lunes, 18 de marzo de 2013

Capitulo XIV


Rochi estaba de pie fuera de la barrera del Minizoo y miraba a Gastón llevar a Peter hacia el centro del corral en miniatura.
—Está bien, Petie. Esa vieja cabra no va a hacerte daño.
Petie no quería y se agarró más fuerte al cuello de Gastón.
Rochi sonrió. El Minizoo estaba ubicado en el aparcamiento de un centro comercial que celebraba su primer aniversario. Un mural del Lejano Oeste pintado en tonos pastel formaba un fondo a un carrusel, un surtido de payasos que regalaban globos, y varias empresas familiares que promocionaban sus productos con una degustación gratis y juegos libres.
—Esta cabra me mira realmente hambrienta —Gastón se inclinó y le ofreció un puñado de comida. Cuando la cabra dio un golpe a las piernas de Gastón para hacerse con el alimento, Petie se subió más alto sobre el pecho de su hermano. Gastón se rió y dejó caer las pelotillas—. Quizá es mejor que vayamos a ver los conejos. Creo que te van a gustar más.
Rochi trató de impedir que la imagen de los dos juntos se grabara al agua fuerte en su corazón. Pasar una noche con un hombre no le daba derecho a comenzar a imaginarse que era su niño el que sostenía en sus brazos. La tonta y desesperada Rochi. Tan hambrienta de amor que quería imaginarse teniendo un bebé con un hombre que era completamente inadecuado. ¿Había olvidado que ella nunca había querido relacionarse con granujas? Se repugnaba a sí misma. De todos modos la verdad era la verdad, y ella no podía negar lo obvio. Se había encaprichado profundamente de Gastón Dalmau. Encaprichamiento, no amor, se recordó. Ellos no tenían bastantes cosas en común para llegar a amarlo. Pero, ah, estaba fascinada. Le encantaba su humor, su encanto fácil, el amor que mostraba por su hermanito, así como el modo que su inteligencia rápida forzaba a su propio cerebro a estar constantemente alerta.
Pero no fingiría que no había también un elemento peligroso en su encaprichamiento. Para el resto del mundo, Gastón podría aparecer como un deportista sublimemente hermoso con una superabundancia de encanto, pero ella le conocía mejor. Él tenía un mundo entero de demonios psicológicos que lo frecuentaban.
Vio la arruga en la frente de Peter en el corral de los corderitos, y él subió sus rodillas para protegerse de su exploración curiosa. Gastón le besó en la cabeza y lo sacó del Minizoo, caminando hacia Rochi.
—Creo, sin miedo a equivocarme que no vas a tener una gran carrera como granjero, Petie Boy.
Ella cosquilleó el vientre del bebé.
—Eres todavía joven, ¿no es cierto, cariñito? Lleva tiempo acostumbrarse a los animales salvajes.
—Sí, juro que el corderito se parecía un poco a Hannibal Lecter alrededor de los ojos.
—Es fácil para un hombre grande como tú reírse, ¿verdad?
Peter le dedicó una mueca graciosa y empujó un dedo mojado en su boca.
Comenzaron a caminar hacia un payaso que sostenía globos. En el camino, una joven que sostenía un sujetapapeles se acercó a ellos y sonrió a Rochi.
—La siguiente ronda del Derby del Pañal va a empezar pronto, tal vez queráis tu marido y tú inscribir a vuestro bebé.
Una punzada de vergüenza se mezcló incómodamente con anhelo.
—Él no es mi...
—¿Que es el Derby del Pañal? —preguntó Gastón.
—Una carrera de bebés gateando.
—¿Una carrera? —Sonrió de oreja a oreja—. Ahora vamos.
Sacudió a Petie en sus brazos, lo puso apoyado entre el codo y la cadera y caminó hacia la arena del Derby de Pañal.
—La grandeza sigue adelante en la siguiente generación Dalmau.
—Gastón, tal vez deberíamos pensar bien esto —pero por una vez le hablaba a su espalda.
La carrera se desarrollaba detrás de una barrera hasta la cintura sobre una estera acolchada roja que era aproximadamente diez metros de largo y seis de ancho con seis calles estrechas divididas por líneas blancas. Un padre colocaba al bebé en la línea de partida, mientras otro padre se sentaba en la línea de llegada animando al niño a ir hacia adelante. El primero de los seis bebés que llegara al final antes era el ganador.
—Bueno, este es el modo que vamos a hacerlo —dijo Gastón después de estudiar la disposición—. Tú te pones con él en la salida y le animas para que corra rápido y yo le esperaré en la línea de llegada.
Ella observó a los espectadores que se habían juntado para mirar.
—No sé. Peter no parecía muy contento en el Minizoo, y hay bastante ruido aquí.
— A Petie no le asusta un poco de ruido, ¿verdad hermanito?
Peter lanzó una risa alegre de bebé y estampó su puño contra el logo de Cima Flite de la camisa de Gastón. Gastón se rió, lo movió con sus brazos otra vez y se lo entregó a Rochi.
Él se fue tranquilamente. Su corazón le dolió cuando observó esos ojos brillantes verdes con su franja diminuta de pestañas puntiagudas. A pesar de sus años de experiencia con niños, no había pasado mucho tiempo con bebés. Y ahora sintió una punzada de deseo tan intenso que la sorprendió. Apartó la emoción y miró a Gastón dirigirse al final de la estera. Comprendió que en realidad estudiaba a los competidores, y ella abrazó a Peter un poco más fuerte.
