Descubierto en un cuaderno escondido
bajo la glorieta del campamento de Wind Lake. De autor desconocido, aunque hay
algunas sospechas.
Todos los animales del Bosque del Ruiseñor se habían reunido para el
bautizo. Daphne llevaba su segunda mejor diadema de diamantes de imitación
(había perdido la mejor en una carrera de rallys). Benny había estado sacándole
el brillo a su bicicleta de montaña hasta dejarla resplandeciente. Melissa
estaba deslumbrante con una bufanda de la rue Faubourg Saint-Honoré enroscada
al cuello, y su nuevo marido, Leo la Rana Mugidora había creado un hermoso cuadro en
honor de la ocasión.
La ceremonia tuvo lugar bajo la sombra de los árboles. Los animales
esperaron a que hubiera terminado para salir de debajo de las sombras de las
casitas de madera y escabullirse entre los invitados, invisibles para todos
los humanos excepto para los más pequeños.
Victoria María Dalmau, encaramada a los hombros de su padre, pestañeó
al ver a Benny y, con unos ojos verdes resplandecientes de curiosidad, pareció
decir: «¿Qué hay de nuevo, viejo?»
-Lo que hay de nuevo eres tú.
«Oye, me resultas familiar.»
-Conozco bastante bien a tu padre.
Daphne dio un salto hacia delante.
-Bonjour, Victoria María, y bienvenida al Bosque del Ruiseñor.
Daphne admiró la confección espumosa de encaje blanco y cintas rosas
que envolvía a la bebé y el brazo grande y bronceado de su padre. Victoria María
ya tenía buen gusto para la moda.
-Yo me llamo Daphne, y él es Benny. Hemos pasado a presentarnos.
-Y a ver si querías jugar al fútbol -añadió Benny.
Victoria María se puso una de las cintas rosas de su gorrito en la boca.
«Tal vez hayas observado que ahora mismo estoy un poco liada.»
-Tan
sarcástica como su madre -observó Murphy el Ratón.
El papá de Victoria María alargó la mano para recuperar la cinta. La
pequeña fue a por su mano y mordisqueó su mordedor favorito, su recientemente
ganado anillo de la Super
Bowl. Su papá le dio un beso en la frente e intercambió una
sonrisa especial con su mamá, que estaba en pie a su lado. Cerca, su tía María
observaba feliz a la nueva familia que su especial talento para el engaño había
ayudado a crear.
-No reconozco a todos los mayores -dijo Leo la Rana Mugidora-,
pero a los pequeños sí: los Riera y los Bonner, los hermanos Deonton de Telaroosa,
Tejas, y... ¿no es un Traoveler, ese de ahí?
A Victoria María le gustaba estar en el ajo, y abandonó el anillo de la Super Bowl para señalar
a algunos de los humanos adultos.
«Todos
esos gigantones son compañeros del equipo de papá. Y aquellos de allí son los
hermanos del tío Peter con las mamás y los hijos. La tía Cande y el tío Nicolás
están hablando. Ella es muy simpática, pero anoche intentó anotar algo en mi pierna mientras me tenía en
brazos, y papá tuvo que quitarle el bolígrafo.»
-Ya habíamos oído quejas -dijo Daphne-. Hoy tu madre está
particularmente guapa.
«Y huele fantásticamente, a flores y a galletas. Quiero mucho a mi
mamá. Es la que cuenta los mejores cuentos.»
-Son la leche -dijo Benny.
Daphne le dio un codazo, pero Victoria María estaba arrimándose al
pecho de su padre y no se dio cuenta. La bebe movió los ojos de abajo arriba.
«Éste es mi querido papá. Dice que soy la cosa más especial para él,
pero que no se lo diga a mamá, aunque siempre lo dice delante de ella y los dos
se ríen.»
-Tienes unos padres muy buenos -observó educada mente Melissa.
«Ya lo sé, pero me besan demasiado las mejillas. Se me resecará la
piel.»
-Recuerdo que Bruno Lanzani solía quejarse de lo mismo.
« ¡Bruno Lanzani! -exclamó indignada Victoria María. Anoche intentó
esconderme en el cubo de la basura porque estaba acaparando demasiado la
atención, pero Valeria la distrajo con una galleta. A Valeria la quiero
muuuuucho.»
-Siempre ha sido una amiga muy especial -dijo Daphne-. Jugábamos
mucho con ella cuando tenía tu edad.
«¿Y ahora ya no jugáis con ella?»
Los animales se miraron entre sí.
-No de la misma manera -dijo Benny-. Todo cambia. Pasan cosas.
Victoria María era una futura summa cum laude, así que no se le
escapaba nada.
« ¿Qué tipo de cosas?»
-Los niños sólo pueden vernos cuando son muy pequeños -explicó
Melissa amablemente-. Cuando se hacen mayores, pierden ese poder.
«Eso duele.»
-Pero pueden leer nuestras historias en los libros -añadió Murphy el
Ratón-, que es casi igual de divertido.
-Unos libros que le están valiendo a tu madre un montón de dinero
-señaló Leo-. Aunque no tanto como a mí mis cuadros.
Victoria María se mostró ofendida.
«Perdóname, pero leer no es algo que me interese por el momento.
Todavía trato de evitar los sarpullidos que me producen los pañales.»
-Definitivamente sarcástica -cloqueó Celia la Gallina.
Daphne, gran amante del sarcasmo, decidió que había llegado el momento
de más explicaciones.
-Aunque no vas a poder vernos cuando te hagas mayor, Victoria María,
estaremos cerca vigilándoos a ti y a tus hermanos.
«¡¿Hermanos?!»
-Somos una especie de ángeles de la guardia -se apresuró a decir
Melissa.
-Ángeles peludos -añadió Benny.
-El caso es -dijo Daphne con paciencia- que nunca estarás sola.
« ¿Cuántos hermanos exactamente? -preguntó Victoria María. Y de
repente, en el momento en que su padre se la pasaba a su madre, exclamó-: Ups,
tengo que irme.»
Los animalitos observaron a Gastón, que cogía un vaso de limonada de
la mesa bajo los árboles.
-Me gustaría proponer un brindis -dijo-. Por todos nuestros amigos y
por la familia que tanto significa para mí. Especialmente, por mi madre, Julia,
que entró en mi vida en el momento más oportuno. Y por mi cuñada, María, que
es casi tan buena casamentera como dirigente de un equipo de fútbol. -Gastón se
volvió, carraspeó, y dijo con la voz rota por la emoción-: Y por mi mujer... El
amor de mi vida.
Victoria María oteó por encima del hombro de su madre.
«Ya empiezan otra vez con los besos. Ahora al menos sólo es entre
ellos, pero seguro que enseguida vendrán a por mis mejillas.»
Y, efectivamente, eso hicieron.
Daphne suspiró, rebosante de felicidad.
-Ahora viene la mejor parte de esto de estar en el negocio editorial.
-El final feliz -dijo Melissa, asintiendo con la cabeza. -Demasiado
besuqueo -gruñó Benny, pero se le iluminó la cara-. Tengo una idea. ¡Vamos a
jugar al fútbol!
Y eso hicieron. Y siguieron felices por siempre jamás.
Que hermosa historia ♥ Muy tierno el final ^^
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