domingo, 9 de diciembre de 2012

Capitulo VIII, Segunda Parte


Wynette, Tejas, era una vieja y encantadora ciudad con una plaza en el centro y una próspera zona de compras que se extendía en varias calles peatonales. Ya que Gastón lo había bordeado para ir a su rancho, era la primera vez que Rochi veía el centro, y Mery la llevó hasta un honky—tonk llamado Roustabout. El Tauro verde permanecía detrás de ellas.
Cuando entraron, Rochi se contuvo de mirar hacia atrás para identificar al hombre que las seguía.
—Aquí es más o menos dónde viene toda la gente —dijo Mery—. Lleva aquí años y años.
A diferencia de las tabernas acogedoras de Lower Tilbey, el Roustabout era una sala grande, abierta, con una separación de barrotes de madera en el medio. Rochi vio dos mesas de billar, una fila de videojuegos, y una pista de baile pequeña con un tocadiscos tragamonedas sonando con gran estruendo a música country. Aunque era un día entre semana, la mayor parte de las mesas estaban ocupadas, como los bancos que estaban pegados a la pared.
Otra vez, Rochi miró por encima del hombro, y esta vez vio a un hombre musculoso con una camisa sport de flores entrando a través de la puerta.
Sintió un gusanillo en la base del cuello cuando él clavó los ojos en ella, y su corazón palpitó más rápido. ¿Era ese el espía de Hugh? ¿Era el hombre que conducía el Tauro verde?
Mery se adelantó a ella hacia la barra, llevó una mano a su boca, y dejó escapar un silbido chillón.
—Escuchar todos.
Aunque la máquina de discos continuaba sonando, las conversaciones se pararon cuando todo el mundo la miró con interés.
—Ésta es Rocío —anunció Mery—. Gastón está enseñándole la zona unos días. Viene de Inglaterra. Ella también es una verdadera aristócrata, de veras, a pesar de ese tatuaje en su brazo. Rocío, dile unas pocas palabras a estos palurdos, para que vean que hablo en serio.
—Estoy encantada de conocerlos —dijo Rochi auto-conscientemente.
Ella trató de encorvar los hombros lo justo para que su manga bajara un poco, excepto que él movimiento no logró su objetivo, y todos siguieron con la mirada fija en su tatuaje. Aun así, su acento británico pareció convencerlos.
Mery tomó el brazo de Rochi y se dio la vuelta hacía la barra.
—Joey, ¿me pones un vaso de Chardonnay, vale? ¿Qué quieres tomar tú, Rocío?
—Un gin tonic, por favor.
A Rochi no le gustaban especialmente los gin tonic, prefería las margaritas, pero no quería que esta gente pensara que era una viciosa del alcohol. Además, tenía en su brazo un recordatorio permanente de que necesitaba permanecer sobria, así que estaba decidida a deshacerse de la bebida y sustituirla por agua tan pronto como tuviera la oportunidad. Era lo más sabio.
El camarero sirvió las bebidas, y varios de los asistentes se acercaron para presentarse personalmente, con Mery haciendo de maestra de ceremonias. Un hombre sugirió que guardara sus objetos de valor antes de que Gastón se los robara, y una mujer dijo que nunca dejara que Gastón le sujetara una cuerda pues la soltaría y la dejaría caer. Ambos comentarios fueron saludados con risitas por la muchedumbre.
Eventualmente, Mery la condujo hacia una mesa en una esquina donde un joven veinteañero estaba sentado tomando una cerveza. Mientras se acercaban, Rochi se preguntada si había algo en el abastecimiento de agua de Wynette que producía todas esas personas guapas. Primero Gastón, luego Mery, y ahora este joven. Él tenía el pelo castaño abundante, pómulos altos y una mandíbula cuadrada, sólida. Sus hombros eran anchos, su cuerpo delgado pero fibroso.
—Hola, Luc. ¿Cómo estás?
Mery tomó asiento en la mesa sin esperar invitación, luego gesticuló hacia la silla vacía al otro lado a Rochi.
