viernes, 21 de diciembre de 2012

Capitulo VIII, Tercera Parte


Tan pronto como estaban de regreso de la pista de baile, ella divisó a Gastón y Mery bailando conjuntamente. Con su pelo rubio destellante y gracia fácil, se movían como imágenes idénticas el uno del otro. Gastón se rió de algo que una de las mujeres que pasaba a su lado le dijo. Mery coqueteó con un hombre mayor que tenía puesto un sombrero vaquero. Se veían guapos, ricos, y un poco cansados. Rochi pensó en Gatsby y Daisy Buchanan trasplantados a un Texas Honky tonk.
La música se fue acabando y Rochi empezó a volver a la mesa cuando Luc le agarró la mano.
—Uno más, Rocío. Me gusta bailar contigo. Siempre me gusta cuando la señora lleva la delantera.
Ella se rió y se deslizó de vuelta a sus brazos. Era bonito estar con alguien que disfrutaba de su compañía. Pero apenas empezaban a bailar antes de que Gastón golpeara ligeramente a Luc en el hombro.
—Retírate, niñito, vuelve a la mesa a pelearte con Mery.
—No quiero pelearme con Mery —dijo Luc suavemente—. Me gusta estar con Rocío.
—Y estoy seguro que ella también disfruta contigo, pero ahora, te sugiero que te retires.
Rochi sintió una punzada de alarma cuando Luc lanzó una mirada dura a Gastón que de repente le hacía parecer mucho más viejo que sus veintidós años.
—Tú y yo tenemos una cuenta pendiente.
—Simplemente di la hora.
—Mañana a las siete de la mañana.
—De acuerdo entonces.
Rochi puso las manos en alto.
—¡Parad esto de inmediato!
Gastón frunció el ceño.
—¿Que paremos qué?
—¡De amenazaros, estáis actuando como niños!
—No nos estamos amenazando. Estamos quedando para jugar al golf.
—Yo juego al golf —dijo Luc—. Te dejo para que disfrutes de John Travolta.
Le dedicó a Rochi una sonrisa lenta y se marchó dando media vuelta.
Cuando Rochi le observó desaparecer, realmente sintió débiles sus rodillas por un momento. ¿Si Luc ya derretía huesos a los veintidós, cómo sería dentro de diez años?
Gastón la cogió en sus brazos, y ella sintió débiles sus rodillas de nuevo. Su atracción instintiva por él la irritó.
—Ya puedes poner tus ojos en otro sitio, Rocío.
—¿Perdón?
—No hagas este estúpido teatro. Sé exactamente lo que tramas. Mentalmente haces tu lista de candidatos para poner fin a lo que tú sabes. Tu virginidad —añadió él, en caso de que ella hubiera omitido el asunto—. Y mi joven colega acaba de escalar a la cima de esa lista.
—Que idea tan ridícula. Es demasiado joven —y no se resistió a decirlo—. Pero sexualmente muy atractivo.
—Bravo, que me aspen... tu amiga Eugenia se pondrá muy contenta cuando sepa que tratas de seducir a su pequeño.
Ella tropezó.
—¿Su pequeño?
Él la llevaba en los pasos bailables.
—Sin mencionar lo que el anticristo podría tener que decir sobre esto. Él está sumamente orgulloso de ese hijo suyo.
—¿Él es su hijo? —parpadeó varias veces—. Oh, yo... ella siempre se refiere a él como Luquis. Nunca pensé...
—Luca Riera Suárez. El único hijo de Eugenia y ya sabes quién.
—Tenía la impresión de que su hijo era mucho más joven, realmente un niño. Nunca pensé...
—Pues bien, piénsalo ahora, Mrs. Robinson, porque él definitivamente no es un niño, y está completamente prohibido para ti.
—No estaba pensando realmente seducirle. Es casi tan joven como alguna de mis estudiantes. ¿Cómo puedes pensar de mí algo tan feo?
—¿Tengo que recordarte de un cierto incidente desafortunado hace dos noches?
—Eso fue diferente. Pretendía comprarte a ti.
Él rió entre dientes, luego movió la mano por su espalda. Ella sintió el roce de su dedo a lo largo de la pequeña franja de piel que quedaba entre su top y la cinturilla de los pantalones vaqueros. No sabía si era accidental o no, pero ella dio un pequeño temblor.
Su voz se hizo más profunda.
—Hasta este momento, no había pensado que estuvieras tan desesperada por tener sexo, que pudieras ser una amenaza para los jóvenes inocentes de nuestra ciudad.
—Él es apenas...
—Voy a tener que abandonar mis principios y acostarme contigo después de todo.
Ella tropezó otra vez, y él levantó una ceja.
—Aunque, para ser honesto, no sé si estaré capacitado para un trabajo tan complicado como acostarme con una mujer como tú. De todos modos supongo que siempre hay un día en la vida de un hombre que tiene que sacrificarse por el bien de la comunidad.
Ella deliberadamente le pisó el pie.
—Lo siento.
—¡Lo has hecho a propósito!
—No, con toda seguridad.
Por un momento él no dijo nada, luego dio un largo suspiro, resignado. Al mismo tiempo, él resbaló su pulgar bajo el dobladillo de su top.
