lunes, 18 de febrero de 2013

Capitulo XII, Segunda Parte


Por encima del restaurante de Jimmy un tren modelo pasaba por unas vías que estaban prácticamente pegadas al techo. Las sillas de cromo estaban alrededor de mesas cubiertas por hules de cuadros blancos y negros y dos ventiladores de aspas giraban en el techo. Una pizarra cerca de la entrada anunciaba el menú especial del día: estofado de carne de cerdo, "okras" rellenas, junto con una ensalada de zanaoria y pasas. Rochi estaba incómoda con la idea de que algún niño entrara y viera eso, de modo que pidió un pedazo de tiza a la camarera y puso la h intercalada.
Mery rió y la abrazó.
Se sentaron a una mesa que tenía encima una variedad de salsas desde el ketchup al tabasco. En la pared al lado colgaba una pintura de un gallo y una lámpara roja. Cuando el tren modelo pasaba por encima de sus cabezas, vio que cada vagón estaba decorado con publicidad de comercios locales.
Mientras Mery bebía a sorbitos el café que la camarera les había llevado y Rochi esperaba su té, pensó en su conversación con Beddington. ¿Por qué el hombre corpulento no le dijo todo lo que vio? ¿Qué clase de espía incompetente había contratado Hugh?
—Buenos días, señoras.
Benjamín O' Conner se acercó a la mesa. Esta mañana él traía puesta una camisa amarilla tipo Oxford en lugar de la azul. Se veía agradablemente arrugada, un poquito desaliñado, y más bien adorable. Ella le sonrió.
—Hola, Benjamín.
—Rochi. María.
—Para ti es Rocío —dijo Mery.
Él levantó una ceja.
—Veo que tu actitud no ha cambiado. Ya puedes ir pensando en comprarte un vestido de novia.
Rochi esperó que Mery se subiera por las paredes, pero en lugar de eso, a ella le pareció que se esforzaba en recobrar la compostura. Ella aun logró dedicar a Benjamín una sonrisa más bien tensa.
—No creo que sea necesario. Si eres correcto con Rocío puedes unirte a nosotras.
—Por supuesto que ha sido muy correcto conmigo.
Benjamín sonrió y tomó asiento junto a ellas en la mesa.
—¿No trabajas hoy? —dijo Mery con forzada cortesía.
—Después. Me he quedado hasta tarde estas últimas semanas y he decidido tomarme el día con calma. ¿Y vosotras, qué hacéis?
—Le he dado a Rocío una clase de conducir.
—¿No sabes conducir? —preguntó Benjamín.
—Ahora sí —contestó Mery.
—Sólo una persona muy caritativa describía lo que he hecho como conducir.
Rochi le dio a Benjamín una descripción burlona de lo que había hecho en la carretera, pero en lugar de reírse, él la alentó. Otra vez, pensó lo agradable que él era, y, al mismo tiempo, comenzó a preguntarse si una relación entre Mery y Benjamín no sería tan descabellada como todo el mundo parecía pensar.
Eran dos personas inteligentes, atractivas, y uno tenía algo que el otro necesitaba. La estabilidad de Benjamín podría dar vuelta a su torpeza fácilmente en unos años. Y Mery parecía necesitar un ancla en su vida.
La conversación fue a la deriva hacía otros temas, y gradualmente una parte de la rigidez de Mery pareció aliviarse, hasta que Rochi comenzó a creer que podrían disfrutar de la compañía de Benjamín. Eso cambió cuando Rochi cometió el error de mencionar que Mery había dejado de fumar.
Mery frunció el ceño, y empujó su dedo al pecho de Benjamín.
—Llevaba pensando dejar de fumar desde hace meses. ¡No tiene nada que ver contigo! ¿Entiendes?
Él la miró fijamente.
—Ciertamente, entiendo —ignorando la uña que se clavaba en la pechera de su camisa, miró a Rochi y preguntó sobre sus planes para el día.
Mirando de reojo a Mery, Rochi le dijo que esperaba poder ir a Austin.