—No me quejo. ¿Y cómo estás tú?
—Como siempre, viejo. Ésta es Rocío.
Cuando Rochi inclinó la cabeza, el hombre llamado Luc echó un ligero vistazo a su tatuaje, y le dirigió una sonrisa perezosa, que le produjo a ella el deseo de ser diez años más joven.
—Señora.
—Tiene veintidós años —dijo Mery, cómo si pudiera leer la mente de Rochi—. ¿No es un crimen que nosotras seamos ya tan mayores?
Luc sonrió y movió la cabeza para estudiar su botella de cerveza.
—¿Has visto a Gastón? —preguntó Mery.
—Estaba por aquí hace un minuto.
El hecho de que Gastón se hubiera ido de parranda sin invitarla la molestó. Al parecer iba a tener que dejar caer el nombre de Eugenia otra vez para recordarle quien estaba al mando.
Como si lo hubiera invocado, Gastón apareció caminando a través del bar. Tenía una botella de cerveza en una mano y un palo de golf balanceándolo suavemente en la otra. Él se lo lanzó al camarero, que lo guardó.
Sus ojos se estrecharon ligeramente cuando vio a Rochi, luego miró a Luc.
—La siguiente lección en el callejón te toca a ti. Randy Ames sigue queriendo que le enseñe algunos movimientos, pero es incapaz de hacer nada de lo que le digo. Tal vez tú tengas más suerte.
—¿Eres tú golfista, también? —Rochi le preguntó a Luc, deliberadamente ignorando a Gastón cuando él se sentó en una silla a su lado.
—Sí, juego un poco —aunque Luc hablaba con acento texano, no tenía el típico tono cansino. Curioso.
Gastón resopló.
—Aquí, Luc ha sido amateur del año las tres últimas temporadas. Y es el segundo mejor golfista que ha salido de la UT en toda su historia.
—Eso puede ser discutible —Mery miró a su hermano de forma astuta—. Luc ha ganado tres títulos individuales de la NCAA, y alguien a quién no quiero señalar sólo ganó dos. Además, Luc también logró graduarse, bastante más que una persona a la que no quiero señalar y que al parecer eso lo descuidó.
—La universidad es dura —Gastón se rascó el pecho—. Y el debate sobre quién es el mejor francamente no me preocupa. —Miró a Luc con aire satisfecho—. Sólo uno de nosotros tuvo agallas para cambiar el rumbo.
Luc sonrió de forma tímida.
Mery recurrió a Rochi.
—Sabes, Luc es un genio intelectual, toda su vida ha estado decidiendo si ser un jugador de golf o un intelectual presumido. Por aquí en el pueblo lo consideran un fenómeno genético. Por sus padres.
En lugar de darse por ofendido, Luc asintió.
—Eso es así.
—Se graduó e hizo un master al mismo tiempo —el orgullo de Gastón era visible, y Rochi podía ver había algo especial en la relación entre estos dos hombres—. Jugar torneos de golf juveniles le quitaba mucho tiempo, sino habría terminado su carrera mucho antes.
—No veía ninguna necesidad de apresurarme.
—Exactamente lo que yo te dije —dijo Gastón con satisfacción.
Rochi fingió beber de su vaso mientras ellos charlaban con la familiaridad de personas que se conocen desde hace mucho tiempo. Fue Mery quién introdujo el tema de la suspensión de Gastón.
—Es totalmente injusto —dijo ella—. Todos sabemos que Gastón es incapaz de darle un puñetazo a una mujer a propósito. Él conduce cómo un loco y a veces se le suelta un tornillo, pero no es un maltratador de mujeres.
Gastón parecía exasperado.
—Eso no es por lo que al principio fui suspendido, y nunca he maltratado de ninguna forma a una mujer en mi vida, al menos no desde que tenía dieciséis años —miró a Luc—. Te juro que alguien tiene que matarla con un matamoscas.
—A mí no me mires. La tengo pánico.
Mery se inclinó y besó la mejilla de Luc.