—Bien, tú ganas. Te dejo enrollarte conmigo.
Si bien ella sabía que él bromeaba, sintió un vuelco en el estómago. Luego pensó en coger una jarra de cerveza de una de las mesas y verterlo sobre su cabeza. ¿Cómo podía una persona ser tan arrogante?
—Gracias, pero no creo que te cause ese trauma.
Él la abrazó más cerca de modo que sus senos se acurrucaron contra de su pecho.
—No es ningún trauma. Yo simplemente me tumbo y tú haces todo el trabajo. Seguramente esa será tu postura favorita.
Antes de que ella pudiera buscar algo ingenioso para contestarle, él dejó de bailar.
—Uh-oh. Siempre cuando piensas que estás a salvo en el agua, viene otra ola...
Rochi miró hacia esa dirección y divisó a un hombre más bien despeinado alrededor de la treintena con aspecto cansando llevando unos chinos, una camisa de paño azul tipo Oxford bastante arrugada, y unas gafas de montura metálica que se acercaba a la mesa dónde Mery estaba sentada con Luc.
Luc inmediatamente se levantó y extendió su mano para saludarlo, obviamente contento.
Mery, sin embargo, no. Su columna vertebral se irguió, y ella le miró con puro veneno.
—Es Benjamín O'Conner —dijo Gastón—. El heredero de Com National, pretendiente de Mery, y el intelectual más presumido de Wynette, Texas. La mayoría de las veces Luc es la única persona en todo el condado que entiende de qué habla.
Benjamín O'Conner le recordaba a Jeremy Fox. Ambos tenían esa misma apariencia agradablemente desarreglada, aunque este hombre era más alto y más delgado. Su cara huesuda de estudioso era un poco larga, pero todavía atractiva. Tenía la frente ancha, ojos inteligentes y un pelo castaño espeso. No le llevó ni un segundo a Rochi darse cuenta de que Benjamín O' Conner era exactamente el tipo de hombre que siempre la había atraído.
Gastón le dejó ir.
—Mejor llegamos allí antes de que Mery haga alguna locura y deje al gilipollas sangrando hasta morir —él se adelantó a la mesa como el vengador enmascarado—. ¿Qué diablos estás haciendo aquí, O'Conner?
—Benja ha venido a verme —dijo Luc—. Tú y Mery, condenados ignorantes podéis iros. Rocío, tú puedes quedarte.
Ella le sonrió.
—Gracias.
Luc la presentó, y Benjamín O'Conner la estudió brevemente, con mirada sincera, e hizo una inclinación de cabeza cortés. Había algo acerca de su apariencia que despertaba su simpatía. Él se quitó sus gafas, revelando unos ojos grises muy bonitos, y se sacó un pañuelo del bolsillo para limpiarlas.
—De hecho, a mi me gustaría que María y Gastón se quedaran, también. Ahora que estamos aquí, creo que nos convendría alcanzar algún tipo de entendimiento.
—¿Oyes eso, Gastón? Convendría. Habla como un condenado diccionario. Y, te juro por Dios, Benjamín, la próxima vez que me llames María, me tiro a tu cuello.
—Dudo que eso sea posible —se subió un poco las gafas que le habían resbalado hacia abajo—. Soy bastante más grande que tú.
Mery se echó hacia delante y cogió su frente entre sus manos.
—Jesús. . . Eres como un Dork.
—Es un dork simpático —indicó Luc—. Y a diferencia de ti, Benja tiene asegurada su herencia.
—Cállate tontito —Mery trató de alcanzar sus cigarrillos sólo para ver a Benja coger el paquete en su mano.
—Realmente no me gusta verte fumando, María.
—¡Te lo he advertido! —con un gruñido, dio un salto y se lanzó a su garganta.
Gastón la atrapó por la cintura poco antes de que llegara a su destino.
—Siéntate, ahora. Sabes cuánto odio verte la ropa llena de sangre —lanzó a Benjamín una mirada de advertencia mientras Mery seguía tratando de soltarse de sus brazos—. Mejor márchate, Benja. Que no sé cuánto tiempo más voy a poder sujetarla.
—No voy a marcharme —dijo Benja—. Tengo algo que hablar con ella, y quiero que tú también lo escuches.
Como los gruñidos de Mery crecían, Luc se levantó.
—Tienes razón, Gastón. Alguien tendría que matarla con un matamoscas. Me la llevo hasta que se enfríe — suspiró—. Incluso aunque no me apetezca.
Agarró a Mery por la cintura debajo del brazo de Gastón, y tiró bruscamente.
—Vamos a jugar a la máquina de fútbol, y esta vez me dejas ganar.
Mery se marchó arrastrada por Luc mientras lanzaba a Benjamín una mirada venenosa.
Rochi observó a Benjamín con interés. Sabía que Texas era fascinante, pero no había esperado encontrarse en medio de un drama tan interesante. Esto era un calco de "Dallas", pero con personajes mucho más agradables. Pues bien, más agradables excepto por Gastón Dalmau.
Justo entonces, ella divisó al hombre corpulento observándolos y sintió una emoción de anticipación. Beddington odiaría que se viera involucrada en esta escena tan pública.