—Quiero pasar algunas horas en la biblioteca de la Universidad de Tejas, pero Gastón parece haber desaparecido.
—Estaría encantado de poder llevarte —dijo él.
—¿No has dicho que tenías que trabajar?
—Nuestra oficina central está en Austin, y necesito ver allí a ciertas personas. Puedo hacer eso mientras tú estás en la biblioteca.
—¿Estás seguro que no seré una molestia?
—Por supuesto que no, te llevo si quieres.
—Pues bien, entonces me encantaría ir. ¿No te importa, Mery?
Mery frunció el ceño.
—¿Por qué debería importarme?
Mery estaba obviamente disgustada, y Rochi vaciló. Entonces recordó su clase de conducir y decidió que ella no era la única que necesitaba escupir en el ojo al diablo. Podría ser bueno que la hermana de Gastón descubriera que no todas las mujeres encontraban a Benjamín poco atractivo.
—Excelente, entonces. Tengo mi cuaderno de apuntes en mi bolso, así que nos podemos ir — le dio a Mery las gracias por la clase de auto-escuela y dejó que Benjamín la guiara fuera del restaurante.
Mery frunció el ceño mientras veía la puerta cerrarse. ¡Estupendo!
Esperaba que los dos se aburrieran mortalmente.
A través de la ventana, divisó a Luc Riera. Se acercó a Benjamín y Rochi, y charlaron durante algunos minutos. Lo siguiente que supo es que Luc se subía también al Audi de Benja, y se marchaban sonrientes a Austin. Sin ella.
—¿Quieres más café, Mery? —le dijo Mary Kate Pling desde la barra.
—Uh, no. No, gracias —se reclinó en su silla y pensó en cuánto le gustaba Rocío. De todos modos nadie diría de ella que era despampanante. ¿Cómo había ocurrido entonces que ella se hubiera marchado con Benja y Luc, mientras Mery Dalmau, unánimemente considerada la chica más hermosa de la ciudad, se había quedado atrás?
Siguió ceñuda, mirando su taza grande vacía, y atribuyó su deplorable estado de ánimo a la ausencia de nicotina.

Gastón estaba furioso.
—¿En qué pensabas cuando dejaste a Rochi irse con Benja a Austin?
Mery salió de la piscina y envolvió una toalla alrededor de los tres pequeños trozos de nylon púrpura que pasaban por su bañador.
—Luc los acompañaba también.
—¿Y crees que eso me tranquiliza?
—¿Por qué montas este escándalo? Son adultos.
—No puedo creer que no la detuvieras. Como mínimo, deberías haber ido con ellos para hacer de chaperona. ¿Por qué demonios no lo has hecho?
—¡Porque no me han invitado! Además, Rocío no necesita una chaperona.
—Eso es lo que tú te crees —Gastón se acercó a la mesa y agarró uno de los vasos con té helado que Patrick había llevado para ellos.
Su ama de llaves lo miró con ojos especulativos.
—Está condimentado con fruta de la pasión, Gastón. Sería mejor que bebieras otra cosa.
Gastón no hizo caso. Él sabía exactamente por qué Rochi no había invitado a Mery. No deseaba tener ninguna competencia. No, ella no intentaría nada con Luc, ya que estaba al tanto de quienes eran sus padres, pero se había sentido atraída por Benja desde el principio. Se giró hacía su hermana.
—Escúchame bien. ¡Benjamín es tu responsabilidad, y quiero que lo mantengas alejado de Rochi!
—¡Eso es absurdo! —las gotas de agua volaron de su pelo cuando pasó rápidamente a su lado—. ¿Por Dios, Gastón, estás celoso?
Eso realmente le cabreó.
—¡Celoso! Claro que no. Es simplemente que Rochi ahora mismo es una especie de depredadora sexual y Benjamín es el tipo de hombre que le gusta. Lo piensa todo, lo mira todo, y esa boca... bien, la cosa es que si se lo propone no le costará mucho trabajo llevárselo a la cama, y no sería...bueno para él.
