miércoles, 30 de enero de 2013

Capitulo XI, Segunda Parte


—Mañana por la mañana, ya le habrá llegado cada detalle de cómo estaba magreando a la virginal amiga de su amada esposa en mitad de la Calle Mayor. ¡En el caso de que no lo sepas, esa no es la mejor forma de establecer mi reputación como un deportista con un carácter moral bien fundado!
—Por favor deja de gritarme —quizá el hecho que ella le hablara suavemente en lugar de gritar, le hizo volver la cabeza y mirarla.
Él frunció el ceño, y suspiró.
—Bien. De acuerdo, no sólo ha sido culpa tuya. Pude haberme resistido. Debí hacerlo. Pero, maldita sea, Rochi, soy un hombre, y esa boca tuya...
—Sé sobradamente que soy una mandona. Si mis habilidades de liderazgo amenazan tu masculinidad, simplemente tienes que ocuparte de ello.
Él pareció alarmado.
—No hablo de tus habilidades de liderazgo; hablo acerca de que nunca prestas atención. La cosa es, ya que sé que soy irresistible para ti, podemos encargarnos de ello bajo techo.
¡Que es irresistible para ella!, pero de todas las formas equivocadas...
—Esto no tiene nada que ver con que tú me seas irresistible. Tiene que ver con ser convincente. El hombre al que Beddington ha contratado me observaba, y tenía que hacer algo escandaloso.
—¿Realmente alguien te sigue?
—Te dije que ocurriría. Anoche él apareció en el Roustabout.
—¿Qué aspecto tiene?
—Un hombre grande con el pelo pajizo y una calva redonda, y quijadas prominentes. Tal vez conduzca un Tauro verde oscuro. ¿Le conoces?
Él clavó los ojos en ella por un tiempo muy largo.
—Podría.
—Gastón, sólo tengo diez días antes de volver a Inglaterra.
—Soy consciente de eso —los focos delanteros de un coche en sentido contrario cortaron totalmente su cara—. ¿Así que me estabas usando allí?
—Era necesario —dijo ella rígidamente. Y luego, para rescatar su orgullo—. Eres el único hombre que me ha tocado así.
Él la miró de nuevo, y deslizó las manos más bajo en el volante.
—No quiero que se te ocurra hacer algo así con Luc Riera o Benjamín, ¿me oyes? Lo digo en serio, Rochi. Esos hombres están fuera de tu alcance. Están prohibidos.
—La historia de mi vida —masculló ella.
—¿Qué quiere decir eso?
—Nada de nada —se podía haber mordido la lengua, y rápidamente cambió de tema—. He disfrutado mirando a Peter esta noche. Él sólo quiere estar en tus brazos.
—Excepto en los de su madre cuando quiere comer —desaceleró para entrar en el camino que conducía a su rancho y éste surgió a la vista—. Quiero que sepas que aprecio lo que le has dicho a Shelby esta noche, sin mencionar la forma que tienes de ganarte a todo el mundo. He decidido perdonarte por lo que sucedió esta tarde.
—Hooray —dijo ella secamente.
Él bajó aún más la velocidad, y le echó un vistazo.
—¿Vas a jugar duro?
—Creo que sí
—Supongo que me pasé un poco. Debería haber tenido en cuenta tus impulsos bienintencionados cuando me abofeteaste. Heriste mis sentimientos, eso es todo.
—Pues bien, ciertamente sé cómo te sientes —dijo de nuevo ella con mordacidad.
Él metió el coche en el garaje, una puerta que se había abierto al lado de la casa.
—Si tratas de decirme que yo he herido tus sentimientos, lo olvidas. Los dos sabemos que eso es algo imposible, ya que a ti no te preocupa un comino mi opinión.
—Eso es cierto —contestó ella, simplemente para irritarle.
Pero no funcionó, porque él sonrió abiertamente y agarró la bolsa de plástico de su regazo.
—Yo lo llevo por ti.
—No, yo —pero él ya se había marchado, y tuvo que correr tras él a la cocina.
La luz que Patrick había dejado lanzó un brillo suave sobre los muebles en el área familiar, así como sobre los vistosos cuadros de las paredes, pero estaba demasiado obsesionada con recuperar su bolsa para apreciar la decoración. Cuando Gastón caminó hacia la mesa de comedor, ella miró con consternación que las asas que ella había atado tan concienzudamente estaban abiertas.
Él dejó caer la bolsa en la encimera, vaciando una cierta cantidad de su contenido.
—Pero bueno, ¿qué tenemos aquí?
Ella se echó hacia adelante, pero él levantó en su mano la primera caja que tenía, y la leyó.