Gastón tomó asiento.
—Yo te aconsejo que no frecuentes callejones oscuros, Benja. Ella no pelea como una chica.
—Como seguro que sus dos exmaridos ya descubrieron —Benjamín miró la silla que Mery había abandonado—. No tengo miedo de tu hermana, Gastón. Creí que lo sabías. Ella, claro está, tiene terror de mí.
Gastón sonrió abiertamente y negó con la cabeza.
—Eso es lo que tú quieres creer.
Benja parecía resignado.
—Debería haber esperado esto —miró a Rochi—. ¿Cuánto hace que conoces a María, Rocío?
—Sólo Rochi. La he conocido esta mañana.
—Supongo que es muy poco tiempo para que hayas podido tener alguna influencia sobre ella. Es una lástima. Pareces muy juiciosa.
Gastón extendió su mano.
—Bien, Rocío, es juiciosa, pero no conservadora, así que mantén la ropa puesta.
—No tenía intención de quitármela.
Benja la estudió más detenidamente.
—¿De qué asunto querías hablar con Mery? —dijo Gastón.
—Es sencillo. En el que nuestros padres están implicados.
—Si tuvieras dos pelotas, Benja, mandarías a los dos viejos al infierno en vez de seguir torturando a Mery con eso.
Él le lanzó a Gastón una mirada larga, inescrutable.
—Supongo que no debería estar sorprendido con tu reacción —con un encogimiento de hombros, se levantó—. Ya hablaré con Luc más tarde. Ha sido un placer conocerte, Rochi. Estoy deseando verte otra vez pronto.
Él inclinó la cabeza a Gastón y, sin mirar una sola vez hacía la zona dónde estaban las máquinas de videojuegos, se dirigió a la puerta de salida del Roustabout.
—Gilipollas insensible.
—Yo lo he encontrado muy agradable.
—Me imagino que te gusta. Es simplemente tu tipo.
—Bastante.
—¿Estoy viendo un brillo de especulación en tus ojos?
Cuando ella no contestó, él frunció el ceño.
—Primero vas tras el jovencito. Ahora tienes a Benja en tu punto de mira. Nadie puede decir de ti que eres selectiva.
Ella no iba a morder el cebo.
—Las mujeres desesperadas no pueden permitirse el lujo de ser selectivas.
—Adivino que yo soy tu mejor opción, entonces —el habló de mala gana, lo suficiente para hacerla saber que le estaba haciendo un favor.
—Ah, no —ella le sonrió de manera agradable—. Esto requeriría demasiado esfuerzo de tu parte.
Esto no le sentó bien y apretó los dientes. Maldita sea, había algo en esta mujer que lo trastornaba. Él había querido alejarse de ella esta noche, pero entonces ella se había presentado aquí. Lo peor era que una parte de él se había alegrado de verla, que era por lo que no se había comportado demasiado bien, porque no quería alegrarse para nada de ver a la directora virgen.
Ella no hacía nada por ocultar cuánto lo desaprobaba, y a él no le gustaba que le viera sólo como una conveniencia sexual, aun cuando él sintiera lo mismo sobre ella. O al menos él pensaba que era así.
No estaba acostumbrado a estar confundido sobre una mujer, y sus pensamientos volvieron a la persona que lo había puesto en esta incómoda situación. Si no fuera por Eugenia, él podría convencer a Rochi de unos encuentros discretos. Se podrían usar el uno al otro, y luego olvidarlo. Pero la esposa de Nico tenía formas de averiguar asuntos privados de la gente que conocía y nunca le perdonaría si pensara que él se había aprovechado de su amiga. Y no habría ninguna diferencia si le decía que Rocío había comenzado todo esto cuando había tratado de comprar su cuerpo.
Él se sintió claustrofóbico, como si lo estuvieran metiendo a la fuerza en un cuarto pequeño, sin ventanas y sin salida. Rocío era demasiado mandona, también difícil, una de esas mujeres que podrían pasar directamente por encima de un hombre, golpeándole duramente con sus demandas hasta que le aplastara como al coyote de los dibujos animados. Frustrado, él tiro de ella y la guió, sin demasiado cuidado, de regreso a la pista de baile, donde no le llevó más que unos segundos que su temperamento burbujeara otra vez.
—¡Deja de intentar llevar la delantera!
—Pues muévete más rápido.
—Esto es una balada.
—Eso no significa que tengas que dormirte.
—¡No me duermo! Juro... —pero lo que había estado a punto de decir se le fue de la mente cuando su pelo le acarició el inferior de su barbilla.
Por un momento pudo haber jurado que olió violetas, lo cual era muy extraño, pues no sabía muy bien como olían las violetas, pero sí sabía que olían justo como Rocío.

1 comentario:

  1. Quiero mas nove!!.. Gas ya esta confundido, osea que pronto se va a enamorar de Ro!! y ro va por el mismo camino!! ahh!!

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