—Tengo miedo que no cumplas sus expectativas, cariñito.
Ella podía ver a Gastón observar a una niña vestida como un hada con un vestidito amarillo con enaguas de encaje. Luego se concentró en un bebé de pelo rubio y sexo indeterminado que desesperadamente se agarraba a su madre. Durante un momento se quedó mirando a dos vivarachos gemelos de color chocolate, pero ellos parecían más interesados el uno en el otro que en el acontecimiento.
De repente se puso rígido. Sus ojos se estrecharon, y ella casi pudo oír el tema de la película Rocky sonando en su cerebro. Él había encontrado un obstáculo entre un Dalmau y su gloria deportiva. El desafiador tenía un solo mechón de pelo rojo en una cabecita casi calva. Su cuerpecito era fuerte y musculoso, vestido con un peto vaquero y una camiseta Tigger. Sus pies estaban embutidos en unas Nike en miniatura que movía cuando luchaba para bajar. Unos once kilos de pura dinamita. Este era el rival a batir.
La joven responsable dio las instrucciones. Cuando Rochi se sentó detrás de la línea de salida con Peter sobre su regazo, ella echó un ojo cauteloso a Gastón. Parecía tomar esto demasiado seriamente. Después de echar un último vistazo al matón de mechón rojo en la calle al lado de Peter, Gastón se agachó en la línea de llegada y llamó bajito a su hermanito.
—Tienes que concentrarte. Hazlos jugar tu juego, Petie. El ciento diez por ciento. Tienes que dar el ciento diez por ciento.
La madre de la niña del vestidito amarillo miró a Gastón como si él se hubiera escapado de un manicomio. Rochi suspiró y acarició el brazo suave del bebé, mientras trataba de mirar a los ojos a Gastón. Pero toda su atención, el ciento diez por ciento de ella, estaba en el juego.
—Preparados. Listos. Ya —en el momento que la chica dio la orden, Rochi puso a Peter sobre la línea de partida y lo soltó.
Con una magnifica demostración Dalmau de avanzar lentamente, se encaminó hacia su hermano.
Gastón pegó con la mano la estera.
—¡Así es! Más rápido.
Peter fue más despacio.
—Venga, Petie. ¡Vamos!
El bebé se quedó parado. Arrugado su frente. Hizo plaf y se sentó de culo.
Gastón le ofreció sus brazos.
—¡Venga, vamos Petie! No te pares ahora. Tienes que ganar —Peter pegó sus dedos en su boca y alzó la vista a los espectadores que animaban. La rodilla de Gastón se movió poco a poco adelante a través de la línea de llegada.
El bebé de sexo indeterminado se dejó caer en la estera y comenzó un arrastre perezoso lateral.
—¡Tienes que seguir, Petie! ¡Vamos! —Gastón pegó con la mano la estera otra vez mientras su otra rodilla se arrastraba sobre la línea de llegada.
El labio inferior de Peter tembló de modo patético.
El matón pelirrojo soltó un aullido y se lanzó hacia atrás a la línea de salida.
Gastón dio una palmada.
—¡Ya lo tienes, Petie! ¡El grandote no puede!
Los ojos de Peter estaban llenos de lágrimas.
—¡No, no! ¡No hagas esto!
Los gemelos de color se cambiaron a la misma calle y comenzaron a ir uno detrás del otro.
—¡Ellos se caen continuamente! ¡Tú puedes hacerlo, Petie! Sólo un poco más lejos.
El pequeño pecho de Peter se sacudió con un sollozo.
—¡Muévete! Muévete y ven con Gastón —él se arrastró más lejos en la calle.
Peter soltó un berrido estridente.
—¡Nada de lloros, compañero! Nunca dejes que te vean llorar. ¡Venga, sigue! Estoy aquí mismo.
Congelado, Peter se tumbó sobre la estera y sollozó.
La niña con el vestidito amarillo con el encaje a la vista llegó a la línea de meta y ganó la carrera, pero Gastón estaba demasiado ocupado moviéndose poco a poco hacía adelante sobre sus propias manos y rodillas para notarlo.
—¡No abandones! Nadie recuerda a un perdedor. ¡Venga, Petie! ¡Tú no puedes abandonar!
Rochi no podía aguantar más. Se apresuró adelante en la estera y agarró rápidamente al lloroso bebé en sus brazos.
—Ya está bien, cariñito. No dejaré que este hombre loco continúe.
Gastón salió del trance y alzó la vista. Por primera vez pareció comprender donde estaba. Sobre sus manos y rodillas. En mitad de la estera. En medio de una carrera de bebés.
Poco a poco la muchedumbre se cayó. Gastón tranquilamente y avergonzado se levantó. Entonces un hombre canoso con una gorra de John Deere le saludó lleno de admiración.
—Bueno, esa es la manera que se convierte a un niño en un campeón.

3 comentarios:

  1. Pobrecito Peter, que competitivo Gastón :/

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  2. concuerdo con dani, gaston es un competitivo mal!!
    rochi re tierna con el beibi!!!
    quiero el prox yaaaa!!!!

    besos :)

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  3. quiero el proximo!!!!!!!!!!

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