—¿Una crema para hemorroides? Es algo que realmente me encanta saber que tienes, Rocío.
—¡Esto no quiere decir que realmente las tenga! ¡Devuélvemelo!
Ignorándola, él metió la mano en la bolsa y sacó un libro de bolsillo.
—Hablamos de Prozac. Estoy seguro que me lo puedes explicar.
—¡No! —ella dio un salto hacia adelante cuando su mano se cerró alrededor de una botella de plástico—. Dámela.
Él la puso fuera de su alcance y estudió la etiqueta.
—¿Quién se habría imaginado que un miembro de la aristocracia británica tuviera un problema de piojos?
—Es estacional —se ingenió ella.
Él empujó a un lado el paquete de Camel, el periódico sensacionalista, y una caja de prueba de embarazo para coger una serie de cajas pequeñas.
—"Alta Lubricación", "Sensitivo Forma Sabores" "Adaptable Estriado", "Clasico Ultra Sensible". Supongo que puedo pedirte prestados si me quedo alguna vez sin condones —sacó un paquete de cuerda para tender la ropa—. Y no sé qué pensar de esto.
Sólo un artículo quedaba en la bolsa. Tal vez no se había dado cuenta. Quizá se olvidara.
—¿Y, qué tenemos aquí? —metió la mano, y lo sacó—. Crema hidratante vaginal —sus cejas subieron conjuntamente—. ¿Para que necesitas esto?
Su cara llameó.
—Pues bien, verás...bueno, ya te imaginarás para qué...
—¡Ahora, esto es la gota que colma el vaso! Es realmente malo que me puedan ver en la ciudad visitando salas de tatuajes, que me acueste con una extranjera deprimida, llena de piojos, hemorroides, que le gusta que la aten y que podría estar embarazada, aunque ya que compra condones en cantidades industriales, no sé cómo le ha podido pasar. ¡Pero esto no! ¡Óyeme bien, Rochi! No paso por la humillación de que crean que una mujer que está conmigo necesita crema hidratante vaginal, ¿entiendes?
—Fue... —ella tragó y trató de hablar serenamente—. Fue una compra impulsiva.
Él bufó.
—Te he hablado del hombre de Hugh que me sigue. Estaba dentro de la farmacia, así que pensé en comprar todo esto.
—¿Él estaba en la farmacia?
—¡Lo vio todo! —su entusiasmo burbujeó hacia la superficie—. ¡Creo que ha sido buena idea hacerlo! Especialmente con lo que sucedió entre nosotros fuera de la farmacia. Sé que no te está gustando nada esto, pero se lo explicaré todo a Eugenia la próxima vez que hablemos. Beddington se va a quedar consternado cuando se entere, y, a esta hora mañana, el compromiso tiene que estar terminado.
—¿Este es tu grandioso plan? ¿Convencer al duque que estamos teniendo una aventura amorosa?
—No lo había pensado así en un principio. Honestamente. Pero necesito trabajar con lo que tengo.
—Y adivino que lo que tienes soy yo. —Gastón transfirió la crema hidratante vaginal de una mano a la otra y pareció prudente—. Rochi, puede que estés complicando las cosas. Simplemente llámale y dile que no te vas a casar con él. No está bien la forma como le quieres manipular.
—No puedo hacer eso. Si le enojo, él derribará St. Gert. Tengo que ser sutil.
—¿Sutil? —él negó con la cabeza—. Seguramente darás un nuevo significado a esa vieja canción sobre ser leal a tu escuela.
—No es simplemente una escuela. Es mi...
—Lo sé. Es tu casa. Y perdóname por decírtelo, pero eso es patético, aunque, después de ver esta noche a mi familia en la cena, supongo que yo no puedo hablar mucho.
Ella vaciló.
—Peter es realmente adorable.
Él sonrió.
—Tengo un par de hierros ya reducidos para él, solamente esperando que sea un poquito más mayor para saber golpear una pelota.
—Estoy segura que le encantará. Sobre todo si estás tú con él.
El silencio cayó entre ellos. Era noche cerrada y la casa estaba tranquila.
Su mirada fija bajó hacía su boca, y ella recordó el beso que habían compartido. Ella se preguntó si él también se acordaba.
—Voy a nadar un rato —dijo él abruptamente—. Nos vemos mañana.
Comenzó a alejarse, luego pareció recordar lo que llevaba en la mano y volvió a poner el tubo de crema hidratante vaginal en sus manos.
—Mejor guárdate esto, por si pierdes la cordura y decides seducir a Benjamín O'Conner.
Antes de que ella pudiera contestar, él desapareció.

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