Rochi estaba de pie fuera de
la barrera del Minizoo y miraba a Gastón llevar a Peter hacia el centro del
corral en miniatura.
—Está bien, Petie. Esa vieja
cabra no va a hacerte daño.
Petie no quería y se agarró
más fuerte al cuello de Gastón.
Rochi sonrió. El Minizoo
estaba ubicado en el aparcamiento de un centro comercial que celebraba su
primer aniversario. Un mural del Lejano Oeste pintado en tonos pastel formaba
un fondo a un carrusel, un surtido de payasos que regalaban globos, y varias
empresas familiares que promocionaban sus productos con una degustación gratis
y juegos libres.
—Esta cabra me mira
realmente hambrienta —Gastón se inclinó y le ofreció un puñado de comida. Cuando
la cabra dio un golpe a las piernas de Gastón para hacerse con el alimento,
Petie se subió más alto sobre el pecho de su hermano. Gastón se rió y dejó caer
las pelotillas—. Quizá es mejor que vayamos a ver los conejos. Creo que te van
a gustar más.
Rochi trató de impedir que
la imagen de los dos juntos se grabara al agua fuerte en su corazón. Pasar una
noche con un hombre no le daba derecho a comenzar a imaginarse que era su niño
el que sostenía en sus brazos. La tonta y desesperada Rochi. Tan hambrienta de
amor que quería imaginarse teniendo un bebé con un hombre que era completamente
inadecuado. ¿Había olvidado que ella nunca había querido relacionarse con
granujas? Se repugnaba a sí misma. De todos modos la verdad era la verdad, y
ella no podía negar lo obvio. Se había encaprichado profundamente de Gastón Dalmau.
Encaprichamiento, no amor, se recordó. Ellos no tenían bastantes cosas en común
para llegar a amarlo. Pero, ah, estaba fascinada. Le encantaba su humor, su
encanto fácil, el amor que mostraba por su hermanito, así como el modo que su
inteligencia rápida forzaba a su propio cerebro a estar constantemente alerta.
Pero no fingiría que no
había también un elemento peligroso en su encaprichamiento. Para el resto del
mundo, Gastón podría aparecer como un deportista sublimemente hermoso con una
superabundancia de encanto, pero ella le conocía mejor. Él tenía un mundo
entero de demonios psicológicos que lo frecuentaban.
Vio la arruga en la frente
de Peter en el corral de los corderitos, y él subió sus rodillas para
protegerse de su exploración curiosa. Gastón le besó en la cabeza y lo sacó del
Minizoo, caminando hacia Rochi.
—Creo, sin miedo a
equivocarme que no vas a tener una gran carrera como granjero, Petie Boy.
Ella cosquilleó el vientre
del bebé.
—Eres todavía joven, ¿no es
cierto, cariñito? Lleva tiempo acostumbrarse a los animales salvajes.
—Sí, juro que el corderito
se parecía un poco a Hannibal Lecter alrededor de los ojos.
—Es fácil para un hombre
grande como tú reírse, ¿verdad?
Peter le dedicó una mueca
graciosa y empujó un dedo mojado en su boca.
Comenzaron a caminar hacia
un payaso que sostenía globos. En el camino, una joven que sostenía un
sujetapapeles se acercó a ellos y sonrió a Rochi.
—La siguiente ronda del
Derby del Pañal va a empezar pronto, tal vez queráis tu marido y tú inscribir a
vuestro bebé.
Una punzada de vergüenza se
mezcló incómodamente con anhelo.
—Él no es mi...
—¿Que es el Derby del Pañal?
—preguntó Gastón.
—Una carrera de bebés
gateando.
—¿Una carrera? —Sonrió de
oreja a oreja—. Ahora vamos.
Sacudió a Petie en sus
brazos, lo puso apoyado entre el codo y la cadera y caminó hacia la arena del
Derby de Pañal.
—La grandeza sigue adelante
en la siguiente generación Dalmau.
—Gastón, tal vez deberíamos
pensar bien esto —pero por una vez le hablaba a su espalda.
La carrera se desarrollaba
detrás de una barrera hasta la cintura sobre una estera acolchada roja que era
aproximadamente diez metros de largo y seis de ancho con seis calles estrechas
divididas por líneas blancas. Un padre colocaba al bebé en la línea de partida,
mientras otro padre se sentaba en la línea de llegada animando al niño a ir hacia
adelante. El primero de los seis bebés que llegara al final antes era el
ganador.
—Bueno, este es el modo que
vamos a hacerlo —dijo Gastón después de estudiar la disposición—. Tú te pones
con él en la salida y le animas para que corra rápido y yo le esperaré en la
línea de llegada.
Ella observó a los
espectadores que se habían juntado para mirar.
—No sé. Peter no parecía muy
contento en el Minizoo, y hay bastante ruido aquí.
— A Petie no le asusta un
poco de ruido, ¿verdad hermanito?
Peter lanzó una risa alegre
de bebé y estampó su puño contra el logo de Cima Flite de la camisa de Gastón. Gastón
se rió, lo movió con sus brazos otra vez y se lo entregó a Rochi.
Él se fue tranquilamente. Su
corazón le dolió cuando observó esos ojos brillantes verdes con su franja
diminuta de pestañas puntiagudas. A pesar de sus años de experiencia con niños,
no había pasado mucho tiempo con bebés. Y ahora sintió una punzada de deseo tan
intenso que la sorprendió. Apartó la emoción y miró a Gastón dirigirse al final
de la estera. Comprendió que en realidad estudiaba a los competidores, y ella
abrazó a Peter un poco más fuerte.