—Si tuvieras unos cuantos años más, querido muchacho, te haría pasar los mejores momentos de tu vida.
—Dudo que sobreviviera.
—Yo me pregunto —dijo Gastón—. Si el anticristo está pasando alguna crisis de la mediana edad. El mamón cumple cincuenta este año. Creo que eso nubla su mente.
Luc echó para atrás la silla y estiró las piernas.
—Él simplemente está más pendiente de ti, eso es todo.
—Abusa del poder —se quejó Gastón—. Piensa que es el maldito Presidente de los Estados Unidos.
Luc rió.
—Lo digo en serio —siguió Gastón—. Todos los que pertenecemos a la PGA esperamos que el comisionado sea justo. Si bien él sólo tiene el trabajo de forma temporal, al menos debería fingir ser imparcial.
En ese momento, Rochi divisó al hombre de la camisa de flores que las había seguido al bar y que en ese momento estaba sentado observándola fijamente. Sintió un instante de excitación. ¡Él en realidad era el perro guardián de Beddington!
Supo que tenía que hacer algo incorrecto, pero todo lo que se le ocurría era agarrar su gin tonic y tomar un saludable trago. Como un acto escandaloso, era francamente patético, pero no podía pensar en otra cosa. Y luego otra idea se le ocurrió, aunque le faltaba valor para hacerlo. De cualquier forma, estar casada con Hugh le gustaba aun menos.
Decidiéndose, se levantó de la silla, pasó su brazo alrededor del cuello de Gastón, y se sentó en sus rodillas.
Él levantó una ceja.
—¿Me he perdido algo?
Ella sonrió de manera que esperaba fuera seductora y trató de hablar sin mover los labios.
—Bésame de inmediato.
—No —dijo él indignantemente.
—¿Por qué no?
—Porque no me gusta tu actitud.
Ella había sido un poco mandona, pero era porque estaba un poco nerviosa.
—Perdón.
Sus ojos se clavaron en su boca.
—De acuerdo, te besaré.
El hombre corpulento se marchó dando media vuelta, y ella inmediatamente saltó del regazo de Gastón.
Él la miró ceñudamente mientras ella cogía su gin tonic.
—¿Está borracha otra vez?
—Por supuesto que no.
—Bien. Porque Wynette no tiene ninguna sala de tatuaje decente.
El hombre corpulento se había hecho a un lado cerca de la máquina de discos, pero todavía la observaba. Era medio calvo, el poco pelo pajizo y quijadas prominentes. Pensando rápidamente, miró a Luc.
—¿Te importaría bailar conmigo? —a Beddington definitivamente no le gustaría que ella bailara con nadie, y mucho menos con un hombre obviamente menor.
—Yo nunca bailo —contestó Luc.
—Es un bailarín terrible —dijo Mery—. Si quieres disfrutar bailando, sal a la pista con Gastón.
Luc parecía herido.
—Ella sólo quiere bailar, no estar con John Travolta.
Mery se encogió de hombros.
—Son tus pies, Rocío.
Aunque Rochi no miró a Gastón, ella sintió sus ojos en ella cuando se levantó de la mesa. Luc tomó su mano y la condujo hacia la pista, donde una balada sonaba. Cuando comenzaron a bailar, ella experimentó la sensación inusual de ser guiada en una pista de baile por un hombre joven sexualmente atractivo. Muy joven, se recordó a sí misma.
Y sexualmente muy atractivo.
Él le sonrió y preguntó si le gustaba Texas.
Ella sonrió y dijo que la amaba. Él quiso saber si había disfrutado de su estancia en Dallas y lo que ella pensaba acerca de los Estados Unidos. Charlaron fácilmente.
La canción lenta acabó, y una melodía acelerada comenzó a sonar. La gente se reorganizó y comenzó a realizar un baile en línea.
—Lo mejor es que vaya a sentarme.
—Yo te enseño los pasos —le dijo Luc—. A mí me enseñó Mery, yo soy poco bailarín pero este baile es bastante fácil.
Él la condujo al lado, y aprendió rápidamente lo que él le enseñó.

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