba. Él quiso saber si había disfrutado de su estancia en Dallas y lo que
ella pensaba acerca de los Estados Unidos. Charlaron fácilmente.
La canción lenta acabó, y
una melodía acelerada comenzó a sonar. La gente se reorganizó y comenzó a
realizar un baile en línea.
—Lo mejor es que vaya a
sentarme.
—Yo te enseño los pasos —le
dijo Luc—. A mí me enseñó Mery, yo soy poco bailarín pero este baile es
bastante fácil.
Él la condujo al lado, y
aprendió rápidamente lo que él le enseñó.
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