—¿Una Depredadora Sexual? —Mery clavó los ojos en él.
—Eres una mujer y seguramente te cueste trabajo entenderlo, pero te pido que confíes en mí.
—Yo no soy una mujer —dijo Patrick pronunciado lenta y pesadamente—. Y me cuesta mucho creérmelo.
Gastón no iba a degradarse señalándole lo obvio.
—Los dos tenéis que creerme. Rochi es una de esas mujeres que nacieron con... La cosa es, que cuando un hombre heterosexual la mira, en todo lo que puede pensar es en esa boca, y...
—¿Rochi?—la propia boca de Mery se abrió con asombro.
Patrick cruzó las piernas.
—Quizás no estemos hablando de la misma persona. ¿Tiene acento inglés? ¿Buen apetito? ¿Tatarea las canciones de El Rey León cuando cree que nadie la está oyendo?
Gastón apretó la mandíbula con frustración.
—Sabía que no me entenderíais. No sé por qué trato de explicaros —miró airadamente a su hermana—. ¡Tú simplemente mantén a Benja lo más alejado posible de ella!
Con eso, se dirigió hacia su coche. No estaba seguro de donde iba; sólo sabía que tenía que marcharse de allí antes que Mery y Patrick terminaran riéndose de él.
Mery observó el coche salir por el camino de acceso, y luego miró a Patrick.
—¿De qué iba todo esto?
Patrick parecía sombrío mientras empujaba sus gafas de sol por encima de su cabeza.
—Parece que tengo un serio competidor por el afecto de Gastón.
—Diez minutos antes te habría llamado loco, pero no ahora. Me gusta muchísimo Rochi, pero creo que Gastón no juega en su liga. Parecería que Gastón Dalmau corteja a Blancanieves.
—A mí me gusta también, de hecho, la adoro. Pero tienes razón. Ella no es su tipo. De todas formas debo decir que este pequeño acceso de locura de Gastón me ha desconcertado —lanzó un pequeño y trágico suspiro—. No tienes ni idea de lo que se siente al ser víctima de una pasión desesperada.
Mery le miró con compasión. Todo el mundo menos Gastón sabía que Patrick había estado enamorado de su hermano desde el mismo momento que le vio utilizar los puños en esa pelea del albergue de carretera. Mery solía compadecerse de Patrick, pero, desde que lo conocía mejor comprendía que él amaba el drama del amor no correspondido tanto como a Gastón.
Pero, ¿Gastón codiciando a Rocío? Ella sabía que su suspensión lo había metido en barrena. Tal vez necesitaba un descanso emocional ahora mismo, y por eso había escogido a Rocío. Ella era estable, disponible, y completamente temporal. Gracias a su madre loca, él no entendía una relación de amistad con las mujeres y siempre había confundido sus necesidades emocionales con las sexuales.
Mery frunció el ceño, preocupada por Rochi. Ninguna mujer podría resistirse a Gastón una vez que él le echaba el ojo, y Rocío, con toda su inteligencia, carecía de experiencia, lo cual la hacía más vulnerable que otras mujeres. Si Gastón no tenía cuidado, ella lo único que iba a sacar en limpio sería un corazón roto.
A menos que Benjamín se le adelantara.
Mery se metió un chicle en la boca y trató de convencerse de que una atracción mutua entre Rochi y Benjamín solucionaría un montón de problemas.
Mery quedaría liberada de la responsabilidad de casarse con él, y Rochi estaría a salvo de toda la angustia que Gastón iba a traerla. Todos podían ver que Benjamín y Rocío eran perfectos el uno para el otro. ¡Él era un intelectualoide, sí, de acuerdo, pero un intelectualoide excitante!. Y Rocío una linda intelectualoide. Estaban hechos el uno para el otro. ¿Por qué darse cuenta de eso no la hacía más feliz? Puede que porque en ese preciso momento se dio cuenta de algo inaudito.
Estaba deseando conocerlo mejor. Excepto que tal vez ya no ocurriría si Lady Rochi ya había percibido su atención.

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