—Tengo miedo que no cumplas
sus expectativas, cariñito.
Ella podía ver a Gastón
observar a una niña vestida como un hada con un vestidito amarillo con enaguas
de encaje. Luego se concentró en un bebé de pelo rubio y sexo indeterminado que
desesperadamente se agarraba a su madre. Durante un momento se quedó mirando a
dos vivarachos gemelos de color chocolate, pero ellos parecían más interesados
el uno en el otro que en el acontecimiento.
De repente se puso rígido.
Sus ojos se estrecharon, y ella casi pudo oír el tema de la película Rocky
sonando en su cerebro. Él había encontrado un obstáculo entre un Dalmau y su
gloria deportiva. El desafiador tenía un solo mechón de pelo rojo en una
cabecita casi calva. Su cuerpecito era fuerte y musculoso, vestido con un peto
vaquero y una camiseta Tigger. Sus pies estaban embutidos en unas Nike en
miniatura que movía cuando luchaba para bajar. Unos once kilos de pura
dinamita. Este era el rival a batir.
La joven responsable dio las
instrucciones. Cuando Rochi se sentó detrás de la línea de salida con Peter
sobre su regazo, ella echó un ojo cauteloso a Gastón. Parecía tomar esto
demasiado seriamente. Después de echar un último vistazo al matón de mechón
rojo en la calle al lado de Peter, Gastón se agachó en la línea de llegada y
llamó bajito a su hermanito.
—Tienes que concentrarte.
Hazlos jugar tu juego, Petie. El ciento diez por ciento. Tienes que dar el
ciento diez por ciento.
La madre de la niña del
vestidito amarillo miró a Gastón como si él se hubiera escapado de un
manicomio. Rochi suspiró y acarició el brazo suave del bebé, mientras trataba
de mirar a los ojos a Gastón. Pero toda su atención, el ciento diez por ciento
de ella, estaba en el juego.
—Preparados. Listos. Ya —en
el momento que la chica dio la orden, Rochi puso a Peter sobre la línea de
partida y lo soltó.
Con una magnifica
demostración Dalmau de avanzar lentamente, se encaminó hacia su hermano.
Gastón pegó con la mano la
estera.
—¡Así es! Más rápido.
Peter fue más despacio.
—Venga, Petie. ¡Vamos!
El bebé se quedó parado.
Arrugado su frente. Hizo plaf y se sentó de culo.
Gastón le ofreció sus
brazos.
—¡Venga, vamos Petie! No te
pares ahora. Tienes que ganar —Peter pegó sus dedos en su boca y alzó la vista
a los espectadores que animaban. La rodilla de Gastón se movió poco a poco
adelante a través de la línea de llegada.
El bebé de sexo
indeterminado se dejó caer en la estera y comenzó un arrastre perezoso lateral.
—¡Tienes que seguir, Petie!
¡Vamos! —Gastón pegó con la mano la estera otra vez mientras su otra rodilla se
arrastraba sobre la línea de llegada.
El labio inferior de Peter
tembló de modo patético.
El matón pelirrojo soltó un
aullido y se lanzó hacia atrás a la línea de salida.
Gastón dio una palmada.
—¡Ya lo tienes, Petie! ¡El
grandote no puede!
Los ojos de Peter estaban
llenos de lágrimas.
—¡No, no! ¡No hagas esto!
Los gemelos de color se
cambiaron a la misma calle y comenzaron a ir uno detrás del otro.
—¡Ellos se caen
continuamente! ¡Tú puedes hacerlo, Petie! Sólo un poco más lejos.
El pequeño pecho de Peter se
sacudió con un sollozo.
—¡Muévete! Muévete y ven con
Gastón —él se arrastró más lejos en la calle.
Peter soltó un berrido
estridente.
—¡Nada de lloros, compañero!
Nunca dejes que te vean llorar. ¡Venga, sigue! Estoy aquí mismo.
Congelado, Peter se tumbó sobre
la estera y sollozó.
La niña con el vestidito
amarillo con el encaje a la vista llegó a la línea de meta y ganó la carrera,
pero Gastón estaba demasiado ocupado moviéndose poco a poco hacía adelante
sobre sus propias manos y rodillas para notarlo.
—¡No abandones! Nadie
recuerda a un perdedor. ¡Venga, Petie! ¡Tú no puedes abandonar!
Rochi no podía aguantar más.
Se apresuró adelante en la estera y agarró rápidamente al lloroso bebé en sus
brazos.
—Ya está bien, cariñito. No
dejaré que este hombre loco continúe.
Gastón salió del trance y
alzó la vista. Por primera vez pareció comprender donde estaba. Sobre sus manos
y rodillas. En mitad de la estera. En medio de una carrera de bebés.
Poco a poco la muchedumbre
se cayó. Gastón tranquilamente y avergonzado se levantó. Entonces un hombre
canoso con una gorra de John Deere le saludó lleno de admiración.
—Bueno, esa es la manera que
se convierte a un niño en un campeón.
Pobrecito Peter, que competitivo Gastón :/
ResponderEliminarconcuerdo con dani, gaston es un competitivo mal!!
ResponderEliminarrochi re tierna con el beibi!!!
quiero el prox yaaaa!!!!
besos :)
quiero el proximo!!!!!!!!!!
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